Martes, 05 de diciembre de 2006
MENSAJE DEL OBISPO DE SANTO DOMINGO EN NUEVE DE JULIOMONS. MART?N DE ELIZALDE

CON MOTIVO DEL COMIENZO DEL ADVIENTO



Queridos hermanos y hermanas:



Este domingo se inicia el tiempo de Adviento, y al mismo tiempo la Iglesia comienza a recorrer el camino del A?o lit?rgico, cuya celebraci?n revive para el cristiano los misterios de la redenci?n: ?en el c?rculo del a?o desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnaci?n y la Navidad hasta la Ascensi?n, Pentecost?s y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Se?or?[i] . Por este medio se manifiesta la cercan?a del Salvador, y pueden los fieles renovarse en la comuni?n con ?l y junto con ?l progresar en la santidad. En efecto, la liturgia de la Iglesia nos hace participar en el Adviento a partir de la esperanza de nuestros Padres, que deseaban con ardor la venida del Mes?as, y con ellos, por la fe, contemplar su nacimiento de la Virgen Mar?a en Bel?n, y los signos que lo acompa?aron, precursores de su misi?n universal. Despu?s del Adviento y el tiempo de Navidad, las seis semanas de la Cuaresma, tiempo de penitencia y de renovaci?n, nos acercan a la Pascua, reviviendo con el pueblo de Israel la salida de la cautividad en Egipto y las alternativas de sus encuentros y desencuentros con Dios durante el largo deambular por el desierto, hasta llegar a la Tierra prometida. El Triduo Pascual nos pone en presencia del m?s grande y maravilloso hecho salv?fico, que es la Resurrecci?n, la liberaci?n verdadera y definitiva que nos da la vida nueva al lavarnos e iluminarnos por el Bautismo. La presencia del Resucitado durante los cincuenta d?as del tiempo de Pascua junto a sus disc?pulos los forma y prepara, y en Pentecost?s por el descenso del Esp?ritu Santo nace la Iglesia. Esa misma Iglesia que, a lo largo de las semanas del tiempo durante el a?o ? 34 semanas -, medita las ense?anzas del Evangelio y de los escritos inspirados, expresa su fe, esperanza y caridad por la vida y conducta de los propios fieles, testigos ante el mundo, enviados a anunciar el Nombre de Jes?s y su mensaje de salvaci?n. La visi?n apocal?ptica de las ?ltimas semanas del a?o lit?rgico nos habla de la soberan?a de Cristo y de la vocaci?n de todo hombre, llamado a contemplar la gloria de Dios y a no demorarse ni ser absorbido por lo creado.



Las cuatro semanas de Adviento conducen al creyente hasta la Navidad. El largo itinerario de los siglos con la aspiraci?n por el Mes?as y el clamor por su Venida, que se despliega en la abundante y riqu?sima selecci?n de lecturas del Antiguo Testamento, nos hace comprender la misericordia de Dios, los repetidos llamados a la conversi?n que dirigi? a su pueblo, y como, a pesar de los pecados que comet?a y lo alejaban de ?l, persist?a en el coraz?n de los fieles el deseo de la redenci?n. El primer domingo de Adviento aproxima el anuncio del Profeta Jerem?as acerca del cumplimiento de la promesa hecha a Israel y a Jud?[ii], al pasaje de la carta de San Pablo a los Tesalonicenses, que invita a los cristianos a presentarse santos e irreprochables ante Dios por el amor[iii], y el pasaje evang?lico dice como los signos de la venida del Hijo del Hombre, a pesar de sus caracter?sticas que infunden miedo y confusi?n, son el anuncio de la transformaci?n de todo lo creado para recibir al Salvador[iv], y encontrar en ?l la felicidad prometida: ?Tengan ?nimo y levanten la cabeza, porque est? por llegarles la liberaci?n?. Todo esto nos ilustra sobre la necesidad de estar atentos y vigilantes para recibir al Se?or que viene, y adquirir as? el verdadero sentido de la existencia en el mundo, que es preparaci?n y apertura a la vida eterna. Por las dificultades y las pruebas se llega a la gloria que el Mes?as reserva para los suyos; a nosotros toca hacer la opci?n generosa que nos coloque en el camino justo. El segundo domingo de Adviento invita a Jerusal?n, con las palabras del Profeta Baruc[v], a expresar el gozo de la fiesta del reencuentro, de la restauraci?n de la amistad con Dios: ?Paz en la justicia, Gloria en la piedad?, como lo hace tambi?n la expresi?n serena y alegre de Pablo en la carta a los Filipenses[vi], anunciando el D?a de Cristo, que en esta perspectiva identifica la esperanza mesi?nica con Jes?s resucitado. El evangelio de Lucas[vii] sit?a en la aparici?n del Bautista el cumplimiento del or?culo de Isa?as acerca de la voz que predica en el desierto. La larga preparaci?n de siglos se recorre con la sencilla rapidez de la liturgia, abreviando los tiempos y calificando los acontecimientos, para que estos puedan ser le?dos en unidad, como hecho de salvaci?n.



