Jueves, 11 de enero de 2007
Tema par la formación permanente de los presbíteros perteneciente al segundo trimestre (Segundo Encuentro).


ANEXO 6: LA TEOLOGÍA DEL EVANGELIO SEGÚN S. LUCAS

2º encuentro



1. La presencia de la salvación

1.1 En la teología de Lucas
PARA EL TRABAJO PERSONAL:

− Lectura de los relatos de Lc 23,33−46 y Hch 7,55−8,3
− Elementos paralelos que se perciben entre ambos relatos
− Diferencias que resultan más evidentes

En el doble relato de Lc−Hch una de las preocupaciones fundamentales del autor es subrayar que el tiempo de la iglesia no está ausente de la salvación que se ha hecho presente en la vida de Jesús y, sobre todo, en la novedad que ha supuesto el misterio pascual. Lucas lo hace dentro de las claves propias de su cultura. No presenta su «visión» a través de una explicación pormenorizada de las ideas, sino a través de una narración. Varios indicios nos permiten identificar esta pretensión:
− El libro de los Hechos de los Apóstoles comienza repitiendo el pasaje del final del evangelio.
− Los relatos que describen la iglesia primitiva están marcados por un optimismo, difícilmente explicable en ocasiones. Véase por ejemplo Hch 28,31 donde se dice de Pablo que anunciaba el evangelio libremente.
− Son disminuidos algunos de los conflictos que sabemos que atormentaron a la iglesia naciente. El pasaje de la asamblea de Jerusalén suaviza la dura problemática que nos es referida en los relatos paulinos. Sobre todo en la Carta a los Romanos y en la Carta a los Gálatas.
− El perfil del personaje Pablo es presentado con una condescendencia importante ante el mundo judío.
− El importante conflicto entre la línea más pro−judía y la línea más helenista es presentada como conflicto menor en el pasaje del nombramiento de los diáconos (Hch 6,1−7).
− En algunas ocasiones, el paralelismo entre Jesús y sus discípulos sorprende. No sólo el caso de Esteban, que muere como Jesús. Los paralelos asumen una radicalidad mayor en las menciones a los acontecimientos milagrosos. Como a Jesús, a los apóstoles se les presentan los enfermos de la región y los curan (28,9). Véase en ese sentido la curación del paralítico por parte de Pedro en 9,32-35 o la resurrección de Tabitá (9,36-42) y los ecos evangélicos evidentes. Resultan incluso más llamativas las menciones a hechos milagrosos que parecen superar a los del propio Jesús. Al discípulo parece protegérsele hasta del veneno (28,5). Pedro es capaz de curar con su propia sombra (5,15). Los pañuelos que han tocado a Pablo son capaces de curar (19,11-12), cosas que jamás habían sido afirmadas del propio Jesús.
− Un último elemento muy importante es la frecuencia con la que tanto Lc como Hch nos presentan el término griego dei, que significa «ser necesario». Toda la vida de Jesús como de la Iglesia está marcada por el «ser necesario» del designio de Dios.
Todos estos elementos evidenciados están al servicio de una enseñanza teológica: el avance de la iglesia ha de ser «necesariamente» fructuoso, porque cuenta con la presencia de la salvación. Y el retraso de la parusía no es un obstáculo para ello.
Sin embargo, hay algo fundamental que no conviene olvidar y que es perfectamente identificable en los relatos de la infancia y en el propio texto que hemos visto detenidamente de Esteban: lo que antes se predicaba del Dios de Israel, ahora se predica de Jesús. En sus manos Esteban entrega el Espíritu. Él supone una novedad que lo hace constituir un nuevo inicio con respecto al AT, por ello no se puede encontrar nunca con Juan el Bautista, que constituye el último personaje del AT.

1.2 En nuestra vida de presbíteros

(a) Lucas subraya el profundo paralelismo que existe entre la vida de Jesús y la vida de los discípulos como modo privilegiado de asegurar la presencia de la salvación. ¿Qué elementos centrales de la vida de Jesús, tal y como nos es presentado por Lucas deberían ser más nítidamente perceptibles en nuestra vida de presbíteros?

(b) La esperanza sobre la que se apoya la vida de la iglesia descansa en los escritos lucanos mucho más sobre la fuerza de la palabra que sobre la «destreza» de los anunciadores. ¿se percibe ese tono de esperanza en nuestra vida de creyentes y en la vida de nuestras comunidades?¿Qué aliento de esperanza podemos recibir de los escritos Lucanos?


ANEXO 7: ¿ESCRIBIÓ JUDAS UN EVANGELIO?

UN GRAN REVUELO


Entre el recorrido de las procesiones, y el eco de las celebraciones de la Semana Santa el año pasado se ha colado como invitado un revuelo sorprendente e inesperado. El elemento desencadenante ha sido un Documental que Nacional Geographic estrenó con un título tan sugerente como El evangelio prohibido de Judas y del que muchos medios de comunicación, en nuestro país y fuera de él, se han hecho eco. En el trasfondo de esa retransmisión televisiva latía una pregunta: «¿Pondrá este nuevo documento en tela de juicio la fe de las iglesias cristianas y, en particular, la de la Iglesia Católica?».

La emisión pasa a engrosar una lista no corta de artículos periodísticos, documentales, largometrajes y novelas con pretensión más o menos histórica que han visto la luz en los últimos años. Y pone de relieve el interés que en estos últimos años se ha despertado por la literatura apócrifa de los primeros siglos del Cristianismo .

A través de muchas de estas realizaciones se destila un mensaje: «la auténtica verdad del nacimiento del Cristianismo ha sido falseada por una iglesia que ha controlado las fuentes en las que basaba su fe. Es necesario sacar a la luz lo que ha sido escondido para encontrarnos con la realidad de los hechos».

