Domingo, 12 de noviembre de 2006
++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Creo en la vida eterna
5 de Noviembre de 2006


As? rezamos en el Credo, donde se contienen los art?culos de nuestra fe. ?Creo en la resurrecci?n de la carne y en la vida eterna. Am?n?.

En estos d?as en que recordamos a todos los santos y a nuestros difuntos, conviene detenernos en esta verdad fundamental, que nos llena el coraz?n de esperanza. Creo que despu?s de esta vida terrena est? la vida del cielo. La vida terrena tiene fecha de caducidad. La vida del cielo es para siempre, sin fin.

La vida del hombre, por tanto, tiene dos etapas. La etapa presente en la tierra, que comienza en el seno materno, y termina con la muerte. Y la etapa del m?s all? de la muerte, donde sobrevive nuestra alma hasta el final de la historia humana, cuando tambi?n nuestro cuerpo resucitar?, ?creo en la resurrecci?n de la carne?. No sobreviviremos reencarn?ndonos en otra persona. Seremos nosotros mismos en la primera y en la segunda etapa de nuestra vida. Hay una continuidad en el sujeto, aunque hay una transformaci?n importante.

Nuestra vida terrena es fr?gil. Puede romperse en cualquier momento. Y si no se rompe inesperadamente, se ir? deteriorando hasta agotarse en la muerte. La muerte es, por tanto, una certeza de nuestra vida. No podemos vivir de espaldas a esta realidad. Tenemos que morir, y hemos de afrontar este desenlace, que nos ha de llegar no sabemos cu?ndo. El recuerdo de nuestra muerte, nos hace sensatos. ?Ens??anos a calcular nuestros a?os para que adquiramos un coraz?n sensato?, dice el salmista.

Dios no nos ha creado para la muerte, sino para la vida. Dios no ha inventado la muerte. La muerte la ha inventado el hombre con el pecado. Por eso, Jesucristo con su muerte se ha hecho solidario del hombre, perdonando nuestro pecado, y con su resurrecci?n nos ha abierto de par en par las puertas del cielo.

Despu?s de la muerte, el juicio. Seremos juzgados por Dios, que es Padre misericordioso. Es decir, con la luz de su amor percibiremos con un golpe de intuici?n, cu?nto nos ha amado Dios, y constataremos nuestra respuesta a ese amor. Podr?a darse la situaci?n de quien se ha cerrado totalmente al amor y, aunque quiera amar, ya no podr? amar nunca. Ese es el infierno: apartados de Dios, que sabemos que nos ama, no poder amarlo nunca m?s y permanecer encerrados en el propio ego?smo. Y eso para siempre. ?L?branos de la condenaci?n eterna?, decimos en la Misa.

Si hemos aprendido a amar, estamos salvados. El paso de este mundo al cielo se da cuando estamos purificados de todo pecado y de todas las secuelas de nuestros pecados. Si a la hora de la muerte hay cicatrices de antiguos pecados ya perdonados o manchas todav?a no restauradas, Dios dispone de una ducha de amor intensa, que es el purgatorio, donde se encuentran las almas de los difuntos salvados, que a?n no han podido entrar en el cielo. Por ellos rezamos todos los d?as, y especialmente en estos d?as de difuntos y a lo largo del mes de noviembre, el mes de las ?nimas benditas del purgatorio.

Nuestro destino es el cielo. Dios nos ha creado para vivir con ?l eternamente, para gozar de ?l. Dios satisfar? en el cielo todos los deseos buenos de nuestro coraz?n. Al pensar en los nov?simos, en el remate final de nuestra vida terrena, pensemos en el cielo. Y vivamos de tal manera que merezcamos entrar en el cielo directamente, sin necesidad siquiera de pasar por el purgatorio. La esperanza del cielo nos da fortaleza para superar todas las dificultades de la vida terrena.

Con mi afecto y bendici?n:


+ Demetrio Fern?ndez
Obispo de Tarazona
Publicado por verdenaranja @ 0:30  | Hablan los obispos
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