Lunes, 20 de noviembre de 2006
Discurso Inaugural del Excmo. y Rvmo.

Sr. D. Ricardo Bl?zquez P?rez

Obispo de Bilbao
Presidente de la Conferencia Episcopal Espa?ola


Madrid, 20-24 de noviembre de 2006




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Se?ores Cardenales, Se?or Nuncio Apost?lico, Se?ores Arzobispos y Obispos; colaboradores de la Conferencia; representantes de los medios de comunicaci?n social, reciban mi saludo de paz en el Se?or al empezar esta nueva Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola.

?Familia, vive y transmite la fe?

Hay acontecimientos que por su trascendencia deben ser largamente preparados y durante mucho tiempo meditados, ya que el mensaje que contienen requiere honda asimilaci?n espiritual; esta rememoraci?n es tanto m?s necesaria cuanto m?s vertiginosamente se suceden los hechos desplazando al pasado distante tambi?n a los que deber?an ser actualizados. A la categor?a de acontecimientos memorables pertenece sin duda el Encuentro Mundial de las Familias, que tuvo lugar en Valencia a principios del mes de julio y que presidi? el Papa Benedicto XVI los d?as 8 y 9. Fue preparado con dedicaci?n y competencia, trabajando muchas personas unidas en la ilusi?n. Cuando en las fotograf?as a?reas se contempla el cauce viejo del Turia y sus bordes abarrotados de gente el impacto es impresionante. Fue una fiesta de luz y de gozo, de vida y de esperanza. Agradecemos la visita apost?lica del Papa, cuyo lema ?Familia, vive y transmite la fe,? muestra su mensaje fundamental. Felicitamos a quienes contribuyeron al ?xito de esta cita mundial. Recordamos tambi?n en la oraci?n y el afecto a las v?ctimas del accidente del metro del d?a 3.

Los d?as primeros de la semana, que culminar?a con las celebraciones presididas por el Papa, la Feria de Muestras se convirti? en una inolvidable Feria de las Familias. Junto al Congreso Teol?gico-Pastoral, tuvieron lugar en otros pabellones sendos congresos dedicados a los abuelos y a los hijos. Era un hervidero de gente y una muestra espl?ndida de humanidad.

En este ambiente, junto al pabell?n donde en numerosos ?stands? se presentaban diversas y estimulantes iniciativas pastorales sobre la familia, fueron presentados cinco vol?menes preparados por diferentes servicios de la Conferencia Episcopal. En el volumen titulado El Papa con las familias se recogen las ense?anzas de Benedicto XVI sobre la familia hasta aquel momento. En otro volumen, titulado Los obispos espa?oles y la familia se ofrece un buen n?mero de escritos pastorales de obispos que f?cilmente se podr?an haber ampliado. A los Encuentros Mundiales con las Familias se dedica otro, en que aparecen las intervenciones del Papa Juan Pablo II desde el primero celebrado en Roma en 1994, apoyando la iniciativa de la ONU que hab?a decidido destinar ese a?o a la Familia. El cuarto volumen colecciona los documentos sobre La vida humana, don precioso de Dios, publicados por la Conferencia Episcopal entre los a?os 1974 y 2006. Y, por fin, Los primeros pasos en la fe contienen sugerencias para el despertar a la fe en la familia y en la parroquia. Estas diversas publicaciones desean prestar un servicio a la pastoral de la familia, de la vida y de la transmisi?n de la fe. Agradezco cordialmente a quienes colaboraron en la recogida y preparaci?n de los diferentes materiales.

El centro de nuestro inter?s al evocar el V Encuentro Mundial de las Familias reside l?gicamente en recordar algunos aspectos del mensaje del Papa Benedicto XVI. Cito diversos p?rrafos a mi modo de ver muy significativos.

En el aeropuerto, en el primer saludo, expres? el prop?sito de su visita. ?Mi deseo es proponer el papel central para la Iglesia y la sociedad, que tiene la familia fundada en el matrimonio. Esta es una instituci?n insustituible seg?n los planes de Dios, y cuyo valor fundamental la Iglesia no puede dejar de anunciar y promover, para que sea vivido siempre con sentido de responsabilidad y alegr?a?.