A unos pocos días de distancia de la presentación de El Evangelio de Judas, cuando el impacto y la sorpresa inicial se suaviza, uno se pregunta cuál ha sido el impacto real que ha tenido esta noticia en la conciencia de los miembros de nuestra iglesia y en la de quienes, desde una cierta lejanía, miran desde fuera la fe y la vida de nuestras comunidades.

PERO, ¿QUÉ ES LO QUE SE HA ENCONTRADO?

El denominado Evangelio de Judas constituye un manuscrito de papiro de unas 13 hojas (escritas en el anverso y reverso). Es decir, un texto de unas 26 páginas de las cuales se ha logrado restaurar y descifrar aproximadamente el 85% de las mismas .

El texto fue hallado a finales de años 70, en una zona denominada Al-Minya, a orillas del Nilo . Probablemente, el hallazgo fuese el resultado casual de algún intento de profanación de tumbas en busca de tesoros. El número exacto de manos por las que el papiro pasó hasta el momento actual resulta imposible describirlo con exactitud. Del primer propietario del que tenemos noticia segura se sabe que sacó ilegalmente de Egipto el documento y lo guardó en una caja de seguridad de un banco de Long Island, en Nueva York, sin que intuyera la verdadera importancia del mismo.

Al final de los años noventa, un nuevo propietario se percata de la relevancia del Evangelio de Judas y, tras las pertinentes verificaciones, se toma conciencia de la antigüedad del escrito . En el año 2002 una fundación suiza compró y financió la restauración del manuscrito, cuyo resultado final es el que ahora se nos permite conocer .
La versión que se ha encontrado de este evangelio está escrita en copto. Se trata de una lengua, profundamente influenciada por el griego, difundida en Egipto en fecha contemporánea al Imperio Romano. En copto, en efecto, han llegado a nosotros otros numerosos escritos de los primeros siglos de nuestra época, vinculados más o menos directamente con el cristianismo naciente .

¿ES EL EVANGELIO DE JUDAS ABSOLUTAMENTE NOVEDOSO?

Si entendemos por novedoso que constituye un descubrimiento único, debemos afirmar que no. Se coloca dentro de serie de hallazgos de manuscritos antiguos realizados en Egipto. La llamada Biblioteca de Nag Hamadi, que vio la luz el año 1945 y que supuso el descubrimiento de manuscritos que se sitúan entre los siglos II y IV de nuestra era , constituye la colección más relevante. Esta serie de manuscritos posee una importancia incalculable para el estudio de la historia de las religiones. En particular para el estudio de un movimiento conocido como los gnósticos.

¿QUIÉNES ERAN ESTOS GNÓSTICOS?

Los gnósticos son grupos que tuvieron un importante desarrollo en los primeros siglos de nuestra época y que se ubicaron de modo relevante en Egipto. No es fácil definir sus contornos precisos . En su origen pueden detectarse influencias diversas: elementos iranianos y mesopotámicos, rasgos de platonismo y pitagorismo, elementos de tradición judía… Aunque sus antecedentes pueden ser evidenciados anteriormente, su eclosión se produce, sobre todo, a mediados del siglo II d. C.

El nombre de gnósticos les viene de la palabra griega gnosis, que significa conocimiento. En este conocimiento radica la posibilidad de la salvación, pero resulta accesible únicamente a un grupo reducido .

Su concepción del hombre es profundamente dualista. A ejemplo del mundo, el hombre está dividido en dos partes: la parte espiritual y la material. Pero, la parte material no es sólo inferior, como sostenía gran parte de la concepción griega, sino como absolutamente mala. El matrimonio, el cuerpo, el sexo son terminantemente malos, para los gnósticos .

El carácter elitista de los movimientos gnósticos hizo que no fueran excesivamente populares, y, era frecuente que sus documentos no se hicieran públicos en cuanto reveladores de un saber al que no todos podían acceder. Es posible que ello determinara que muchos de sus manuscritos permanecieran escondidos.


¿ES EL EVANGELIO DE JUDAS UN EVANGELIO GNÓSTICO?

Decididamente sí. Según el texto, Judas es el único que «conoce» mejor que nadie quién es Cristo. En un momento del evangelio, Jesús le dice: «apártate de los otros y te daré a conocer los secretos del reino. Podrás alcanzarlos, aunque para ello tengas que sufrir mucho». Porque Judas es el auténtico conocedor, a él le corresponderá la tarea de entregar a Jesús, porque sólo mediante la muerte, podrá ser liberado de su cuerpo. El texto dice exactamente: «sacrificarás el cuerpo del que estoy revestido».

La afirmación se encuentra en perfecta coherencia con el desprecio de lo material propio de las doctrinas gnósticas. De hecho, toda la humanidad despreciará a Judas. Sólo los verdaderos conocedores (gnósticos) sabrán que él es el auténtico elegido por Dios para hacer posible la entrega de Jesús.

Identificar este Evangelio de Judas con uno al que hace alusión S. Ireneo (en torno al año 180). Si eso fuese cierto, el original de nuestro texto se remontaría al siglo segundo de nuestra época y, probablemente hubiese sido escrito en griego . Este padre de la Iglesia, hablando de un grupo gnóstico llamado de los cainitas (pues se consideraban seguidores de Caín) nos dice que ellos creen: «que Judas el traidor conoció estas cosas y que solamente por haber conocido antes que los otros la verdad, consumó el misterio de la traición. Por él dicen, además, que fueron disueltas todas las cosas, celestiales y terrenas. Y aducen una ficción de este estilo, dándole por nombre el Evangelio de Judas».

¿APORTA ALGO IMPORTANTE EL EVANGELIO DE JUDAS?

Históricamente hay que decir que el Evangelio de Judas supone una ayuda inestimable para el conocimiento del mundo religioso de los dos o tres primeros siglos de nuestra época. Fundamentalmente, aporta datos de relevancia sobre la vida y doctrinas enraizadas en el gnosticismo.

