Lunes, 04 de diciembre de 2006
Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 3 de diciembre de 2006


El pr?ximo mi?rcoles millones de espa?oles celebraremos el D?a de la Constituci?n. A pesar de sus claroscuros, la m?xima ley del Estado puso los cimientos para superar de forma civilizada los graves enfrentamientos que dividieron Espa?a en el siglo XX.

Bueno ser? que recordemos que es la propia Constituci?n, en su art?culo primero, la que reconoce que Espa?a se constituye en un Estado social, democr?tico y de derecho. Un orden social justo es aquel que garantiza a cada uno su parte en los bienes comunes y que respeta el principio de subsidiaridad. Que todos tengan lo necesario para vivir con decoro, pero que todos, al mismo tiempo, sean activos y responsables en la medida de sus posibilidades, para contribuir al propio bien y al bien com?n de la sociedad.

El principio de subsidiaridad reconoce que la iniciativa de las personas y de los grupos sociales nunca debe ser sofocada ni por el Estado ni por otras administraciones, sino que debe ser promovida y potenciada como reflejo y requisito de la inteligencia, la libertad y la dignidad de la persona humana. Al mismo tiempo, la subsidiaridad supone valorar de manera muy positiva tanto la familia como los otros grupos b?sicos de la convivencia social, contextos imprescindibles para que el ser humano pueda desarrollarse de modo humano y responsable.

El orden justo de las sociedades es la tarea principal de la pol?tica, del ejercicio de la raz?n pr?ctica, del adecuado uso de la inteligencia para coordinar todas las fuerzas y las acciones humanas que contribuyen al bien com?n. No hay soluciones m?gicas para conseguir un orden social justo y comprobamos que, a?n cuando la Constituci?n proclama el derecho de todos los ciudadanos a disfrutar de una vivienda, dicho precepto no es una realidad.

No hay soluciones m?gicas para conseguir un orden social justo. No hay piedras filosofales, ni recetas infalibles. S?lo la decidida apuesta de cada persona y del conjunto de la sociedad para construir una sociedad m?s humana sirve para acercar a la justicia. La acci?n de la caridad cristiana no va contra las leyes justas, sino que por el contrario en muchas ocasiones son las acciones de la caridad que promueven entidades como las C?ritas locales, las que evitan desahucios apoyando a las familias en situaciones de necesidad.

Frente al grave problema de la justicia en nuestro mundo no dejan de reiterarse utop?as revolucionarias, que propone soluciones radicales, r?pidas y definitivas. La m?s influyente en el pasado fue el marxismo, que en su momento present? la revoluci?n mundial y su preparaci?n como panacea para los problemas sociales. Pero ese sue?o se ha desvanecido y quienes sienten la tentaci?n de resucitarlo muy pronto comprueban que no es un buen camino usar el poder del Estado en contra de la libertad de las personas.

Tambi?n el marxismo supuso una severa cr?tica contra la actividad caritativa de la Iglesia. La doctrina marxista sosten?a que los pobres no necesitan obras de caridad sino de justicia, y criticaba que las obras de caridad ser?an en realidad un enga?o para que los ricos eludiesen la instauraci?n de la justicia y acallasen su conciencia, conservando su propia posici?n social y despojando a los pobres de sus derechos.

Como nos recuerda Benedicto XVI en la Enc?clica ?Deus caritas est?, esta argumentaci?n ten?a una parte de verdad: las obras de caridad no deben ser excusa para diferir el compromiso por la justicia. Pero ten?a una parte de prepotencia inadmisible: es imposible alcanzar tal orden de justicia que elimine realmente todas las pobrezas de un modo inmediato y definitivo. Para la doctrina marxista, quien en una situaci?n de poder injusto ayuda al hombre con iniciativas de caridad se pone de hecho al servicio del sistema injusto, haci?ndolo soportable y frenando el potencial revolucionario, paralizando la insurrecci?n hacia un mundo mejor.

Benedicto XVI sostiene que un pensamiento de este tipo es una filosof?a inhumana, pues a un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora, y en primera persona, con pasi?n y donde sea posible, sin someterse a consignas ideol?gicas preconcebidas. La justicia es tarea de la pol?tica y est?, por tanto, a la altura de personas libres que eligen comportarse de modo solidario, contribuyendo al bien com?n y socorriendo a quienes m?s lo necesitan. Nadie puede excusarse de contribuir en su comunidad a un verdadero compromiso pol?tico que establezca un orden m?s justo en la sociedad.

En estos d?as que celebramos las Constituci?n, bueno ser? que recordemos que las leyes necesitan de pol?ticos responsables que las pongan en pr?ctica, de grupos sociales generosos que promuevan el bien social, y de ciudadanos que no desperdicien el poder maravilloso de la caridad, sino que la pongan en pr?ctica como signo de su compromiso cristiano por una sociedad justa.

Con mi bendici?n y afecto,

Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Publicado por verdenaranja @ 23:30  | Hablan los obispos
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