Viernes, 22 de diciembre de 2006
ZENIT publica la segunda predicaci?n de Adviento del padre Raniero Cantalamessa OFMCap., que el viernes 22 de Diciembre dirigi? al Papa y a sus colaboradores de la Curia Romana.

P. Raniero Cantalamessa
Segunda predicaci?n de Adviento


?Bienaventurados los que trabajan por la paz
porque ser?n llamados hijos de Dios?


1. El mensaje para la Jornada Mundial de la Paz

Las bienaventuranzas no est?n dispuestas seg?n una sucesi?n l?gica. Excepto la primera, que da el tono a todas las dem?s, se pueden considerar cada una por separado, sin que su sentido se vea comprometido lo m?s m?nimo. El mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz me ha impulsado a dejar para otra ocasi?n la reflexi?n sobre la tercera bienaventuranza, la de los mansos, a fin de dedicar este encuentro a la bienaventuranza de los que trabajan por la paz. Es bueno, de hecho, que el mensaje de la paz destinado a todo el mundo sea ante todo acogido, meditado y de frutos aqu?, entre nosotros, en el centro de la Iglesia.

El de este a?o es un mensaje para la paz a todo campo; abarca desde el ?mbito m?s personal a los m?s amplios de la pol?tica, de la econom?a, de la ecolog?a, de los organismos internacionales. ?mbitos diferentes, pero unificados por el hecho de tener todos como objeto primario a la persona humana, como indica el t?tulo del mensaje: ?La persona humana, coraz?n de la paz? [?ntegramente disponible en el enlace http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20061208_xl-world-day-peace_sp.html. Ndt].

Hay en el mensaje una afirmaci?n fundamental que es como la clave de lectura de todo; dice:

?La paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Si bien es verdad que la paz entre los individuos y los pueblos -la capacidad de vivir unos con otros, estableciendo relaciones de justicia y solidaridad- supone un compromiso permanente, tambi?n es verdad, y lo es m?s a?n, que la paz es un don de Dios. En efecto, la paz es una caracter?stica del obrar divino, que se manifiesta tanto en la creaci?n de un universo ordenado y armonioso como en la redenci?n de la humanidad, que necesita ser rescatada del desorden del pecado. Creaci?n y Redenci?n muestran, pues, la clave de lectura que introduce a la comprensi?n del sentido de nuestra existencia sobre la tierra? [1].

Estas palabras ayudan a comprender la bienaventuranza de los que trabajan por la paz, y ?sta, a su vez, arroja una luz singular sobre estas palabras. La inminencia de la Navidad da un tono especial, lit?rgico, a nuestra meditaci?n. En la noche de Navidad escucharemos las palabras del himno ang?lico: ?Paz en la tierra a los hombres que ama el Se?or?, cuyo sentido no es: haya paz, sino hay paz; no un deseo, sino una noticia. ?La Navidad del Se?or -dec?a San Le?n Magno- es la natividad de la paz?: Natalis Domini natalis est pacis [2].

2. Qui?nes son los que trabajan por la paz

La s?ptima bienaventuranza dice: ?Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ser?n llamados hijos de Dios?. Junto con la de los misericordiosos, ?sta es la ?nica bienaventuranza que no dice tanto c?mo hay que ?ser? (pobres, afligidos, mansos, puros de coraz?n), sino tambi?n qu? se debe ?hacer?. El t?rmino eirenopoioi significa aquellos que trabajan por la paz, que ?hacen paz?. No tanto, sin embargo, en el sentido de que se reconcilian con los propios enemigos, cuanto en el sentido de que ayudan a los enemigos a reconciliarse. ?Se trata de personas que aman mucho la paz, tanto como para no temer comprometer la propia paz personal interviniendo en los conflictos a fin de procurar la paz entre cuantos est?n divididos? [3].

Los que trabajan por la paz no implican, por lo tanto, un sin?nimo de pac?ficos, esto es, de personas tranquilas y calmadas que evitan lo m?s posible los choques (estos son proclamados bienaventurados en otra bienaventuranza, la de los mansos); no son tampoco sin?nimo de pacifistas, si por ello se entiende aquellos que se alinean contra la guerra (con mayor frecuencia, ?con uno de los contendientes en guerra!), sin hacer nada para reconciliar entre s? a los adversarios. El t?rmino m?s justo es pacificadores.

