Viernes, 17 de noviembre de 2006
MISI?N JOVEN EN MADRID


Los j?venes se divorcian de la Iglesia


Por Jos? Francisco Serrano Oceja


Se ha dicho y se ha repetido, no siempre con toda la raz?n, que si la Iglesia perdi? a los obreros en el siglo XIX y a las mujeres y a los intelectuales en el XX, en el XXI perder? a los j?venes.

Juan Pablo II, profeta del hombre, se empe?? en las Jornadas Mundiales de la Juventud y consigui? con esos parades de la fe cat?lica algo m?s que hacer visible a los j?venes, y a la sociedad, que existe una Iglesia joven y viva, como dir?a bien pronto su sucesor. Una de los m?s bellos escritos de Juan Pablo II fue su carta a los j?venes, en la que, glosando el evangelio del joven rico, les hac?a una invitaci?n a la autenticidad, a la novedad del Evangelio, a la b?squeda de la felicidad.

Madrid est? en estado de misi?n. La Misi?n joven, ideada por el cardenal Antonio Mar?a Rouco Varela y secundada por los obispos de Getafe y Alcal?, es algo m?s que una propuesta de actividades varias para los j?venes. Es un desaf?o a la cultura de nuestro tiempo, especialmente a la cultura o subcultura de los j?venes. Un desaf?o a la historia reciente de los procesos y de las formas educativas, en la familia y en la escuela, de la juventud. Un desaf?o a los pilares sobre los que se ha construido la cultura y la sociedad de la satisfacci?n. Una cultura y una sociedad que nos ofrece los m?s variados medios para nuestro progreso material ?calidad de vida, de salud, abundancia de bienes?, pero que no nos hace felices. Y una cultura que no nos hace felices es una cultura que se vuelve contra el hombre. Martin Seigman, de la Universidad de Pensnsylvania, estudioso de la felicidad, afirma que hay cuatro razones que explican el aumento de la depresi?n: el individualismo, la mal entendida autoestima, la educaci?n en el victimismo y el consumismo de escape.

Si hacemos caso a la sociolog?a ?el justo?, por ejemplo, al reciente estudio de Javier Elzo sobre los j?venes y la felicidad, descubrimos que "la gran masa de j?venes espa?oles mantiene con la Iglesia una situaci?n de divorcio asim?trico y distante; la distinci?n entre la dimensi?n institucional de lo religiosos y la dimensi?n experiencia sigue siendo central y atraviesa la religiosidad juvenil espa?ola y la de gran parte de Europa occidental". La Iglesia se ha equivocado en su trabajo con los j?venes cuando en vez de presentarles una propuesta de exigencia de fe, de verdad, de humanidad, se ha dedicado a hacer con ellos sociolog?a aplicada. No pocas de las pastorales juveniles que han estado en boga, en los ?ltimos a?os, carec?an de lo espec?fico cristiano, una pedagog?a sobre la vida de fe, de esperanza y de caridad, y se hab?an entregado a una metodolog?a de lo com?n humano que consist?a en hacer muchas actividades para que nadie estuviera quieto y se parara a pensar.

La pedagog?a cristiana no olvida la edad del hombre y de los hombres. No huye de los tiempos en la maduraci?n de la persona; antes bien, facilita que las virtudes personales y morales alcancen sus m?s preciados horizontes. La generosidad, la entrega, el idealismo, propios de la juventud, son la mejor tierra para sembrar el Evangelio y la naturaleza comunitaria de la fe. La comunidad cristiana sabe que no hay mejor ense?anza que la compa??a de vida, la presencia. ?sa es su ?nica y su m?s acreditada f?rmula de ?xito apost?lico.
Vivimos en un mundo en el que los modelos de la sociedad de consumo y de la relaci?n entre empresa y consumidor se est?n aplicando inconscientemente a todos los ?rdenes de la vida. Frente a las instituciones demandamos respuestas individuales. Los j?venes, insatisfechos con la carcasa de la historia por su tendencia a la novedad, quieren de la Iglesia que les escuche uno a uno, a todos y a cada uno, que est? atenta a sus problemas, a sus fracasos, a sus expectativas y a sus ilusiones. Despu?s de la escucha, los j?venes piden a la Iglesia lo que otras instituciones no les pueden dar: aquello que un d?a el joven rico demand? de Cristo, que le dijera en qu? consiste ser bueno, en d?nde est? la clave y la llave del secreto de la felicidad, de la vida plena de sentido que viene a su encuentro.
Con la Misi?n joven, los j?venes de Madrid van a salir al encuentro de otros j?venes y se van a dejar hacer las preguntas de ayer, de hoy y se siempre, ?qu? he de hacer para ser feliz? Y les contestar?n: deja lo que m?s te enganche, d?selo a quien lo necesita, y s?guenos. No te arrepentir?s.
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