Martes, 09 de enero de 2007
Discurso que pronunci? Benedicto XVI en la Sala Regia del Palacio Apost?lico Vaticano ante los miembros del Cuerpo Diplom?tico acreditado ante la Santa Sede, el lunes 8 de Enero de 2007.


Se?or Decano,
Excelencias, Se?oras y Se?ores:

Con mucho gusto os recibo hoy para esta tradicional ceremonia de intercambio de felicitaciones. Aunque se renueva cada a?o, no se trata sin embargo de una simple formalidad, sino de una ocasi?n para consolidar nuestra esperanza y para comprometernos a?n m?s al servicio de la paz y del desarrollo de las personas y de los pueblos.

En primer lugar, deseo agradecer a vuestro Decano, el Embajador Giovanni Galassi, las amables palabras con las que ha expresado vuestra felicitaci?n. Dirijo tambi?n un saludo particular a los Embajadores que participan por primera vez en este encuentro. A todos os expreso mis m?s cordiales votos y os aseguro mis oraciones para que el 2007 sea para vosotros, vuestras familias y colaboradores, para todos los pueblos y para quienes los rigen, un a?o de prosperidad y de paz.

Al inicio del a?o se nos invita a mirar la situaci?n internacional para examinar los retos que debemos afrontar juntos. Entre las cuestiones esenciales, ?c?mo no pensar en los millones de personas, especialmente mujeres y ni?os, que carecen de agua, comida y vivienda? El esc?ndalo del hambre, que tiende a agravarse, es inaceptable en un mundo que dispone de bienes, de conocimientos y de medios para subsanarlo. Esto nos impulsa a cambiar nuestros modos de vida y nos recuerda la urgencia de eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la econom?a mundial, y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente y un desarrollo humano integral para hoy y sobre todo para el futuro. Invito de nuevo a los Responsables de las Naciones m?s ricas a tomar las iniciativas necesarias para que los pa?ses pobres, que a menudo poseen muchas riquezas naturales, puedan beneficiarse de los frutos de sus propios bienes. Desde este punto de vista, es tambi?n motivo de preocupaci?n el retraso en el cumplimiento de los compromisos asumidos por la comunidad internacional en los a?os recientes. Ser?a, pues, de desear la reanudaci?n de las negociaciones comerciales de "Doha Development Round" de la Organizaci?n Mundial del Comercio, as? como la continuaci?n y la aceleraci?n del proceso de anulaci?n y reducci?n de la deuda de los pa?ses m?s pobres, sin que eso est? condicionado por medidas de ajuste estructural, perjudiciales para las poblaciones m?s vulnerables.

Igualmente, en el ?mbito del desarme, se multiplican los s?ntomas de una crisis progresiva, vinculada a las dificultades en las negociaciones sobre las armas convencionales as? como sobre las armas de destrucci?n masiva, y, por otra parte, al aumento de los gastos militares a escala mundial. Las cuestiones de seguridad, agravadas por el terrorismo que es necesario condenar firmemente, deben tratarse con un enfoque global y clarividente.

Por lo que se refiere a las crisis humanitarias, conviene tener en cuenta que las Organizaciones que las afrontan necesitan un apoyo m?s fuerte, a fin de que puedan proporcionar protecci?n y asistencia a las v?ctimas. Otra cuesti?n que adquiere siempre m?s relieve es la de los movimientos de personas: millones de hombres y mujeres se ven obligados a dejar sus hogares o su patria debido a violencias, o a buscar condiciones de vida m?s dignas. Es ilusorio pensar que los fen?menos migratorios puedan ser bloqueados o controlados simplemente por la fuerza. Las migraciones y los problemas que crean deben afrontarse con humanidad, justicia y compasi?n.

?C?mo no preocuparse tambi?n de los continuos atentados a la vida, desde la concepci?n hasta la muerte natural? Tales atentados afectan incluso a regiones donde la cultura del respeto de la vida es tradicional, como en ?frica, donde se intenta trivializar subrepticiamente el aborto por medio del Protocolo de Maputo, as? como por el Plan de acci?n adoptado por los Ministros de Sanidad de la Uni?n Africana, y que dentro de poco se someter? a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno. Se extienden tambi?n amenazas contra la estructura natural de la familia, fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, as? como los intentos de relativizarla d?ndole el mismo estatuto que a otras formas de uni?n radicalmente diferentes. Todo esto ofende la familia y contribuye a desestabilizarla, violando su car?cter espec?fico y su papel social ?nico. Otras formas de agresi?n a la vida se cometen a veces al amparo de la investigaci?n cient?fica. Se apoya en la convicci?n de que la investigaci?n no est? sometida m?s que a las leyes que ella se da a s? misma, y que no tiene otro l?mite que sus propias posibilidades. Es el caso, por ejemplo, del intento de legitimar la clonaci?n humana para hipot?ticos fines terap?uticos.