El tema del Encuentro fue la transmisi?n de la fe en la familia, que en diversos momentos reson? en las intervenciones del Papa. ?Transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas e instituciones como la parroquia, la escuela, o las asociaciones cat?licas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente?. ?Los padres son los primeros responsables de la educaci?n de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe?, dir? en otro momento uniendo dos realidades vitales para la sociedad y la Iglesia, a saber, la familia y la educaci?n. ?El lenguaje de la fe se aprende en los hogares donde esta fe crece y se fortalece a trav?s de la oraci?n y de la pr?ctica cristiana?. ?La familia cristiana transmite la fe cuando los padres ense?anza sus hijos a rezar y rezan con ellos; cuando los acercan a los sacramentos y los van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando todos se re?nen para leer la Biblia, iluminando la vida familiar a la luz de la fe y alabando a Dios como Padre?. Podemos comentar nosotros: Los padres preceden y acompa?an a los hijos en el itinerario de la fe; no les dicen simplemente: Reza, ve a misa, sino: Vamos a rezar, vamos a Misa. Con su ejemplo les ense?anza ayudar a los necesitados; y en el calor del hogar los hijos aprenden a vivir y a convivir, a ser amados y a amar.

Como el matrimonio y la familia afectan en sus mismos fundamentos a la sociedad ampli? el Papa su discurso en estos t?rminos: ?Invito a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en armon?a aseguran al hombre y a la mujer, a la familia, centro neur?lgico de la sociedad?. ?La familia es una escuela de humanizaci?n del hombre, para que crezca hasta hacerse verdaderamente hombre. En este sentido, la experiencia de ser amados por los padres lleva a los hijos a tener conciencia de su dignidad de hijos. La criatura concebida ha de ser educada en la fe, amada y protegida. Los hijos, con el fundamental derecho a nacer y ser educados en la fe, tienen derecho a un hogar que tenga como modelo el de Nazaret y sean preservados de toda clase de insidias y amenazas?.

Un ni?o nace como fruto del amor, de la entrega generosa y de la esperanza de los padres; y es tambi?n hijo del Padre Dios que lo ama por s? mismo y lo llama a la filiaci?n divina. Los hijos forman parte de esta manera de una cadena viviente de personas con su tradici?n. Por esto dijo el Papa: ?Con el don de la vida recibe tambi?n un patrimonio de experiencia. A este respecto los padres tienen el derecho y el deber inalienable de transmitirlo a los hijos: educarlos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su capacidad de amar a trav?s de la experiencia de ser amados y, sobre todo, en el encuentro con Dios?.

En este contexto, mostrando una entra?able calidad de esp?ritu, dijo Benedicto XVI: ?Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Ellos pueden ser -y son tantas veces- los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los peque?os la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojal?, bajo ning?n concepto, sean excluidos del c?rculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones?.

Termino este florilegio con unas palabras del Papa en el discurso de despedida ya en el aeropuerto. ?Conf?o en que, con la ayuda del Alt?simo y la maternal protecci?n de la Virgen Mar?a, este Encuentro siga resonando como un canto gozoso del amor, de la vida y de la fe compartida en las familias, ayudando al mundo de hoy a comprender que la alianza matrimonial, por la que el var?n y la mujer establecen un v?nculo permanente, es un gran bien para la humanidad?.

Podemos quiz? resumir el contenido y el tono de los discursos del papa de la manera siguiente: Expuso la verdad del matrimonio como instituci?n de la humanidad y como sacramento cristiano, y el sentido humanizador y evangelizador de la familia, con transparencia y profundidad, con respeto y amabilidad; ha invitado a protegerlos y cuidarlos como un tesoro. En la proclamaci?n de la verdad, conocida por la raz?n y la fe, sobre el matrimonio y la familia va incluida la llamada a la reflexi?n y a la eventual reorientaci?n. Su actuaci?n serena, humilde, acogedora y abierta han sido una especie de b?lsamo que suaviz? muchas relaciones.

La convocatoria de Valencia fue un encuentro para celebrar el don del matrimonio y de la familia, fue oportunidad para reflexionar sobre los desaf?os ante los que se hallan en nuestro mundo y fue un compromiso a favor de su misi?n en la Iglesia y su alcance en la sociedad.

