Martes, 19 de diciembre de 2006
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente.

Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 17 de diciembre de 2006



El compromiso por la justicia y el amor en nuestro mundo presenta hoy dos aspectos claramente determinantes: por un lado, nos encontramos ante un planeta globalizado, en el que las distancias se han acortado visiblemente; por otro, casi cada d?a se desarrollan nuevas f?rmulas de colaboraci?n a favor de los m?s necesitados, en las que tiene creciente importancia el voluntariado.
Gracias a los medios de comunicaci?n de masas, nuestro planeta se ha empeque?ecido y se han acercado r?pidamente seres humanos y culturas muy diferentes. As? lo se?ala Benedicto XVI en su Enc?clica ?Deus caritas est?. Se trata de una gran llamada a compartir situaciones y dificultades. Cada d?a comprobamos lo mucho que se sufre en el mundo debido a tantas formas de miseria material o espiritual, a pesar de los grandes progresos cient?ficos o t?cnicos.

La conclusi?n es clara: el momento actual requiere una nueva disponibilidad para socorrer al pr?jimo necesitado. La acci?n caritativa puede y debe abarcar hoy a todos los seres humanos y a todas sus necesidades. Lejos de dejarnos adormecer por falsos mitos que plantean que la t?cnica podr? resolverlo todo por ella misma, debemos intensificar el compromiso por la justicia y el amor en nuestro mundo.

Guiados por la responsabilidad moral de las personas y por su capacidad de amor, los recursos t?cnicos son muy eficaces. Ahora se puede contar con innumerables medios para prestar ayuda humanitaria a los hermanos y hermanas necesitados. Una muestra de los mismos son los modernos sistemas para la distribuci?n de comida y ropa, y para ofrecer alojamiento y acogida.

La solidaridad por el pr?jimo alcanza hoy al mundo entero y la conciencia sobre el valor de la misma impregna de manera creciente la mentalidad de todos los pueblos. Benedicto XVI nos hace caer en la cuenta de los modos que hoy se dan para favorecer las iniciativas solidarias: por un lado, los Estados que promueven subsidios o desgravaciones fiscales; por otro, las asociaciones humanitarias que ponen a disposici?n considerables recursos. El resultado de estas acciones es muy beneficioso, ya que la solidaridad expresada por la sociedad civil supera la realizada por las personas individualmente.

La solidaridad ha suscitado tambi?n formas nuevas de colaboraci?n entre entidades estatales y eclesiales, que han mostrado sus frutos positivos. Benedicto XVI apunta que las entidades eclesiales podr?n animar cristianamente a las instituciones civiles y podr?n favorecer una coordinaci?n mutua para ayudar a la eficacia del servicio caritativo, siempre y cuando cumplan un doble requisito: transparencia en la gesti?n y fidelidad al deber de testimoniar el amor.

El Santo Padre manifiesta con decisi?n el aprecio y la gratitud de la Iglesia hacia todos los que realizan servicios de voluntariado. Esta labor es una escuela de la vida para los j?venes, que educa en la solidaridad y en la disponibilidad para dar no s?lo algo, sino incluso darse a s? mismos. Muchos j?venes amenazados por la anti-cultura de la muerte, que se manifiesta por ejemplo en el mundo de la droga, encuentran en el voluntariado una fuerte experiencia de la cultura de la vida. En ella, se propone el amor, que no se busca a s? mismo, sino que enriquece a todos en la disponibilidad a ?perderse a s? mismo? en favor del otro.

El voluntariado es tambi?n ocasi?n para que la Iglesia cat?lica colabore con otras confesiones cristianas, que muestran el acertado nexo entre evangelizaci?n y obras de caridad. Benedicto XVI, en perfecta continuidad con el magisterio de Juan Pablo II, se?ala que todos nos movemos por la misma motivaci?n fundamental y con el mismo objetivo: un verdadero humanismo, que reconoce en el hombre la imagen de Dios y que quiere ayudarle a realizar una vida conforme a esta dignidad.

Para un mejor desarrollo del mundo es necesaria la voz com?n de los cristianos, su compromiso para que triunfe el respeto de los derechos y de las necesidades de todos, especialmente de los pobres, los marginados y los indefensos. Ese es el mensaje de la Iglesia en las parroquias, en los barrios, en las clases de religi?n y en todos aquellos lugares donde no se censura ni dificulta su labor.

Intensifiquemos nuestro compromiso por la justicia y el amor. No podemos defraudar las esperanzas de las personas que necesitan ayuda, ni tampoco de las que con gran generosidad se ofrecen para ayudar.

Con mi bendici?n y afecto,
Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 22:32  | Hablan los obispos
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