En tiempos del Nuevo Testamento pacificadores eran llamados los soberanos, sobre todo el emperador romano. Augusto situaba en la cumbre de sus propias empresas la de haber establecido en el mundo la paz, mediante sus victorias militares (parta victoriis pax), y en Roma hizo levantar el famoso Ara pacis, el altar de la paz.

Hay quien ha pensado que la bienaventuranza evang?lica intenta oponerse a esta pretensi?n, diciendo qui?nes son los que verdaderamente trabajan por la paz y de qu? manera ?sta se promueve: mediante victorias, s?, pero victorias sobre ellos mismos, no sobre los enemigos, no destruyendo al enemigo, sino destruyendo la enemistad, como hizo Jes?s en la cruz (Ef 2, 16).

En cambio hoy prevalece la opini?n de que la bienaventuranza se lea teniendo en cuenta la Biblia y las fuentes judaicas, en las que ayudar a las personas en discordia a reconciliarse y a vivir en paz se ve como una de las principales obras de misericordia. En boca de Cristo la bienaventuranza de los que trabajan por la paz desciende del mandamiento nuevo del amor fraterno; es una forma en la que se expresa el amor al pr?jimo.

En tal sentido se dir?a que ?sta es por excelencia la bienaventuranza de la Iglesia de Roma y de su obispo. Uno de los m?s preciosos servicios brindados a la cristiandad por el papado ha sido siempre el de promover la paz entre las diversas Iglesias y, en ciertas ?pocas, tambi?n entre los pr?ncipes cristianos. La primera carta apost?lica de un Papa, la de San Clemente I, escrita en torno al a?o 96 (antes a?n, tal vez, que el cuarto Evangelio), se redact? para devolver la paz a la Iglesia en Corintio, desgarrada por discordias. Es un servicio que no se puede prestar sin una cierta potestad real de jurisdicci?n. Para darse cuenta de su valor basta con ver las dificultades que surgen all? donde aqu?l est? ausente.

La historia de la Iglesia est? llena de episodios en los que Iglesias locales, obispos o abades, en disputa entre s? o con la propia grey, han recurrido al Papa como ?rbitro de paz. Tambi?n hoy, estoy seguro, ?ste es uno de los servicios m?s frecuentes, si bien de los menos conocidos, que se dan a la Iglesia universal. Igualmente la diplomacia vaticana y los nuncios apost?licos encuentran su justificaci?n en ser instrumentos al servicio de la paz.

3. La paz como don

Pero Dios mismo, no un hombre, es el verdadero y supremo ?agente de paz?. Precisamente por esto, los que se afanan por la paz son llamados ?hijos de Dios?: porque se asemejan a ?l, le imitan, hacen lo que hace ?l. El mensaje pontificio dice que la paz es caracter?stica del obrar divino en la creaci?n y en la redenci?n, esto es, tanto en el obrar de Dios como en el de Cristo.

La Escritura habla de la ?paz de Dios? (Flp 4, 7) y a?n con m?s frecuencia del ?Dios de la paz? (Rm 15, 32). Paz no indica s?lo lo que Dios hace o da, sino tambi?n lo que Dios es. Paz es lo que reina en Dios. Casi todas las religiones que brotaron en torno a la Biblia conocen mundos divinos en guerra en su interior. Los mitos cosmog?nicos babil?nicos y griegos hablan de divinidades que luchan y se despedazan entre s?. En la propia gnosis her?tica cristiana no existe unidad y paz entre los Eones celestes, y la existencia del mundo material ser?a precisamente fruto de un incidente y de una desarmon?a ocurrida en el mundo superior.

