S?bado, 13 de enero de 2007
Explicaci?n de las distintas reflexiones para cada de?a del Octavario de Oraciones por la Unidad de los Cristianos, como se puede leer en el folleto de este a?o de 2007


EL OCTAVARIO


El libro del G?nesis comienza por las palabras de la creaci?n que pronuncia Dios. Rompiendo el silencio, la palabra de Dios surge del caos. Es una palabra eficaz, que realiza lo que afirma, es decir, la vida. Dios habla y la creaci?n nace. Dios habla y los seres humanos toman forma a su imagen y semejanza. Dios habla en la historia y los seres humanos est?n invitados a entrar en su alianza. Del mismo modo, el Evangelio de Juan comienza por la Palabra de Dios anunciada en el tiempo y proclama que est? en el coraz?n de la fe del Nuevo Testamento, anunciando que "el Verbo se hizo carne y habit? entre nosotros" (Jn 1,14). Jesucristo, el Verbo encarnado, nos habla del ser profundo de Dios. Durante su ministerio, Jes?s se expresa de distintas maneras, a veces incluso (como ante Poncio Pilato) guardando silencio. La palabra del Cristo es siempre una palabra de misericordia, una palabra que invita a los que la escuchan a una vida m?s profunda, a una vida en comuni?n con Dios y con los dem?s. Esta buena noticia debe a su vez proclamarse de palabra y de obra por todos los que han sido bautizados en en nombre de Dios Trinidad. Solamente por el poder del Esp?ritu, los cristianos pueden o?r y responder a la llamada de Dios.

Los tres primeros d?as nos exponen este marco trinitario. El primer d?a nos invita a reflexionar sobre la palabra creativa que Dios pronuncia al principio y que todav?a hoy d?a nos da a entender. En el caos actual, todos los que han sido creados a imagen de Dios est?n llamados a decir tambi?n una palabra eficaz y creativa. La meditaci?n del 2? d?a nos hace reflexionar sobre lo que significa ser disc?pulo del Cristo, el Verbo encarnado, que hace o?r a los sordos y hablar a los mudos. El tercer d?a medita sobre la obra del Esp?ritu Santo en la vida de los cristianos, ya que es ?l quien nos da la fuerza de proclamar la buena noticia y de ser los instrumentos de la presencia salv?fica de Cristo escuchando y dando la palabra a todos los que han sido reducidos al silencio o no pudieron aportar su experiencia.

La relaci?n intr?nseca que existe entre la promoci?n de la unidad y la movilizaci?n contra los sufrimientos humanos aparece claramente en la reflexi?n de Pablo sobre la Iglesia como cuerpo del Cristo. "Hemos recibido un mismo Esp?ritu en el bautismo, a fin de formar un solo cuerpo" (1 Co 12,13). Cristo nos ha unido. Nuestras divisiones obstaculizan y debilitan esta unidad pero no la destruyen. Puesto que todos pertenecemos a Cristo, cada parte del cuerpo tiene necesidad del otro y debe tener cuidado del otro. "Si un miembro sufre, todos los miembros comparten su sufrimiento" (v. 26). El cuarto d?a nos lleva a preguntarnos sobre lo que significa ser una comunidad unida en Cristo, una comunidad plenamente solidaria con sus miembros que sufren.

Los d?as quinto y sexto desarrollan m?s expl?citamente el tema presentado por las Iglesias de Umlazi: romper el silencio tremendo. Los que sufren lo hacen a menudo en silencio, sus esperanzas de compasi?n y justicia permanecen ignoradas. En algunos momentos de la historia, los cristianos y las Iglesias cristianas guardaron silencio cuando deb?an hablar, o no permitieron expresarse a los que estaban sin voz. A veces, las divisiones entre las Iglesias han impedido que se oyera el dolor de los otros o han obstruido nuestra respuesta, han vuelto al conflicto, siendo ineficaz o incapaz el consuelo (d?a quinto). Es un pecado, en particular porque la Iglesia puede hablar, proclamar un mensaje, realizar una misi?n, y no se trata de un mensaje de desuni?n, de una misi?n contradictoria. Vivificada por el Esp?ritu Santo, nuestra palabra debe ser un?nime y coherente, debe ser la buena noticia que nos ha sido ofrecida por y en Cristo. Gracias a ?l, tenemos la posibilidad de romper el silencio. En Cristo, somos la comunidad destinada a decir "?brete, epheta" a los mudos y a los sordos. El camino hacia la fidelidad y la integridad exige cristianos que busquen sin respiro y rueguen por la unidad por la que Cristo rog? y que, a pesar de nuestras divisiones, aprendamos a hablar con una sola voz y a ir hacia el otro como un solo cuerpo con solicitud, dando vida a la buena noticia que proclamamos (d?a sexto).

La muerte y la resurrecci?n salvadoras de Cristo est?n en el coraz?n de la palabra que Dios ofrece a la humanidad. El s?ptimo d?a nos propone reflexionar sobre la cruz de Cristo a la luz de la experiencia del sufrimiento y de la muerte en Umlazi y en otras regiones. Viviendo en el valle de la muerte, donde los sufrimientos superan toda medida, en los cementerios donde se entierra a los difuntos a menudo los unos sobre otros, los habitantes de Umlazi conocen y comprenden la desolaci?n de la cruz de Cristo. En la fe, saben tambi?n que Cristo no se alej? de la carga de los sufrimientos humanos y que m?s nos acercaremos a su cruz, m?s nos acercaremos los unos a los otros. De estos mismos cementerios se eleva una proclamaci?n de la resurrecci?n especialmente emocionante, cuando en las primeras horas de la ma?ana de Pascua, los cristianos se re?nen entre las tumbas de los que fueron sus familiares, con velas encendidas en los manos para proclamar que Cristo resucit? de la muerte y que en ?l, la muerte ha sido vencida (d?a octavo). En medio del sufrimiento, de la muerte, de la divisi?n y de la adversidad, el misterio pascual siembra semillas que hacen germinar la esperanza de que un d?a cesar? el silencio tremendo, que las lenguas se unir?n para profesar que Jesucristo es el Se?or, para gloria de Dios Padre (Fil 2,11).

CONCLUSI?N

El texto central de la Semana de oraci?n por la unidad de los cristianos de este a?o, Mc 7,31-37, indica que Cristo levanta su mirada hacia el cielo y suspira antes de curar al hombre. En su carta a los Romanos, San Pablo escribe que el Esp?ritu Santo acompa?a nuestras oraciones "con gemidos inexpresables". Esta frase expresa perfectamente el deseo por el que el Esp?ritu cultiva nuestros corazones y nuestros esp?ritus: el deseo de la unidad plena y visible entre todas las Iglesias cristianas, el deseo de que tengan fin los sufrimientos humanos.

En el esquema de la celebraci?n ecum?nica y en cada d?a del octavario, adoptamos como principio la incorporaci?n de referencias expl?citas tanto a la necesidad de seguir actuando y de rogar por la unidad de nuestras Iglesias como de las voces de los habitantes de Umlazi y otras regiones que gritan hacia el cielo. Esperamos que la Semana de oraci?n de este a?o ayudar? a romper este silencio tremendo y llamar? la atenci?n sobre el v?nculo intr?nseco que existe entre oraci?n y b?squeda de la unidad de los cristianos por una parte, y la llamada de los cristianos y de las Iglesias para trabajar juntos como instrumentos de la compasi?n divina y de la justicia en el mundo.
Publicado por verdenaranja @ 23:53  | Misiones
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