Además, nos coloca en una situación histórica en la que la fe cristiana no era ni mayoritaria ni estrictamente fijada en sus contornos exactos. La iglesia naciente tuvo que coexistir con movimientos religiosos, que en ocasiones asumían elementos de su propia doctrina. Y tuvo que contemplar, no sin sufrimiento, cómo comunidades nacidas del anuncio de su fe, asumían elementos doctrinales que las iban separando del mensaje de Jesús, tal y como había sido recibido de los Apóstoles. Este recorrido, si bien doloroso, sirvió de ayuda en la tarea de dar cuerpo y formulación al conjunto de su fe. Esto, consecuentemente, trajo consigo su diferenciación de otros movimientos religiosos con los que coexistían.

Resulta más difícil, sin embargo, atribuir valor histórico al contenido exacto del Evangelio de Judas y a su interpretación del papel de Judas en la pasión de Jesús. No debemos olvidar que, aunque sobre el personaje de Judas se hayan cargado las tintas a lo largo de la historia, los escritos bíblicos no se detienen con demasiada precisión sobre él. Los escritos del Nuevo Testamento no coinciden ni sobre el porqué de la entrega de Jesús (Mc no da explicación; Mt dice que por dinero; Lc y Jn porque entró en él Satanás) ni sobre el modo en que murió (Mt nos relata que se ahorcó; Hechos de los Apóstoles dice que murió despeñado). Cuando se escriben los evangelios, Judas ya está muerto, y los escritos del Nuevo Testamento intentan dar una explicación a una traición que para ellos resulta escandalosa. El Evangelio de Judas lo que hace es informarnos de la interpretación gnóstica de ese hecho. Quizás nunca lleguemos a saber qué pasó por la cabeza de Judas cuando decidió entregar a Jesús .

¿QUÉ DESAFÍOS SUPONE PARA LA VIDA DE LA IGLESIA EL EVANGELIO DE JUDAS?

Yo me atrevería a sugerir dos desafíos para la vida de la Iglesia a partir de un hallazgo de este tipo y del eco que ha producido.

El primero es el de toparnos con una realidad histórica compleja. El nacimiento del cristianismo fue un proceso históricamente trabajoso, como lo es toda historia y fue el resultado de una comprensión paulatina de los elementos esenciales de la fe.

En varias ocasiones, en las páginas anteriores he hablado de diferentes escritos evangélicos. En efecto, junto a los cuatro evangelios bíblicos se conocen aproximadamente casi cuarenta evangelios apócrifos . Los evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron redactados en los decenios inmediatamente posteriores a la muerte y resurrección de Jesús . Su lectura y su uso en la liturgia atestiguan que las primitivas comunidades los consideraron expresión de la fe que profesaban. Con el tiempo, comenzaron a circular otras historias sobre Jesús de contenidos diversos. Algunas constituían narraciones piadosas; otras eran leyendas sin fundamento; otras servían de base a doctrinas claramente apartadas del cristianismo. Entre estas últimas se colocaría el Evangelio de Judas.

Estar atentos a esta complejidad histórica de los orígenes supone tomar conciencia de que la fijación de los libros bíblicos se hizo a la luz de la fe, la celebración y la vida de las distintas comunidades. Y aceptar ese proceso es, en el fondo, profesar que Dios va guiando la historia de la comunidad naciente en la comprensión del mensaje evangélico .
El segundo desafío se orienta a una mejor comprensión de los evangelios canónicos. El Evangelio de Judas parece cuestionar la «historia de lo sucedido tal y como nos la han contado». Eso con frecuencia nos pone nerviosos. Sin embargo, conviene entender que los escritos que van naciendo de la comunidad primitiva no son escritos de historia en el sentido estricto en el que lo entendemos ahora. Los evangelios no son biografías de Jesús. Y esto vale tanto para el Evangelio de Judas como para los de nuestras Biblias. No son crónicas periodísticas, ni reportajes que intentan reflejar minuto a minuto lo que Jesús hizo y dijo.

Son interpretaciones de los acontecimientos desde la fe que se profesa en las comunidades. Por eso ellos constituyen regla de fe, no de la historia. Con ello no se quiere decir que no se preocupen de lo que sucedió. Lo que queremos decir es que los hechos históricos son contemplados con el color que le da la Pascua; a la luz de lo que se ha transmitido de Jesús a través de los Apóstoles; con el brillo que le aporta la vida de la Iglesia. Cuando en el recorrido de la iglesia naciente, la comunidad no acepta como expresión de su fe un texto como el Evangelio de Judas no está realizando un acto arbitrario. Está decidiendo si lo que se expresa allí es conforme o no a lo cree y a lo que vive .

En este sentido, la publicación de este documento puede servirnos de ocasión propicia para acercarnos de modo más riguroso al conocimiento del papel, origen y mensaje de los escritos bíblicos. Si este camino se realizara en nuestras comunidades, la publicación de un nuevo documento antiguo constituiría un motivo para la alegría porque nos permitiría conocer el ambiente en el que comenzó a forjarse de modo preciso la fe que hoy seguimos profesando. Y, por supuesto, no habría razón para un revuelo como el que hemos vivido estos días.


ANEXO 8: EL CÓDIGO DA VINCI, ¿UN PROBLEMA PARA LA FE?