Este cuadro preocupante no impide percibir elementos positivos que caracterizan nuestra ?poca. Quisiera mencionar, en primer lugar, la creciente toma de conciencia sobre la importancia del di?logo entre las culturas y entre las religiones. Se trata de una necesidad vital, concretamente ante los retos comunes que afectan a la familia y a la sociedad. Por otra parte, pongo de relieve numerosas iniciativas en este sentido, encaminadas a construir las bases comunes para vivir en concordia.

Conviene tambi?n tener en cuenta c?mo la comunidad internacional ha tomado conciencia cada vez m?s de los enormes retos de nuestro tiempo, as? como de los esfuerzos para que se traduzca en actos concretos. En el seno de la Organizaci?n de las Naciones Unidas, el a?o pasado se ha creado el Consejo de Derechos Humanos, esperando que centre su actividad en la defensa y promoci?n de los derechos fundamentales de la persona, en particular el derecho a la vida y el derecho a la libertad religiosa. Evocando las Naciones Unidas, me siento en el deber de saludar con gratitud a Su Excelencia el Se?or Kofi Annan por la obra llevada a cabo durante sus mandatos de Secretario General. Formulo mis mejores votos para su sucesor, el Se?or Ban Ki-moon, que acaba de asumir sus funciones.

En el ?mbito del desarrollo, se han promovido tambi?n diversas iniciativas a las que la Santa Sede ha ofrecido su apoyo, recordando al mismo tiempo que estos proyectos no deben dispensar del compromiso de los pa?ses desarrollados de destinar el 0,70% de su producto interior bruto para la ayuda internacional. Otro elemento importante es el esfuerzo com?n para la erradicaci?n de la miseria, que requiere no s?lo una asistencia cuya extensi?n es de desear, sino tambi?n la toma de conciencia sobre la importancia de la lucha contra la corrupci?n y la promoci?n de la buena administraci?n. Es necesario tambi?n fomentar y continuar los esfuerzos realizados con el fin de garantizar la aplicaci?n del derecho humanitario a las personas y a los pueblos, para una protecci?n m?s eficaz de las poblaciones civiles.

Al considerar la situaci?n pol?tica en los distintos continentes, encontramos a?n muchos motivos de preocupaci?n y de esperanza. Constatamos en primer lugar que la paz es a menudo muy fr?gil e incluso ridiculizada. No podemos olvidar el Continente africano. El drama de Darfur contin?a y se extiende a las regiones fronterizas del Chad y de la Rep?blica Centroafricana. La comunidad internacional parece impotente desde hace casi cuatro a?os, a pesar de las iniciativas destinadas a aliviar a las poblaciones indefensas y a aportar una soluci?n pol?tica. Estos medios s?lo podr?n ser eficaces mediante una colaboraci?n activa entre las Naciones Unidas, la Uni?n Africana, los Gobiernos implicados y otros protagonistas. Les invito a todos a actuar con determinaci?n: no podemos aceptar que tantos inocentes sigan sufriendo y muriendo as?.

La situaci?n en el Cuerno de ?frica se ha agravado recientemente con la reanudaci?n de las hostilidades y la internacionalizaci?n del conflicto. Al llamar a todas las partes a que abandonen las armas y a la negociaci?n, me permito recordar a Sor Leonella Sgorbati, que dio su vida al servicio de los m?s desfavorecidos, invocando el perd?n para sus asesinos. Que su ejemplo y su testimonio inspiren a todos los que buscan realmente el bien de Somalia.

En Uganda, es preciso alentar los avances de las negociaciones entre las partes, de cara a poner fin a un conflicto cruel en el que se han reclutado incluso numerosos ni?os obligados a hacer de soldados. Esto permitir? a muchos desplazados volver a su casa y reemprender una vida digna. La colaboraci?n de los jefes religiosos y la reciente designaci?n de un Representante del Secretario General de las Naciones Unidas son un buen augurio. Repito: no olvidemos ?frica y sus numerosas situaciones de guerra y tensi?n. Es necesario recordar que s?lo las negociaciones entre los diferentes protagonistas pueden abrir la v?a para una justa soluci?n de los conflictos y dejar entrever un progreso en la consolidaci?n de la paz.

