Lunes, 08 de enero de 2007
Homil?a que pronunci? Benedicto XVI en la santa misa que celebr? en la solemnidad de Santa Mar?a, Madre de Dios, XL Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero de 2007, en la bas?lica de San Pedro del Vaticano.


Queridos hermanos y hermanas:
La liturgia de hoy contempla, como en un mosaico, varios hechos y realidades mesi?nicas, pero la atenci?n se concentra de modo especial en Mar?a, Madre de Dios. Ocho d?as despu?s del nacimiento de Jes?s recordamos a su Madre, la Theot?kos, la "Madre del Rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos" (Ant?fona de entrada; cf. Sedulio). La liturgia medita hoy en el Verbo hecho hombre y repite que naci? de la Virgen. Reflexiona sobre la circuncisi?n de Jes?s como rito de agregaci?n a la comunidad, y contempla a Dios que dio a su Hijo unig?nito como cabeza del "pueblo nuevo" por medio de Mar?a. Recuerda el nombre que dio al Mes?as y lo escucha pronunciado con tierna dulzura por su Madre. Invoca para el mundo la paz, la paz de Cristo, y lo hace a trav?s de Mar?a, mediadora y cooperadora de Cristo (cf. Lumen gentium, 60-61).

Comenzamos un nuevo a?o solar, que es un per?odo ulterior de tiempo que nos ofrece la divina Providencia en el contexto de la salvaci?n inaugurada por Cristo. Pero ?el Verbo eterno no entr? en el tiempo precisamente por medio de Mar?a? Lo recuerda en la segunda lectura, que acabamos de escuchar, el ap?stol san Pablo, afirmando que Jes?s naci? "de una mujer" (cf. Ga 4, 4). En la liturgia de hoy destaca la figura de Mar?a, verdadera Madre de Jes?s, hombre-Dios. Por tanto, en esta solemnidad no se celebra una idea abstracta, sino un misterio y un acontecimiento hist?rico: Jesucristo, persona divina, naci? de Mar?a Virgen, la cual es, en el sentido m?s pleno, su madre.

Adem?s de la maternidad, hoy tambi?n se pone de relieve la virginidad de Mar?a. Se trata de dos prerrogativas que siempre se proclaman juntas y de manera inseparable, porque se integran y se califican mutuamente. Mar?a es madre, pero madre virgen; Mar?a es virgen, pero virgen madre. Si se descuida uno u otro aspecto, no se comprende plenamente el misterio de Mar?a, tal como nos lo presentan los Evangelios. Mar?a, Madre de Cristo, es tambi?n Madre de la Iglesia, como mi venerado predecesor el siervo de Dios Pablo VI proclam? el 21 de noviembre de 1964, durante el concilio Vaticano II. Mar?a es, por ?ltimo, Madre espiritual de toda la humanidad, porque en la cruz Jes?s dio su sangre por todos, y desde la cruz a todos encomend? a sus cuidados maternos.

As? pues, contemplando a Mar?a comenzamos este nuevo a?o, que recibimos de las manos de Dios como un "talento" precioso que hemos de hacer fructificar, como una ocasi?n providencial para contribuir a realizar el reino de Dios. En este clima de oraci?n y de gratitud al Se?or por el don de un nuevo a?o, me alegra dirigir mi cordial saludo a los ilustres se?ores embajadores del Cuerpo diplom?tico acreditado ante la Santa Sede, que han querido participar en esta solemne celebraci?n.

Saludo cordialmente al cardenal Tarcisio Bertone, mi secretario de Estado. Saludo al cardenal Renato Raffaele Martino y a los componentes del Consejo pontificio Justicia y paz, expres?ndoles mi profunda gratitud por el empe?o con que promueven a diario estos valores tan fundamentales para la vida de la sociedad. Con ocasi?n de la actual Jornada mundial de la paz, dirig? a los gobernantes y a los responsables de las naciones, as? como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, el tradicional Mensaje, que este a?o tiene por tema: "La persona humana, coraz?n de la paz".

