Lunes, 20 de noviembre de 2006
Todav?a no nos hemos rehecho del impacto tan doloroso que nos ha producido la muerte de N. de una manera tan s?bita.
Siempre, pero cuando la muerte nos toca de cerca, cuando toca a un allegado tan querido, a un hermano, a un esposo, a un familiar, la muerte se constituye en maestra de la vida y nos hace reflexionar sobre el sentido de la vida.
Si quitamos de la perspectiva de nuestra vida la fe cristiana que alienta y que nos sostiene y que fundamenta nuestra esperanza, la vida puede parecer absurda. Puede parecer la historia imb?cil contada por un idiota porque se convierte en un t?nel sin salida, en un hundirse, en una noche de nieblas y de nada: Nacer, vivir y morir. Sufrir, luchar, gozar, morir. So?ar, fracasar, triunfar y al fin, morir.
Sabemos que la muerte nos va a venir a todos. Y es dif?cil no incurrir en el t?pico, en lo que no hay m?s remedio que decir en estas ocasiones. Es dif?cil porque tambi?n la muerte, con una insistencia machacona nos va diciendo lo mismo. Al fin y al cabo es el hecho m?s com?n y m?s corriente de la vida.
Sin embargo, no nos acostumbramos. Y la muerte nos sorprende siempre cuando se produce con unas caracter?sticas tan particulares como la que ha hecho reunirnos hoy aqu?. Y no debiera sorprendernos.
El Se?or nos dice que vendr? "como un ladr?n". Es un hecho universal y cotidiano, pero nos asaltar? sin avisar. Y a?n cuando nos avise, nos sorprender? "como un ladr?n". Adem?s nos va a arrebatar todo. Todo se lo va a llevar por delante. Es un ladr?n de ilusiones, de sue?os, de esperanzas, de la vida misma, que es el bien supremo del hombre. No quisi?ramos que el ladr?n nos visitara nunca, como no quisi?ramos que la muerte nos llegara; pero vendr? a quitarnos todo: los bienes materiales y todo lo que m?s amamos, la vida misma.
La muerte es la victoria provisional, provisional s?lo, sobre el instinto m?s poderoso del hombre que es el instinto de la propia conservaci?n. Y porque el instinto de la vida, de conservarnos, de vivir siempre, de no extinguirnos, de no hundirnos en ese pozo sin fondo de la nada. Por eso la muerte es algo que se repudia con todas las fuerzas del coraz?n humano. Porque viene a robarnos todo, "como un ladr?n". Viene a robarnos los proyectos, las ilusiones, la vida misma.
N. ten?a muchas ganas de vivir. Era un optimista nato. Se apuntaba a todo. Era un hombre lleno de peque?as ilusiones y de peque?os proyectos Y la muerte "como un ladr?n " se los llev?.
Pero N. que fue siempre creyente, sab?a que la muerte es s?lo el paso, la aduana, dolorosa de verdad, para el encuentro definitivo con Dios en la vida que no se acaba. Encuentro amoroso con el Dios del Evangelio, con ese al que muchas veces hemos desfigurado, con ese Dios que a fuerza de olvidar el Evangelio lo hemos pintado con trazos de caricatura, como un Dios malhumorado, tirano, que m?s se impone por el temor que por el amor.
Y no es as?. Si Dios fuera as?, si la vida fuera as?, fuera derrotada definitivamente por la muerte, si la muerte ganara definitivamente la partida a la vida, la existencia humana ser?a absurda, como un t?nel sin salida. ?Para qu? luchar? ?Para qu? vivir, para qu? amar, para qu? sufrir si todo va a acabar en la nada? La vida ser?a una triste pasi?n in?til y podr?amos quejarnos de Dios que puso en el fondo del coraz?n humano esa ansia de vivir, esa ansia de perfeccionarse, esa ansia de no acabar nunca...
Si eso fuera verdad, tendr?a derecho a pensar que Dios es un Dios cruel que se complace destruyendo a las mismas esperanzas que El mismo deposit? en el coraz?n del hombre.
Pero ? no! El Dios del Evangelio, el Dios que nos ha ense?ado Jes?s no es as?. Es el Dios de la vida, no el Dios de la muerte. Es el Dios que es Padre y Padre que ama a sus hijos. Si vosotros que ten?is hijos los am?is entra?ablemente ?c?mo no nos va a amar el Padre Dios aunque seamos unos malvados? A Dios, Juan, el Ap?stol que m?s cal? en su esencia, lo defini? diciendo: Dios es Amor. La definici?n m?s exacta y m?s concisa.
Dios es el Padre que nos aguarda tras el trance doloroso de la muerte nos espera con los brazos abiertos para introducirnos en el Reino de la Dios es el Padre de Jes?s a quien ha resucitado, el primero de todos, una vida gloriosa, para que con El resucitemos los que en El creemos.
Por eso Jes?s nos ha dicho: "Yo soy la Resurrecci?n y la Vida. El que cree en m? aunque haya muerto, vivir?". Y esto es Palabra que nunca pasar?. El Cielo y la tierra pasar?n, pero la Palabra del Se?or no pasar?". Y esta es tambi?n la Palabra del Se?or.
La fe y la esperanza cristiana no suprimen el sufrimiento, pero lo interpretan, lo iluminan, lo vuelven "b?lsamo " para nuestros sinsabores.
La fe y la esperanza cristiana no eliminan la muerte temporal, porque es ley de Dios y las leyes de Dios se cumplen siempre. Nos llegar? a todos la hora, pero est? vencida con la Resurrecci?n de Jes?s. A los creyentes nos sostiene esta fe, y a?n en la muerte nos anima la esperanza en Cristo Resucitado que nos arrastra a los Cielos Nuevos y a la Nueva tierra.
A todos vosotros, pero especialmente a los familiares m?s cercanos yo os digo: " No os aflij?is como los hombres que no tienen esperanza".
Hubo un hombre, proc?nsul romano, llamado Plinio el Joven, que recibi? la orden del Emperador de perseguir aquella doctrina que cada d?a cund?a m?s era la cristiana. Le preguntaba ?qui?nes son esos?- " Son unos hombres extra que creen en un tal Cristo, al que aman de verdad, y van serenos a la muerte a".
Recemos tambi?n nosotros y ofrezcamos por N. al Padre de las misericordias nuestra oraci?n y al mismo tiempo ofrezcamos con el Se?or esta Eucarist?a para que perdonadas las culpas y fallos propios de su condici?n humana, como la de cualquiera de nosotros, sean perdonados por la infinita misericordia de Dios. Y perdonadas sus culpas sea recibido para siempre en la mansi?n eterna de la Vida sin fin.
Publicado por verdenaranja @ 20:58  | Homil?as
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