Con este fondo religioso se puede comprender mejor la novedad y la alteridad absoluta de la doctrina de la Trinidad como perfecta unidad de amor en la pluralidad de las personas. En un himno suyo, la Iglesia llama a la Trinidad ?oc?ano de paz?, y no se trata s?lo de una frase po?tica. Lo que m?s impresiona contemplando el icono de la Trinidad de Rublev (reproducido en esta capilla en el muro frontal, sobre la Virgen en el trono) es la sensaci?n de paz sobrehumana que de ?l emana. El pintor logr? traducir en una imagen el lema de San Sergio de Radonez, para cuyo monasterio se pint? el icono: ?Contemplando a la Sant?sima Trinidad, vencer la odiosa discordia de este mundo?.

Quien mejor ha celebrado esta Paz divina, que llega de m?s all? de la historia, fue Pseudo-Dionisio Areopagita. Paz es para ?l uno de los ?nombres de Dios?, con el mismo t?tulo que ?amor? [4]. Tambi?n de Cristo se dice que ?es? ?l mismo nuestra paz (Ef 2, 14-17). Cuando dice: ?Mi paz os doy?, ?l nos transmite aquello que es.

Hay un nexo inseparable entre la paz don de lo alto y el Esp?ritu Santo; no sin raz?n se representan con el mismo s?mbolo de la paloma. La tarde de Pascua Jes?s dio, pr?cticamente en un mismo instante, a los disc?pulos la paz y el Esp?ritu Santo: ???La paz est? con vosotros!?... Sopl? sobre ellos y les dijo: ?Recibid el Esp?ritu Santo?? (Jn 20, 21-22). La paz, dice Pablo, es un ?fruto del Esp?ritu? (Gal 5, 22).

Se comprende entonces qu? significa ser los que trabajan por la paz. No se trata de inventar o de crear la paz, sino de transmitirla, de dejar pasar la paz de Dios y la paz de Cristo ?que supera toda inteligencia?. ?Gracia y paz de parte de Dios, Nuestro Padre, y de Jesucristo el Se?or? (Rm 1, 7): ?sta es la paz que el Ap?stol transmite a los cristianos de Roma.

Nosotros no debemos ni podemos ser fuentes, sino s?lo canales de la paz. Lo expresa a la perfecci?n la oraci?n atribuida a Francisco de As?s: ?Se?or, haz de m? un instrumento de tu paz?. En ingl?s traducen justamente: Haz de m? un canal de tu paz, make me a channel of your peace.

?Pero cu?l es la paz de la que hablamos? Es cl?sica la definici?n que da San Agust?n: ?La paz es la tranquilidad en el orden? [5]. Bas?ndose en ella, Santo Tom?s dice que en el hombre existen tres tipos de orden: consigo mismo, con Dios y con el pr?jimo, y existen, en consecuencia, tres formas de paz: la paz interior, con la que el hombre est? en paz consigo mismo; la paz por la que el hombre lo est? con Dios, someti?ndose plenamente a sus disposiciones; y la paz relativa al pr?jimo, por la que se vive en paz con todos [6].

En la Biblia, sin embargo, shalom, paz, dice m?s que la sencilla tranquilidad en el orden. Indica tambi?n bienestar, reposo, seguridad, ?xito, gloria. A veces designa, incluso, la totalidad de los bienes mesi?nicos y es sin?nimo de salvaci?n y de bien: ?Qu? hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva y proclama la salvaci?n? (Is 52, 7). La nueva alianza es llamada una ?alianza de paz? (Ez 37, 26), el Evangelio ?evangelio de la paz? (Ef 6, 15), como si en la palabra se resumiera todo el contenido de la alianza y del evangelio.

En el Antiguo Testamento, paz se acerca frecuentemente a justicia (Salmo 85, 11: ?La justicia y la paz se besan?) y en el Nuevo Testamento a gracia. Cuanto San Pablo escribe: ?Justificados por medio de la fe, estamos en paz con Dios? (Rm 5, 1), est? claro que ?en paz con Dios? tiene el mismo significado expresivo que ?en gracia de Dios?.

4. La paz como tarea

El mensaje del Papa dice que la paz, adem?s de don, es tambi?n tarea. Y es de la paz como tarea de lo que nos habla en primer lugar la bienaventuranza de los que trabajan por la paz.

