Domingo, 31 de diciembre de 2006
MENSAJE DE LOS OBISPOS DE LA
COMISI?N EPISCOPAL DE MIGRACIONES
JORNADA MUNDIAL 14 DE ENERO 2007



"44 millones de personas: una sola familia"


"...sois miembros de (a familia de Dios". Ef 2,19


1. LA REALIDAD DE LA FAMILIA EMIGRANTE

A nadie se le oculta que el fen?meno migratorio est? siendo uno de los m?s significativos del siglo casi reci?n estrenado. Como un signo de nuestro tiempo, lo calificaba el Santo Padre Benedicto XVI en su Mensaje de la Jornada Mundial de las Migraciones el pasado a?o.

Dentro del fen?meno general de las migraciones, reviste la familia emigrante una especial importancia por el determinante papel que la misma ocupa en la vida de las personas, en la sociedad y en la Iglesia. En la emigraci?n, la familia sufre por las especiales dificultades que vive, como separaci?n, desarraigo, barreras de todo tipo para la reagrupaci?n, aprendizaje del nuevo idioma, inculturaci?n, adaptaci?n al nuevo ambiente, integraci?n en la comunidad de fe... estas y otras dificultades tiene que superar la familia cuando se ve, toda ella o alguno de sus miembros, sometida a abandonar su pa?s e instalarse en un pa?s extranjero.
El Beato Juan XXIII calific? la separaci?n de las familias por moti?vos de trabajo corno una "dolorosa anomal?a" poniendo de relieve que cada cual tiene la obligaci?n de tomar conciencia de ella y de hacer todo lo que est? en su poder para eliminarla1. En este contexto hay que situar la realidad de los emigrantes que abandonan su pa?s de origen en b?squeda de un futuro mejor, de mejores condiciones de vida para ellos mismos y sus familias.


2. SENTIDO DE LA JORNADA

La Jornada Mundial Anual de las Migraciones supone para todos una llamada de atenci?n sobre este fen?meno social de palpitante actualidad, que se est? convirtiendo, en palabras del Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para esta Jornada, en un "fen?meno estructural de nuestra sociedad".

Es obvio que no podemos conformarnos con celebrar una Jornada al a?o sobre una realidad que afecta a tantas personas y que est? dando una nueva configuraci?n a nuestra sociedad y a nuestra Iglesia. La Jornada ha de significar, m?s bien, un momento m?s intenso, una oportunidad m?s favorable para conocer m?s de cerca la realidad, para dejarnos interpelar por ella a la luz de la palabra de Dios, un nuevo punto de partida y una nueva motivaci?n para nuestro compromiso como ciudadanos y como creyentes para todo el a?o.

Al escoger como tema para la Jornada de 2007 "la familia emigrante", el Santo Padre pretende invitar a toda la Iglesia a "acentuar su compromiso no s?lo a favor del individuo emigrante, sino tambi?n de su familia, lugar y recurso de la cultura de la vida y principio de integraci?n de valores" (Cf. Mensaje, 2007).

Por nuestra parte, los Obispos de la Comisi?n Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Espa?ola nos unimos al Santo Padre, cuando a?n resuena el eco de sus mensajes con motivo del V Encuentro Internacional de las Familias en Valencia, e invitamos a todos los cat?licos en Espa?a, especialmente a las familias, y a cuantas personas de buena voluntad quieran escuchamos a adoptar una actitud de cordial acogida y de relaciones fraternas con las familias inmigrantes. Procedentes de los m?s variados entornos ?geogr?ficos, hist?ricos, culturales, religiosos...? poseen nuestra misma dignidad y han de poder disfrutar de los mismos derechos y ser sujetos de los mismos deberes que nosotros y nuestras familias.