Miles de familias con sus hijos proclamaron con gratitud y esperanza, con su presencia y testimonio: ?Es posible la fidelidad, es posible envejecer juntos quienes unieron sus vidas en el sacramento del matrimonio, es posible transmitir generosamente la vida y educar a los hijos como personas y como cristianos! Valencia fue un canto al amor de Dios que hace posible el amor en el matrimonio y la familia. El matrimonio cristiano se fundamenta en el amor de Cristo a la Iglesia que se ?entreg? a s? mismo por ella? (Ef 5,25) y en el amor fiel de la Iglesia a Jesucristo. A esta luz y con esta fuerza se comprende que el amor verdadero se comprueba en el sufrimiento real por la persona amada. Al consorte se le ama gozosa y sacrificadamente en las alegr?as y en las penas, en la salud y en la enfermedad, cuando la vida est? plet?rica de vigor y cuando la debilidad se apodera de la persona, cuando la belleza exterior se mustia y se concentra en el coraz?n.

La Iglesia quiere que sea custodiado y promovido no s?lo el matrimonio cristiano sino tambi?n el matrimonio como patrimonio de la humanidad que conocemos por el dec?logo y la ley natural: Que los j?venes puedan contraer matrimonio a su tiempo, sin aplazamientos indefinidos por los precios inasequibles de la vivienda y la precariedad laboral; que los casados puedan hacer compatible el cuidado de la familia y el ejercicio de la profesi?n; que hallen apoyo en las instituciones para la atenci?n de los enfermos y ancianos; que el ambiente cultural sea propicio para la educaci?n de los hijos y la fidelidad de los esposos; que se reconozca generosamente a los padres la responsabilidad primordial, y por tanto el derecho y la obligaci?n de educar a sus hijos seg?n sus convicciones morales y religiosas; que las leyes respeten la identidad del matrimonio y favorezcan su estabilidad, etc. son justas aspiraciones de las familias.

En todas las vocaciones cristianas (matrimonio, ministerio sacerdotal, vida consagrada) est? presente la cruz, ya que somos disc?pulos del Crucificado; pero a trav?s de la cruz, que nos une a Jesucristo ya resucitado, brota la nueva vida, se regenera el amor y se fortalece la esperanza.

?Dirigir la mirada al Dios vivo?

En la capilla llamada del Santo C?liz de la catedral de Valencia tuvimos los obispos espa?oles un encuentro breve con el Papa, ya que el programa era muy apretado. Benedicto XVI nos entreg? un mensaje en que nos manifiesta su cercan?a, comprensi?n y aliento en la situaci?n actual de la Iglesia en Espa?a. Nosotros le hicimos entrega de un escrito corto, aut?ntica joya de la literatura teol?gico-espiritual, a saber, El tratado del amor de Dios, escrito por san Juan de ?vila patrono del clero espa?ol. En nombre de todos los sacerdotes le ofrecimos este obsequio como signo de comuni?n y de gratitud por su ministerio. El t?tulo del libro y el mismo contenido nos hace pensar en su enc?clica Dios es amor. El Papa recibi? el librito bellamente encuadernado con el afecto que le caracteriza.

Hoy recogemos nuevamente las exhortaciones del mensaje de Benedicto XVI. Adem?s de recordarnos c?mo en el Plan de Pastoral de la Conferencia Episcopal Espa?ola hemos puesto acertadamente la Eucarist?a en el centro, nos pidi? que anunci?ramos el Evangelio de Dios, que es Amor. ?Seguid proclamando sin des?nimo que prescindir de Dios, actuar como si no existiera o relegar la fe al ?mbito meramente privado, socava la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad. Por el contrario, dirigir la mirada al Dios vivo, garante de nuestra libertad y de la verdad, es una premisa para llegar a una humanidad nueva. El mundo necesita hoy de modo particular que se anuncie y se d? testimonio de Dios que es amor?. Unas palabras pronunciadas hace menos de un mes por el Papa en Verona nos orientan en la misma direcci?n. ?Quisiera poner de relieve c?mo, a trav?s de este testimonio multiforme, debe brotar sobre todo el gran ?s? que en Jesucristo Dios dijo al hombre y a su vida, al amor humano, a nuestra libertad y a nuestra inteligencia; y, por tanto, c?mo la fe en Dios que tiene rostro humano trae la alegr?a al mundo. En efecto, el cristianismo est? abierto a todo lo que hay de justo, verdadero y puro en las culturas y en las civilizaciones; a lo que alegra, consuela y fortalece nuestra existencia? (Discurso a la IV Asamblea Eclesial Nacional Italiana, pronunciado en Verona el d?a 27 de octubre).