La condici?n para poder ser canales de paz es permanecer unidos a su fuente que es la voluntad de Dios: ?En su voluntad est? nuestra paz?, le hace decir Dante a un alma del purgatorio. El secreto de la paz interior es el abandono total y siempre renovado a la voluntad de Dios. Ayuda a conservar o a reencontrar esta paz del coraz?n repetir frecuentemente uno mismo, con Santa Teresa de ?vila: ?Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. S?lo Dios basta?.

La par?nesis apost?lica es rica en indicaciones pr?cticas sobre lo que favorece u obstaculiza la paz. Uno de los pasajes m?s conocidos es el de la Carta de Santiago: ?Donde hay envidia y ambici?n, all? reina el desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabidur?a de arriba es en primer lugar intachable, pero adem?s es pac?fica, tolerante, conciliadora, compasiva, fecunda, imparcial y sincera. En resumen, los que promueven la paz van sembrando en paz el fruto que conduce a la salvaci?n? (St 3, 16-18).

De este ?mbito personal?simo debe partir todo esfuerzo de construir la paz. La paz es como la estela de un nav?o, que va ensanch?ndose hasta el infinito, pero comienza por una punta, y la punta es, en este caso, el coraz?n del hombre. Uno de los mensajes de Juan Pablo II para la Jornada de la Paz, el de 1984, llevaba por t?tulo: ?La paz nace de un coraz?n nuevo?.

En este ?mbito personal no es donde desear?a insistir. Hoy se abre ante los que trabajan por la paz un campo de trabajo nuevo, dif?cil y urgente: promover la paz entre las religiones y con las religiones, esto es, tanto de las religiones entre s? como de los creyentes de las distintas religiones con el mundo laico no creyente. El mensaje del Papa dedica un p?rrafo a las dificultades que se encuentran en este campo. Dice:

?Respecto a la libre expresi?n de la propia fe, hay un s?ntoma preocupante de falta de paz en el mundo, que se manifiesta en las dificultades que tanto los cristianos como los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar p?blica y libremente sus propias convicciones religiosas... Hay reg?menes que imponen a todos una ?nica religi?n, mientras que otros reg?menes indiferentes alimentan no tanto una persecuci?n violenta, sino un escarnio cultural sistem?tico respecto a las creencias religiosas. En todo caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para la convivencia pac?fica. Esto promueve necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz? (n. 5).

De este escarnio cultural, o al menos intento de marginaci?n, de las creencias religiosas, estamos teniendo ejemplo precisamente estos d?as, con la campa?a puesta en marcha en varios pa?ses y ciudades de Europa contra los s?mbolos religiosos de la Navidad. Se aduce frecuentemente como motivo la voluntad de no ofender a las personas de otras religiones que est?n entre nosotros, especialmente a los musulmanes. Pero es un pretexto, una excusa. En realidad es un determinado mundo laicista el que no quiere estos s?mbolos, no los musulmanes. Ellos no tienen nada contra la Navidad cristiana, que incluso honran.

Hemos llegado al absurdo de que muchos musulmanes celebran el nacimiento de Jes?s, desean el bel?n en casa y llegan a decir que ?no es musulm?n quien no cree en el nacimiento milagroso de Jes?s? [7], mientras otros que se dicen cristianos quieren hacer de la Navidad una fiesta invernal, poblada s?lo de renos y ositos.

En el Cor?n hay una Sura dedicada al nacimiento de Jes?s que vale la pena conocer, tambi?n para favorecer el di?logo y la amistad entre las religiones. Dice:

?Los ?ngeles dijeron: Oh Mar?a, Dios te da la feliz noticia de un Verbo de ?l. Su nombre ser? Jes?s (?Is?) hijo de Mar?a. Ser? ilustre en este mundo y en el otro... Hablar? a los hombres desde la cuna y como hombre maduro, y ser? de los Santos. Dijo Mar?a: ?Se?or m?o, ?c?mo podr? tener un hijo, cuando ning?n hombre me ha tocado??. Respondi?: ?De esta forma: Dios crea lo que ?l quiere, y cuando ha decidido algo, dice s?lo: s?, y ello es?? [8].

