S?bado, 23 de diciembre de 2006
Comentario del padre Raniero Cantalamessa ?predicador de la Casa Pontificia? a las lecturas de la liturgia de la Misa del IV Domingo de Adviento (ciclo C) Miqueas 5, 2-5; Hebreos 10, 5-10; Lucas 1, 39-48a

ROMA, viernes,21 diciembre 2006 (ZENIT.org).

Ha mirado la humildad de su sierva

El ?ltimo domingo de Adviento es el que debe preparar inmediatamente a la Navidad. Las compras ya deber?an estar hechas, y tal vez estamos un poco m?s disponibles para pensar tambi?n en el sentido religioso de la fiesta. El Evangelio es el de la Visitaci?n de Mar?a a Isabel, que finaliza con el Magnificat: ?Proclama mi alma la grandeza del Se?or y se alegra mi esp?ritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva?

Con el Magnificat Mar?a nos ayuda a captar un aspecto importante del misterio navide?o sobre el que desear?a insistir: la Navidad como fiesta de los humildes y como rescate de los pobres. Dice: ?Ha derribado del trono a los poderosos y ha enaltecido a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vac?os?. En el mundo de hoy se van perfilando dos nuevas clases sociales, que ya no son las mismas que se consideraban en el pasado, esto es, propietarios y proletarios. Son m?s bien, por un lado, la sociedad cosmopolita que sabe ingl?s, que se mueve a sus anchas por los aeropuertos del mundo, que sabe utilizar el ordenador y ?navega? por Internet; para la cual la tierra es ya ?la aldea global?; por otro, la gran masa de aquellos que apenas han salido de su pueblo natal y tienen un acceso limitado o s?lo indirecto a los grandes medios de comunicaci?n social. Hoy son estos, respectivamente, los nuevos ?poderosos? y los nuevos ?humildes?.

Mar?a nos ayuda a volver a poner las cosas en su sitio y a no dejarnos enga?ar. Nos dice que frecuentemente los valores m?s profundos se esconden entre los humildes; que los acontecimientos que m?s inciden en la historia (como el nacimiento de Jes?s) suceden en medio de ellos, no sobre los grandes escenarios del mundo. Bel?n era ?la aldea m?s peque?a de Jud?, dice la primera lectura del d?a; sin embargo, fue en ella en la que naci? el Mes?as. Grandes escritores, como Manzoni y Dostoiewski, han inmortalizado en sus obras los valores y las historias de la ?gente pobre?.

La ?opci?n preferencial? de los pobres es algo que hizo Dios mucho antes del Concilio Vaticano II. La Escritura dice que ?el Se?or es excelso, pero se fija en el humilde? (Sal 138, 6); que ?resiste a los soberbios, pero concede su favor a los humildes? (1 P 5, 5). A lo largo de toda la revelaci?n se nos muestra como un Dios que se inclina sobre los pobres, los afligidos, los abandonados y aquellos que no son nada a los ojos del mundo. Todo esto contiene una lecci?n actual?sima. Nuestra tentaci?n, en efecto, es la de hacer exactamente lo contrario de lo que hizo Dios: querer mirar a quien est? arriba, no a quien est? abajo; a quien le va bien, no a quien se encuentra en necesidad.

No podemos contentarnos con recordar que Dios orienta su mirada hacia los humildes. Debemos hacernos nosotros mismos peque?os, humildes, al menos de coraz?n. La Bas?lica de la Natividad en Bel?n s?lo tiene una puerta de entrada, y es tan baja que no se puede pasar por ella m?s que inclin?ndose profundamente. Hay quien dice que fue construida as? para impedir que los beduinos entraran a grupa de sus camellos. Pero la explicaci?n que siempre se ha dado (y que contiene, en cualquier caso, una profunda verdad espiritual) es otra. Esa puerta deb?a recordar a los peregrinos que para penetrar en el significado profundo de la Navidad hay que abajarse y hacerse peque?os.

En los pr?ximos d?as oiremos cantar muchas veces la antigua melod?a Tu scendi dalle stelle, o re del cielo... [popular italiano compuesto por san Alfonso Mar?a de Ligorio: ?Desciendes de las estrellas, oh rey del cielo?. Ndt.]. Y si Dios descendi? ?de las estrellas?, ?no deber?amos nosotros bajar de nuestros peque?os pedestales de superioridad y de dominio, para vivir como hermanos reconciliados entre nosotros? Tambi?n tenemos que bajar de nuestros ?camellos? para entrar en la gruta de Bel?n...


Publicado por verdenaranja @ 23:57  | Espiritualidad
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