Lunes, 20 de noviembre de 2006
Alocuci?n radial del Arzobispo de Corrientes

Mons. DOMINGO S. CASTAGNA

Domingo 19 de noviembre de 2006

Marcos 13, 24-32



1.- Cristo viene. Cristo ha venido y est? viniendo continuamente. Los signos de ese llegarse a nosotros est?n al alcance de la mano. Estamos acostumbrados a dejar pasar las oportunidades estimando que vendr?n otras mejores. Actitud que responde a apetencias muy personales, envueltas en su extrema debilidad y anticipadamente destinadas al fracaso. Es conveniente leer los signos de la venida de Cristo como acontecimiento actual, de otra manera el mundo real ser? tr?gicamente confundido con el mundo aparente. Dios hace de su Verdad una realidad que pasa a ser nuestra. Para ello su Verbo se encarna y hace que su Historia de Salvaci?n se haga ?carne? o historia humana. No hay m?s que dos alternativas: o recibirlo, cuando llega, o morir asfixiados en la imagen enga?osa del mundo sin Dios que se nos intenta imponer. Si no enfrentamos la disyuntiva, presentada como consecuencia de ambas alternativas, pasaremos sin pena ni gloria por la vida. ?No es lo que ocurre con muchos hombres y mujeres de nuestras rutilantes sociedades? La calidad espiritual y moral - sumamente debilitada - constituye la prueba irrefutable. La mediocridad y la frivolidad que parecen imperar en las variadas expresiones de nuestro entorno social responden al mismo y lamentable origen.

2.- El mundo debe despertar. Es la ocasi?n de reaccionar ante tal comprobaci?n. El estado de generalizada inacci?n sume a la sociedad en una noche sin perspectiva de cercano amanecer. Alguien debe despertar al mundo. Es la especial misi?n de Jesucristo. Su cumplimiento est? ofrecido como fuente saludable a quienes se predisponen a recibir su peculiar resonancia. Muchos, a Dios gracias, despiertan a su llamado y abren los ojos a su luminosidad. Son quienes lo adoptan para la vida y el compromiso. Es la constituci?n de una vida cristiana aut?ntica que espont?neamente ocupa su lugar en el entrecruce de ofertas ideol?gicas y religiosas tan variadas. La fe cristiana singulariza a quienes la adoptan para protagonizar la historia. La calidad de fermento que cada cristiano constituye entre sus contempor?neos no excluye otros intentos, los considera verdaderas pistas de acercamiento al Evangelio de Cristo. De all? la vigencia del ecumenismo como intercambio y mutuo aliento hacia la Verdad que Jesucristo encarna. Hablo, l?gicamente, desde la perspectiva de mi fe cat?lica. Cristo desborda toda esperanza y logra la perfecci?n de lo esperado. Es el Se?or que aguardan los hombres, el Mes?as de Dios, el aut?ntico Salvador. No nos es l?cito disimular su presencia actual. La Iglesia, signo elegido por el mismo Jes?s para hacerlo presente, debe desarrollar hist?ricamente esa misi?n a pesar de las contradicciones y persecuciones que la agraden constantemente.

3.- Siglo XXI, ciego y sordo. Nuestros conciudadanos, cat?licos y no cat?licos, claman por Jesucristo y sufrir?an una tr?gica decepci?n si no lo hallaran. El recordado Pablo VI emplea t?rminos muy severos para referirse a la responsabilidad evangelizadora de la Iglesia. Entiende que Dios intente otros caminos para salvar a los hombres pero no se explica c?mo lograr?n salvarse quienes deben evangelizarlos. (Evangelii Nuntiandi) El mundo del siglo XXI se halla literalmente postrado, sin o?dos para escuchar y sin ojos para ver. Es preciso que recupere el o?do y la vista para que la Palabra no suene en vano y los signos visibles de la presencia de Cristo no se pongan ante entendimientos que no saben descifrarlos. La acci?n ministerial de la Iglesia se har? cargo de esa irremplazable labor. No consiste ?sta en h?biles campa?as para captar adherentes sino en el testimonio de santidad de los cristianos. Para ello ser? necesario promover la santidad de todos los creyentes, cualquiera sea la misi?n que deban desempe?ar tanto en la Iglesia como en la sociedad. Sin santos no hay misi?n y, l?gicamente, la evangelizaci?n del mundo resulta irrealizable. Desde esta reflexi?n, instalada hoy en el interior de la Iglesia, se comprueba el origen de su actual debilidad misionera. Tambi?n se descubre el secreto de la fecundidad apost?lica manifestada en el transcurso de su extensa y accidentada historia. Quienes han decidido seguir a Jes?s, prestando atenci?n a su llamado directo e inconfundible, han experimentado la virtud espiritual del Esp?ritu de Pentecost?s.


4.- La Verdad necesaria. La pr?dica de la Iglesia no puede entretenerse en asuntos que no hagan referencia al n?cleo de la evangelizaci?n. Desde el mismo se producir? la animaci?n e iluminaci?n de los temas m?s ?lgidos, necesitados de su Verdad. En la Palabra predicada y testimoniada est? todo lo necesario. Est? Cristo, el Mes?as de Dios, el ?nico ser necesario para llegar a resolver las cuestiones m?s dif?ciles. Cuando los ocasionales due?os del poder acallen sus absurdas e ?ntimas ambiciones se encontrar?n en condiciones de iniciar un verdadero trayecto a la verdad y al orden social. No antes, ni por otro camino; el sendero est? definitivamente trazado y no admite otro que no sea Cristo. La cosa es simple. Las complicaciones provienen de los hombres que pretenden una novedad que no es m?s que la reedici?n de antiguos y fracasados proyectos. La aut?ntica novedad proviene del Esp?ritu. Eludirlo o rechazarlo constituye el m?s grave error. Lamentablemente, entre quienes debieran obedecerle con prontitud, se produce tambi?n una tr?gica inconciencia de su necesaria presencia y acci?n. El Esp?ritu de Dios - lo hemos afirmado en otras ocasiones - es el don de Cristo resucitado a sus disc?pulos y al mundo. Ser? preciso estar alertas a ?l. Los vendavales que acosan a la humanidad proceden de la confusi?n y del desorden moral. Solo Dios es el ordenador de la vida humana. La paz aut?ntica y definitiva procede de la armon?a lograda entre la voluntad de Dios y la voluntad del hombre.

5.- Cristo restablece la verdad y el orden. No basta conocer los mandamientos de Dios, es preciso cumplirlos todos y en su plenitud: la caridad. ?En qu? consiste la santidad? Se preguntaba un preclaro Obispo de la Iglesia, ya fallecido, y se respond?a con impresionante sencillez: ?En conocer el catecismo y vivirlo; en aprender los mandamientos y cumplirlos?. El mundo necesita hacedores de la Verdad, aut?nticos cumplidores de los mandamientos de Dios. Tendremos que extender este elemental reclamo a toda actividad o funci?n en la sociedad, y en la Iglesia. Los grandes que el mundo necesita son los cumplidores de los principios que han sostenido la vida de los pueblos, no sus transgresores. Cuando se burlan las leyes, desde arriba o desde abajo, se ofende gravemente a Dios y se produce un verdadero caos en el pueblo. Cristo viene siempre a restablecer la verdad y el orden comprometiendo la libertad, ?ntimamente redimida por su Sangre redentora.
Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Hablan los obispos
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