La historia comienza con un crimen sin resolver. Jacques Saunière, renombrado restaurador del Louvre, es asesinado en circunstancias extrañas. En su agonía, sin embargo, es capaz de trazar con su propia sangre un elaborado mapa de símbolos, que podría conducir hasta sus asesinos y desvelar el secreto motivo de su muerte. Afortunadamente se encuentra de paso por París Robert Langdom, profesor de simbología religiosa de la Universidad de Harvard, a quien recurre la policía judicial francesa para descifrar la enigmática escena del crimen. Al cabo de cincuenta páginas se incorpora a la investigación Sophie Neveu, agente del Departamento de Criptografía, que resulta ser nieta del famoso restaurador. Impulsados por una serie de acontecimientos, ambos emprenderán una huida hacia adelante, que irá desvelando, enigma tras enigma, el misterio custodiado desde los mismísimos orígenes del Cristianismo por el Priorato de Sión, una sociedad secreta a la que perteneció, entre otros, Leonardo da Vinci y de la que Saunière es el último gran maestre. La revelación de este secreto supone un peligro grave para la supervivencia de la Iglesia. El Vaticano y el Opus Dei lo saben y harán todo lo posible para impedir que salga a la luz.
He aquí, en sus líneas generales, la trama del Código da Vinci, la famosa novela de Dan Brown, que bate records de ventas en todo el mundo y que ya se encuentra en la gran pantalla. La trama tiene todos los ingredientes de un género bien conocido: la novela negra. Un crimen sin resolver, un enigma que desentrañar, un ritmo trepidante que capta la atención del lector, deseoso de averiguar, por fin, cuál es el secreto que tan celosamente custodiaba Jacques Saunière y sus tres senéchaux, asesinados antes que él.
Algunos críticos literarios le han puesto mala nota. Juan Manuel de Prada, por ejemplo, en una columna publicada en el diario ABC el día 4 de marzo de este año, describe su lectura como una experiencia "abracadabrante" y afirma que se trata de uno de los libros más toscos que nunca hayan caído en sus manos. Sin embargo, los lectores, que se cuentan ya por decenas de millones, le han dado un sobresaliente. Es el fenómeno editorial del momento, un momento que dura ya más de dos años. >

El entusiasmo y el interés que ha despertado este libro entre sus lectores llegan a tal punto, que para muchos de ellos la ficción se ha convertido en realidad. En sus páginas han encontrado, por fin, la verdadera historia de los orígenes del Cristianismo y la clave para desenmascarar las mentiras sobre las que la Iglesia católica ha construido su posición del poder. Es cierto que Dan Brown contribuye a esta ceremonia de la confusión cuando afirma, en la breve introducción sobre la naturaleza de los hechos narrados, que "todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces" (11).

Hacia la mitad del libro, el autor desvela las claves que determinan su reconstrucción de los orígenes del Cristianismo. Es entonces cuando los protagonistas del relato se encuentran con Sir Leigh Teabing, un noble inglés a quien se presenta como personaje ilustrado. En las páginas precedentes Brown ha abonado el terreno, depositando en la mente del lector muchas preguntas sin respuesta. En esta larga conversación, que dura casi diez capítulos (caps. 56-65, pp. 280-347), comienzan a desvelarse las causas de la muerte de Sauniére y de la trama que la ha provocado. Una de ellas es la "mentira" sobre la que se asienta la explicación eclesiástica de los orígenes del Cristianismo.

El Cristianismo, según Teabing, fue una construcción del emperador Constantino, que vio en la naciente religión un instrumento ideal para consolidar su poder. Fue él quien consiguió que Jesús fuera reconocido como Dios en el concilio de Nicea a comienzos del siglo cuarto. Antes de él -siempre según Teabing- Jesús era considerado un hombre grande y poderoso, pero sólo un hombre. Constantino, y la Iglesia cristiana después de él, ocultaron cuanto pudieron esta condición humana de Jesús. Ocultaron, sobre todo, su relación con María Magdalena, que dio lugar a una estirpe regia, cuya protección es, hasta el presente, el principal cometido del Priorato de Sión. Para enterrar de forma efectiva la memoria de este Jesús humano, Constantino y la Iglesia realizaron una escrupulosa selección de las memorias sobre Jesús, los evangelios, conservando sólo aquellos que reconocían su divinidad y desechando los que le consideraban simplemente humano.

Esta reconstrucción de los orígenes del Cristianismo combina hábilmente el dato histórico del llamado "giro constantiniano" con otra serie de afirmaciones de dudoso valor que se cobijan bajo su sombra. Nadie puede negar que el reconocimiento del Cristianismo por parte de Constantino fue un hecho determinante, pero decir que el Cristianismo fue una invención suya, afirmando que Jesús estuvo casado con María Magdalena, que su divinidad fue reconocida sólo en el siglo cuarto y que la selección de los cuatro evangelios canónicos fue un hecho totalmente arbitrario, es algo muy distinto. El lector avisado sabe que estas afirmaciones forman parte de la ficción de la novela, pero muchos las han tomado al pie de la letra, convirtiendo la ficción en realidad. Muchos otros se ven asaltados por la duda; no saben con certeza qué valor tienen estas afirmaciones y se preguntan: ¿Hay en ellas algo de verdad?

Consideremos, en primer lugar, la afirmación de que el reconocimiento de la divinidad de Jesús fue el resultado de una apretada votación en el concilio de Nicea, unos trescientos años después de su muerte. Así se lo revela Sir Teabing a Sophie Neveu:

"ST: Hasta ese momento de la historia, Jesús era, para sus seguidores, un profeta mortal. Un hombre grande y poderoso, pero un hombre, un ser mortal.
SN: ¿No el Hijo de Dios?
ST: Exacto. El hecho de que Jesús pasara a considerarse 'el Hijo de Dios' se propuso y se votó en el Concilio de Nicea.
SN: Un momento. ¿Me está diciendo que la divinidad de Jesús fue el resultado de una votación?
ST: Y de una votación muy ajustada, por cierto. Con todo, establecer la divinidad de Cristo era fundamental para la posterior unificación del imperio y para el establecimiento de la nueva base del poder en el Vaticano. Al proclamar oficialmente a Jesús como Hijo de Dios, Constantino lo convirtió en una divinidad que existía más allá del alcance del mundo humano, en una entidad cuyo poder era incuestionable. Así no sólo se sofocaban posibles amenazas paganas al Cristianismo, sino que ahora los seguidores de Cristo sólo podían redimirse a través de un canal sagrado bien establecido: la Iglesia católica apostólica romana." (290)

