Domingo, 12 de noviembre de 2006
Art?culo publicado en la revista "Cooperardor PAULINO", n? 135 de eptiembre - Octubre 2006, en el apartado IGLESIA Y COMUNICACI?N - 22

Sivio Sassi


Llevan la fecha del 22 de febrero 2002 dos documentos del Pontificio Consejo para las comunicaciones sociales ?La Iglesia e Internet? y ?Ftica en Internet?. ?Por qu? dos documentos sobre el mismo tema? Presentando cada uno de los textos veremos el peculiar punto de vista que los caracteriza. Cuando uno de los documentos remite al otro, se recurre a la formulaci?n ?documento adjunto a este?. Son, pues, complemen?tarios pero aut?nomos, sin una continuidad interna.

Para un di?logo
cultura-evangelizaci?n



Lo espec?fico de La Iglesia e Internet es la consideraci?n de las ?implicaciones que tiene Internet para la religi?n y especialmente para la Iglesia cat?lica? (n. 2). La reflexi?n se plantea en la Introducci?n (nn. 1-4): el inter?s de la Iglesia por Internet es un aspecto particular de su preocupaci?n por todos los med?os de comunicaci?n, que son considerados en forma positiva y como verdaderos dones de Dios; el conjunto de los medios de comunicaci?n son factores culturales que concurren al progreso del Reino de Dios en la historia; Internet introduce cambios que influyen ?no s?lo en el modo como la gente se comunica, sino tambi?n en el modo como comprende su vida? (n. 2).

La Iglesia, al considerar los medios de comunicaci?n, tiene un doble objetivo. El primero: ?fomentar su correcto desarrollo y uso con vistas al progreso humano? (n. 3), dialogando con los responsables de los medios para colaborar en la elaboraci?n de una pol?tica adecuada y para comprender bien la naturaleza misma de los medios. El segundo: la Iglesia se preocupa tambi?n ?de la comunicaci?n en y por fa Iglesia misma? (n. 3) ya que la comunicaci?n eclesial no se reduce a cuestiones t?cnicas sino que, fund?ndose en la comuni?n de la Trinidad, llega a ser una cualidad esencial tanto en la evangelizaci?n como en la pr?ctica eclesial interna (cf nn. 3-4).

Los Cat?licos est?n invitados a no ?tener miedo de abrir las puertas de los medios de comunicaci?n social a Cristo? (n. 4) y, en el cap. 2: Oportunidades y desf?os (nn. 5-9), se afronta el fen?meno de los medios y de Internet en relaci?n a la misi?n de la Iglesia. Dado que anunciar a Jesucristo ?a la gente formada por una cultura de los medios de comunicaci?n requiere considerar atentamente las caracter?sticas especiales de los medios mismos, la Iglesia necesita ahora comprender Internet. Esto es preciso para comunicarse eficazmente con la gente, de manera especial con los j?venes, que est?n sumergidos en la experiencia de esta nueva tecnolog?a? (n. 5).

Los medios de comunicaci?n ofrecen importantes beneficios y ventajas a la Iglesia; particularmente ?Internet es importante para muchas actividades y programas de la Iglesia: la evangelizaci?n, que incluye tanto la reevangelizaci?n como la nueva evangelizaci?n y la tradicional labor misionera ad gentes, la catequesis y otros tipos de educaci?n; las noticias y la informaci?n; la apolog?tica, el gobierno y la administraci?n; y algunas formas de asesor?a pastoral y direcci?n espiritual? (n. 5).

La Santa Sede est? ya presente en Internet y ?a los grupos vinculados a la Iglesia que todav?a no han dado este paso se les anima a considerar la posibilidad de hacerlo cuanto antes? (n. 5).

Internet debe servir tambi?n para la comunicaci?n interna de la Iglesia y subrayando la diferencia entre el actual modelo de comunicaci?n en red y el del pasado, ?en una ?nica direcci?n, de arriba abajo? (n. 6). Para un uso correcto de la comunicaci?n en la Iglesia, el texto recuerda la necesidad de la formaci?n: ?La educaci?n y la formaci?n relativas a Internet pueden integrar programas globales de educaci?n en los medios de co?municaci?n accesibles a los miembros de la Iglesia. En la medida de lo posible la planificaci?n pastoral de los medios de comunicaci?n deber?a prever esta formaci?n para los seminaristas, los sacerdotes, los religiosos y el personal pastoral laico como maestros, padres y estudiantes? (n. 7).