Poco antes del encuentro con el Papa en Valencia, los d?as 21 y 22 de junio, hab?amos celebrado una Asamblea Plenaria Extraordinaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola, que acordamos en la Asamblea del mes de marzo. Dialogamos ampliamente en un clima de fraternidad y de b?squeda compartida sobre la respuesta pastoral que deb?amos ofrecer a la situaci?n religiosa, social, cultural y pol?tica de nuestra sociedad. Fue realmente una serena y gozosa experiencia de comuni?n. Hicimos una vez m?s la grata verificaci?n de c?mo el disponer actualmente en la Iglesia de las Conferencias Episcopales como ?mbito de reflexi?n para diagnosticar los desaf?os planteados, emitir la propia opini?n con libertad y respeto, y discernir juntos los caminos de Dios en las cambiantes coyunturas hist?ricas, es una gracia que debemos al Concilio Vaticano II. En una Nota final manifestamos p?blicamente el prop?sito de ?centrar muy especialmente nuestros esfuerzos y los de nuestros colaboradores en todo lo referente a la iniciaci?n cristiana de ni?os, j?venes y adultos; en el cuidado del domingo, como elemento clave de la identidad cristiana; en el acompa?amiento doctrinal y pastoral del matrimonio y de la familia, en particular, de las familias m?s j?venes; y en la promoci?n de la presencia de seglares bien formados en la vida p?blica?. Al final del comunicado, invit?bamos a pedir al Se?or ?para que las instituciones democr?ticas puedan fomentar en Espa?a la verdad y la libertad, la justicia y la paz, la unidad y la concordia, en el pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos?. Entonces decidimos elaborar una Instrucci?n Pastoral, cuyo borrador examinaremos en esta Asamblea. El magisterio del Papa nos ayudar? eficazmente en nuestros trabajos.

No s?lo aludi? el Papa en el mensaje que nos entreg? en Valencia a diferentes contenidos de la acci?n pastoral, nos invit? tambi?n a profundizar en algunas actitudes eminentemente apost?licas, en concreto a vivir la misi?n episcopal con esperanza y concordia. Citando la Carta a los Hebreos nos anim? a correr ?en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inici? y completa nuestra fe: Jes?s, que renunciando al gozo inmediato, soport? la cruz, sin miedo a la ignominia, y ahora est? sentado a la derecha del Padre? No os cans?is ni perd?is el ?nimo? (12,1-3). En la vida cristiana y en el ministerio apost?lico miramos a Jes?s como peregrino del Evangelio por los caminos del mundo, como crucificado y resucitado. La cruz est? iluminada por la resurrecci?n. La esperanza cristiana es alentada por una multitud de testigos, se fortalece mirando a Jesucristo vencedor de las pruebas y de la cruz. La esperanza en Dios infunde en el coraz?n serenidad y alegr?a, paciencia en las dificultades y ?nimo para trabajar sin desfallecer.

Las palabras de la Carta a los Hebreos, que actualiz? el Papa para nosotros, conectan armoniosamente con una invitaci?n del Tratado del amor de Dios de san Juan de ?vila, que anteriormente hab?a desarrollado admirablemente en su obra fundamental Audi, filia.

San Juan de ?vila, ?sabio maestro, consejero experimentado? y verdadero reformador de la Iglesia, como escribimos el a?o 1999 en el Mensaje de la Conferencia Episcopal con ocasi?n del V Centenario de su nacimiento, nos invita tambi?n a mirar a Cristo, a fijar los ojos en El. Pilato despu?s de azotar a Jes?s lo expuso a la contemplaci?n de la multitud de los jud?os, diciendo: ?Mirad al hombre? (Jn 18,5). Los jud?os lo miraron para rechazarlo; pero Dios Padre nos mand? mirarlo de otra manera. ?Mirad a este hombre?, para o?r sus palabras, porque ?ste es el Maestro que el Padre nos dio. Mirad a este hombre, para imitar su vida, porque no hay otro camino para ser salvos?. Quien mira a Cristo puesto en el madero de la cruz con fe y amor, vivir? para siempre (cf. Jn 3,14-15). As? nos dice el Padre eterno: ??Mira, hombre, la faz de tu Cristo; y si quieres que mire yo a su faz, para te perdonar por ?l, mira t? su faz, para me pedir perd?n por ?l?. En la faz de Cristo, nuestro mediador, se junta la vista del Padre y la nuestra. All? van a parar los rayos de nuestro creer y amar, y los rayos de su perdonar y hacer mercedes? (Audi, filia, cap. 112,2-3, en: Obras Completas I, Madrid 2000, pp. 776-777). Y el mismo san Juan de ?vila en el Tratado del amor de Dios anima a confiar en Dios a quien se sienta abatido por su debilidad: ?Mira que este negocio no estriba en ti solo, sino en Cristo? Este es el estribo de nuestra esperanza y no t?? No mires a tus fuerzas solas, que te har?n desmayar, sino mira a este remediador, y tomar?s esfuerzos?? (n. 13, i8b. p. 973 Cf. Deus caritas est. 12 y 19).