Dejemos a un lado el evidente anacronismo que supone hablar en el siglo cuarto de la "iglesia católica apostólica romana" y de su "base de poder en el Vaticano", y vayamos a la afirmación fundamental: antes de Constantino Jesús no era considerado Dios por sus seguidores. Para desmentirla de forma rotunda bastaría mencionar una monografía de casi mil páginas publicada hace dos años por Larry Hurtado, profesor de la Universidad de Edimburgo. No es que este tema se haya aclarado recientemente, sino que esta obra, recogiendo los resultados de otros muchos estudios precedentes, muestra de forma convincente cómo los primeros cristianos reconocieron muy desde el principio la condición divina de Jesucristo. Este libro examina los testimonios de los dos primeros siglos del Cristianismo, en los que aparece de forma evidente este reconocimiento temprano de la divinidad de Jesús, que Dan Brown, por boca de Sir Teabing, sitúa en el siglo cuarto.
Como ejemplo de este reconocimiento temprano puede citarse un antiquísimo himno cristiano, que San Pablo evoca en su Carta a los Filipenses:

"[Cristo Jesús], siendo de condición divina,
no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios.
Al contrario, se despojó de su grandeza,
tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres.
Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo
haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está por encima de todo nombre,
para que ante el nombre de Jesús doble la rodilla
todo lo que hay en los cielos, en la tierra y en los abismos,
y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre."
(Flp 2,6-11)

La Carta a los Filipenses fue escrita en los años cincuenta, de modo que este himno es anterior a esa fecha. Esto significa que en las comunidades paulinas se confesaba con toda claridad la divinidad de Jesucristo en los años inmediatamente posteriores a su muerte. Los testimonios acerca de la antigüedad de esta convicción entre los primeros cristianos podrían multiplicarse aduciendo textos de otras tradiciones cristianas, todos ellos del siglo primero, pero es un dato tan evidente que no requiere, a mi modo de ver, más comentario. La inmensa mayoría de los escritos contenidos en el Nuevo Testamento, incluidos los evangelios, fueron compuestos en el siglo primero, y en todos ellos encontramos una confesión explícita de la divinidad de Jesucristo.
Dejaremos para el final la más "morbosa" de las tres afirmaciones antes mencionadas (la relación de Jesús con María Magdalena) para detenernos brevemente en la que sostiene que los evangelios canónicos, es decir, los que tenemos en nuestras biblias, fueron seleccionados tendenciosamente. Escuchemos de nuevo lo que dice el ilustrado Sir Teabing sobre el tema:

"Jesús fue una figura histórica de inmensa influencia. Es comprensible que miles de seguidores de su tierra quisieran dejar constancia escrita de su vida. Para la elaboración del Nuevo Testamento se tuvieron en cuenta más de ochenta evangelios, pero sólo unos acabaron incluyéndose, entre los que estaban los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan" (288)
"Los Manuscritos del Mar Muerto se encontraron en la década de 1950 en una cueva cercana a Qumrán, en el desierto de Judea. Y también están, claro ésta, los manuscritos coptos hallados en Nag Hammdi en 1945. Además de contar la verdadera historia del Grial, esos documentos hablan del ministerio de Cristo en términos muy humanos. Evidentemente, el Vaticano, fiel a su tradición oscurantista, intentó por todos los medios evitar la divulgación de estos textos." (291-2)
De nuevo tenemos que pasar por alto una serie de "detalles" que no tienen fundamento alguno, para centrarnos en la afirmación central. Dejaremos a un lado la afirmación de que los Manuscritos del Mar Muerto hablan del ministerio de Cristo, pues como todo el mundo sabe, estos textos no mencionan nunca a Jesús. Tampoco nos detendremos en la tesis de que el Vaticano intentó por todos los medios evitar la divulgación de estos textos y de los hallados en Nag Hammadi, pues, como es bien sabido, la publicación de estos textos ha estado en manos de los expertos y no del Vaticano.

La afirmación central, como en el caso anterior, se sustenta sobre un dato histórico: de entre los diversos evangelios escritos en los primeros grupos cristianos, sólo cuatro entraron a formar parte del Nuevo Testamento. Pero bajo esta afirmación se cobijan otras que son claramente falsas. No se puede decir, en absoluto, que los códices hallados en Nag Hammadi y los rollos de Qumrán fueron los "primeros documentos del Cristianismo" (p. 305). Tampoco es cierto que los evangelios no incluidos en el canon hablen de un Jesús más humano que los evangelios canónicos.

Ya hemos aclarado que los Manuscritos del Mar Muerto no hablan en absoluto de Jesús, sino de un grupo judío, probablemente la secta de los esenios. Los códices hallados en Nag Hammadi contienen diversos tratados, la mayoría de ellos de carácter gnóstico, escritos en copto durante el siglo cuarto. Algunos de estos tratados son traducción de textos originalmente escritos en griego durante el siglo segundo. El caso más emblemático y conocido es el del Evangelio de Tomás, una colección de dichos y anécdotas de Jesús, que tienen importantes paralelos con la tradición recogida en los evangelios sinópticos.

