Jueves, 16 de noviembre de 2006
La sacudida de la muerte es a veces tan dura, tan violenta e inesperada que se tiene la impresi?n de que uno es arrancado de la vida, al igual que se arranca una planta del campo y se seca. Quiz?s, lo mejor en este momento ser?a guardar silencio porque las personas nunca pueden calmar el dolor de una familia que padece en su propio ser la p?rdida de un ser tan querido.
De todos modos muchos de los que estamos aqu? consideramos la Palabra del Evangelio como una luz . Nos viene bien lo que nos ha dicho: " Nadie puede arrancar nada de la mano de mi Padre Dios ".
No resulta f?cil verlo, pero lo cierto es que la muerte no es esa guada?a que cercena una planta viva o esa mano oscura que nos arranca del suelo vital. Nadie puede arrancarnos de la mano del Padre que nos lleva.

?C?mo me gustar?a en esta tarde poder dec?roslo con palabras acertadas!. No se trata de convencer a nadie. Se trata de apaciguar el coraz?n y de abrir una peque?a luz en el horizonte de nuestra vida, a veces, como hoy tan oscurecido.
La fe cristiana se empe?a en sostener que la vida no es un azar ciego. La mano del Padre nos lleva y nos sostiene siempre. Ello quiere decir que tenemos un soporte en el que podemos apoyarnos. Sin embargo no tenemos grandes argumentos para mantener estas certezas, sobre todo, cuando la muerte nos sacude.
Pero contamos con el apoyo del Evangelio. Hoy hemos escuchado: " LO que me ha entregado mi Padre es lo que m?s importa". Y eso quiere decir que todos y cada uno de nosotros le importamos muchos al Padre Dios. No es la persona una nader?a ante la supuesta grandeza de Dios.

La relaci?n de Dios con nosotros no es la relaci?n de un jefe con el s?bdito, o la de un amo con su criado. Es una relaci?n familiar. La buena relaci?n que existe entre un padre y un hijo que se entienden y que se quieren.

Por eso se comprende que le importemos al Padre, porque estamos en una misma barca. Somos de su misma familia. El a su manera libra una dura batalla contra la limitaci?n y la muerte, para que ?stas no logren lo que El cuida. Para quien est? abierto al Evangelio esta es una garant?a honda de un gozo profundo: saberse a pesar de todo en manos del Padre.

S? muy bien que hoy no es f?cil conjugar estas palabras con la dura situaci?n de la muerte de nuestro hermano N. Cuando la muerte nos zarandea de este modo es muy dif?cil mantener la serenidad y pedir confianza. M?s a?n, quiz?s reaccionamos, algo comprensible por otra parte, carg?ndonos de agresividad contra Dios, contra nosotros mismos. Y ?ste no es un camino que abre esperanzas.
La muerte de N. m?s all? de sus modos repentinos tendr?a que llevarnos a todos a valorar su persona, a subrayar sus aspectos m?s positivos, que los ten?a y muchos, y a resaltar muchos detalles de su vida. Una vida que sin duda fue muy valiosa.
Quiz?s por ah? pueda empezar a verse este duro trance que no es s?lo de de?rrota y destrucci?n y quiz?s por ah? podamos abrir caminos a la esperanza.

A los que apreci?is el Evangelio, incluso a aquellos que no lo conoc?is, os ruego que esta celebraci?n os sirva para ahondar en una postura que os haga abra a la confianza.

Confianza en el valor de la vida, aunque esa vida incluya el duro trance de la muerte siempre fuerte.
Confianza en el apoyo del Padre, aunque nos cueste verlo, sabiendo que El tambi?n est? empe?ado en salir vencedor de este duro combate que es el de superar nuestra limitaci?n.
Confianza creyente reafirmando la certeza de que le importamos a Dios, porque somos de su familia.

En esta tarde quisi?ramos devolver un poco de paz a vuestro coraz?n atribulado como lo har?a Jes?s con cada uno de nosotros.
Quisi?ramos devolveros un poco de paz a todos los que form?is la familia de N. con la confianza de que ya se encuentra feliz formando parte de la gran familia del Padre, a la que todos un d?a llegaremos y de la que formaremos parte.
Publicado por verdenaranja @ 21:20  | Homil?as
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