Martes, 21 de noviembre de 2006
Gu?a para los responsables
de la reuni?n de formaci?n

OBJETIVOS

? Comprender c?mo el estudio cr?tico de los Sin?pticos nos permite reconocer un mismo Jesucristo, con recursos literarios diversos. Pero s?lo cuando el estudio cr?tico viene proyectado no desde la duda sobre los textos, sino sobre la hip?tesis positiva que la Tradici?n y el Magisterio de la Iglesia hacen posible.

? Descubrir que las diferencias entre los Sin?pticos lejos de ser una dificultad, suponen una riqueza para comprender el misterio de Cristo. Habitualmente se piensa, como ya pensaron algunos en la antig?edad, que las diferencias entre los diferentes evangelios son un obst?culo para aceptar la historicidad de los hechos narrados.

? Comprender en la lectura de los textos que se proponen en este tema como raz?n y fe, historia y catequesis no se contraponen.

? Entender como la participaci?n en el hecho cristiano ?fe?, permite a la raz?n ampliarse, salir de la c?rcel de sus l?mites, y comprender la persona de Jes?s en su totalidad humana y divina.

? Reconocer el cristianismo como un hecho ?ntegramente humano, que pone en juego los aspectos interiores y exteriores de la experiencia humana, y, por tanto, la entera humanidad de cada evangelista con su propia capacidad y todos sus valores personales.

RECORRIDO SINT?TICO


Partimos del hecho de que los evangelistas no eran literatos de profesi?n. Y, sin embargo, pusieron, en su sencillez, una notable habilidad literaria provocada por la grandeza de lo que ten?an que expresar.
Aunque todos los evangelios concluyen con la resurrecci?n y apariciones de Jes?s, s?lo San Marcos comienza con la presentaci?n de Juan Bautista. La descripci?n que este evangelio hace del Bautista en realidad significa una presentaci?n solemne de Jes?s por medio del precursor.

En San Mateo, la aparici?n Bautista queda retrasada hasta el cap?tulo 3, porque primero se narra la genealog?a y la infancia de Jes?s. Esto debe producir sus cambios en la narraci?n en lo referido al Bautista. Las diferencias con San Marcos no denotan que a?ada cosas distintas o que sea m?s pobre, sino que de otro modo viene a decir lo mismo. Y lo hace, en efecto, utilizando las profec?as como cumplidas en Jes?s. De este modo no se limita a decir que march? a Galilea, sino que su sencilla marcha a Galilea adquiere las dimensiones de un gran acontecimiento anunciado por Isa?as. Tambi?n en San Mateo tenemos entonces una presentaci?n solemne de Jes?s.

Tambi?n San Lucas retrasa la figura de Juan Bautista hasta el cap?tulo 3, narrando primero la infancia de Jes?s. Pero la figura del Bautista no es el motivo de una presentaci?n de solemne del Mes?as, sino que tiene un car?cter todav?a m?s penitencial, de conversi?n. Por otro lado, la marcha a Galilea es expl?citamente descrita bajo la acci?n del Esp?ritu, esto es, igual que en San Mateo, no se trata de un hecho meramente profano, sino una hecho que entra dentro de un designio de Dios que realiza esta historia de Jes?s. Por otro lado San Lucas nos sorprende adelantando a este momento ?respecto a los otros dos?la escena de Jes?s en la sinagoga de Nazaret. De este modo San Lucas hace una presentaci?n tambi?n solemne de Jes?s, pero ya no vaga y abstracta como en san Marcos, sino con el ejemplo concreto de la predicaci?n en Nazaret. Y como se deduce de esta narraci?n, aunque san Lucas tenga un car?cter marcadamente universalista, propio de una evangelista muy probablemente gentil, no rompe con la tradici?n jud?a, al utilizar la cita del Antiguo Testamento.

Los evangelistas, por tanto, son leales a una historia, la historia de Jes?s de Nazaret, y a todo su trasfondo jud?o. Pero utilizan toda su capacidad literaria para poder comprender esta historia hasta el fondo: la afirmaci?n de la fe.

PISTAS PARA LA PROFUNDIZACI?N

? La Dei Verbum del Concilio Vaticano II nos recuerda (n. 18) el origen apost?lico de los Evangelios. Los mismos ap?stoles, junto con otros de su generaci?n los escribieron como fundamento de la fe. Dichos y hechos de Jes?s, esto es un acontecimiento que, no sin la acci?n del Esp?ritu, abr?a su mente hasta poder afirmar verdaderamente qui?n es Jes?s. En el n.19, la misma Dei Verbum, confirma la certeza de que los Evangelios ? ?cuya historicidad afirma sin dudar?? narran fielmente los hechos y ense?anzas de Jes?s.

18. Todos saben que entre los escritos del Nuevo Testamento sobresalen los Evangelios, por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador.

La Iglesia siempre y en todas partes ha mantenido y mantiene que los cuatro Evangelios son de origen apost?lico. Pues lo que los Ap?stoles predicaron por mandato de Jesucristo, despu?s ellos mismos con otros de su generaci?n lo escribieron por inspiraci?n del Esp?ritu Santo, y nos lo entregaron como fundamento de la fe: el Evangelio cu?druple, seg?n Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

19. La santa madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y m?xima constancia, que los cuatro Evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jes?s, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y ense?? realmente para la eterna salvaci?n de los mismos hasta el d?a de la ascensi?n (cf. Act 1,1-2).

