Domingo, 12 de noviembre de 2006
10 noviembre 2006 ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo, XXXII del tiempo ordinario, 12 de Noviembre.

Lleg? una pobre viuda


XXXII Domingo del tiempo ordinario (B)
1 R 17, 10-16; Hebreos 9, 24-28; Marcos 12, 38-44

Un d?a, estando frente al arca del tesoro del templo, Jes?s observa a los que all? echan limosnas. Se fija en una viuda pobre que deposita all? todo cuanto tiene: dos moneditas, o sea, la cuarta parte de un as. Entonces, se vuelve a sus disc?pulos y dice: ?Os digo en verdad que esta viuda pobre ha echado m?s que todos los que echan en el arca del tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba; ?sta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto pose?a, todo lo que ten?a para vivir?.

Podemos llamar a este domingo el ?domingo de las viudas?. Tambi?n en la primera lectura se relata a historia de una viuda: la viuda de Sarepta que se priva de todo cuanto tiene (un pu?ado de harina y algo de aceite) para dar de comer al profeta El?as.

Es una buena ocasi?n para dedicar nuestra atenci?n a las viudas y, naturalmente, tambi?n a los viudos de hoy. Si la Biblia habla con tanta frecuencia de las viudas y jam?s de los viudos es porque en la sociedad antigua la mujer que se quedaba sola est? en mucha mayor desventaja que el hombre que se queda solo. Actualmente no existe gran diferencia entre ambos; es m?s, dicen que la mujer que se queda sola se las arregla, en general, mejor que el hombre en la misma situaci?n.

Desear?a, en esta ocasi?n, aludir a un tema que interesa vitalmente no s?lo a los viudos y viudas, sino a todos los casados, y que es particularmente actual en este mes de difuntos. La muerte del c?nyuge, que marca el final legal de un matrimonio, ?indica tambi?n el final total de toda comuni?n? ?Queda algo en el cielo del v?nculo que uni? tan estrechamente a dos personas en la tierra, o en cambio todo se olvidar? al cruzar el umbral de la vida eterna?

Un d?a algunos saduceos presentaron a Jes?s el caso l?mite de una mujer que hab?a sido sucesivamente esposa de siete hermanos, y le preguntaron de qui?n ser?a mujer tras la resurrecci?n de los muertos. Jes?s respondi?: ?Cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomar?n mujer ni ellas maridos, sino que ser?n como ?ngeles en los cielos? (Marcos 12, 25). Interpretando de manera err?nea esta frase de Cristo, algunos han sostenido que el matrimonio no tiene ninguna continuidad en el cielo. Pero con esta frase Jes?s rechaza la idea caricaturesca que los saduceos presentan del m?s all?, como si fuera una sencilla continuaci?n de las relaciones terrenas entre los c?nyuges; no excluye que ellos puedan reencontrar, en Dios, el v?nculo que les uni? en la tierra.

De acuerdo con esta perspectiva, el matrimonio no termina del todo con la muerte, sino que es transfigurado, espiritualizado, sustra?do a todos aquellos l?mites que marcan la vida en la tierra, como, por lo dem?s, no se olvidan los v?nculos existentes entre padres e hijos, o entre amigos. En un prefacio de difuntos, la liturgia proclama: ?La vida no termina, sino que se transforma?. Tambi?n el matrimonio, que es parte de la vida, es transfigurado, no suprimido.

Pero ?qu? decir a quienes tuvieron una experiencia negativa, de incomprensi?n y de sufrimiento, en el matrimonio terreno? ?No es para ellos motivo de temor, en vez de consuelo, la idea de que el v?nculo no se rompa ni con la muerte? No, porque en el paso del tiempo a la eternidad el bien permanece, el mal cae. El amor que les uni?, tal vez hasta por poco tiempo, permanece; los defectos, las incomprensiones, los sufrimientos que se infligieron rec?procamente caen. Es m?s, este sufrimiento, aceptado con fe, se convertir? en gloria. Much?simos c?nyuges experimentar?n s?lo cuando se re?nan ?en Dios? el amor verdadero entre s? y, con ?l, el gozo y la plenitud de la uni?n que no disfrutaron en la tierra. En Dios todo se entender?, todo se excusar?, todo se perdonar?.

Se dir?: ?y los que estuvieron leg?timamente casados con varias personas? ?Por ejemplo los viudos y las viudas que se vuelven a casar? (Fue el caso presentado a Jes?s de los siete hermanos que hab?an tenido, sucesivamente, por esposa a la misma mujer). Tambi?n para ellos debemos repetir lo mismo: lo que hubo de amor y donaci?n aut?ntica con cada uno de los esposos o de las esposas que se tuvieron, siendo objetivamente un ?bien? y viniendo de Dios, no se suprimir?. All? arriba ya no habr? rivalidad en el amor o celos. Estas cosas no pertenecen al amor verdadero, sino a la limitaci?n intr?nseca de la criatura.

[Traducci?n del italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios