Domingo, 26 de noviembre de 2006

Nuestra Señora de Las Nieves de Taganana, fundada en 1506, es la primera parroquia de la capital y la cuarta de la Isla. Sin grandes alharacas, los vecinos de este pueblo presumen de haber sido municipio independiente de Santa Cruz.


(EL DÍA, 26 - XI, GABRIELA MAESTRE, Tenerife) A muchos vecinos les sorprenderá saber que la parroquia más antigua de Santa Cruz se halla más allá de las montañas, junto al bravo mar y rodeada de palmeras canarias, y no en el centro de la gran ciudad. Taganana se lamenta constantemente de su aislamiento, del desapego que con frecuencia tiene la capital tiene hacia ella, ya que son muy pocos los que la recuerdan cuando piensan en el municipio, y sin embargo para muchos viene a ser como la capital de ese otro mundo que es Anaga. Aunque en la actualidad posea la categoría de barrio, durante gran parte de su historia se consideró como pueblo y fue municipio independiente, de ahí que hoy presuma de ser la parroquia más antigua de Santa Cruz de Tenerife y la cuarta de la Isla. Los 500 años de presencia de la Iglesia Católica así lo avalan.

La profesora de la Universidad de La Laguna Constanza Negrín ha dedicado gran parte de su vida a desentrañar la verdadera y completa historia de este emblemático lugar, y gracias a ello ha podido establecer que en 1506 ya existía dicha parroquia, si bien hay documentos que apuntan a un año antes y otros a uno más tarde. Según explica Negrín, "seguramente en esta fecha el templo no sería más que una pequeña capilla construida de materiales pobres como piedra y barro y techo de cañaveral, pero de lo que no hay duda es de que ya existía, siendo en 1511 cuando se comenzó a construir lo que, con el tiempo, será el núcleo de la iglesia actual".

Tagananera de origen y de corazón, Constanza Negrín es una de las personas que más profundamente ha estudiado el patrimonio de esta zona de Anaga, y no puede dejar de destacar especialmente el famoso tríptico flamenco con el que cuenta la iglesia, pero, ¿dónde radica la importancia de esta obra de arte? Según la experta, "es una pieza de importación nórdica, y pese a que hubo muchas obras similares en Canarias, esto viene a demostrar las importantes relaciones comerciales que tuvo Taganana a finales del siglo XIX, ya que contar con una obra de la escuela flamenca era como tener un tesoro, un auténtico privilegio para cualquier templo". En este sentido todo parece indicar que el tríptico llegó al pueblo costero gracias a la mediación de un comitente, sin que se haya logrado clarificar con seguridad quién fue.

El estudio en profundidad de esta iglesia ha mostrado a Negrín gran parte de la historia de este singular enclave, que fue otorgado por el Adelantado Fernández de Lugo en 1501 a 16 personas llegadas de Lanzarote y Fuerteventura para la explotación de la caña de azúcar, y aunque también fue un importante núcleo vitivinícola, a lo largo de la historia sus habitantes nunca han vivido en la opulencia. Sin embargo, la presencia de la iglesia marcó profundamente a los tagananeros que profesaban un gran fervor religioso, hasta el punto de que en 1621 construyeron la ermita de Santa Catalina a escasos metros de la Iglesia de las Nieves. No obstante, y pese a la humildad generalizada de los habitantes, las donaciones de orfebrería y alhajas a la parroquia fueron frecuentes y la participación en la vida espiritual quedó plasmada en la creación de importantes cofradías que aún hoy perviven.

Tal vez por ello el cura de Taganana siempre ha sido un referente para sus vecinos, un punto de encuentro y un nexo de unión con el resto de la Isla, de la que permanece aislada, en ocasiones, por propia voluntad. Pese a haber pasado varios párrocos, todos ellos son recordados con gran cariño y respeto por los vecinos, que siempre los han tenido como intercesores no sólo ante las instancias divinas, sino también en otras más terrenales, como son los ayuntamientos y demás instituciones.

Según la historiadora del Arte, "el pueblo ha tenido suerte, pues los diferentes párrocos han sabido conservar y restaurar el patrimonio", y destaca no sólo el famoso tríptico, sino también la importante colección de platería latinoamericana.

Medio milenio de la presencia de una iglesia supone una larguísima trayectoria de fe y devoción que pocas localidades puede conmemorar. Pero de forma discreta, casi silenciosa, Taganana lo celebra sin grandes pompas y sin gritarlo a los cuatro vientos, lo que la convierte, una vez más, en un ejemplo de la histórica humildad que ha caracterizado desde siempre a esta zona.


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