La comunicaci?n de Internet plantea a la Iglesia algunos problemas especiales, que ponen en evidencia algunos aspectos negativos. En general, la cultura de los medios de comunicaci?n y de Internet est? impregnada ?de una mentalidad t?picamente posmoderna? (n. 8); en particular, Internet incluye sitios que atacan y difaman a algunos grupos religiosos y ?tnicos, sitios pornogr?ficos y violentos, sitios que abusan de la religi?n cristiana, aplic?ndole incluso interpretaciones exc?ntricas de la fe y pr?cticas devocionales extravagantes.

Adem?s, ?la realidad virtual del ciberespacio tiene algunas implicaciones preocupantes tanto para la religi?n como para otras ?reas de la vida. La realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristia, ni la realidad sacramental de los otros sacramentos, ni tampoco el culto compartido en una comunidad humana de carne y hueso. No existen los sacramentos en Internet? (n. 9); es necesario considerar ?c?mo llevar a las personas desde el ciberespacio hasta una aut?ntica comunidad? (n. 9).

En las Recomendaciones y conclusi?n (nn. 10-12), el texto contiene una exhortaci?n a la gente que est? presente en todos los sectores de la Iglesia, a que use Internet, ya que ?no es aceptable quedarse atr?s t?midamente por miedo a la tecnolog?a o por cualquier otra raz?n? (n. 10). Despu?s se ofrecen palabras de aliento para motivar positivamente con respecto a Internet a diversos grupos: a los dirigentes de la Iglesia, a los agentes pastorales, a los educadores y a los catequistas, a los padres, a los ni?os y a los j?venes (cf n. 11). La ?ltima invitaci?n se dirige ?a todas las personas de buena voluntad? para que vivan el fen?meno Internet bajo la gu?a de algunas virtudes: prudencia, justicia, fortaleza y valent?a, templanza (cf n. 12).

?tica en Internet

El texto ?tica en Internet se ha redactado con el deseo de ?ex-poner el punto de vista cat?lico sobre Internet, como un punto de partida para la participaci?n de la Iglesia en el di?logo con otros sectores de la sociedad, especial-mente otros grupos religiosos, con respecto al desarrollo y al uso de este admirable instrumento tecnol?gico? (n. 2).

La Introducci?n (nn. 1-6) plan-tea la reflexi?n llamando la atenci?n sobre la diagnosis en torno a la comunicaci?n actual, que supone ?m?s que una simple revoluci?n t?cnica, la completa transformaci?n de aquello a trav?s de lo cual la humanidad capta el mundo que le rodea y que la percepci?n verifica y expresa? (n. 1). La aparici?n y el desarrollo de Internet confirma que ?tiene enormes consecuencias para las personas, para las nacio?nes y para el mundo? (n. 2).

La Iglesia contribuye a responder al interrogante ?tico sobre la comunicaci?n de Internet con ?su compromiso en favor de la dignidad de la persona humana y su larga tradici?n de sabidur?a moral? (n. 2). ?Como sucede con otros medios de comunicaci?n, la persona y la comunidad de personas son el centro de la valoraci?n ?tica de Internet... El principio ?tico fundamental es el siguiente: la persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicaci?n social; la comunicaci?n deber?a realizarse de persona a persona, con vistas al desarrollo integral de las mismas? (n. 3). El segundo principio fundamental para una ?tica de la comunicaci?n es el bien com?n integral perseguido con la solidaridad. El fen?meno de la comunicaci?n, sobre todo con la consolidaci?n de Internet, se ve involucrado en dos consecuencias importantes: la globalizaci?n, que pone en evidencia una diversidad entre las naciones con respecto al desarrollo de la comunicaci?n (cf n. 4), y la descentralizaci?n, que ha permitido el paso del po??der sobre la comunicaci?n de los estados nacionales a compa??as privadas (cf n. 5).

