S?bado, 18 de noviembre de 2006
Mons. Garc?a-Gasco invita a testimoniar amor de Dios en caridades cat?licas en "Carta Semanal"

Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 19 de noviembre de 2006


A lo largo de la historia y en nuestros d?as, no ha faltado el testimonio de cristianos admirables por su entrega generosa a los dem?s, especialmente a los m?s necesitados. Particularmente son numerosas las personas consagradas que, siguiendo a Jesucristo all? donde les llama, gastan su vida en el servicio a los m?s humildes y desvalidos.
Por citar s?lo un ejemplo, a ning?n ciudadano del Tercer Milenio deja de conmoverle la biograf?a de la Beata Teresa de Calcuta y su incondicional y gratuita entrega a los m?s desheredados de la India. La vida de estas personas, ?es algo tan excepcional que hemos de mirarla con extra?eza? ?O m?s bien forma parte de una vivencia del amor a la que estamos todos llamados a vivir?

El Papa Benedicto XVI nos invita a mirar estos ejemplos desde la siguiente explicaci?n: el amor puede ser mandado porque Dios nos ha amado primero. El ser humano est? conformado de tal manera que su existencia s?lo encuentra luz y sentido cuando ama de verdad, cuando el amor ocupa un lugar central en su vida.

El mandamiento del amor es posible cumplirlo. No s?lo porque responde a nuestra naturaleza humana, sino tambi?n porque de manera decisiva el Hijo de Dios se ha encarnado y, a trav?s de la predicaci?n del Evangelio por su Iglesia, el cristianismo no ha dejado de promover en todas las culturas sus semillas de caridad.

Benedicto XVI dedica la segunda parte de su Enc?clica ?Deus caritas est?. Sobre el amor cristiano a las consecuencias concretas del mandamiento del amor en la vida de la Iglesia. Por un lado, porque la Iglesia no puede dejar de realizar el servicio de la caridad: es inherente a su ser y a su misi?n; y porque la Iglesia debe testimoniar que el ejercicio de la caridad cristiana nada tiene que ver con la heroicidad humana: es la humilde y coherente respuesta del creyente al amor de Dios. Un Dios que nos ha amado primero, d?ndonos la vida, rescat?ndonos del pecado y abri?ndonos su coraz?n traspasado en la Cruz, para remediar todas nuestras miserias y contradicciones. No hay heroicidad en la generosidad de la caridad. Es la consecuencia natural de centrar la propia vida en el mandamiento cristiano del amor

El Esp?ritu hace manar en los creyentes torrentes de agua viva que les permiten amar. El Esp?ritu es la potencia interior que armoniza su coraz?n con el Coraz?n de Cristo, y los mueve a amar a los hermanos como ?l los ama, con servicio y entrega radical en su cruz. El acontecimiento del Esp?ritu transforma tambi?n el coraz?n de la comunidad eclesial, de la Iglesia, para que sea en el mundo testigo del amor del Padre, que quiere hacer de la humanidad una sola familia en su Hijo.

La consecuencia de esta contemplaci?n del amor de Jesucristo, que la fe nos suministra, es clara para la comunidad cristiana: toda la actividad de la Iglesia es expresi?n de un amor que busca el bien integral del ser humano. Busca su evangelizaci?n mediante la Palabra y los Sacramentos; y, al mismo tiempo, busca su promoci?n en los diversos ?mbitos de la actividad humana. Se trata de dos caras de la misma moneda: la evangelizaci?n lleva a la promoci?n; la promoci?n necesita de la evangelizaci?n para responder a la verdadera dimensi?n de las necesidades del ser humano.

Pensando en el ejercicio humilde de la caridad dentro de la Iglesia, Benedicto XVI define el amor como el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres. El amor a los dem?s, especialmente a los m?s necesitados, es posible. Pero se trata de un amor humilde. La iniciativa es de Dios, que nos enriquece con el don de la vida, del amor, de su Palabra, de los Sacramentos, y de las personas a las que servimos con todo el respeto y la veneraci?n de dignidad y de su condici?n de hijos amad?simos de Dios.

Queridos hermanos: os invito a participar en las diversas entidades, como C?ritas, Manos Unidas, Fundaci?n Ad Gentes y otras muchas, que trabajan en tierras valencianas y en otras partes del mundo a favor de los m?s necesitados: abrid de par en par las puertas a Cristo, para que ?l renueve la fuerza y la hermosura de vuestra entrega. Descansad en ?l todas vuestras dudas y dificultades, y confiad en la potencia de su amor misericordioso. Os aseguro que no quedar?is defraudados.

Con mi bendici?n y afecto,

Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Hablan los obispos
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