Martes, 12 de diciembre de 2006
Santa Maravillas de Jes?s,
eres hoy en la Iglesia nueva luz.


El Se?or, a quien del todo te entregaste,
a la Casa de su Madre te llev?,
y te puso como l?mpara brillante,
como antorcha que alumbrase su olvidado Coraz?n
Fuiste b?lsamo que cura sus heridas,
te pidi? que le quisieras consolar;
te ofreciste a procurarle sus delicias,
encendiendo en muchas vidas esa ardiente caridad.

?Cu?nto amor has derramado en el Carmelo!
Tus conventos son un nuevo Nazaret.
La oraci?n, el trabajo, el silencio
van marcados con tu sello de entra?able sencillez.
Tu querer es nada m?s lo que Dios quiera,
tu descanso es hacer su voluntad;
cuando dices: ?Como ?l quiera, cuando ?l quiera?
el secreto nos revelas de tu inmensa santidad.

Agradar a Dios fue tu mayor anhelo,
y tu gozo imitar al buen Jes?s,
arrastrar una legi?n de almas al cielo
e, inflamada en santo celo, exclamar: ??Bendita Cruz?!
Siempre a todo el que pasaba por tu lado
le alcanzaba tu oraci?n y tu poder,
pero ahora m?s cercana est? tu mano,
alegr?as vas sembrando a raudales por doquier.

Tras las huellas de tu gran Madre Teresa,
andariega tambi?n fuiste sin igual,
y tus pasos Dios condujo a una Aldehuela,
antesala donde esperas tu feliz eternidad.
Y aquel d?a que por fin solt? los lazos
y marchaste a recibir el galard?n,
al quebrar tu cuerpo, fr?gil alabastro,
el perfume de tus nardos toda la tierra llen?.

HIMNO DE LA CANONIZACI?N
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