El cap?tulo 2, Sobre Internet (nn. 7-9), presenta la reflexi?n ?tica en conexi?n con algunos fen?menos t?cnicos y los fundamentos ideol?gicos de Internet. ?Internet tiene un conjunto de caracter?sticas impresionantes. Es instant?neo e inmediato, mundial, descentraliza-do, interactivo, capaz de extender ilimitadamente sus contenidos y su alcance, flexible y adaptable en grado notable. Es igualitario, en el sentido de que cualquiera, con el equipo necesario y modestos conocimientos t?cnicos, puede ser una presencia activa en el c?berespacio, anunciar su mensaje al mundo y pedir ser o?do. Permite a las personas permanecer en el anonimato, desempe?ar un papel, fantasear y tambi?n entrar en con-tacto con otros y compartir. Seg?n los gustos del usuario, se presta igualmente a una participaci?n activa o a una absorci?n pasiva en un mundo narcisista y aislado, con efectos casi narc?ticos. Puede emplearse para romper el aislamiento de personas y grupos o, al contra-r?o, para profundizarlo? (n. 7).

Los aportes positivos de Internet para la persona y la sociedad son m?ltiples si se basan en principios ?ticos que conducen a ?construir la civilizaci?n del amor?, pero al mismo tiempo esta comunicaci?n puede favorecer la alienaci?n, el egocentrismo y pnerse al servicio de un comportamiento agresivo, ?del ciberterrorismo? (n. 9). Las posibilidades de comunicaci?n con Internet ponen en evidencia tambi?n algunos mo?tivos de preocupaci?n (nn. 10-14) para la reflexi?n ecclesial.

Una injusticia que hay que superar es la brecha digital, la discriminaci?n entre pa?ses ricos y pobres tambi?n con respecto a la comunicaci?n en red: ?la Iglesia desea una globalizaci?n que est? al servicio de toda la persona y de todas las personas? (n. 10). Los contenidos que Internet pone a disposici?n constituyen un problema para la Iglesia: los medios de comunicaci?n social e Internet ?transmiten y ayudan a inculcar un conjunto de valores culturales -modos de pensar sobre las relaciones sociales, la familia, fa religi?n y la condici?n humana-, cuya novedad y fascinaci?n pueden cuestionar y destruir las culturas tradicionales? (n. 11).

La libertad de expresi?n en Internet corresponde a las exigencias del derecho humano de buscar la verdad y de la libre ex-presi?n de la opini?n p?blica; soninadmisibles ?los intentos de las autoridades p?blicas de bloquear el acceso a la informaci?n -en Internet o en otros medios de comunicaci?n social-, consider?ndola amenazadora o molesta, manipular al p?blico con la propaganda y la desinformaci?n, o impedir la leg?tima libertad de expresi?n y opini?n? (n. 12).

Una particular atenci?n merece la informaci?n period?stica on-line, ya que Internet es ?un instrumento muy eficaz para transmitir r?pidamente noticias e informaci?n a la gente. Pero la competitividad econ?mica y la ?ndole del periodismo de Internet de funcionar las veinticuatro horas del d?a tambi?n han contribuido al sensacionalismo y a la circulaci?n de rumores, a una mezcla de noticias, publicidad y espect?culo, y a una aparente disminuci?n de los reportajes y comentarios serios? (n. 13). En la informaci?n on-line, el periodismo se inspira en la ideolog?a de la libertad radical: todo puede decirse (cf n. 14).

En las Recomendaciones y conclusi?n (nn. 15-18) se propone de nuevo la virtud de la solidaridad como medida del servicio que Internet presta al bien com?n recordando que ?muchas personas y grupos comparten la responsabilidad en esta materia?: todos los usuarios de Internet, los padres, las escuelas, los centros y programas educativos (cf n. 15).

Tambi?n la comunicaci?n de Internet debe someterse al respeto de algunas leyes; sin embargo ?deber?a evitarse la censura previa de los gobiernos? (n. 16), recurriendo a la formulaci?n de nuevos reglamentos para problemas espec?ficos (por ejemplo la difusi?n de virus). ?La reglamentaci?n de Internet es deseable, y en principio la autorregulaci?n es lo mejor? (n. 16) completada por los c?digos ?ticos de la industria y, en casos extraordinarios, incluso por la censura p?blica.

Teniendo presente el car?cter transnacional de Internet, el documento subraya la necesidad de ?la cooperaci?n internacional con vistas a la formaci?n de criterios y al establecimiento de mecanismos para promover y proteger el bien com?n internacional? (n. 17) para resolver una serie de cuestiones dif?ciles vinculadas precisamente a Internet (cf n. 17).