El problema con estos textos es que muchos hablan de ellos, pero pocos los han leído. Este mismo mes se ha anunciado a bombo y platillo el descubrimiento de un evangelio del que tan sólo teníamos algunas noticias por San Ireneo: el Evangelio de Judas. Mucha gente está hablando de él, pero casi nadie lo ha leído. Cuando se leen estos textos, enseguida se percibe que su mundo de ideas refleja la mentalidad y las preocupaciones de grupos sectarios muy reducidos durante el siglo segundo. Los evangelios canónicos, sin embargo, reflejan la situación de Palestina en el siglo primero, es decir, el mundo en que vivió Jesús, y desde luego se refieren a su condición humana mucho más que los evangelios gnósticos. Hubo una selección. Es cierto. Pero no fue tan arbitraria ni tan tardía como afirma el ilustrado estudioso de la novela de Dan Brown. La selección la fueron haciendo, con gran sensatez, las comunidades cristianas del siglo segundo, ante la proliferación de evangelios que supuestamente contenían revelaciones ocultas. Hacia mediados del siglo segundo, y con toda certeza a comienzos del tercero, el canon de los evangelios estaba fijado. Gracias a ello se conservaron los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que son los más antiguos y los más cercanos a Jesús en todos los sentidos.

Las afirmaciones de Dan Brown sobre el papel de Constantino en el reconocimiento de la divinidad de Jesucristo y en la formación del canon del Nuevo Testamento carecen, por tanto, de fundamento y sólo pueden comprenderse como parte de una ficción literaria. Pero, ¿Puede decirse lo mismo de la relación de Jesús con María Magdalena? Sobre ella se asienta toda la trama de la novela, pues el Santo Grial no es otra cosa que la descendencia de ambos, la sangre real, el Sangreal.

Cedamos de nuevo la palabra al ilustrado Sir Teabing, que relaciona la purga de los evangelios con el deseo de ocultar el aspecto más humano de Jesús:

"La Iglesia primitiva necesitaba convencer al mundo de que Jesús, el profeta mortal, era un ser divino. Por tanto, todos los evangelios que describieran los aspectos 'terrenales' de su vida debían omitirse en la Biblia. Por desgracia para aquellos primeros compiladores, había un aspecto 'terrenal' especialmente recurrente en los evangelios: Maria Magdalena. y más concretamente su matrimonio con Jesús" (303-304)
María Magdalena es una figura fascinante y compleja. La tradición más antigua sobre ella se encuentra en los relatos de la pasión, y de forma especial en el relato de la tumba vacía. Ella y otras mujeres reciben el encargo de anunciar a los discípulos que Jesús ha resucitado. En el evangelio de Juan este encargo se le confía solo a ella, y este hecho le valió más tarde el título de "apostola apostolorum", apóstol de los apóstoles. Los evangelios canónicos, los más antiguos, la presentan, por tanto, como discípula de Jesús y testigo de su resurrección.

Sin embargo, en el siglo segundo la memoria de María Magdalena fue reivindicada por algunos círculos gnósticos, que vieron en ella la depositaria de revelaciones sobre la verdadera gnosis, es decir, sobre el verdadero conocimiento. Existe un Evangelio de María, que Sir Teabing cita como prueba de sus afirmaciones (307-8). Es un texto muy breve de apenas tres páginas, en el que se describe la relación entre Jesús y María en términos de conocimiento y amor. Pedro, por ejemplo, se dirige a ella con estas palabras:

"Hermana, sabemos que el Salvador te amaba más que a las demás mujeres. Dinos sus palabras, que tú, no nosotros, conoces y recuerdas" (EvMar 8)

De María se habla también en el Evangelio de Felipe, otro escrito gnóstico del siglo tercero, que obviamente cita Sir Teabing (p. 306). El pasaje citado tiene ciertas lagunas debidas al deterioro del códice, pero puede reconstruirse con bastante seguridad. Según la versión de Santos Otero dice así:

"La compañera de[l Señor fue] María Magdalena. [Pero Cristo la amó] a ella más que a todos los discípulos y la besaba a menudo en [la boca]. El resto de [los discípulos se ofendieron y expresaron su desaprobación]. Le dijeron: ¿Por qué la amas a ella más que a todos nosotros. Y el Salvador les respondió: ¿Por qué no os amo a vosotros como a ella? (EvFel II.363,34-64,5).

Este pasaje se interpreta en la novela sin tener en cuenta su contexto. Si Jesús besaba a María en la boca es que tenía con ella una relación íntima. Pero en el mismo Evangelio de Felipe, Jesús besa también a los discípulos en la boca. ¿Deberíamos deducir de esto que Jesús era homosexual, o incluso bisexual? Insisto en que hay que leer los textos, porque si se lee el Evangelio de Felipe se descubre que el beso era una metáfora para expresar la comunicación del conocimiento que libera al gnóstico de su prisión en la carne:

"El perfecto -leemos en el Evangelio de Felipe- concibe y da a luz [el conocimiento] a través del beso, y por ello nos besamos unos a otros" (EvFel II.3.59,1-2).
La figura de María Magdalena evocada en estos textos y su papel en los comienzos del Cristianismo han dado lugar recientemente a especulaciones sensacionalistas que siguen la estela del Código Da Vinci. Juan Arias publicó el año pasado una biografía de la Magdalena, que El País (8 de Noviembre de 2005, p. 38) anunció con una larga entrevista encabezada por este titular: "Si se quiebra el tabú de Magdalena, llega la revolución a la Iglesia". Un autor más documentado, Bruce Chilton, evalúa así las modernas teorías sobre la relación de María Magdalena con Jesús:

"El estudio moderno de María Magdalena ha heredado la ambivalencia cristiana y gnóstica hacia las mujeres y la sexualidad. El resultado es que, incluso cuando se quiere subrayar la importancia de María, a menudo se hace a costa de su identidad histórica. En la cultura popular se ha convertido en un símbolo sexual, la consorte de Jesús, una adepta tántrica o la copa sagrada para su semilla, y de este modo se ha marginado, distorsionado o ignorado su influjo, porque todo lo que importa saber es si tuvo relaciones sexuales con Jesús o no" (p. xiv).

Lo que dicen los evangelios apócrifos sobre María Magdalena y su relación con Jesús refleja la situación de los círculos en que éstos se escribieron, no la relación que de hecho tuvieron durante el ministerio de Jesús. La noticia de que Jesús y María tuvieron descendencia es absolutamente desconocida para el cristianismo antiguo.

