Jueves, 11 de enero de 2007
ZENIT publica la intervenci?n de Benedicto XVI durante la audiencia general deL mi?rcoles, 10 de Enero de 2007, dedicada a presentar la figura del primer m?rtir del cristianismo, san Esteban.


Queridos hermanos y hermanas:
Despu?s de las fiestas, volvemos a nuestras catequesis. Hab?a meditado con vosotros en las figuras de los doce ap?stoles y de san Pablo. Despu?s hab?amos comenzado a reflexionar en otras figuras de la Iglesia naciente. De este modo, hoy queremos detenernos en la persona de san Esteban, festejado por la Iglesia el d?a despu?s de Navidad. San Esteban es el m?s representativo de un grupo de siete compa?eros. La tradici?n ve en este grupo el germen del futuro ministerio de los ?di?conos?, si bien hay que destacar que esta denominaci?n no est? presente en el libro de los ?Hechos de los Ap?stoles?. La importancia de Esteban, en todo caso, queda clara por el hecho de que Lucas, en este importante libro, le dedica dos cap?tulos enteros.

La narraci?n de Lucas comienza constatando una subdivisi?n que ten?a lugar dentro de la Iglesia primitiva de Jerusal?n: estaba formada totalmente por cristianos de origen jud?o, pero entre ?stos algunos eran originarios de la tierra de Israel, y eran llamados ?hebreos?, mientras que otros proced?an de la de fe jud?a en el Antiguo Testamento de la di?spora de lengua griega, y eran llamados ?helenistas?. De este modo, comenzaba a perfilarse el problema: los m?s necesitados entre los helenistas, especialmente las viudas desprovistas de todo apoyo social, corr?an el riesgo de ser descuidas en la asistencia de su sustento cotidiano. Para superar estas dificultades, los ap?stoles, reserv?ndose para s? mismos la oraci?n y el ministerio de la Palabra como su tarea central, decidieron encargar a ?a siete hombres, de buena fama, llenos de Esp?ritu y de sabidur?a? para que cumplieran con el encargo de la asistencia (Hechos 6, 2-4), es decir, del servicio social caritativo. Con este objetivo, como escribe Lucas, por invitaci?n de los ap?stoles, los disc?pulos eligieron siete hombres. Tenemos sus nombres. Son: ?Esteban, hombre lleno de fe y de Esp?ritu Santo, Felipe, Pr?coro, Nicanor, Tim?n, P?rmenas y Nicol?s, pros?lito de Antioquia. Los presentaron a los ap?stoles y, habiendo hecho oraci?n, les impusieron las manos? (Hechos 6,5-6).

El gesto de la imposici?n de las manos puede tener varios significados. En el Antiguo Testamento, el gesto tiene sobre todo el significado de transmitir un encargo importante, como hizo Mois?s con Josu? (Cf. N?meros 27, 18-23), designando as? a su sucesor. Siguiendo esta l?nea, tambi?n la Iglesia de Antioqu?a utilizar? este gesto para enviar a Pablo y Bernab? en misi?n a los pueblos del mundo (Cf. Hechos 13, 3). A una an?loga imposici?n de las manos sobre Timoteo para transmitir un encargo oficial hacen referencia las dos cartas que San Pablo le dirigi? (Cf. 1 Timoteo 4, 14; 2 Timoteo 1, 6). El hecho de que se tratara de una acci?n importante, que hab?a que realizar despu?s de un discernimiento, se deduce de lo que se lee en la primera carta a Timoteo: ?No te precipites en imponer a nadie las manos, no te hagas part?cipe de los pecados ajenos? (5, 22). Por tanto, vemos que el gesto de la imposici?n de las manos se desarrolla en la l?nea de un signo sacramental. En el caso de Esteban y sus compa?eros se trata ciertamente de la transmisi?n oficial, por parte de los ap?stoles, de un encargo y al mismo tiempo de la imploraci?n de una gracia para ejercerlo.