En el programa sobre el evangelio dominical ?A sua immagine?, que se emite en ?Rai Uno? ma?ana por la tarde, ped? a un hermano musulm?n que leyera este pasaje y lo hizo con gran alegr?a, mostr?ndose feliz de contribuir a aclarar un equ?voco que perjudica, dec?a, a los propios creyentes isl?micos, con el pretexto de favorecer su causa.

El motivo que permite un di?logo entre las religiones -fundado no s?lo en las razones de oportunidad que conocemos bien, sino sobre un s?lido fundamento teol?gico- es que ?tenemos todos un ?nico Dios?, como recordaba el Santo Padre con ocasi?n de su visita a la mezquita Azul de Estambul. Es la verdad de la que tambi?n San Pablo parti? en su discurso en el are?pago de Atenas (Hch 17, 28).

Tenemos, subjetivamente, ideas diferentes sobre ?l. Para nosotros, los cristianos, Dios es ?el Padre del Nuestro Se?or Jesucristo?, y a Aqu?l no se le conoce plenamente sino ?a trav?s de ?ste?; pero objetivamente bien sabemos que Dios no puede ser m?s que uno. Hay ?un solo Dios que es Padre de todos, que est? sobre todos, act?a en todos y habita en todos? (Ef 4, 6).

Fundamento teol?gico del di?logo es tambi?n nuestra fe en el Esp?ritu Santo. Como Esp?ritu de la redenci?n y Esp?ritu de la gracia, ?l es el v?nculo de la paz entre los bautizados de las distintas confesiones cristianas; como Esp?ritu de la creaci?n, Spiritus creator, ?l es un v?nculo de paz entre los creyentes de todas las religiones y, m?s a?n, entre los hombres de buena voluntad. ?Toda verdad, de donde quiera que venga dicha ?escribi? Santo Tom?s de Aquino-, viene del Esp?ritu Santo? [9].

Pero como este Esp?ritu creador tend?a a Cristo en los profetas del Antiguo Testamento (1 P 1, 11), as? creemos que, de un modo conocido s?lo por Dios, tiende ahora a Cristo y a su misterio pascual en su acci?n fuera de la Iglesia. Como el Hijo no hace nada sin el Padre, as? el Esp?ritu Santo no hace nada sin el Hijo.

Todo el reciente viaje del Santo Padre a Turqu?a ha sido un obrar por la paz religiosa, rico de frutos como todas las cosas nacidas en el signo de la cruz: paz entre la Iglesia cristiana de Oriente y la de Occidente, paz entre el cristianismo y el islam. ?Esta visita nos ayudar? a encontrar juntos los modos y los caminos de la paz por el bien de la humanidad?, fue el comentario del Santo Padre con ocasi?n de la oraci?n silenciosa en la mezquita Azul.

6. ?Una paz sin religiones?

El Occidente secularizado, desea, a decir verdad, un tipo distinto de paz religiosa: el que resulta de la desaparici?n de toda religi?n.

?Imagina que no existe el para?so, / es f?cil si lo intentas. / Ning?n infierno bajo nosotros / y s?lo el cielo encima de nosotros.
Imagina a toda la gente / viviendo para hoy,/ imagina que no hay pa?ses / no es dif?cil hacerlo. / Nada por lo que matar o morir / y tampoco religi?n alguna...
Imagina a toda la gente / viviendo la vida en paz. / Puede que digas que soy un so?ador. / Pero no soy el ?nico. / Espero que un d?a te unas a nosotros / y que el mundo viva como una sola cosa? [10].

Esta canci?n, compuesta por uno de los grandes ?dolos de la m?sica ligera moderna, con una melod?a persuasiva, se ha convertido en una especie de manifiesto secular de pacifismo. Si se llevara a cabo, lo que aqu? se desea ser?a el mundo m?s pobre y triste que se pudiera imaginar; un mundo chato, en el que son abolidas todas las diferencias, donde la gente est? destinada a despedazarse, no a vivir en paz, porque como aclar? Ren? Girard, all? donde todos quieren las mismas cosas, el ?deseo mim?tico? se desencadena y con ?l la rivalidad y la guerra.

