Mi?rcoles, 20 de diciembre de 2006
Reflexi?nante la Navidad del Padre Fernando Lorente o.h., publicada en EL D?A en la secci?n "Criterios"

Luz en el Camino Fernando Lorente O.H. *


?Qu? tenemos que hacer nosotros?


AHORA EN NAVIDAD, para responder con acierto a esta pregunta se impone recordar que es la misma que los jud?os le hicieron a Pedro el d?a de Pentecost?s despu?s del discurso program?tico. Y es que todo esto del Esp?ritu y de Jesucristo resucitado -pensaban entonces y ahora nosotros pensamos lo mismo- es muy interesante, pero... ?qu? hay que hacer? Ya estamos un poco cansados de discursos, profec?as, promesas y explicaciones. ?Qu? tenemos que hacer?

Est? muy bien hecha la pregunta. No dijeron qu? tenemos que recordar o aprender de memoria o reflexionar, sino ?qu? tenemos que hacer? Porque la conversi?n es un proceso interno, no s?lo est? desligado de la praxis sino que implica siempre una praxis. S?lo as? se puede saber si la conversi?n es sincera o s?lo un juego de fantas?a. Y preguntaron: qu? tenemos que hacer... nosotros, cada uno de nosotros, no los dem?s. El cambio es algo que implica a cada uno, es una exigencia hacia dentro de uno mismo. Tambi?n hoy los cristianos preguntamos por el cambio que nosotros tenemos que alcanzar; no los de otras religiones o los ateos; no los vecinos que nos molestan, los hijos que dan preocupaciones a sus padres... El cambio debe comenzar por nosotros mismos. Ya es hora de que reconozcamos lo mucho que dedicamos a procurar el cambio de los otros, a elaborar proyectos que otros deben cumplir, a dar indicaciones y normas para todo el mundo, con lo cual ya damos la impresi?n de hipocres?a, pues as? pretendemos que los dem?s cambien seg?n nuestras necesidades. La historia viene demostrando que muchos problemas de las instituciones de la Iglesia -en el campo seglar o religioso-sacerdotal- se hubieran resuelto con la mayor eficacia si sus miembros se hubieran hecho esta pregunta a tiempo: frente a la Palabra de Dios, ?qu? tenemos que hacer nosotros para que el Reino de Dios se haga realidad?

Nadie est? exento de hacerse esta pregunta: sacerdote o laico, te?logo o aprendiz de catecismos, sea cual fuere su edad, profesi?n o estado de vida. El adviento llega como una exigencia para toda la Iglesia sin distinci?n alguna; llega como un juicio interior en el fuego del Esp?ritu, que ha de quemar todo lo impuro y corrompido. Por lo tanto, ?qu? hacer? Si Jes?s es antes que nada un acontecimiento hist?rico, tambi?n la fe cristiana es antes que nada un acontecer en la historia. Este hacer del ser humano no es la simple suma de ciertos actos que cumplir; es su quehacer como persona humana: pensar, decidir, obrar, planificar, crecer, comprender, amar.

Y sigue la pregunta: ?qu? hacer, pues...? La respuesta nos la resume San Juan con esta idea general: proyectar el cambio interior en la sociedad sobre la base del amor y de la justicia. Si Dios es amor, vivir su Palabra es hacer lo mismo: acabemos con la mezquindad, con la avaricia, con el apetito desmedido de poder. El que tenga que d? al que no tiene; el que detenta un puesto de poder que lo haga con mesura para el bien de la comunidad. No nos preguntemos m?s. Nos basta esta verdad: si el punto de partida de la comprensi?n de Jes?s es su inserci?n y compromiso hist?rico, la fe cristiana -o sea, el seguimiento de Jes?s- es siempre y antes que nada una praxis, un compromiso de vida, tanto a nivel interno personal como a nivel social. Y no nos preguntemos por todo lo que implica esto, ya que a lo largo de todo un a?o el mismo Evangelio se encargar? de llamarnos la atenci?n sobre un aspecto u otro de la vida; lo que importa es que en este adviento nos acerquemos a Jesucristo, en primer lugar desde nuestra vida. Es all? donde la Palabra se encarna y donde la fe debe testimoniarse. Jes?s fue acusado de compartir la vida de los pecadores -la vida no el pecado- de mezclarse con la gente inculta, etc., porque, como buen m?dico, deb?a estar entre los enfermos para poder curarlos. No es huyendo de las enfermedades como se las combate, sino aplicando los remedios oportunos all? donde existe y act?a el germen pat?geno. Por eso, una educaci?n cristiana que s?lo insista en evitar el pecado crea a la larga una generaci?n de personas in?tiles y carentes de responsabilidad, una raza de cobardes o al menos de d?biles, que llegan a creerse virtuosos porque no tienen el coraje de enfrentarse con la vida. Cu?ntas personas se equivocan creyendo vivir la santidad con s?lo recluirse en un convento o rodearse de pr?cticas religiosas, como si estas formas externas bastaran para eliminar del coraz?n el orgullo, la envidia, la hipocres?a, la adulaci?n por intereses propios, o las mil formas de ego?smos.

La actitud evang?lica de quitar el pecado implica necesariamente la edificaci?n del coraz?n y de la persona nueva, empujada por el esp?ritu de Dios. Si la educaci?n se planteara desde este criterio, no s?lo no ser?a objeto de la despiadada cr?tica de las personas que quieren vivir al margen de ella o pol?ticamente intentar eliminarla esos gobiernos de los centros escolares y universitarios, sino que ser?a una verdadera iniciaci?n a la vida. El alto grado de conciencia de s? mismo que se vive hoy por m?s que no se quiera reconocer est? exigiendo una educaci?n y cultura cristiana, cada vez m?s de cara a los problemas de hoy, a los conflictos de nuestra cultura y a una asunci?n de responsabilidades en el campo cultural, pol?tico, social y religioso. El segador viene a recoger su trigo, trigo cargado de espigas... Sembrar el trigo, segarlo y hacerlo madurar es el objetivo de la tarea evangelizadora de los educadores y la suprema responsabilidad de los gobernantes haciendo respetar este derecho fundamental de todo pa?s que se defina democr?tico.

No dudemos ya m?s de la respuesta que debemos dar, con la propia vida, a esta pregunta evang?lica: "?qu? debemos hacer... nosotros?". Esto es vivir Navidad, cada A?o Nuevo y el mejor deseo de felicitaci?n.

* Capell?n de la Cl?nica

S. Juan de Dios
Publicado por verdenaranja @ 12:14  | Espiritualidad
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