Despu?s de este d?a, los Ap?stoles comunicaron a sus oyentes esos dichos y hechos con la mayor comprensi?n que les daban la resurrecci?n gloriosa de Cristo y la ense?anza del Esp?ritu de la verdad. Los autores sagrados compusieron los cuatro Evangelios escogiendo datos de la tradici?n oral o escrita, reduci?ndolos a s?ntesis, adapt?ndolos a la situaci?n de las diversas Iglesias, conservando el estilo de la proclamaci?n: as? nos transmitieron siempre datos aut?nticos y genuinos acerca de Jes?s.

Sac?ndolo de su memoria o del testimonio de los ?que asistieron desde el principio y fueron ministros de la palabra?, lo escribieron para que conozcamos la ?verdad? de lo que nos ense?aban (cf. Lc 1,2-4).

? Las reducciones que se pueden dar a la hora de acercarnos a la persona de Jes?s de Nazaret, y por tanto a los textos evang?licos, son de dos tipos (Cf. La certeza sobre Jes?s y los Evangelios, lecci?n inicial de la formaci?n del clero, Septiembre 2006). Estas reducciones rompen el v?nculo raz?n y fe.

? La reducci?n racionalista que ha decidido a priori que lo divino no se puede comunicar al hombre dentro de una realidad tangible y humana (negaci?n de la divinidad de Jes?s, negaci?n de cuanto de milagro haya en los evangelios, etc.). Esta posici?n ya no nos permite comprender lo que dicen los textos sin?pticos, pues se parte de la sospecha de que no son fieles a la historia. La presentaci?n de Jes?s que hacen los sin?pticos que comentamos en esta sesi?n de formaci?n ya no puede ser comprendida en toda su dimensi?n. Las diferencias que se encuentran en los sin?pticos ser?an, pues, una muestra m?s de c?mo la comunidad cristiana fabric? el mito de Jes?s mucho tiempo despu?s.

? La reducci?n a una mera inspiraci?n interior, es la soluci?n que nace como reacci?n al racionalismo, y al final se encuentra con ?l. Como sea que de Jes?s no se puede saber nada mediante la raz?n, la ?nica posibilidad que quedar?a es entender el cristianismo como el acercamiento al texto donde el Esp?ritu mismo de Dios iluminar?a interiormente al hombre para aceptar a Jes?s y tener certeza sobre ?l. Ser?a la eliminaci?n de la raz?n (de suyo incapacitada) para buscar en el sentimiento el apoyo necesario.

? Ambas posiciones, aunque expresen un aspecto verdadero, son reductivas. Los autores de los evangelios fueron hombres que participaron, de un modo u otro en un hecho ?ntegramente humano, encontr?ndose con Jes?s, o con los que hab?an vivido con ?l, participaban de una experiencia que abr?a su raz?n para poder llegar donde la raz?n sola jam?s podr?a llegar, y que, siendo por entero una experiencia humana, no se pod?a reducir a una iluminaci?n interior, sino que ten?a aspectos externos y aspectos internos.

? S?lo participando de una experiencia similar, podemos comprender hasta el fondo lo que leemos en los evangelios. Esta es la experiencia de la tradici?n tanto en el mundo cat?lico como en el ortodoxo. Participar de un hecho presente hoy, que acontece hoy, que est? vivo hoy, es participar de la vida de la Iglesia. El car?cter sacramental de la Iglesia (visible y espiritual a un tiempo, LG 8, SC 5) permite al hombre de todos los tiempos vivir una experiencia id?ntica a la de los or?genes, ampliar la raz?n y su uso (evitando la reducci?n racionalista) y vivir un cristianismo que respete los datos originales, esto es, hecho de aspectos interiores y exteriores, subjetivos y objetivos (evitando la reducci?n a una solo sentimiento interior).

? Sobre el uso adecuado de la raz?n hablaba el Papa Benedicto XVI en Ratisbona: El objetivo de Harnack, en el fondo, era hacer que el cristianismo estuviera en armon?a con la raz?n moderna, precisamente libr?ndolo de elementos aparentemente filos?ficos y teol?gicos, como por ejemplo la fe en la divinidad de Cristo y en la trinidad de Dios. En este sentido, la ex?gesis hist?rico-cr?tica del Nuevo Testamento, en su visi?n, volvi? a situar la teolog?a en el cosmos de la universidad: para Harnack, la teolog?a es algo esencialmente hist?rico y, por tanto, estrictamente cient?fico. Lo que investiga sobre Jes?s mediante la cr?tica es, por decirlo as?, expresi?n de la raz?n pr?ctica y en consecuencia tambi?n se puede sostener en el conjunto de la universidad.

Por consiguiente, nuestra intenci?n no es retirarnos o hacer una cr?tica negativa, sino ampliar nuestro concepto de raz?n y de su uso. Porque, mientras nos alegramos por las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, tambi?n vemos los peligros que emergen de estas posibilidades y debemos preguntarnos c?mo podemos evitarlos. S?lo lo lograremos si la raz?n y la fe se vuelven a encontrar unidas de un modo nuevo, si superamos la limitaci?n, auto decretada, de la raz?n a lo que se puede verificar con la experimentaci?n, y le abrimos nuevamente toda su amplitud. En este sentido, la teolog?a, no s?lo como disciplina hist?rica y ciencia humana, sino como teolog?a aut?ntica, es decir, como ciencia que se interroga sobre la raz?n de la fe, debe encontrar espacio en la universidad y en el amplio di?logo de las ciencias.
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