Domingo, 10 de diciembre de 2006
Carta Semanal del Arzobispo de Valencia.

Caridad, laicidad y laicismo excluyente


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 10 de diciembre de 2006


Los cat?licos lo proclamamos bien claro: Iglesia y Estado son dos esferas distintas. Benedicto XVI, en su primera enc?clica, muestra que la doctrina social cat?lica no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado, ni mucho menos imponer a los que no comparten la fe sus perspectivas y modos de comportamiento. Cada religi?n presenta sus propias caracter?sticas y diferencias, y uno de los pilares esenciales del cristianismo es su compromiso de caridad con los m?s necesitados. El amor a Dios y al pr?jimo es el resumen sint?tico del cristianismo elaborado por el propio Jesucristo.
El servicio de la caridad de la comunidad cristiana est? llamado a comprometerse tambi?n con la justicia. La Iglesia siempre ha practicado la caridad directamente y nada obsta a colaborar con los gobiernos de cada naci?n para promover la justicia social.

La colaboraci?n de la Iglesia con el Estado en modo alguno lleva a la confusi?n entre ambas instituciones. Benedicto XVI, en su Enc?clica ?Deus caritas est?, recuerda que es propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinci?n entre el Estado y la Iglesia, el reconocimiento de la autonom?a de las realidades temporales. El Estado no puede imponer la religi?n, pero tiene que garantizar que los seguidores de las diversas religiones vivan en libertad y paz. De este modo, la Iglesia tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar.

La justicia es una finalidad leg?tima propia del Estado, que reclama la colaboraci?n de todos los cuerpos sociales y de las personas. Ning?n colectivo pac?fico, ni entidad debe ser excluido de participar y colaborar con el Estado, y en dicho sentido la Iglesia no debe ser una excepci?n. La comunidad cristiana tiene la obligaci?n moral y el derecho de participar activamente como una comunidad que vive inmersa y comprometida con los problemas de su sociedad.

El servicio de la caridad, esencial a la Iglesia, le lleva tambi?n, por ella misma, a colaborar por la justicia. La justicia es lugar de encuentro entre fe y pol?tica. El Santo Padre subraya que la pol?tica es m?s que una simple t?cnica para determinar los ordenamientos p?blicos. El origen y la meta de la pol?tica est?n en la justicia, y ?sta es de naturaleza ?tica: busca el bien humano en la vida social.

La fe es principalmente la relaci?n con el Dios vivo. Pero, al mismo tiempo, el cristianismo es una fuerza que mueve a reflexionar sobre el sentido de la vida y la dignidad del pr?jimo. La fe cristiana, al partir de la perspectiva de Dios, libera a la raz?n de la ceguera del ego?smo y del materialismo. La doctrina social cat?lica desea simplemente contribuir a la purificaci?n de la raz?n y aportar claves para que se pueda reconocer lo que es justo, aqu? y ahora, y para que se pueda poner despu?s en pr?ctica.

Sin embargo, la sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la pol?tica, lo cual no impide que la Iglesia deba insertarse en la lucha por la justicia a trav?s de la argumentaci?n racional.

Frente a la laicidad del Estado que es respetuoso con todas las confesiones religiosas y receptivo al di?logo, nos encontramos con grupos que en realidad lo que defienden es el ?laicismo excluyente? que pretende excluir a la religi?n y especialmente a la confesi?n cat?lica de cualquier manifestaci?n p?blica, negando el derecho de expresi?n y apart?ndola de cualquier di?logo.

La cr?tica continua de cualquier proposici?n que proceda de la Iglesia, el intento de que los cristianos no puedan manifestar en p?blico sus creencias, la eliminaci?n de signos y s?mbolos religiosos, o la reducci?n de las creencias a la ?esfera intima de la persona?, privando al cristianismo de su dimensi?n social inherente, son las claves que permiten descubrir a quien, bajo la etiqueta de la laicidad, en realidad pretende imponer el ?laicismo excluyente? como si de una nueva religi?n estatal se tratara.

El tiempo de Adviento es el camino propicio para preparar el camino del nacimiento de Dios. La b?squeda de la justicia a trav?s de la pr?ctica de actos solidarios y de la caridad en nuestro entorno, es un signo del anhelo de Dios que late en nuestros corazones, y que os invito a practicar sin demora: los frutos espirituales no deben desde?arse.

Con mi bendici?n y afecto,


Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo

Publicado por verdenaranja @ 19:58  | Hablan los obispos
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