El motivo que distingue la celebraci?n del tercer domingo de Adviento es la alegr?a: desde la gozosa aclamaci?n de la entrada: ??Al?grense siempre en el Se?or!?, que prosigue con el comienzo de la profec?a de Sofon?as[viii]: ??Grita de alegr?a, hija de Si?n!? , y el pasaje de la carta de San Pablo a los Filipenses[ix], que reitera la invitaci?n a estar siempre alegres. El evangelio[x] refiere la predicaci?n de San Juan Bautista, ense?ando al pueblo a vivir con fidelidad y justicia y a aceptar el bautismo, pero diferenci?ndose tambi?n del Mes?as, que es m?s grande que ?l. Este domingo se?ala el paso del anuncio del Mes?as esperado a los signos de su inminente venida, y para el cristiano confirma que la fe de Israel tiene su cumplimiento en el nacimiento en la carne del Hijo de Dios: en la Navidad tiene lugar lo que anunciaron los profetas y esperaba el pueblo de Israel. El cuarto domingo de Adviento asume una nota mariana; se?ala el nacimiento del Salvador en Bel?n, por el or?culo de Miqueas[xi], y con un pasaje de la carta a los Hebreos[xii] aplica a Cristo el anticipo del Salmo 39, 7-9, poniendo en su propia boca el sentido de su venida: ?Aqu? estoy, yo vengo para hacer tu voluntad?. El evangelio de la Visitaci?n de Mar?a a Isabel[xiii] muestra la inmediatez del nacimiento de Jes?s, y as? nos deja a las puertas de la celebraci?n de la Navidad. Los pasajes b?blicos, del Antiguo y Nuevo Testamento, est?n relacionados entre s? por la liturgia, resaltando la continuidad de la fe depositada en la promesa divina y confrontada con los distintos momentos de la historia de la salvaci?n, para alcanzar su consumaci?n en la Navidad. De manera que la solemnidad del Nacimiento de Jes?s es ocasi?n de alegr?a porque en ?l se cumplen las promesas hechas a los Padres, por ?l adquieren sentido la vida humana y sus condiciones actuales en el mundo, y la salvaci?n eterna tiene su expresi?n en el tiempo, por los signos maravillosos que ha obrado Dios y que actualiza la liturgia de la Iglesia.



Este tiempo de preparaci?n a la Navidad nos muestra entonces el sentido de la solemnidad ya pr?xima, para que no nos conformemos con una sensibilidad puramente afectiva y d?bil, m?s tradicional y humana que renovadora de la comuni?n con Dios. La vivencia de estas semanas de Adviento, seg?n el esp?ritu de la Iglesia, que recoge la tradici?n de Israel y la experiencia de la fe de los siglos cristianos, es algo muy importante, para alimentar y orientar a los cristianos en su vocaci?n. Por eso, este tiempo nos pide a todos prepararnos de acuerdo al esp?ritu de la Liturgia, para aprovechar las riquezas de este tiempo de espiritualidad y de esperanza.



Juntamente, a partir del primer domingo de Adviento, comenzamos la celebraci?n del jubileo de la di?cesis de Santo Domingo en Nueve de Julio, que el pr?ximo 11 de febrero de 2007 cumplir? los cincuenta a?os desde su creaci?n. A lo largo del a?o, con diferentes celebraciones que les daremos a conocer oportunamente, iremos recordando en la sede episcopal y en todas las comunidades de la di?cesis, este importante acontecimiento, que se inscribe tambi?n en la manifestaci?n de la misericordia divina hacia nosotros, al concedernos formar la Iglesia de Cristo en esta porci?n de la tierra argentina. Tambi?n como Iglesia desarrollamos los tiempos y las etapas de la salvaci?n en Jesucristo, con la esperanza de un cumplimiento que colme nuestros deseos y nos ponga muy cerca de Dios. En ella peregrinamos, con amor y confianza, siguiendo los pasos de quienes nos precedieron, e invitamos a todos a unirse con generosidad a nosotros, para habitar en esta casa de comuni?n. Los bendiga Dios Nuestro Se?or, y les conceda un santo Adviento, con la asistencia y la intercesi?n de la Virgen Mar?a, tan presente en la liturgia de este tiempo de gracia.



Nueve de Julio, noviembre de 2006



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[i] Conc. Vaticano II: Const. ?Sacrosanctum Concilium?, 102

[ii] Jr 33, 14-16

[iii] I Tes 3, 12-4, 2

[iv] Lc 21, 25-28.34-36

[v] Bar 5, 1-9

[vi] Fil 1, 4-11

[vii] Lc 3, 1-6

[viii] Sof 3, 14-18a

[ix] Fil 4, 4-7

10 Lc 3, 2b-3.10-18

[xi] Miq 5, 1-4a

[xii] Hebr 10, 5-10

[xiii] Lc 1, 39-45
Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Hablan los obispos
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