Lo m?s importante es que, adem?s de los servicios caritativos, Esteban desempe?a tambi?n una tarea de evangelizaci?n entre sus compatriotas, los as? llamados ?helenistas?. Lucas, de hecho, insiste en el hecho de que ?l, ?lleno de gracia y de poder? (Hechos 6, 8), presenta en el nombre de Jes?s una nueva interpretaci?n de Mois?s y de la misma Ley de Dios, relee el Antiguo Testamento a la luz del anuncio de la muerte y de la resurrecci?n de Jes?s. Esta relectura del Antiguo Testamento, relectura cristol?gica, provoca las reacciones de los jud?os que interpretan sus palabras como una blasfemia (Cf. Hechos 6, 11-14). Por este motivo, es condenado a la lapidaci?n. Y san Lucas nos transmite el ?ltimo discurso del santo, una s?ntesis de su predicaci?n.

Como Jes?s hab?a explicado a los disc?pulos de Ema?s que todo el Antiguo Testamento habla de ?l, de su cruz y de su resurrecci?n, de este modo, san Esteban, siguiendo la ense?anza de Jes?s, lee todo el Antiguo Testamento en clave cristol?gica. Demuestra que el misterio de la Cruz se encuentra en el centro de la historia de la salvaci?n narrada en el Antiguo Testamento, muestra realmente que Jes?s, el crucificado y resucitado, es el punto de llegada de toda esta historia. Y demuestra, por tanto, que el culto del templo tambi?n ha concluido y que Jes?s, el resucitado, es el nuevo y aut?ntico ?templo?. Precisamente este ?no? al templo y a su culto provoca la condena de san Esteban, quien, en ese momento --nos dice san Lucas--, al poner la mirada en el cielo vio la gloria de Dios y a Jes?s a su derecha. Y mirando al cielo, a Dios y a Jes?s, san Esteban dijo: ?Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que est? en pie a la diestra de Dios? (Hechos 7, 56). Le sigui? su martirio, que de hecho se conforma con la pasi?n del mismo Jes?s, pues entrega al ?Se?or Jes?s? su propio esp?ritu y reza para que el pecado de sus asesinos no les sea tenido en cuenta (Cf. Hechos 7,59-60).

El lugar del martirio de Esteban, en Jerusal?n, se sit?a tradicionalmente algo m?s afuera de la Puerta de Damasco, en el norte, donde ahora se encuentra precisamente la iglesia de Saint- ?tienne, junto a la conocida ??cole Biblique? de los dominicos. Al asesinato de Esteban, primer m?rtir de Cristo, le sigui? una persecuci?n local contra los disc?pulos de Jes?s (Cf. Hechos 8, 1), la primera que se verific? en la historia de la Iglesia. Constituy? la oportunidad concreta que llev? al grupo de cristianos hebreo-helenistas a huir de Jerusal?n y a dispersarse. Expulsados de Jerusal?n, se transformaron en misioneros itinerantes. ?Los que se hab?an dispersado iban por todas partes anunciando la Buena Nueva de la Palabra? (Hechos 8, 4). La persecuci?n y la consiguiente dispersi?n se convierten en misi?n. El Evangelio se propag? de este modo en Samaria, en Fenicia, y e Siria, hasta llegar a la gran ciudad de Antioqu?a, donde, seg?n Lucas, fue anunciado por primera vez tambi?n a los paganos (Cf. Hechos 11, 19-20) y donde reson? por primera vez el nombre de ?cristianos? (Hechos 11,26).