El mensaje, que el Papa firm? delante de nosotros en la capilla del Santo C?liz, nos rubrica su afecto fraternal en el servicio apost?lico.

La asignaci?n tributaria

Para no ver claro es muy eficaz mezclar las cosas y agitarlas un poco. Como esto ocurre con alguna frecuencia a prop?sito de los dineros de la Iglesia, con el fin de evitar confusiones, parece oportuno que distingamos adecuadamente.

La Iglesia es titular, depositaria y custodio de un extraordinario patrimonio cultural y art?stico, como es manifiesto. Para conservarlo, restaurarlo y ponerlo a disposici?n de todos necesita la colaboraci?n econ?mica del Estado, de instituciones privadas y personas particulares. ?Es la Iglesia rica en patrimonio art?stico? Ciertamente. Posee este patrimonio un valor inestimable; no tiene precio.

Los colegios cat?licos concertados reciben con raz?n financiaci?n p?blica, ya que los profesores cobran por su trabajo y los centros por sus instalaciones. Los profesores de religi?n reciben tambi?n su n?mina por la ense?anza que imparten a los alumnos, cuyos padres haciendo uso de su derecho, han elegido para sus hijos religi?n y moral cat?licas.

El Estado subvenciona, en mayor o menor proporci?n, servicios sociales que gestionan diversas organizaciones de la Iglesia, por ejemplo C?ritas y otras agrupaciones cat?licas, en atenci?n a los enfermos, ancianos, inmigrantes, marginados, proyectos de promoci?n en el Tercer Mundo, etc. Las ayudas que reciben con una mano las entregan con la otra. Si se ven de cerca estas actividades, con una mente libre de prejuicios y con un coraz?n compasivo hacia los indigentes, es muy dif?cil no reconocer la colaboraci?n extraordinaria que presta la Iglesia a los necesitados, a la sociedad, a la humanidad. Todos conocemos obras admirables que por respeto a los beneficiarios es preferible que se desarrollen con discreci?n. Nuestra sociedad estar?a inmensamente menos capacitada para responder a tantas formas de pobreza sin la presencia amplia, capilar y generosa de la Iglesia cat?lica. Los cristianos estamos convencidos de que este servicio forma parte de nuestra vocaci?n.

Lo que la Iglesia recibe de los ciudadanos a trav?s de la asignaci?n tributaria no se destina a las actividades a que me he referido. ?Para qu? asignamos nosotros, asignan ya muchos y pedimos que asignen otros muchos? Deseamos que asignen no s?lo los cat?licos, sino todos los que conocen y aprecian los servicios de la Iglesia. Confiamos en la valoraci?n positiva que merece esta colaboraci?n y en la generosidad de las personas. Lo que la Iglesia recibe a trav?s de la Administraci?n por la asignaci?n tributaria se destina a las actividades de catequesis y educaci?n en la fe; a las celebraciones lit?rgicas, sacramentales y de piedad popular; a mantener los templos y construir otros necesarios; a la atenci?n pastoral de enfermos, ancianos y presos; a la formaci?n, sustentaci?n, vivienda y seguridad social de los agentes de pastoral (obispos, presb?teros, religiosos y seglares); sin contar las numeros?simas personas que colaboran como voluntarios. En la distribuci?n del fondo interdiocesano, que se nutre fundamentalmente con la asignaci?n tributaria, constan las diversas partidas.