3. NUESTRA TAREA

La preocupaci?n de la Iglesia por el emigrante y su familia ha sido una constante a trav?s de los tiempos, sobre todo desde que Le?n XIII en su Enc?clica Rerum Novarum (1891) hablara del derecho de la familia migrante a un espacio vital. Esta Doctrina se ha ido desarrollando y enriqueciendo posteriormente hasta nuestros d?as en el Magisterio de la Iglesia por medio de importantes documentos de los Papas y del Concilio Vaticano II, as? como de los obispos a trav?s de las Comisiones Episcopales o en sus respectivas di?cesis.

Los inmigrantes cat?licos han de sentirse desde el primer momento en la Iglesia del pa?s de acogida, en sus instituciones y organizaciones, como en su propia casa, en su familia, con los mismos derechos y obligaciones que los aut?ctonos y sus familias. El ideal es que lleguen a convertirse en sujetos activos, en la pastoral y la vida de la Iglesia local, plenamente integrados, conservando su car?cter espec?fico. Hacemos una especial invitaci?n a las parroquias para que acojan con gozo a las familias inmigrantes, faciliten su progresiva integraci?n en la vida parroquial y en sus estructuras organizativas, fomenten el cono-cimiento mutuo y la convivencia con las familias locales en orden a constituir una sola familia: la familia de los hijos e hijas de Dios.

Nuestra llamada se dirige tambi?n a la Escuela Cat?lica para que sea abanderada en la noble y hermosa tarea educadora de la poblaci?n escolar inmigrante. La Escuela es un marco privilegiado para el cono-cimiento y la verdadera integraci?n de ni?os y j?venes de diversa procedencia y, a trav?s de ellos y de la propia escuela, de las familias de los inmigrantes.

Tanto la Parroquia como la Escuela Cat?lica y las restantes instituciones eclesiales, comunidades cristianas, movimientos, asociacio?nes, etc. deben colaborar activamente en hacer realidad lo que afir?ma S. Pablo en Efesios 2,19: "Ya no sois extranjeros, sino que ahora compart?s con el pueblo santo los mismos derechos, y sois miembros de la familia de Dios ".

Todo lo anteriormente dicho en relaci?n con las familias inmi?grantes que son cat?licas, es aplicable, con los obligados matices, a las actitudes y comportamientos de las comunidades, instituciones, organizaciones y servicios de la Iglesia Cat?lica con las familias cristianas de la tradici?n ortodoxa, protestante o anglicana. Somos hermanos en la fe, y ello ha de transparentarse en nuestros comportamientos fraternos.
Tambi?n los dem?s inmigrantes no cristianos ?creyentes de otras religiones o no creyentes? y sus familias son destinatarios de la misi?n evangelizadora y de los servicios de la Iglesia y de los cris?tianos. Todos han de ser objeto de la preocupaci?n de la Iglesia y de sus desvelos de madre. A ellos han de ir destinados tambi?n los ser-vicios de la Iglesia en el aspecto sociocaritativo, los de acogida y acompa?amiento, o en el defensa de sus derechos. La Iglesia y todos sus miembros somos un importante factor en la tarea de la integra?ci?n arm?nica de los inmigrantes y de sus familias en la para ellos nueva sociedad y, dado el caso, en el seno de la comunidad cristiana de su nuevo pa?s.

Hacemos un llamamiento a los responsables de las administraciones p?blicas y a cuantas personas tienen asignada una tarea en relaci?n con los inmigrantes y sus familias para que establezcan normas justas y medidas adecuadas, que defiendan y tutelen la dignidad y los derechos de los inmigrantes y de sus familias. Invitamos a todos los miembros de nuestra sociedad a ver a los inmigrantes y a sus familias no como una carga o un peligro, sino como una riqueza para nuestra sociedad y a acogerlos cordialmente, a servirlos como hermanos y a facilitarles su pac?fica y enriquecedora integraci?n. "Si no se garantiza a la familia inmigrada una real posibilidad de inserci?n y participaci?n ?nos dice el Papa en su Mensaje?, es dif?cil prever su desarrollo arm?nico". Reconocemos el valioso ser-vicio de tantas personas que, en las administraciones p?blicas, en las instituciones y organizaciones p?blicas y privadas, de la sociedad y de la Iglesia, en el voluntariado o individualmente, a los inmigrantes y a sus familias, tanto en la acogida y acompa?amiento, como en el proceso de integraci?n. y otros servicios. Les animamos a continuar en su trabajo y a no desfallecer ante las dificultades. Con el Papa animamos tambi?n a los Gobiernos de las naciones a la "ratificaci?n de los instrumentos legales internacionales propuestos para defender los derechos de los emigrantes, de los refugiados y de sus familias". (Cf. Mensaje papal, 2007).


