Domingo, 12 de noviembre de 2006
Discurso que dirigi? Benedicto XVI a los participantes en el Quinto Congreso Internacional de los Ordinarios Militares el 26 de octubre de 2006 en el Vaticano.


Se?ores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio:

Me alegra encontrarme con vosotros con ocasi?n del V Congreso internacional de los Ordinariatos militares y dirijo a cada uno de vosotros mi saludo.

Saludo de modo especial al cardenal Giovanni Battista Re, y le agradezco sus cordiales palabras.

Hace veinte a?os, exactamente el 21 de abril de 1986, el amado Juan Pablo II promulg? la constituci?n apost?lica Spirituali militum curae, con la que se actualizaba la reglamentaci?n can?nica de la atenci?n espiritual de los militares, a la luz del concilio Vaticano II, teniendo en cuenta las transformaciones relativas a las fuerzas armadas y a su misi?n en el ?mbito nacional e internacional.

En realidad, en los ?ltimos decenios el escenario mundial ha cambiado ulteriormente. Por ello, el documento pontificio, aun conservando plena actualidad porque la orientaci?n pastoral de la Iglesia no cambia, exige que se adapte cada vez mejor a las necesidades del momento presente. Eso es lo que muy oportunamente hab?is querido hacer con este congreso, organizado por la Congregaci?n para los obispos.

Ante todo, es importante releer el Proemio de la constituci?n apost?lica: contiene las motivaciones de la intervenci?n magisterial y manifiesta el esp?ritu pastoral que anima, inspira y orienta todas las disposiciones normativas. Son dos los valores fundamentales que ese documento pone de relieve: el valor de la persona y el valor de la paz. Toda la revisi?n estructural que equipara los Ordinariatos a las Di?cesis, el Ordinario al Obispo diocesano, y el capell?n al p?rroco, obedece al criterio del servicio a las personas de los militares, los cuales "necesitan una forma concreta y espec?fica de asistencia pastoral" (Proemio: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 1 de junio de 1986, p. 9).

Con todo, al mismo tiempo, se afirma que las personas a las que se dirige el Ordinariato no dejan de ser fieles de la Iglesia particular en la que habitan o a cuyo rito pertenecen (cf. Spirituali militum curae, IV). Eso exige comuni?n y coordinaci?n entre el Ordinariato militar y las dem?s Iglesias particulares (cf. ib., II, 4). Todo esto pone de relieve el objetivo prioritario de la asistencia a los christifideles, o sea, permitirles vivir en plenitud la vocaci?n bautismal y la pertenencia eclesial.

As?, nos encontramos en la misma perspectiva en que se situ? el siervo de Dios Juan Pablo II con ocasi?n del III Congreso de los Ordinarios militares, en el a?o 1994 (cf. L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 18 de marzo de 1994, p. 8). Poner en primer lugar a las personas significa privilegiar la formaci?n cristiana del militar, acompa??ndolo a ?l y a sus familiares a lo largo del itinerario de la iniciaci?n cristiana, del camino vocacional, de la maduraci?n en la fe y en el testimonio; y, al mismo tiempo, favorecer las formas de fraternidad y comunidad, as? como de oraci?n lit?rgica y no lit?rgica, que sean apropiadas al ambiente y a las condiciones de vida de los militares.

El segundo aspecto que quisiera destacar es la importancia fundamental del valor de la paz. A este prop?sito, la Spirituali militum curae, en el Proemio, cita expresamente la constituci?n conciliar Gaudium et spes, recordando que los que prestan servicio militar pueden considerarse "como servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos", porque "mientras desempe?an correctamente esta funci?n, contribuyen realmente al establecimiento de la paz" (Gaudium et spes, 79).

As? pues, si el Concilio llama a los militares servidores de la paz, ?cu?nto m?s lo ser?n los pastores a los que los militares est?n encomendados! Por eso, os exhorto a todos vosotros a hacer que los capellanes militares sean aut?nticos expertos y maestros de lo que la Iglesia ense?a y practica con vistas a la construcci?n de la paz en el mundo.