La Regi?n de los Grandes Lagos se ha visto ensangrentada, despu?s de a?os, por guerras feroces. Con satisfacci?n y esperanza conviene acoger la reciente evoluci?n positiva, en particular la conclusi?n de la fase de transici?n pol?tica en Burundi y m?s recientemente en la Rep?blica Democr?tica del Congo. Sin embargo, es urgente que los pa?ses se esfuercen por recuperar el funcionamiento de las instituciones del estado de derecho, para poner freno a todas las arbitrariedades y permitir el desarrollo social. Para Ruanda, deseo que el largo proceso de reconciliaci?n nacional despu?s del genocidio alcance su fruto en la justicia, y tambi?n en la verdad y el perd?n. La Conferencia internacional sobre la Regi?n de los Grandes Lagos, con la participaci?n de una delegaci?n de la Santa Sede y de representantes de numerosas conferencias episcopales nacionales y regionales de ?frica Central y Oriental, deja entrever nuevas esperanzas. Finalmente, quisiera mencionar Costa de Marfil, exhortando a las partes implicadas a crear un clima de confianza rec?proca que pueda llevar al desarme y a la pacificaci?n, y, por otra parte, ?frica Austral: en estos pa?ses, millones de personas se ven reducidas a una situaci?n muy vulnerable, que exige la atenci?n y el apoyo de la comunidad internacional.

Se?ales positivas para ?frica vienen igualmente de la voluntad, expresada por la comunidad internacional, de mantener este continente en el centro de su atenci?n, y tambi?n de reforzar las instituciones continentales y regionales, que da prueba de la intenci?n de los pa?ses interesados de hacerse cada vez m?s responsables de su propio destino. Asimismo, es necesario alabar la digna actitud de las personas que cada d?a, sobre el terreno, se comprometen con determinaci?n a promover proyectos que contribuyen al desarrollo y a la organizaci?n de la vida econ?mica y social.

El viaje apost?lico, que en el pr?ximo mes de mayo har? a Brasil, me ofrece la ocasi?n de dirigir mi mirada hacia este gran pa?s que me espera con alegr?a, y hacia toda Latinoam?rica y el Caribe. La mejora de algunos ?ndices econ?micos, el compromiso en la lucha contra el tr?fico de drogas y contra la corrupci?n, los distintos procesos de integraci?n, los esfuerzos para mejorar el acceso a la educaci?n, para combatir el desempleo y para reducir desigualdades en la distribuci?n de las rentas, son ?ndices que se han de destacar con satisfacci?n. Si estos progresos se consolidan, podr?n contribuir de manera determinante a vencer la pobreza que aflige a vastos sectores de la poblaci?n y aumentar la estabilidad institucional. Al tratar sobre las elecciones que se han tenido el a?o pasado en varios pa?ses, conviene subrayar que la democracia est? llamada a tener en cuenta las aspiraciones del conjunto de los ciudadanos, a promover el desarrollo en el respeto de todos los miembros de la sociedad, seg?n los principios de la solidaridad, de la subsidiariedad y de la justicia. Sin embargo, conviene ponerse en guardia frente al riesgo de un ejercicio de la democracia que se transforme en dictadura del relativismo, proponiendo modelos antropol?gicos incompatibles con la naturaleza y la dignidad del hombre.

Mi atenci?n se dirige muy especialmente hacia algunos pa?ses, en particular Colombia, donde el largo conflicto interno ha provocado una crisis humanitaria, sobre todo por lo que se refiere a las personas desplazadas. Se deben hacer todos los esfuerzos necesarios para pacificar el pa?s, para devolver las personas secuestradas a sus familias, para volver a dar seguridad y una vida normal a millones de personas. Tales se?ales dar?an confianza a todos, incluso a los que han estado implicados en la lucha armada. Nuestra mirada se dirige a Cuba. Con el deseo de que cada uno de sus habitantes pueda realizar sus aspiraciones leg?timas en favor del bien com?n, permitidme que retome la llamada de mi venerado Predecesor: ?Que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba?. La apertura rec?proca con los dem?s pa?ses redundar? en beneficio de todos. No lejos de all?, el pueblo haitiano vive todav?a en una gran pobreza y en la violencia. Formulo mis votos para que el inter?s de la comunidad internacional, manifestado entre otras iniciativas por las conferencias de donantes que tuvieron lugar en 2006, lleve a la consolidaci?n de las instituciones y permita al pueblo convertirse en protagonista de su propio desarrollo, en un clima de reconciliaci?n y concordia.

