Mi?rcoles, 06 de diciembre de 2006
Cuando apreciamos algo o a alguien, se nota en los signos exteriores de nuestro trato. Si nos damos cuenta de la importancia de la Palabra de Dios que se nos proclama, tendr?a que notarse claramente por los signos de respeto y aprecio:

La dignidad del libro, del Leccionario: que luego puede quedar abierto en el amb?n, en la p?gina que se ha le?do; no se leen las lecturas de una "hoja parroquial" o de un misalito, sino del Leccionario.
El amb?n, desde el que se proclaman las lecturas b?blicas, debe estar situado en un lugar elevado y fijo, dotado de la adecuada disposici?n y nobleza, como corresponde a la dignidad de la palabra de Dios, para que ayude lo mejor posible a la audici?n y atenci?n por parte de la asamblea. Puede adornarse de forma sobria. Se reserva normalmente a estas lecturas: desde el amb?n nos habla Dios (lecturas, salmo), mientras que nuestras oraciones, avisos, moniciones, explicaciones, se hacen de otra parte, incluida la homil?a, que tiene como lugar m?s l?gico la sede presidencial.
La preparaci?n de los lectores: la lectura de la Palabra es demasiado importante como para improvisarla; tiene que prepararse cuidadosamente para que llegue a los presentes en las mejores condiciones posibles. Esta Palabra que escuchamos en misa, tanto si es del Antiguo Testamento como de los ap?stoles del Nuevo o, sobre todo, el evangelio de Jes?s, es la m?s importante que escuchamos a lo largo del d?a o de la semana.

Nuestra actitud ante la Palabra
Ante todo, la puntualidad a la misa, porque ya desde el principio tenemos que poder escuchar bien lo que Dios nos dice; si no somos puntuales, perdemos esta Palabra y, adem?s, al llegar tarde, estorbamos a los dem?s.

Actitud de acogida y de obediencia, porque cuando Dios comunica su Palabra, espera siempre una respuesta, siguiendo el consejo de Santiago: "poned por obra la Palabra y no os content?is con o?rla". Entonces es cuando en verdad edificamos sobre roca el edificio de nuestra vida.

La Palabra es siempre un acontecimiento nuevo. Cada vez que se proclama en nuestra celebraci?n, nos habla Dios. No leemos las p?ginas b?blicas para enteramos de algo que no sabemos, sino para o?r en ellas la voz viva de Dios que hoy y aqu? nos dirige su Palabra a nosotros, para iluminamos y fortalecemos en nuestro camino de cada d?a. Y pide de nosotros que le demos una respuesta existencial en nuestra vida.

Jes?s dijo que la Palabra es como una semilla que cae en el campo. No tendr?amos que conformamos con que en nuestro campo produzca un 30% de fruto, sino el 100%. Ojal?, como los disc?pulos de Ema?s en Lucas 24, podamos decir tambi?n nosotros, despu?s de cada celebraci?n, que "ard?a nuestro coraz?n mientras nos explicaba las Escrituras".
Publicado por verdenaranja @ 23:19  | Liturgia
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