Domingo, 24 de diciembre de 2006
Mensaje del Padre Giovanni Salerno publicado en la revista del MOVIMIENTO SIERVOS DE LOSPOBRES DEL TERCER MUNDO, de la Navidad 2006.

"Debemos ser presencia viva de Dios"


Comenzamos el mes de noviembre con la fiesta de ?Todos los Santos?, seguida de la conmemoraci?n de los fieles difuntos. La Iglesia dispone as? estas dos fiestas buscando que, de alg?n modo, resulten program?ticas para el resto del mes, llev?ndonos a meditar de manera especial lo que se viene denominando con el nombre de los ?Nov?simos?:
la Muerte,
el Purgatorio,
el Cielo y
el Infierno.

Como cat?licos, debemos reflexionar continuamente sobre estas realidades de las que el mundo no quiere saber, y que m?s bien rechaza a consecuencia de la mentalidad por la que considera esta vida terrena como la ?nica posible, sin tener en cuenta que estamos llama-dos a una dimensi?n trascendente, a la Vida Eterna.

S?lo teniendo presente lo que constituye nuestra ?ltima y definitiva meta podremos determinarnos a vivir con un mayor compromiso nuestras responsabilidades en este mundo. El meditar en los ?Nov?simos? no es una evasi?n de las realidades presentes, sino todo lo contrario, porque nos llevar? a vivir con m?s plenitud nuestros deberes en todos los ?mbitos (familiar, laboral, eclesial y social en general): ??De qu? le servir? al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?? (Mt. 16,26), nos dice Jes?s. Estos temas van estrechamente unidos al significado del tiempo de Adviento que hemos comenzado y que est? llamado a ser un tiempo de especial gracia de Dios para cada uno de nosotros. El meditar en la venida al mundo de Jes?s en carne mortal nos lleva a considerar lo que ser? la segunda y definitiva venida de Jes?s, esta vez en gloria y majestad, el d?a que s?lo el Padre celestial cono-ce: el momento en el que tendr?n cumplimiento las promesas de Dios, con el fin de los tiempos y la consiguiente instauraci?n definitiva del Reino de Dios en este mundo, el juicio final y la resurrecci?n de la carne. Nosotros nos encontramos ahora entre la primera y segunda venida de Cristo.

Profundizamos el sentido de su primera venida y nos preparamos para la segunda y definitiva si sabemos descubrir sus ?venidas intermedias? en nuestras vidas.

?Cu?les son estas ?venidas intermedias?? Fundamentalmente dos: en la Eucarist?a (donde cada vez Jes?s ?se hace realmente presente? de nuevo en su cuerpo, alma y divinidad, bajo las apariencias del pan y del vino), y en el pr?jimo (que es el ?pr?ximo?, las per?sonas que est?n m?s cerca de nosotros), especialmente en los m?s pobres. con los que ?l se ha querido identificar de un modo especial ?Tuve hambre y sed; estuve desnudo, enfermo, en la c?rcel... Cada vez que disteis de comer o de beber; etc_ (...) o dejasteis de hacerlo a uno de estos mis peque?os hermanos, a m? me lo hicisteis o lo dejasteis de hacer? (Cfr. Mateo 25).

Se nos presenta, pues, la noble tarea de purificar y ?agudizar? nuestra mirada interior, para saber descubrir y aprovechar estas visitas de Jes?s a nuestra vida. Jes?s es el ?Dios escondido? (como lo llamaba Santa Teresa de Lis?eux). Le gusta ?esconderse?, dej?ndonos a nosotros la tarea de ?descubrirle?, descubriendo su divinidad escondida en su humanidad, su presencia eucar?stica real escondida en el blanco pan, su presencia humilde en los humildes y pobres, su providente mano escondida en los mil avatares y circunstancias de nuestra vida.

En este tiempo de Adviento, corno gracia especial suya para cada uno de nosotros, pidamos al Esp?ritu Santo que act?e en nuestro interior, educ?n?donos para que nuestra mirada sepa ver la dulce presencia de Jes?s en todo y en todos. Esto no es otra cosa sino buscar nuestra propia y continua conversi?n.

Purificando nuestra mirada purificaremos nuestro coraz?n, vaci?ndolo de todo lo que nos estorba en este tra?bajo de conversi?n. Y cuando Dios encuentra un coraz?n humilde y vac?o de s?, siente la necesidad de llenarlo de su presencia, d?ndonos un nuevo coraz?n, el de su Hijo, y haciendo de nosotros ?otros Cristus?. Y esta es una presencia de Jes?s no menos importante: la de Cristo en m?, en ti.

Esto es lo que le da su verdadero sentido a nuestra preparaci?n para la Navidad, que no consiste en una mera celebraci?n exterior, en el simple re-cuerdo de un importante acontecimiento de hace dos milenios, sino en un dejar que Jes?s haga morada en nosotros: ?Vino a su casa, y los suyos no le recibieron? (Juan 1,11).

?Estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entrar? en su casa y cenar? con ?l y ?l conmigo? (Apoc. 3,20). ?Le vamos a dejar afuera esperando en vano?

Pidamos a nuestro Padre del Ciclo que como ?otros Cristus? (siendo ?presencias vivas suyas?) sepamos servirle con fidelidad en los m?s pobres (sus ?otras humildes presencias?), llev?ndoles no s?lo el pan material, sino tambi?n, y sobre todo, el Pan que da la vida Eterna (su ?escondida presencia eucar?stica?).

Padre Giovanni Salerno
Publicado por verdenaranja @ 23:45  | Espiritualidad
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