En particular, Lucas especifica que los que lapidaron a Esteban ?pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo? (Hechos 7, 58), el mismo que de perseguidor se convertir?a en ap?stol insigne del Evangelio. Esto significa que el joven Saulo ten?a que haber escuchado la predicaci?n de Esteban, y conocer los contenidos principales. Y San Pablo se encontraba con probabilidad entre quienes, siguiendo y escuchando este discurso, ?ten?an los corazones consumidos de rabia y rechinaban sus dientes contra ?l? (Hechos 7, 54). Podemos ver as? las maravillas de la Providencia divina: Saulo, adversario empedernido de la visi?n de Esteban, despu?s del encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, reanuda la interpretaci?n cristol?gica del Antiguo Testamento hecha por el primer m?rtir, la profundiza y completa, y de este modo se convierte en el ?ap?stol de las gentes?. La ley se cumple, ense?a ?l, en la cruz de Cristo. Y la fe en Cristo, la comuni?n con el amor de Cristo, es el verdadero cumplimiento de toda la Ley. Este es el contenido de la predicaci?n de Pablo. ?l demuestra as? que el Dios de Abraham se convierte en el Dios de todos. Y todos los creyentes en Cristo Jes?s, como hijos de Abraham, se convierten en part?cipes de las promesas. En la misi?n de san Pablo se cumple la visi?n de Esteban.

La historia de Esteban nos dice mucho. Por ejemplo, nos ense?a que no hay que disociar nunca el compromiso social de la caridad del anuncio valiente de la fe. Era uno de los siete que estaban encargados sobre todo de la caridad. Pero no era posible disociar caridad de anuncio. De este modo, con la caridad, anuncia a Cristo crucificado, hasta el punto de aceptar incluso el martirio. Esta es la primera lecci?n que podemos aprender de la figura de san Esteban: caridad y anuncio van siempre juntos.

San Esteban nos habla sobre todo de Cristo, de Cristo crucificado y resucitado como centro de la historia y de nuestra vida. Podemos comprender que la Cruz ocupa siempre un lugar central en la vida de la Iglesia y tambi?n en nuestra vida personal. En la historia de la Iglesia no faltar? nunca la pasi?n, la persecuci?n. Y precisamente la persecuci?n se convierte, seg?n la famosa fase de Tertuliano, fuente de misi?n para los nuevos cristianos. Cito sus palabras: ?Nosotros nos multiplicamos cada vez que somos segados por vosotros: la sangre de los cristianos es una semilla? (?Apologetico? 50,13: ?Plures efficimur quoties metimur a vobis: semen est sanguis christianorum?). Pero tambi?n en nuestra vida la cruz, que no faltar? nunca, se convierte en bendici?n. Y aceptando la cruz, sabiendo que se convierte y es bendici?n, aprendemos la alegr?a del cristiano, incluso en momentos de dificultad. El valor del testimonio es insustituible, pues el Evangelio lleva hacia ?l y de ?l se alimenta la Iglesia. San Esteban nos ense?a a aprender estas lecciones, nos ense?a a amar la Cruz, pues es el camino por el que Cristo se hace siempre presente de nuevo entre nosotros.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. En espa?ol, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy queremos poner de relieve la figura de Esteban, testigo preclaro del Evangelio y primer m?rtir cristiano. El Nuevo Testamento lo muestra como el m?s representativo de los llamados ?siete di?conos?, a los cuales impusieron las manos los Ap?stoles, indicando as? que les confer?an un encargo, e imploraban sobre ellos la gracia divina para ejercerlo. Les encomendaron una tarea espec?fica: atender con equidad a los todos los necesitados de la comunidad cristiana, fueran de origen jud?o o griego.

Estos di?conos no s?lo se ocupaban del servicio caritativo: Esteban, sobre todo, proclam? tambi?n el Evangelio, interpretando de modo nuevo toda la historia del pueblo de Israel desde la perspectiva central de Cristo. Eso provoc? la persecuci?n y la condena a muerte, muriendo lapidado. Corrobor? as? su testimonio de fe derramando por ella su sangre. Hoy sigue ense??ndonos a no disociar el compromiso social del anuncio valiente de la fe, y a no decaer ante las dificultades, aunque nos cueste la vida.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola venidos de Latinoam?rica y de Espa?a. Que el ejemplo de san Esteban nos ense?e el valor insustituible del testimonio personal, al que nos conduce el Evangelio y del cual se alimenta la Iglesia.

Muchas gracias por vuestra presencia.

[? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Habla el Papa
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