Domingo, 14 de enero de 2007
Al celebrar el "D?a del Migrante" el obispo diocesano nivariense aporta algunas consideraciones y criterios que nos ayuden a pensar hacia el fen?meno de inmigraci?n.


HOY ES ?D?A DEL EMIGRANTE?. CUESTIONES A CONSIDERAR


En la Iglesia Cat?lica se celebra hoy la ?93? Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado?. Aunque circunscrita al ?mbito eclesi?stico y orientada directamente a la acogida humana y a la atenci?n pastoral de los inmigrantes cat?licos, esta Jornada tiene una gran proyecci?n social pues se educa y exhorta a los fieles en la acogida y el amor a los inmigrantes (sean o nos cristianos); asimismo se realiza una colecta en todas las iglesias para ayudarles en sus necesidades a trav?s de la obras sociales de la Iglesia. Colecta a la que invito a todos a contribuir con generosidad, bien directamente en las misas de este domingo o en cualquier otro momento entregando un donativo a C?ritas con esa finalidad.
Para la Jornada, cada a?o se toma un tema diferente. En esta ocasi?n el Papa Benedicto XVI ha elegido ?La familia Migrante? y ha escrito un Mensaje en el que pone de manifiesto la influencia (en muchos casos negativa) que la migraci?n tiene sobre la familia y con una abierta denuncia del tr?fico de seres humanos y el riesgo ?cada vez m?s real? de la implicaci?n de mujeres y ni?os en la explotaci?n sexual como mecanismo de supervivencia. Asimismo, los obispos de la Comisi?n Episcopal de Migraciones de Espa?a han preparado tambi?n un mensaje, en consonancia con el del Papa, titulado ?44 millones de personas: una sola familia?, en clara referencia al censo de la poblaci?n espa?ola, del cual casi cinco millones son inmigrantes, y que es una llamada a prestar mayor atenci?n al fen?meno de las migraciones y, muy especialmente, a tomar conciencia de la situaci?n personal, familiar, social y religiosa de las personas emigrantes. Ambos mensajes, que pueden encontrarse en la p?gina WEB de la Conferencia Episcopal Espa?ola [www.conferenciaepiscopal.es], reflejan claramente la preocupaci?n de la Iglesia por las personas emigrantes, as? como los deberes de los cristianos en relaci?n para con ellas. Tambi?n reconocen y aplauden los obispos, y yo con ellos, ?la actitud y la respuesta que muchas comunidades eclesiales y otras instituciones, organizaciones y personas, individualmente o en grupo, est?n dando en todo momento en la medida de sus posibilidades. Felicitamos y alentamos a las delegaciones diocesanas de migraciones, a las C?ritas, a las parroquias, a los servicios de la Vida Consagrada? por la labor de acogida, acompa?amiento, orientaci?n y por otras respuestas concretas?.
Por mi parte, con este breve art?culo y otro anterior que se hizo p?blico esta semana, tambi?n he querido aportar a todos (cat?licos o no) algunas consideraciones y criterios que nos ayuden a pensar y a tomar posturas positivas hacia este fen?meno de la inmigraci?n que, queramos o no, supone una nueva configuraci?n de la sociedad y de la Iglesia, en toda Espa?a y de un modo peculiar en Canarias.
En los ?ltimos a?os nuestras islas se han convertido es tierra de inmigraci?n, son miles las personas que, provenientes de la pen?nsula y del extranjero, trabajan y viven entre nosotros. Un caso paradigm?tico lo constituye el municipio de Arona que en mayo de 2006 contaba con 76.386 habitantes. De estos 44.559 son espa?oles (no poseo el dato de cuantos son canarios, pero seguramente un alto porcentaje son de la pen?nsula); los restantes 31.827 son extranjeros (de 124 pa?ses): 16.791 de los pa?ses occidentales de la Uni?n Europea, 8.012 de Am?rica Latina, 2.637 de ?frica y el resto (4.387) de Europa del Este y Asia. Esto, en proporciones diferentes, es aplicable a otros muchos lugares de nuestro archipi?lago.
Esta presencia de inmigrantes, que hasta hace poco tiempo pasaba desapercibida en la conciencia y en la percepci?n social de los canarios, se ha convertido en uno de los fen?menos m?s relevantes de nuestra sociedad. En la calle, en los medios de comunicaci?n y en el debate pol?tico la inmigraci?n es objeto de una especial atenci?n y preocupaci?n. A ello ha contribuido el drama inhumano de la masiva llegada de africanos a nuestras costas. ?stos, aunque en su inmensa mayor?a son desplazados de las islas hacia la pen?nsula o devueltos a sus pa?ses de origen, nos han despertado la conciencia sobre la situaci?n de millones de personas que se movilizan, nunca mejor dicho, ?contra viento y marea?, incluso con riesgo de sus vidas, en busca de un futuro mejor para sus familias. Como lo hicieron nuestros padres y abuelos cuando se lanzaron hacia Am?rica y que con su esfuerzo consiguieron una buena parte del bienestar que hoy disfrutamos en Canarias.
La inmigraci?n entre nosotros es un hecho y eso tiene repercusiones (a nivel sociol?gico, cultural y religioso) que no podemos pasar por alto. Es necesario afrontar la cuesti?n en t?rminos que van m?s all? de la simple acogida humanitaria de urgencia y de la ?colocaci?n laboral?, como si la situaci?n de las personas quedara resuelta con unos m?nimos de supervivencia. Sobre todo, hace falta quitarse de la cabeza la idea de que los inmigrantes ?son un problema? o que vienen a crearnos problemas. Con su trabajo y con sus valores culturales est?n contribuyendo al progreso de nuestra tierra y pueden hacerlo mucho m?s si ellos y nosotros somos capaces de llegar a una convivencia estable sin recelos mutuos. No es f?cil para ninguna de las dos partes, pues hay que pasar de una mentalidad de ?acogida? a una de ?integraci?n?, por la cual el extranjero se convierte en ciudadano de pleno derecho y con los deberes correspondientes, aunque tenga un origen, raza, cultura o religi?n diferente.
Para avanzar en este cambio de mentalidad es muy importante ofrecer a todos los niveles de la sociedad elementos de reflexi?n para una comprensi?n cabal del fen?meno de las migraciones humanas, en los que se tengan en cuenta sus causas, las implicaciones que tienen en la vida de las personas y los efectos econ?micos, sociales y culturales, tanto para los pa?ses de origen como los receptores. Asimismo, hay que denunciar constantemente, p?blica y judicialmente, a los desaprensivos que explotan a los emigrantes antes de salir de sus respectivos pa?ses, en el camino o en la llegada al nuestro.
En este ?D?a del Emigrante?, con palabras del Mensaje de los Obispos, ?a nuestros hermanos inmigrantes y a sus familias agradecemos su valiosa aportaci?n a nuestra sociedad, a nuestra Iglesia y a tantas personas como atienden en su enfermedad, en su ancianidad o en sus necesidades, colaborando, incluso en la educaci?n de la familia con la que trabajan. Les animamos a que cuanto antes se sientan entre nosotros como en su propia casa, en su familia, para que, con la ayuda del Se?or y en el respeto mutuo, construyamos entre todos una sociedad m?s justa, solidaria y pac?fica y mostremos al mundo una comunidad cristiana de hijos de Dios y de hermanos, unidos por encima de toda diferencia de origen, cultura, raza, religi?n o naci?n?.

? Bernardo ?lvarez Afonso
Obispo Nivariense
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