Asia presenta, ante todo, unos pa?ses caracterizados por una poblaci?n muy numerosa y un gran desarrollo econ?mico. Pienso en China y en la India, pa?ses en plena expansi?n, deseando que su presencia creciente en la escena internacional conlleve beneficios para sus propias poblaciones y para las otras naciones. Igualmente, formulo votos por Vietnam, recordando su reciente adhesi?n a la Organizaci?n Mundial del Comercio. Mi pensamiento se dirige a las comunidades cristianas. En la mayor parte de los pa?ses de Asia se trata a menudo de comunidades peque?as, pero vivas, que desean leg?timamente poder vivir y actuar en un clima de libertad religiosa. ?ste es un derecho primordial y al mismo tiempo una condici?n que les permitir? contribuir al progreso material y espiritual de la sociedad, actuando como elementos de cohesi?n y concordia.

En Timor Oriental, la Iglesia cat?lica se propone seguir ofreciendo su contribuci?n, en particular en los sectores de la educaci?n, de la sanidad y de la reconciliaci?n nacional. La crisis pol?tica sufrida por este joven Estado, as? como por otros pa?ses de la regi?n, evidencia una cierta fragilidad de los procesos de democratizaci?n. Peligrosos focos de tensi?n se fraguan en la Pen?nsula de Corea. Debe perseguirse en el marco de la negociaci?n el objetivo de la reconciliaci?n del pueblo coreano y la desnuclearizaci?n de la Pen?nsula, que tantos efectos beneficiosos tendr?a en toda la regi?n. Conviene evitar los gestos que puedan comprometer las negociaciones, sin condicionar por ello a sus resultados las ayudas humanitarias destinadas a las capas m?s vulnerables de la poblaci?n norcoreana.

Quisiera llamar vuestra atenci?n sobre otros dos pa?ses asi?ticos que son motivo de preocupaci?n. En Afganist?n, es necesario deplorar, a lo largo de los ?ltimos meses, el aumento notable de la violencia y los ataques terroristas, que dificultan el camino hacia una salida de la crisis gravando pesadamente sobre las poblaciones locales. En Sri Lanka, el fracaso de las negociaciones de Ginebra entre el Gobierno y el Movimiento Tamil ha supuesto una intensificaci?n del conflicto, que provoca inmensos sufrimientos entre la poblaci?n civil. S?lo la v?a del di?logo podr? garantizar un futuro mejor y m?s seguro para todos.

Oriente Medio es fuente tambi?n de grandes inquietudes. Por eso quise enviar una carta a los cat?licos de la regi?n con motivo de la Navidad, para expresar mi solidaridad y mi proximidad espiritual con todos, y para animarles a continuar con su presencia en la regi?n, con la certeza de que su testimonio ser? una ayuda y un apoyo para un futuro de paz y fraternidad. Renuevo mi urgente llamada a todas las partes implicadas en el complejo tablero pol?tico de la regi?n, con la esperanza que se consoliden las se?ales positivas, entre Israel?es y Palestinos, verificadas durante las ?ltimas semanas. La Santa Sede no se cansar? nunca de repetir que las soluciones armadas no conducen a nada, como se ha visto en el L?bano el verano pasado. El futuro de este pa?s pasa necesariamente por la unidad de todos los que lo integran y por las relaciones fraternas entre los diferentes grupos religiosos y sociales. ?ste es un mensaje de esperanza para todos. No es posible tampoco contentarse con soluciones parciales o unilaterales. Para poner fin a la crisis y a los sufrimientos que ocasiona en las poblaciones, es necesario proceder seg?n un enfoque global, que no excluya a nadie en la b?squeda de una soluci?n negociada y que tenga en cuenta las aspiraciones y los leg?timos intereses de los distintos pueblos implicados; en particular, los Libaneses tienen derecho a ver respetadas la integridad y la soberan?a de su pa?s; los Israel?es tienen derecho a vivir en paz en su Estado; los Palestinos tienen derecho a una patria libre y soberana. Si cada uno de los pueblos de la regi?n ve sus aspiraciones tomadas en consideraci?n y se siente menos amenazado, se reforzar? la confianza mutua. Esta misma confianza aumentar? si un pa?s como Ir?n, especialmente en lo que concierne a su programa nuclear, acepta dar una respuesta satisfactoria a las leg?timas preocupaciones de la comunidad internacional. Los pasos dados en este sentido tendr?n sin duda alguna un efecto positivo para la estabilidad de toda la regi?n, y en particular de Irak, poniendo fin a la espantosa violencia que ensangrienta este pa?s y ofreciendo la posibilidad de relanzar su reconstrucci?n y la reconciliaci?n entre todos sus habitantes.