Los creyentes no podemos, sin embargo, dejarnos llevar por resentimientos ni pol?micas, tampoco contra el mundo secularizado. Junto al di?logo y la paz entre las religiones, se sit?a otra meta para los que trabajan por la paz: la meta de la paz entre los creyentes y los no creyentes, entre las personas religiosas y el mundo secularizado, indiferente u hostil a la religi?n.

Ser? ?ste otro banco de pruebas: dar raz?n, tambi?n con firmeza, de la esperanza que est? en nosotros, pero hacerlo -como exhorta la Carta de Pedro y como da ejemplo de ello su actual sucesor- ?con dulzura y respeto? (1 P 2, 15-16). Respeto no significa en este caso ?respeto humano?, tener escondido a Jes?s para no suscitar reacciones. Es respeto de una interioridad que le es conocida s?lo a Dios y que nadie puede violar u obligar a cambiar. No es poner entre par?ntesis a Jes?s, sino mostrar a Jes?s y el evangelio con la vida. Esperamos s?lo que un respeto igual sea mostrado por los dem?s respecto a los cristianos, algo que hasta ahora frecuentemente ha faltado.

Terminamos volviendo con el pensamiento a la Navidad. Un antiguo responsorio de maitines en Navidad dec?a: Hodie nobis de caelo pax vera descendit. Hodie per totum mundum melliflui facti sunt caeli: ?Hoy ha bajado del cielo para nosotros la paz verdadera. Hoy los cielos destilan miel sobre el mundo?.

?C?mo corresponder el don infinito que el Padre hace al mundo, dando por ?ste a su Hijo Unig?nito? Si existe una metedura de pata que no hay que cometer en Navidad es reciclar un regalo ofreci?ndoselo, por error, a la misma persona de la que se recibi?. Pues bien, ?con Dios no podemos m?s que hacer esto todo el tiempo! La ?nica acci?n de gracias posible es la Eucarist?a: volver a ofrecerle a Jes?s, su Hijo, hecho hermano nuestro.

?Y a Jes?s qu? regalo le haremos? Un texto de la liturgia oriental de Navidad dice: ??Qu? podemos ofrecerte, Oh Cristo, por haberte hecho hombre en la tierra? Toda criatura te da el signo de su reconocimiento: los ?ngeles sus cantos, los cielos su estrella, la tierra una gruta, el desierto un pesebre. ?Pero nosotros te ofrecemos una Madre virgen!? [11].

Santo Padre, venerables padres, hermanos y hermanas: gracias por la ben?vola escucha y ?feliz Navidad!

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[1] Benedicto XVI, ?La persona humana, coraz?n de la paz?. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007.
[2] San Le?n Magno, Trattati 26 (CC 138, linea 130)
[3] J. Dupont, Le beatitudini, III, p.1001.
[4] Pseudo Dionisio Areopagita, Nomi divini, XI, 1 s (PG 3, 948 s).
[5] San Agust?n, La citt? di Dio, XIX, 13 (CC 48, p. 679).
[6] Santo Tom?s de Aquino, Commento al vangelo di Giovanni, XIV, lez.VII, n.1962.
[7] Magdi Allan, ?Noi musulmani diciamo s? al presepe? [?Los musulmanes decimos s? al bel?n?], Il Corriere della sera, 18 diciembre 2006, p. 18.
[8] Cor?n, Sura III, traducci?n [al italiano] de M.M. Moreno, Tur?n, UTET, 1971, p. 65.
[9] Santo Tom?s de Aquino, Somma teologica, I-IIae q. 109, a. 1 ad 1; Ambrosiaster, Sulla prima lettera ai Corinti, 12, 3 (CSEL 81, p.132).
[10] John Lennon, ?Imagine there?s no heaven / it?s easy if you try. / No hell below us / above us only sky. Imagine all the people / living for today./ Imagine there?s no countries / it isn?t hard to do. / Nothing to kill or die for / and no religion too. /Imagine all the people / living for today./ Imagine there?s no countries / it isn?t hard to do./ Nothing to kill or die for /and no religion too...Imagine all the people / living life in peace. / You may say I?m a dreamer / But I?m not the only one./ I hope someday you?ll join us / and the world will live as one?.
[11] Idiomelon ai Grandi Vespri di Natale.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Espiritualidad
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