Viernes, 12 de enero de 2007
Mensaje que ha escrito Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial del Enfermos, que se celebrar? el 11 de febrero de 2007, memoria lit?rgica de Nuestra Se?ora de Lourdes, en Se?l, Corea.


Queridos hermanos y hermanas:
El 11 de febrero de 2007, d?a en que la Iglesia celebra la memoria lit?rgica de Nuestra Se?ora de Lourdes, tendr? lugar en Se?l, Corea, la XV Jornada mundial del enfermo. Se llevar?n a cabo una serie de encuentros, conferencias, asambleas pastorales y celebraciones lit?rgicas con representantes de la Iglesia en Corea, con el personal de la asistencia sanitaria, as? como con los enfermos y sus familias.

Una vez m?s la Iglesia vuelve sus ojos a quienes sufren y llama la atenci?n hacia los enfermos incurables, muchos de los cuales est?n muriendo a causa de enfermedades terminales. Se encuentran presentes en todos los continentes, particularmente en los lugares donde la pobreza y las privaciones causan miseria y dolor inmensos. Consciente de estos sufrimientos, estar? espiritualmente presente en la Jornada mundial del enfermo, unido a los participantes, que discutir?n sobre la plaga de las enfermedades incurables en nuestro mundo, y alentando los esfuerzos de las comunidades cristianas en su testimonio de la ternura y la misericordia del Se?or.

La enfermedad conlleva inevitablemente un momento de crisis y de seria confrontaci?n con la situaci?n personal. Los avances de las ciencias m?dicas proporcionan a menudo los medios necesarios para afrontar este desaf?o, por lo menos con respecto a los aspectos f?sicos. Sin embargo, la vida humana tiene sus l?mites intr?nsecos, y tarde o temprano termina con la muerte.

Esta es una experiencia a la que todo ser humano est? llamado, y para la cual debe estar preparado.

A pesar de los avances de la ciencia, no se puede encontrar una curaci?n para todas las enfermedades; por consiguiente, en los hospitales, en los hospicios y en los hogares de todo el mundo nos encontramos con el sufrimiento de numerosos hermanos nuestros enfermos incurables y a menudo en fase terminal. Adem?s, muchos millones de personas en el mundo viven a?n en condiciones insalubres y no tienen acceso a los recursos m?dicos necesarios, a menudo del tipo m?s b?sico, con el resultado de que ha aumentado notablemente el n?mero de seres humanos considerados "incurables".

La Iglesia desea apoyar a los enfermos incurables y en fase terminal reclamando pol?ticas sociales justas que ayuden a eliminar las causas de muchas enfermedades e instando a prestar una mejor asistencia a los moribundos y a los que no pueden recibir atenci?n m?dica. Es necesario promover pol?ticas que creen condiciones que permitan a las personas sobrellevar incluso las enfermedades incurables y afrontar la muerte de una manera digna. Al respecto, conviene destacar una vez m?s la necesidad de aumentar el n?mero de los centros de cuidados paliativos que proporcionen una atenci?n integral, ofreciendo a los enfermos la asistencia humana y el acompa?amiento espiritual que necesitan. Se trata de un derecho que pertenece a todo ser humano y que todos debemos comprometernos a defender.

Deseo apoyar los esfuerzos de quienes trabajan diariamente para garantizar que los enfermos incurables y en fase terminal, juntamente con sus familias, reciban una asistencia adecuada y afectuosa.

La Iglesia, siguiendo el ejemplo del buen samaritano, ha mostrado siempre una solicitud particular por los enfermos. A trav?s de cada uno de sus miembros y de sus instituciones, sigue estando al lado de los que sufren y de los moribundos, tratando de preservar su dignidad en esos momentos tan significativos de la existencia humana. Muchas de esas personas -profesionales de la asistencia sanitaria, agentes pastorales y voluntarios- e instituciones en todo el mundo sirven incansablemente a los enfermos, en hospitales y en unidades de cuidados paliativos, en las calles de las ciudades, en proyectos de asistencia a domicilio y en parroquias.

Ahora me dirijo a vosotros, queridos hermanos y hermanas que sufr?s enfermedades incurables y terminales. Os animo a contemplar los sufrimientos de Cristo crucificado, y, en uni?n con ?l, a dirigiros al Padre con plena confianza en que toda vida, y la vuestra en particular, est? en sus manos. Confiad en que vuestros sufrimientos, unidos a los de Cristo, resultar?n fecundos para las necesidades de la Iglesia y del mundo.

Pido al Se?or que fortalezca vuestra fe en su amor, especialmente durante estas pruebas que est?is afrontando. Espero que, dondequiera que est?is, encontr?is siempre el aliento y la fuerza espiritual necesarios para alimentar vuestra fe y acercaros m?s al Padre de la vida. A trav?s de sus sacerdotes y de sus agentes pastorales, la Iglesia desea asistiros y estar a vuestro lado, ayud?ndoos en la hora de la necesidad, haciendo presente as? la misericordia amorosa de Cristo hacia los que sufren.

Por ?ltimo, pido a las comunidades eclesiales en todo el mundo, y particularmente a las que se dedican al servicio de los enfermos, que, con la ayuda de Mar?a, ?Salus infirmorum?, sigan dando un testimonio eficaz de la solicitud amorosa de Dios, nuestro Padre.

Que la sant?sima Virgen Mar?a, nuestra Madre, conforte a los que est?n enfermos y sostenga a todos los que han consagrado su vida, como buenos samaritanos, a curar las heridas f?sicas y espirituales de quienes sufren. Unido a cada uno de vosotros con el pensamiento y la oraci?n, os imparto de coraz?n mi bendici?n apost?lica como prenda de fortaleza y paz en el Se?or.

Vaticano, 8 de diciembre de 2006

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 22:49  | Habla el Papa
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