Un poco m?s cerca, en Europa, nuevos pa?ses de larga tradici?n cristiana como Bulgaria y Rumania, han entrado en la Uni?n Europea. Al prepararnos para celebrar el cincuenta aniversario de los Tratados de Roma, se impone una reflexi?n sobre el Tratado constitucional. Deseo que los valores fundamentales que est?n a la base de la dignidad humana sean protegidos plenamente, en particular la libertad religiosa en todas sus dimensiones, as? como los derechos institucionales de las Iglesias. Al mismo tiempo, no se puede hacer abstracci?n del innegable patrimonio cristiano de este continente, que contribuy? ampliamente a modelar la Europa de las Naciones y la Europa de los pueblos. El cincuenta aniversario de la insurrecci?n de Budapest, celebrado en el mes de octubre pasado, nos ha recordado los acontecimientos dram?ticos del siglo XX, incitando a todos los Europeos a construir un futuro libre de toda opresi?n y de todo condicionamiento ideol?gico, a establecer v?nculos de amistad y fraternidad, y a manifestar solicitud y solidaridad hacia los m?s pobres y peque?os; del mismo modo, es importante superar las tensiones del pasado, promoviendo la reconciliaci?n a todos los niveles, ya que s?lo ?sta es la que permite construir el futuro y favorecer la esperanza. Pido tambi?n a todos los que en el continente europeo son tentados por el terrorismo, que cesen toda actividad de este g?nero, ya que tales comportamientos, que hacen prevalecer la violencia ciega y provocan el miedo en la poblaci?n, constituyen una v?a sin salida. Pienso tambi?n en los distintos "conflictos congelados", deseando que encuentren r?pidamente una soluci?n definitiva, as? como en las tensiones recurrentes vinculadas hoy sobre todo a los recursos energ?ticos.

Deseo que la regi?n de los Balcanes alcance la estabilidad que todos esperan, de modo particular gracias a la integraci?n en las estructuras continentales por parte de las naciones que la componen, as? como al apoyo de la comunidad internacional. El establecimiento de relaciones diplom?ticas con la Rep?blica de Montenegro, que acaba de entrar pac?ficamente en el concierto de las naciones, y el Acuerdo de Base firmado con Bosnia Herzegovina, son dos signos de la atenci?n constante de la Santa Sede hacia la regi?n de los Balcanes. Mientras se acerca el momento en que se definir? el estatuto de Kosovo, la Santa Sede pide a todos los implicados un esfuerzo de sabidur?a clarividente, de flexibilidad y de moderaci?n, para que se encuentre una soluci?n que respete los derechos y las leg?timas expectativas de todos.

Las situaciones que he mencionado constituyen un reto que nos implica a todos; se trata de un reto consistente en promover y consolidar todo lo que de positivo hay en el mundo y a superar, con buena voluntad, sabidur?a y tenacidad, todo lo que hiere, degrada y mata al hombre. S?lo ser? posible promover la paz si se respeta la persona humana, y s?lo construyendo la paz es como se sentar?n las bases de un aut?ntico humanismo integral. Aqu? encuentra respuesta la preocupaci?n ante el futuro de tantos contempor?neos nuestros. S?, el futuro podr? ser sereno si trabajamos juntos por el hombre. El hombre, creado a imagen de Dios, tiene una dignidad incomparable; es tan digno de amor a los ojos de su Creador, que Dios no dud? en entregarle a su propio Hijo. ?ste es el gran misterio de Navidad, que acabamos de celebrar, y cuyo clima de alegr?a se prolonga hasta nuestro encuentro de hoy. La Iglesia, en su compromiso al servicio del hombre y de la construcci?n de la paz, est? al lado de todas las personas de buena voluntad, ofreciendo una colaboraci?n desinteresada. Que juntos, cada uno en su puesto y con sus propios talentos, sepamos trabajar en la construcci?n de un humanismo integral, el ?nico que puede garantizar un mundo pac?fico, justo y solidario. Acompa?o este deseo con la oraci?n que elevo al Se?or por todos vosotros y vuestras familias, por vuestros colaboradores y por los pueblos que represent?is.

[Traducci?n del original franc?s distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Habla el Papa
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