4. ALGUNOS SIGNOS DEL FEN?MENO DE LAS MIGRACIONES EN EL MOMENTO ACTUAL

El Papa, en su Mensaje para la Jornada de las Migraciones de 2007, destaca algunos aspectos, especialmente preocupantes en este momento, del fen?meno de las migraciones tales como la imperfecta o nula integraci?n de la primera generaci?n, que repercute en una deficiente integraci?n de los j?venes de la segunda generaci?n; la emigraci?n femenina y de ni?os, m?s expuestos al tr?fico de seres humanos y a la prostituci?n; el empeoramiento de las condiciones para la integraci?n y la reagrupaci?n familiar de los refugiados, o las dificultades de los estudiantes extranjeros, especialmente de los casados. Para todos pide el Papa atenci?n y medidas especiales de parte de la Iglesia, que les ayuden a recuperar su dignidad, a salir de las situaciones perjudiciales o de riesgo, a defender sus derechos y a vivir una vida personal y familiar digna.

En Espa?a seguimos viviendo la situaci?n de numerosas personas que llegan a nuestro pa?s sin los requisitos legales que les garanticen un trabajo y una vivienda dignas y un futuro con esperanza: a veces corren en el camino un riesgo grave, al que algunos sucumben. Con frecuencia son v?ctimas de desaprensivos que los explotan antes de salir de sus respectivos pa?ses, en el camino o en la llegada al nuestro.

Es de alabar la actitud y la respuesta que muchas comunidades eclesiales y otras instituciones, organizaciones y personas, individual-mente o en grupo, est?n dando en todo momento en la medida de sus posibilidades. Felicitamos y alentamos a las delegaciones diocesanas de migraciones, a las Caritas, a las parroquias, a los servicios de la Vida Consagrada... por la labor de acogida, acompa?amiento, orien?taci?n y por otras respuestas concretas.

Animamos a las comunidades cristianas y dem?s organizaciones de la Iglesia y a todos los cristianos a que asuman compromisos concretos durante este a?o a favor de la persona y de la familia cat?lica inmigrante, con el firme prop?sito de ayudarles a que se conviertan en miembros activos de su nueva familia en nuestra Iglesia.

A nuestros hermanos inmigrantes y a sus familias agradecemos su valiosa aportaci?n a nuestra sociedad, a nuestra Iglesia y a tantas personas como atienden en su enfermedad, en su ancianidad o en sus necesidades, colaborando, incluso en la educaci?n de la familia con la que trabajan. Les animamos a que cuanto antes se sientan entre nosotros como en su propia casa, en su familia, para que, con la ayuda del Se?or y en el respeto mutuo, construyamos entre todos una sociedad m?s justa, solidaria y pac?fica y mostremos al mundo una comunidad cristiana de hijos de Dios y de hermanos, unidos por encima de toda diferencia de origen, cultura, raza, religi?n o naci?n.

Para terminar, hacemos nuestra la recomendaci?n del Papa Benedicto XVI, en su mensaje para esta Jornada, dirigidas a cuantos trabajan con emigrantes e itinerantes: "La palabra de Pablo "La caridad de Cristo nos apremia" (2 Co 5, 14) los anime a entregarse, con preferencia, a los hermanos y hermanas m?s necesitados".

14 de Enero de 2007

Los Obispos de la Comisi?n Episcopal de Migraciones


1. Mensaje Radiof?nico con motivo del A?o Mundial de los Refugiados, 28 de Junio de 1959, AAS, LI (1959), p. 482.
Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Migraciones
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