Tengan la seguridad de que en la Iglesia pedimos con mayor libertad para las necesidades caritativo-sociales de personas cercanas y distantes que para las necesidades pastorales. Pero es f?cil comprender que si hay actualmente 2.793 voluntarios cristianos que desarrollan una preciosa labor social en las c?rceles espa?olas es porque previamente y concomitantemente en sus parroquias y comunidades se les ha anunciado a Jesucristo y alimentan su fe con la Eucarist?a y otros encuentros. Los 60.789 voluntarios, hombres y mujeres, que colaboran en C?ritas, y los 160.000 socios y donantes, no han surgido por generaci?n espont?nea, sino porque en la Iglesia se nutre el esp?ritu caritativo y solidario. Los miles de misioneros y misioneras, cerca de 18.000, que han salido de nuestras di?cesis y congregaciones religiosas, y a trav?s de los cuales en todos los rincones del mundo se transmite la fe cristiana y se ayuda eficazmente en la promoci?n social, son guiados por el Evangelio de Jesucristo. Hemos podido constatar frecuentemente que, cuando se producen cat?strofes naturales, antes de llegar las personas y las ayudas necesarias para afrontar la grave situaci?n, ya desde hace a?os estaban all? trabajando misioneros y misioneras espa?oles, lo cual nos llena de satisfacci?n como cristianos y como espa?oles. Me permito citar en este contexto unas palabras pronunciadas por el Papa en Verona: ?La fuerte unidad que se realiz? en la Iglesia de los primeros tiempos entre una fe amiga de la inteligencia y una praxis de vida caracterizada por el amor mutuo y por la atenci?n sol?cita a los pobres y a los que sufr?an, hizo posible la primera gran expansi?n misionera del cristianismo en el mundo helen?stico-romano. As? sucedi? tambi?n posteriormente, en diversos contextos culturales y situaciones hist?ricas. Este sigue siendo el camino real para la evangelizaci?n?. Estamos convencidos de que le viene bien a la sociedad que la fuente del amor cristiano y del seguimiento de Jes?s, el Buen Samaritano, contin?e manando abundantemente en la Iglesia. Es verdad que las aut?nticas acciones religiosas tienen una positiva incidencia social; pero, adem?s, esas acciones son en s? mismas un servicio a las personas y comunidades, (pensemos por ejemplo en la Eucarist?a del domingo y en los funerales), que merece ser apoyado.

El d?a 22 de septiembre el Gobierno y la Conferencia Episcopal llegaron a los siguientes puntos de acuerdo sobre algunas cuestiones econ?micas: Fu? elevado el coeficiente de la asignaci?n tributaria del IRPF del 0,52 % al 0,70 %; fue eliminado el llamado complemento presupuestario, lo que significa que la Iglesia renuncia a la seguridad ?ltima que podr?an proporcionarle los Presupuestos Generales del Estado, y conf?a en la decisi?n libre de los ciudadanos; renuncia la Iglesia a la exenci?n del IVA; y se compromete a elaborar una memoria m?s detallada de la que viene haciendo sobre el destino del dinero recibido por la asignaci?n. Saludamos la posterior iniciativa de elevar tambi?n al 0,7 % el coeficiente de la asignaci?n a ?otros fines sociales?. Desde hace seis a?os esta asignaci?n no es alternativa a la que los contribuyentes hacen en favor de la Iglesia: es posible marcar ambas casillas a la vez, resultando igualmente beneficiadas ambas opciones con el mencionado porcentaje. Por otro lado, confiamos en que se puedan arbitrar mecanismos de colaboraci?n econ?mica equivalentes con otras confesiones religiosas.

?Qu? valoraci?n nos merecen los puntos de acuerdo mencionados, que deben ser todav?a instrumentados legalmente y detallados para su operatividad? Estamos satisfechos porque el contenido es razonable; porque la voluntad de acuerdo que exist?a tanto por parte del Gobierno como de la Conferencia Episcopal se ha plasmado en resultados concretos; y porque la sociedad en general ha saludado positivamente el que esta cuesti?n se haya resuelto mostrando ambas partes su razonable satisfacci?n. Con este acuerdo se profundiza en la libertad religiosa. Estamos persuadidos de que en la escucha rec?proca y en la ponderaci?n de las razones del otro se puede alcanzar el entendimiento. Agradezco en nombre de la Conferencia Episcopal a cuantos han intervenido en la negociaci?n, y conf?o en que por esta v?a avanzaremos en otras cuestiones planteadas o que puedan aparecer en el futuro.