Estoy profundamente convencido de que "respetando a la persona se promueve la paz, y de que construyendo la paz se ponen las bases para un aut?ntico humanismo integral" (Mensaje, n. 1: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 15 de diciembre de 2006, p. 5). Este compromiso compete de modo peculiar al cristiano, llamado "a ser un incansable art?fice de paz y un valiente defensor de la dignidad de la persona humana y de sus derechos inalienables" (ib., n. 16). Precisamente por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 27), todo individuo humano, sin distinci?n de raza, cultura y religi?n, est? revestido de la misma dignidad de persona. Por eso ha de ser respetado, y ninguna raz?n puede justificar jam?s que se disponga de ?l a placer, como si fuera un objeto.

Ante las amenazas contra la paz, lamentablemente siempre presentes; ante las situaciones de injusticia y de violencia, que permanecen en varias regiones de la tierra; ante la persistencia de conflictos armados, a menudo olvidados por la mayor parte de la opini?n p?blica; y ante el peligro del terrorismo, que perturba la seguridad de los pueblos, resulta m?s necesario que nunca trabajar juntos en favor de la paz. Como record? en el Mensaje, la paz es "al mismo tiempo un don y una tarea" (n. 3): un don que es preciso invocar con la oraci?n, y una tarea que hay que realizar con valent?a, sin cansarse jam?s.

El relato evang?lico que hemos escuchado muestra la escena de los pastores de Bel?n que se dirigen a la cueva para adorar al Ni?o, despu?s de recibir el anuncio del ?ngel (cf. Lc 2, 16).
?C?mo no dirigir la mirada una vez m?s a la dram?tica situaci?n que caracteriza precisamente esa Tierra donde naci? Jes?s? ?C?mo no implorar con oraci?n insistente que tambi?n a esa regi?n llegue cuanto antes el d?a de la paz, el d?a en que se resuelva definitivamente el conflicto actual, que persiste ya desde hace demasiado tiempo? Un acuerdo de paz, para ser duradero, debe apoyarse en el respeto de la dignidad y de los derechos de toda persona.

El deseo que formulo ante los representantes de las naciones aqu? presentes es que la comunidad internacional a?ne sus esfuerzos para que en nombre de Dios se construya un mundo en el que los derechos esenciales del hombre sean respetados por todos. Sin embargo, para que esto acontezca, es necesario que el fundamento de esos derechos sea reconocido no en simples pactos humanos, sino "en la naturaleza misma del hombre y en su dignidad inalienable de persona creada por Dios" (Mensaje, n. 13).

En efecto, si los elementos constitutivos de la dignidad humana quedan dependiendo de opiniones humanas mudables, tambi?n sus derechos, aunque sean proclamados solemnemente, acaban por debilitarse y por interpretarse de modos diversos. "Por tanto, es importante que los Organismos internacionales no pierdan de vista el fundamento natural de los derechos del hombre. Eso los pondr?a a salvo del peligro, por desgracia siempre al acecho, de ir cayendo hacia una interpretaci?n meramente positivista de los mismos" (ib.).

"El Se?or te bendiga y te proteja, (...). El Se?or se fije en ti y te conceda la paz" (Nm 6, 24. 26). Esta es la f?rmula de bendici?n que hemos escuchado en la primera lectura. Est? tomada del libro de los N?meros; en ella se repite tres veces el nombre del Se?or, para significar la intensidad y la fuerza de la bendici?n, cuya ?ltima palabra es "paz".

El t?rmino b?blico shalom, que traducimos por "paz", indica el conjunto de bienes en que consiste "la salvaci?n" tra?da por Cristo, el Mes?as anunciado por los profetas. Por eso los cristianos reconocemos en ?l al Pr?ncipe de la paz. Se hizo hombre y naci? en una cueva, en Bel?n, para traer su paz a los hombres de buena voluntad, a los que lo acogen con fe y amor. As?, la paz es verdaderamente el don y el compromiso de la Navidad: un don, que es preciso acoger con humilde docilidad e invocar constantemente con oraci?n confiada; y un compromiso que convierte a toda persona de buena voluntad en un "canal de paz".

Pidamos a Mar?a, Madre de Dios, que nos ayude a acoger a su Hijo y, en ?l, la verdadera paz.

Pid?mosle que ilumine nuestros ojos, para que sepamos reconocer el rostro de Cristo en el rostro de toda persona humana, coraz?n de la paz.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Habla el Papa
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