Debemos concluir, por tanto, que la reconstrucción de los orígenes del Cristianismo propuesta por Brown a través de las doctas palabras de Sir Teabing es una ficción literaria. Pero, dado que muchos han tomado esta ficción como la recuperación de una verdad secularmente ocultada, debemos preguntarnos por qué se ha producido esta asombrosa metamorfosis. Ciertamente no puede explicarse del todo por la habilidad literaria del autor ni por su erudición, que, al menos en lo que se refiere al cristianismo antiguo, deja mucho que desear. Tampoco puede explicarse sólo por la extendida ignorancia acerca de estos temas, ciertamente complejos y por ello fácilmente manejables para inventar secretas tramas y ocultos complots. Estos dos factores son una buena combinación que explica parte del éxito de la novela y la asombrosa metamorfosis a que ha dado lugar. Pero no son el factor determinante, sencillamente porque no es la primera vez que una novela combina estos ingredientes.
El factor determinante es, a mi modo de ver, otro. Dan Brown ha logrado proponer de forma convincente, para quienes estaban interesados en ello, una reconstrucción del pasado que redefine el papel de la religión mayoritaria de occidente. Probablemente no ha sido esta su intención, pero la forma en que ha sido recibida su novela ha producido este efecto. Lo más relevante de todo este fenómeno no es la novela en sí, sino su "recepción", que invita a algunas reflexiones.

Los sociólogos descubrieron hace ya tiempo que los seres humanos no nos relacionamos con la realidad en sí misma, sino con la realidad socialmente construida, es decir, con la representación de la misma que un grupo humano o una sociedad elabora con el paso del tiempo para poder manejarse más fácilmente en ella. Este descubrimiento básico se ha aplicado a muchos campos. Uno en el que ha sido especialmente fecundo es el de los estudios sobre la memoria social. Maurice Hallbwachs, un discípulo de Henri Bergson y Emile Durkheim, estudió hace más de medio siglo este fenómeno y mostró que los grupos construyen y reconstruyen su pasado guiados, en parte, por los intereses y preocupaciones de las situaciones que viven en el presente. La recuperación del pasado no es nunca inocente, porque un grupo o una sociedad son, en gran medida, aquello que recuerdan acerca de sí mismos. Dicho de otra forma, la memoria social es un elemento determinante de la identidad social.

El hecho de que la reconstrucción de los orígenes del Cristianismo realizada por Dan Brown de forma tosca en el marco de un relato de ficción se haya convertido para muchos en una interpretación autorizada del surgimiento del Cristianismo, que es la religión mayoritaria de Occidente, es muy significativo. Es obvio que han sido las preocupaciones y las circunstancias que viven los lectores las que han obrado esta transformación. La creciente desconfianza en la Iglesia, el deseo de liberarse de una tutela que se percibe como limitadora de la propia libertad, o la necesidad de rebelarse contra normas y marcos de convivencia opresivos, no son ajenos a la recepción que han dispensado los lectores a la reconstrucción de los orígenes del Cristianismo esbozada en la novela de Dan Brown.

Muchos de estos lectores "creen" esta reconstrucción porque en ella se cuestiona la legitimidad de la Iglesia de la forma más radical, pues al reconstruir de forma diferente sus orígenes se redefine su misma identidad. Si la divinidad de Jesús y, en definitiva, la fundación de la Iglesia fueron obra de Constantino, y si la principal preocupación de los dirigentes eclesiásticos ha sido ocultar la verdad sobre sus orígenes, entonces todo lo que ellos digan estará guiado por el deseo de conservar su propia posición de poder, y por tanto no merecen ser escuchados.

Esta forma de representar los orígenes del Cristianismo tiene el efecto de borrar uno de los elementos que constituyen la identidad colectiva de las sociedades occidentales. Si el Cristianismo fue una invención, entonces podemos prescindir de él a la hora de construir nuestra identidad como sociedad emancipada de toda tutela. En este sentido, la recepción del Código da Vinci es un fenómeno social relacionado con la reciente discusión acerca de la mención de las raíces cristianas en la Constitución europea. El Occidente post-cristiano quiere borrar de su memoria compartida sus orígenes cristianos y la mejor forma de hacerlo consiste en estigmatizarlos.

Lo que a mi modo de ver revela la recepción del Código da Vinci, lo mismo que las publicaciones pretendidamente científicas que tratan sobre sociedades ocultas, secretos escondidos o perversas tramas eclesiásticas es una reacción adversa frente a la religión institucionalizada, que en Occidente se identifica con la Iglesia católica y sobre todo con el Vaticano. Es admirable que una sociedad cada vez más crítica en su análisis de la realidad, reciba con agrado estas interpretaciones tendenciosas y carentes de rigor histórico de sus propias raíces. Lo nuevo del fenómeno Da Vinci no es el hecho de haber propuesto una de estas interpretaciones, sino que el intento haya logrado, en muchos casos, convertir la ficción en realidad.