Como una contrapartida normal hemos asumido en la Conferencia Episcopal el perfeccionamiento de la memoria anual del destino de la asignaci?n tributaria. Nos satisface el que cada vez m?s se cultive en nuestras parroquias y di?cesis una cultura de la transparencia. Quienes contribuyen con su aportaci?n tienen derecho a conocer los ingresos y los gastos, y a la acreditaci?n de ?stos. El lema ?cuentas claras?, que han puesto en circulaci?n algunas di?cesis, manifiesta la ?idea-gu?a? de la transparencia. Esta perspectiva constituye un ingrediente importante de la comuni?n eclesial.

Todav?a quiero decir algo, que me parece importante en la cuesti?n que estamos tratando. La cantidad que la Iglesia viene recibiendo por la asignaci?n tributaria cubre aproximadamente el 25 % de las necesidades b?sicas de la Iglesia. Esto significa que todas las di?cesis contin?an necesitando otras formas de ayuda de los fieles y de los ciudadanos que estimen ben?fica la presencia de la Iglesia en la sociedad. Confiamos en que a trav?s de las colectas, suscripciones, donaciones, etc. cubramos entre todos las necesidades pastorales. La Iglesia no es rica ni quiere serlo; no busca privilegios; s?lo aspira a disponer de los recursos suficientes para desarrollar la misi?n que el Se?or le ha encomendado.

Algunos acontecimientos destacados

Con gran satisfacci?n recordamos el Encuentro Nacional de J?venes tenido en Pamplona y Javier entre los d?as 4 y 6 de agosto. Fue una acci?n relevante organizada con ocasi?n del V Centenario del nacimiento de san Francisco Javier. Con un esquema semejante al que ha cristalizado para las Jornadas Mundiales de la Juventud, hubo catequesis impartidas por obispos, talleres y mesas redondas, comunicaci?n de experiencias personales de la fe y misi?n, celebraciones del sacramento de la Penitencia y de la Eucarist?a, encuentros festivos, etc. que produjeron hondo impacto espiritual. La convicci?n de los miles de personas que participamos es que respond?an a una aspiraci?n de los j?venes, de la Iglesia y de la misma sociedad. El trabajo pastoral con los j?venes es indudablemente un deseo, una necesidad y una opci?n preferente de nuestras di?cesis. En un ambiente de fluida comunicaci?n cristiana y amistosa se profundiz? en la convicci?n de que s?lo hombres y mujeres de fe vigorosa y valiente, compartida en honda fraternidad eclesial, pueden ser misioneros hoy, siguiendo la estela de san Francisco Javier.

El d?a 22 de octubre, coincidiendo con la Jornada Mundial por la evangelizaci?n de los pueblos, fue beatificada en la catedral de Bilbao la Madre Margarita M? L?pez de Maturana, fundadora del Instituto de las Mercedarias Misioneras de B?rriz. Presidi? la beatificaci?n como representante del Papa el Card. J. Saraiva Martins, prefecto de la Congregaci?n de las Causas de los Santos. La madre Margarita hab?a nacido en Bilbao, a pocos metros de la catedral, el d?a 25 de julio del a?o 1884, y muri? dos d?as antes de cumplir cincuenta. Animada por el ambiente eclesial misionero, reciente en su despertar y pronto vibrante e intenso, respondiendo a los impulsos del Esp?ritu Santo, y en comuni?n con la autoridad de la Iglesia, transform? el monasterio de clausura en una congregaci?n misionera. El primer grupo de hermanas sali? de B?rriz (Vizcaya) hace ochenta a?os con direcci?n al vicariato apost?lico de Wuhu en China, cuyo obispo estuvo presente en la celebraci?n. Ha sido la primera beatificaci?n en las di?cesis espa?olas, despu?s de la decisi?n adoptada por el Papa Benedicto XVI de no presidir personalmente las beatificaciones, para que aparezca mejor la diferencia entre beatificaci?n y canonizaci?n y para que se impliquen m?s visiblemente las Iglesias particulares en la celebraci?n. La experiencia nuestra avala ciertamente esta aspiraci?n. La madre Margarita es un aldabonazo en nuestra conciencia misionera. Con palabras del Cardenal representante del Papa en la homil?a: ?La Iglesia entera, cada Iglesia local, toda comunidad y persona creyente se constituye y crece en la medida en que busca el rostro de Jesucristo, lo trata con intimidad y lo da a conocer?.

Se?ores Obispos, se?oras y se?ores, al terminar mis palabras reitero a todos mi saludo cordial
Publicado por verdenaranja @ 23:14  | Hablan los obispos
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