La ?ltima reflexi?n se dedica a llamar la atenci?n ?sobre el uso de Internet por parte de la Igle?sia y sobre el papel de Internet en la vida de la Iglesia? (n. 18): ?La Iglesia no puede imponer sus respuestas, pero puede y debe proclamar al mundo las respues?tas que posee? (n. 18) en cuyo centro est? siempre la persona de Cristo y la certeza de fe de que tambi?n Internet act?a dentro de los l?mites del Reino de Dios.

Valoraci?n global

El m?rito principal de estos dos textos es la visi?n positiva que inspira la reflexi?n de la Iglesia en los tres ?mbitos: colaboraci?n, especialmente en la consideraci?n ?tica, con todos los que se ocupan de Internet, uso de la comunicaci?n en red en la evangelizaci?n y recurso a Internet para la comunicaci?n dentro de la Iglesia, Los que son siempre sol?citos en reclamar con insistencia la obediencia al magisterio, est?n invitados a descubrir que existe un magisterio tambi?n para la comunicaci?n medial y en red: lo que se exige en otros campos no deber?a ignorarse en el de la comunicaci?n. Es sencillamente imposibile justificar la falta de conocimiento y de compromiso cristiano en la comunicaci?n tanto para la evangelizaci?n como para la vida eclesial interna escud?ndose en inexistentes prohibiciones del magisterio.

Merece la pena, adem?s, poner en evidencia la enunciaci?n metodol?gica de fondo de ambos documentos: primero es necesario estudiar a fondo el fen?meno de la comunicaci?n medi?tica y de Internet para elaborar despu?s pro-puestas significativas tanto desde un punto de vista de estudio e investigaci?n (sobre todo en campo ?tico) como en referencia a la vida y a la misi?n de la Iglesia.

A veces, sobre todo en ambientes eclesiales, se trata de la comunicaci?n con una especie de deformaci?n profesional: el constante punto de observaci?n sigue siendo una visi?n preocupada del aspecto moral que, bien mirado, asume luego las caracter?sticas de un moralismo apresurado, pero omnisciente. Se insiste, en varios puntos de ambos documentos, en el intento de los contenidos expresados: teniendo en cuenta la complejidad del fen?meno comunicativo en general y del r?pido y permanente desarrollo de Internet, no se quiere decir una palabra definitiva, que corre el riesgo de ser superada en poco tiempo, sino mobilizar a la Iglesia en un esfuerzo de reflexi?n y de pr?ctica partiendo de un reconocimiento general de los problemas tal como est?n en este momento. Podr?amos decir que se trata de textos ?abiertos? que exigen la generosidad de todos los que quieran profundizar y mejorar su estudio. Precisamente con vistas a esta colaboraci?n constructiva, podemos poner tambi?n en evidencia en ambos textos la carencia de consecuencias operativas y una ausencia de fondo.

En el texto La Iglesia e Internet, hablando de la necesidad de cambiar el modelo de comunicaci?n (no ya un flujo ?en una sola direcci?n, de arriba a abajo?, n. 6), el documento recuerda con raz?n: ?Es nueva la tecnolog?a, pero no la idea? y se citan oportunamente otros documentos eclesiales donde se afirma la importancia para la vida de la Iglesia de ?un flujo de comunicaci?n bidireccional?. Precisamente dentro de la comunicaci?n eclesial es necesario conjugar de forma arm?nica: las posibilidades que nos ofrecen las tecnolog?as, la veracidad de las ideas expresadas en los textos y la ?praxis? consiguiente. La veracidad de las ideas debe someterse a la prueba de los hechos, de lo contrario no se llega a ser cre?bles tampoco hacia fuera cuando se habla de una leg?tima ?opini?n p?blica? y del derecho a la ?libertad de expresi?n?.

La elecci?n tem?tica y el planteamiento argumentativo de ambos documentos se apoya en el esquema consolidado de ?aspectos negativos y positivos?; es hora de dejar ?la orilla? para ir ?mar adentro?, tambi?n en la reflexi?n sobre la comunicaci?n para plantear un di?logo de fondo entre nueva evangelizaci?n y cultura de la comunicaci?n, adoptando la inculturaci?n. Se necesita, tal vez, un salto epistemol?gico para un nuevo modo de pensar.
Publicado por verdenaranja @ 0:22  | Art?culos de inter?s
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