Domingo, 12 de noviembre de 2006
Art?culo publicado en Diario de Avisos en la seci?n "Opini?n", 12 de Noviembre, de Don Bernardo ?lvarez Afonso, obispo de Tenerife, ante el "D?A DE LA IGLESIA DIOCESANA"

BERNARDO ?LVAREZ AFONSO *
El 19 de noviembre, D?a de la Di?cesis



En la estructura de la Iglesia Cat?lica se llama di?cesis a una porci?n del Pueblo de Dios (de la Iglesia una y ?nica extendida por todo el mundo) puesta bajo el cuidado y la gu?a de un obispo. En nuestro caso, la di?cesis de San Crist?bal de La Laguna o Nivariense est? formada por los fieles cat?licos que viven en el territorio de la Islas Canarias occidentales (El Hierro, La Palma, La Gomera y Tenerife). Estos fieles, en torno al 80% del total de la poblaci?n, se dice que son, no "una parte", sino "una porci?n" de la Iglesia entera, para expresar que este conjunto de fieles que constituye la di?cesis, contiene en si las caracter?sticas de la Iglesia "una, santa, cat?lica y apost?lica", y con todo derecho se la puede llamar "Iglesia Diocesana".

Actualmente "la di?cesis" no se entiende como una mera divisi?n territorial (como ocurr?a en la estructura del Imperio Romano, de donde le viene el nombre). Tampoco es una estructura administrativa, como si fuera una especie de filial de una gran empresa. Al estar constituida por un determinado tipo de personas, la di?cesis es ante todo "una Iglesia", es decir, una comunidad de creyentes en Jesucristo que por la fe y el bautismo han sido constituidos hijos de Dios y hermanos entre s?, independientemente de su condici?n social, mentalidad, raza o cultura. Por eso, los cristianos, en su familia natural, adem?s de los lazos de sangre o jur?dicos que les unen, constituyen una peque?a Iglesia, llamada "Iglesia dom?stica". A su vez, todos los cristianos, por ser hijos de Dios Padre y hermanos en Cristo, constituyen esa gran familia que es la "Iglesia Diocesana".

"Tu familia, una peque?a Iglesia, tu Iglesia, una gran familia". Es el lema de este a?o para celebrar el D?a de la Iglesia Diocesana, que tendr? lugar el pr?ximo domingo 19 de noviembre. Es una invitaci?n a considerar la Iglesia como una gran familia en la que todos tomamos parte, como en cualquier familiar natural, tanto para disfrutar de los bienes que ofrece como para contribuir a su mantenimiento y desarrollo. As? debe ser la Iglesia Diocesana: la familia de los hijos de Dios en la que unos velamos por los otros y nos servimos mutuamente. Todos dependemos, y al mismo tiempo somos responsables, los unos de los otros. Tambi?n, como en cualquier familia, en la Iglesia los m?s adultos y fuertes han de ser el respaldo y el apoyo de los m?s d?biles. Igual que los que nos han precedido nos han dejado una magn?fica herencia en fe y valores espirituales, en edificios para el culto y en obras sociales, as? tambi?n nosotros estamos llamados conservar, vivir y acrecentar esa herencia, para transmitirla en toda su riqueza a las nuevas generaciones.

El valor de lo que me aporta la Iglesia. De esta familia que es la Iglesia Diocesana hemos recibido muchas cosas importantes: la fe Dios y en Jesucristo nuestro salvador, el don del Esp?ritu Santo que habita en nosotros, la Palabra de Vida que es el mensaje del evangelio, la educaci?n sobre el bien y el mal, el tesoro de los valores de la vida familiar, la capacidad de amar a los dem?s y de sacrificarnos por ellos, el perd?n de los pecados y la continua renovaci?n de nuestras almas, la esperanza de la vida eterna…y tantos otros bienes que nos pasan desapercibidos.

Acostumbrados a sobrevalorar lo material, lo funcional, lo que produce satisfacci?n hedonista o es rentable en t?rminos econ?micos, corremos el riesgo de pasar por alto el gran valor que significa "tener fe". Jesucristo dice en el Evangelio que tener fe es como quien encuentra un gran tesoro, que dan gran alegr?a y que vale m?s que todo. Es muy necesario que los cat?licos valoremos expresamente los bienes espirituales que recibimos de la Iglesia. No podemos pensar, como a menudo hacen los laicistas, que la vivencia de la religi?n es una especie de enfermedad o defecto del ser humano que no aporta nada al bien de la persona ni de la sociedad. Hace falta que tengamos muy claras las razones por las que nos conviene y queremos ser cat?licos, vivir en la Iglesia, recibir con abundancia los bienes que en ella y de ella recibimos.

Comunicaci?n cristiana de bienes: recibir y dar, dar y recibir. Convencidos de la importancia y el valor que la Iglesia tiene para las personas y la sociedad. Conscientes y agradecidos de todo lo nos aporta y nos seguir? aportando, es necesario asumir la responsabilidad de "arrimar el hombro" para que nuestra Iglesia Diocesana mantenga su vitalidad y pueda continuar realizando su misi?n. Todo eso que la Iglesia tiene y ofrece, todo lo que recibimos de la Iglesia ha supuesto muchos esfuerzos de personas y muchos recursos econ?micos que tantos fieles con generosidad han ido aportando a lo largo de nuestra historia.

La mayor?a de los templos, salones parroquiales, centros educativos y asistenciales, etc., que actualmente utilizamos, son el fruto de los donativos de quienes nos han precedido. La que fe que tenemos, nuestras fiestas y toda nuestra tradici?n religiosa, los sacerdotes que hoy atienden las parroquias, los religiosos y religiosas que entregan su vida en centros educativos y asistenciales, la formaci?n de los miles de laicos que generosamente realizan servicios en el campo de la catequesis, la ense?anza religiosa, el mundo de los pobres y de los enfermos, etc., no son realidades que han surgido de la nada, sino que son el fruto de quienes en su momento supieron "dar". Si hoy contamos con todo esto y podemos "recibir" los bienes que ofrece la Iglesia, es porque muchas personas han puesto y siguen poniendo muchos de sus bienes al servicio de la misi?n de la Iglesia.

Recibimos porque otros han dado. Damos para que otros reciban. Igual que en la familia natural los hijos heredan de los padres, en nuestra gran familia de la Iglesia Diocesana, nosotros hemos heredado de nuestros antepasados una gran herencia religiosa: nuestra fe y todo aquello que nos ayuda a celebrarla y vivirla. Esta herencia debemos disfrutarla, custodiarla, acrecentarla y transmitirla a las nuevas generaciones. Por eso, ser?a una grave incoherencia sentirse cristiano y al mismo tiempo desentenderse del presente y futuro de la Iglesia. Por el contrario, como nos testimonian tantos buenos fieles cat?licos, de un cristiano responsable brota espont?neamente la convicci?n de que debe ayudar a la vida y misi?n de la Iglesia. Y ayudarla supone nuestra prestaci?n personal, nuestra participaci?n activa y responsable en sus tareas, nuestra aportaci?n econ?mica. Los fieles cat?licos constituimos la Iglesia, nosotros debemos sostener la Iglesia.
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