Mi?rcoles, 10 de enero de 2007
Carta Semanal del Don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente, Arzobispo de Valencia, publicada el 7 de Enero de 2007.

Camino para renovar la Paz


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 7 de enero de 2007


La llamada de la paz tiene tres aliados fundamentales: el deseo humano, el rostro de los que sufren la ausencia de la paz, y la dignidad personal del ser humano. El Santo Padre nos lo ha recordado en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007, cuyo lema es altamente expresivo: ?La persona, coraz?n de la paz?.
Desear la paz es el primer paso para conseguirla. Benedicto XVI nos est? invitando a que todos renovemos ese deseo, no s?lo los gobernantes y responsables de las naciones, sino tambi?n todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No podemos contentarnos con una paz aparente, falsaria o tramposa, sino que hay que buscar aquella que es verdadera, que responde a los anhelos m?s superiores del ser humano, tanto en lo profundo de su ser ?nico, irrepetible, creado a imagen de Dios, como en todo el amplio abanico de la vida social, pol?tica y cultural.

El deseo de la paz crece cuando contemplamos las v?ctimas de lo que debi?ramos denominar ?ausencia de la paz?, para que no olvidemos que la violencia es un concepto negativo que no puede aspirar a perpetuarse. Benedicto XVI nos indica que cuando el ser humano est? pasando estas duras pruebas tiene que superar todav?a una m?s: la tentaci?n de acudir a la violencia, de liberar el propio sufrimiento gener?ndolo a otros. La verdadera paz aparece como el ?nico camino para superar la violencia que engendra violencia.

Benedicto XVI se refiere de forma muy concreta a quienes viven agraviados en su dignidad y esperan su rescate humano y social. Todos los que se ven empobrecidos, marginados o esclavizados por las acciones o las omisiones de quienes podr?an hacer algo por ellos, reclaman con su propia existencia un esfuerzo real y eficaz por establecer una convivencia en libertad y justicia, coronada por la paz y la verdad.

La paz verdadera tambi?n debe alcanzar a los ni?os y las ni?as, especialmente aquellos que tienen su futuro amenazado por la explotaci?n y la maldad de los adultos sin escr?pulos en las sociedades del tercer mundo, pero tambi?n en las sociedades llamadas avanzadas. Los ni?os y las ni?as son aliados privilegiados de la paz porque su inocencia enriquece la humanidad con bondad y esperanza, porque su dolor impulsa a todos a trabajar por la justicia y la paz.

Valoramos a los ni?os y a las ni?as no porque tengan poder, ni porque acaparen riqueza, ni porque sean modelos de excelencia cultural. Nos conmovemos ante un ni?o o una ni?a porque en ellos se expresa de modo genuino el valor de la persona y ?ste es el coraz?n de la paz. Al comenzar el 2007, el Santo Padre vuelve a insistir en que s?lo veremos adecuadamente la realidad si en ella aprendemos a reconocer a las personas. Tras los hechos, tras las noticias buenas o malas hay siempre personas, seres humanos irreemplazables. Respetando a las personas se promueve la paz, al tiempo que construyendo la paz se asienta un aut?ntico humanismo integral.

Benedicto XVI nos invita a que descubramos en qu? consiste el ser y el valor de la persona humana. La Sagrada Escritura, cuando relata que Dios cre? el hombre a su imagen; a imagen de Dios lo cre?; hombre y mujer los cre? (Gn 1, 27), nos est? suministrando el verdadero ?carnet de identidad? de toda persona: el ser humano tiene la dignidad de persona por haber sido hecho a imagen de Dios; el ser humano no es solamente algo, sino alguien, capaz de conocerse, de entregarse libremente, y de entrar en comuni?n. El ser humano, por la gracia de Dios, est? llamado a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que nadie puede dar en su lugar.

Crecemos como persona cuanto m?s nos olvidamos de nosotros mismos y nos damos a los dem?s. El desarrollo del conocimiento y de la libertad de los seres humanos se orienta a que sean capaces de entregarse libremente y de entrar en comuni?n con otras personas. Todo ser humano tiene como tarea madurar en su capacidad de amor y de hacer progresar el mundo, renov?ndolo en la justicia y en la paz.

La paz nunca puede identificarse con la mera ausencia de conflictos y mucho menos si el precio que se paga es la renuncia a la verdad, a la libertad, a la dignidad o a la capacidad de amar. La paz est? reclamando que se haga justicia al verdadero valor de la persona humana y a su capacidad de amar y de entregarse a los dem?s. S?lo quien madura en el amor contribuye a renovar la paz.

Con mi bendici?n y afecto,


Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Hablan los obispos
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