La constituci?n apost?lica del Papa Juan Pablo II constituye una etapa significativa de este magisterio, y su contribuci?n al respecto se puede sintetizar en la expresi?n que con raz?n vosotros hab?is recogido y puesto como tema de este congreso: "Ministerium pacis inter arma", "Servicio de paz entre las armas". Mi predecesor lo presentaba como "nuevo anuncio del Evangelio en el mundo militar, del que los militares cristianos y sus comunidades no pueden por menos de ser los primeros heraldos" (Discurso al III Congreso de los Ordinarios militares, 11 de marzo de 1994, n. 4: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 18 de marzo de 1994, p. 9).

La Iglesia es misionera por naturaleza y su primera tarea es la evangelizaci?n, que tiene como fin anunciar y testimoniar a Cristo y promover en todos los ambientes y culturas su Evangelio de paz y amor. Tambi?n en el mundo militar la Iglesia est? llamada a ser "sal", "luz" y "levadura", seg?n las im?genes que utiliza Jes?s mismo, para que las mentalidades y las estructuras est?n cada vez m?s plenamente orientadas a la construcci?n de la paz, es decir, del "orden dise?ado y querido por el amor de Dios" (Mensaje para la Jornada mundial de la paz del 1 de enero de 2006, n. 3: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 16 de diciembre de 2005, p. 3), en el que las personas y los pueblos pueden desarrollarse ?ntegramente y ver reconocidos sus derechos fundamentales (cf. ib., n. 4).

El magisterio de la Iglesia sobre el tema de la paz constituye un aspecto esencial de su doctrina social y, partiendo de ra?ces antiqu?simas, se fue desarrollando en el ?ltimo siglo en una especie de "crescendo" que culmin? en la constituci?n pastoral Gaudium et spes, en las enc?clicas del beato Juan XXIII y de los siervos de Dios Pablo VI y Juan Pablo II, as? como en sus intervenciones en la ONU y en los Mensajes para las Jornadas mundiales de la paz.

Este insistente llamamiento a la paz ha influido en la cultura occidental promoviendo el ideal de que las fuerzas armadas est?n "al servicio exclusivo de la defensa de la seguridad y de la libertad de los pueblos" (Discurso al III Congreso de los Ordinarios militares, 11 de marzo de 1994, n. 4).

Por desgracia, a veces otros intereses -econ?micos y pol?ticos-, fomentados por las tensiones internacionales, hacen que esta tendencia constructiva encuentre obst?culos y sufra retrasos, como lo manifiestan tambi?n las dificultades que afrontan los procesos de desarme. Desde dentro del mundo militar, la Iglesia seguir? ofreciendo su servicio a la formaci?n de las conciencias, con la certeza de que la palabra de Dios, generosamente sembrada y valientemente acompa?ada por el servicio de la caridad y de la verdad, produce fruto a su tiempo.

Queridos y venerados hermanos, para ofrecer a las personas una adecuada atenci?n pastoral y para cumplir la misi?n evangelizadora, los Ordinariatos militares necesitan presb?teros y di?conos motivados y formados, as? como laicos que colaboren activa y responsablemente con los pastores.

Por tanto, me uno a vosotros en la oraci?n al Due?o de la mies, a fin de que mande obreros a esta mies, en la que vosotros ya trabaj?is con admirable celo.

Que los brillantes ejemplos de tantos capellanes militares, como el beato don Secondo Pollo, que han realizado su servicio con heroica entrega a Dios y a los hermanos, estimulen a los j?venes a poner toda su vida al servicio del reino de Dios, reino de amor, de justicia y de paz.

Que vele siempre sobre vuestro ministerio la Virgen Mar?a y os acompa?e mi bendici?n, que os imparto de coraz?n a todos vosotros y a vuestras respectivas comunidades eclesiales.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 22:34  | Habla el Papa
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