Viernes, 05 de enero de 2007
Jaime Nubiola


14 de diciembre de 2006.
La Gaceta de los Negocios (Madrid)


Cuando en su reciente Instrucci?n Pastoral los obispos espa?oles presentan unas orientaciones morales para la situaci?n actual de nuestro pa?s, se escucha verdaderamente la voz del coraz?n. Los obispos se muestran alarmados por el desarrollo creciente de un laicismo agresivo que pretende "prescindir de Dios en la visi?n y la valoraci?n del mundo, en la imagen que el hombre tiene de s? mismo, del origen y t?rmino de su existencia, de las normas y los objetivos de sus actividades personales y sociales". Los obispos no tienen miedo a perder relevancia en la vida de nuestra sociedad, sino que lo que realmente temen es que un peque?o, pero poderoso, grupo de personas ?como ha ocurrido en tantos reg?menes pol?ticos? trate abusivamente de imponer al resto de los ciudadanos sus convicciones hasta el punto de destruir la convivencia democr?tica.

Piensan los obispos que en la manera de ver las cosas que algunos de nuestros gobernantes exhiben "se esconde un peligroso germen de pragmatismo maquiav?lico y de autoritarismo" que puede aniquilar por completo nuestra sociedad. Merece la pena transcribir por lo menos un p?rrafo del valioso documento: "Si los parlamentarios, y m?s en concreto, los dirigentes de un grupo pol?tico que est? en el poder, pueden legislar seg?n su propio criterio, sin someterse a ning?n principio moral socialmente vigente y vinculante, la sociedad entera queda a la merced de las opiniones y deseos de una o de unas pocas personas que se arrogan unos poderes cuasi absolutos que van evidentemente m?s all? de su competencia. Todo ello, con la consecuencia de que ese positivismo jur?dico ?as? se llama la doctrina que no reconoce la existencia de principios ?ticos que ning?n poder pol?tico puede transgredir jam?s? es la antesala del autoritarismo".

Por supuesto, merece la pena una lectura pausada y atenta del documento completo. No busca la Iglesia cat?lica un espacio de poder ni una situaci?n de privilegio, sino que con palabras sencillas y directas recuerda a todos lo que la experiencia hist?rica ha demostrado de manera fehaciente: los reg?menes pol?ticos que prescinden de Dios terminan en el autoritarismo que llega siempre hasta la brutal eliminaci?n de unos seres humanos por parte de otros. Basta con recordar los millones de v?ctimas del nazismo, las del r?gimen de Stalin o algunos de los tr?gicos acontecimientos que culminaron en la Guerra Civil espa?ola.

La democracia es una comunidad ?tica, no un artificioso equilibrio de intereses y poderes que simplemente hace posible el peri?dico relevo de los gobernantes sin derramamiento de sangre. La verdadera democracia es siempre una comunidad afectiva en la que el bien de todos y el respeto de cada uno son la se?al evidente del buen gobierno. Nunca se repetir? lo suficiente la afirmaci?n de que s?lo es posible articular una convivencia efectivamente democr?tica mediante un profundo respeto a cada una de las personas, sea cual fuere su raza, lengua, condici?n social, convicciones morales y opiniones pol?ticas. Rebajar ese respeto, o limitarlo a los que piensan como uno mismo, equivale a poner en peligro la democracia. Cuando es el gobernante quien falta a ese respeto, la democracia est? amenazada, aunque pueda parecer que las formas democr?ticas se mantienen porque la acci?n del gobernante refleja la voluntad de la mayor?a.

En este documento se escucha la voz del coraz?n de quienes hacen cabeza en la Iglesia en Espa?a. Quiz? por eso mueve a los lectores a escuchar tambi?n su propio coraz?n y alienta incluso a intentar crear un espacio en el que sea posible escuchar los corazones de los dem?s, prestando una particular atenci?n a los m?s necesitados. En sus p?rrafos finales, los obispos ofrecen "el fruto de nuestras reflexiones y de nuestro discernimiento a los miembros de la Iglesia y a todos los que quieran escucharnos, compartiendo abiertamente con todos nuestros temores y nuestras esperanzas". Me parece que quienes p?blicamente ?y a veces de modo airado y agresivo? se posicionan contra la Iglesia en nombre de la tolerancia y del laicismo podr?an aprender mucho leyendo este luminoso documento, lleno de mesura, razones y buen sentido. Probablemente ninguno de ellos lo leer?, pues a menudo quienes atacan a la Iglesia y a las convicciones de los cristianos han perdido la capacidad de escuchar a los que piensan de manera diferente a la suya.

En el caso de los gobernantes y los pol?ticos podr?a ped?rseles que leyeran nuestra Constituci?n, que bien claramente establece el respeto que la Iglesia merece por su implantaci?n en la sociedad espa?ola (art. 16, 3). Mi secreta esperanza se encuentra en que escuchen por lo menos a su propio coraz?n. Pero si ya no atienden siquiera a la voz de su coraz?n es quiz? una se?al de que han traspasado la antesala del autoritarismo y corren peligro no s?lo la Iglesia cat?lica y las convicciones cristianas, sino la democracia misma. Esto es precisamente lo que temen los obispos.

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