NOTAS

1. La razón de este nombre se encuentra en el hecho del protagonismo que Judas asume en el escrito. En ningún momento se afirma que Judas sea su autor.
2. Más adelante explicaremos el significado exacto de esta palabra.
3. En el campo de la literatura cabría mencionar la saga El caballo de Troya de J.J. Benítez, El Evangelio según Jesucristo de José Saramago y, sobre todo, el reciente éxito editorial El código da Vinci de Dan Brown. En el campo cinematográfico, por ceñirnos a los últimos años, podríamos mencionar las películas Estigma y El Cuerpo al que se sumará inmediatamente Código da Vinci, protagonizado por Tom Hanks.
4. El papiro es una planta muy alta, difusamente extendida en Egipto y que actualmente podemos encontrar en Sicilia y en el valle del Jordán. Con tiras de 20 a 30 cm de largo por 6 cm de ancho, sacadas de la pulpa del tallo y colocadas de forma transversal, unas sobre otras, se confeccionaban hojas que se utilizaban para la escritura. Al ser de origen vegetal, los manuscritos de papiro son muy sensibles a la humedad; por esta razón, salvo raras excepciones, únicamente el clima excepcionalmente seco de Egipto hizo posible la conservación de los papiros. En el origen de nuestra palabra papel se encuentra el término papiro.
5. La traducción inglesa del texto se puede obtener en la página Web de National Geographic y consta de siete páginas.
6. No es fácil determinar el lugar exacto del hallazgo. Como se dirá más adelante, la obra no fue encontrada por especialistas que supiesen calibrar su importancia. Se trataba, más bien, de mercaderes que intentaron sacar rendimiento económico a la misma. Sólo cuando comienza el estudio serio del documento se intenta precisar la gruta exacta del hallazgo, pero el propio documental televisivo en el que se narra la historia reconoce que es imposible la ubicación exacta del mismo. Se llega al máximo a la delimitación más o menos amplia de la zona.

7. La información que se ha difundido, fruto del análisis del manuscrito mediante la técnica del Carbono 14 lo sitúa en la franja que se extiende entre el año 250 y el 300 de nuestra era.
8. Es muy probable que en fechas no lejanas asistamos a una publicación del texto manuscrito y algún comentario al mismo. Aunque no sabemos con exactitud el tipo de difusión escrita que se hará del Evangelio de Judas, podemos presagiar que si adopta tintes de divulgación nos encontraremos ante un éxito de ventas.
9. Uno de los ejemplos más relevantes lo constituye el Evangelio de Tomás. Posiblemente fue escrito originariamente en griego y luego traducido al copto. Se trata del documento sobre el que se novela en la película Estigma. El largometraje, falsea los datos cuando afirma su escritura en arameo y cuando proclama que el documento ha sido objeto de ocultamiento sistemático por parte de la Iglesia Católica. Cualquier visita a una librería religiosa desmentiría tal afirmación.
10. Entre otros documentos, se encontró en ella el denominado Evangelio copto de Tomás del que ya hemos hablado.
11. De hecho, en ocasiones puede hablarse de gnósticos cristianos, pero en otros casos se sitúan más próximos al judaísmo o incluso a movimientos de inspiración filosófica.

12. La variedad de orientaciones y escuelas es perfectamente detectable en el movimiento gnóstico. En líneas generales, no obstante, suele aceptarse que el mundo material es una especie de mixto cósmico, en el que algunas chispas de la divinidad se encuentran atrapadas por la materia. Escapar de dicha materia sólo es posible cuando se adquiere conciencia del propio origen divino. La salvación, por tanto, no es obra de Dios, sino una especie de autosalvación que se obtiene por la conciencia de tener una chispa divina.
13. De hecho, algunas corrientes gnósticas sostenían que el cuerpo no había sido creado por Dios, sino por un Dios malo o por el propio Satanás.
14. S. Ireneo es uno de los personajes principales de la Iglesia de la Galia (actual Francia) de finales del siglo II de nuestra era.
15. No se puede afirmar, no obstante, categóricamente que fuese éste el texto que conoció Ireneo. Tendremos que esperar a estudios comparativos de mayor profundidad para poder dirimir la cuestión con una cierta seguridad.

16. Según este movimiento gnóstico Caín habría sido un «conocedor», y a él le correspondería el elogio, porque asesinando a Abel, lo liberó de su cuerpo, que como ya sabemos, era considerado negativamente por los gnósticos.
17. Lo que parece muy difícil de aceptar es que Judas estuviese predestinado a entregar a Jesús y no tuviese libertad para sustraerse a su destino. Si fuese así, Judas sería una auténtica marioneta en manos de Dios, y no sería responsable de su acto.

18. Apócrifo es una palabra griega que significa literalmente escondido. Es un término que se utilizó para designar el conjunto de escritos que la comunidad eclesial no aceptó como expresión de su fe. Precisamente por ello, con el transcurrir del tiempo, apócrifo casi se convirtió en sinónimo de falso. Su gran número (no todos denominados evangelios) impide que los consideremos un todo homogéneo. En su mayoría se trata de escritos tardíos, nacidos con diferentes intencionalidades y no siempre fruto de comunidades cristianas, aunque sí con una influencia del mensaje evangélico.
19. Probablemente en el arco de tiempo que va entre el año 65 y el 100 de nuestra era).
20. Este proceso llevó a la fijación de lo que se conoce por canon. Canon es una palabra que significa medida. Se denomina canon de la Escritura al conjunto de escritos que contienen nuestras biblias en virtud de que son «medida, regla de nuestra fe».

21. Permítaseme un ejemplo, no exacto, pero que puede darnos una idea aproximada de lo que queremos decir. Con motivo de la todavía no terminada Guerra de Irak, numerosas personas se movilizaron en contra de la misma. Algunas de ellas crearon grupos que en torno a la palabra paz, elaboraron sus idearios por escrito. En la misma época en la que se elaboraban estos estatutos de grupos pacifistas, se publicaron también algunos documentos que defendían la intervención armada. ¿Podríamos decir que los pacifistas habrían debido aceptar esos documentos contemporáneos justificadores de la guerra como expresión de su ideario, simplemente porque eran de la misma época? Sin duda no, porque escritos justificadores de la guerra no eran expresión de lo que creían y de aquello por lo que luchaban. El proceso de fijación de los escritos sagrados en la Iglesia, aunque de modo más lento, puede decirse que se produjo de manera análoga. ¿Estaba obligada la primera comunidad a aceptar como sagrados escritos que proponían contenidos opuestos a lo que era su vida y su fe, simplemente porque eran aproximadamente de la misma época?


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