Domingo, 14 de enero de 2007

Artículo publicado en el Boletín Informativo del municipio de Los Realejos "La Voz de Los Realejos" - Octubre 2004.


Alcaldesa honoraria y patrona del Valle de La Orotava, son los títulos otorgados ante la gran devoción que despierta entre los habitantes de la comarca en general y de Los Realejos -donde es custodiada- en particular. Sus siglos de existencia y el fervor que desata a su alrededor, son dos, de los condicionantes para la supervivencia de la imagen de Nuestra Señora del Carmen. Precisamente para garantizar su adecuada conservación, la talla fue sometida a una exhaustiva restauración da que, además de mejorar su estado, ha supuesto un importante acicate para implicar a todos los fieles en su cuidado, pues parte importante de los trabajos ha consistido en concienciar sobre el futuro uso que se le dará a la imagen.

Pablo Amador invirtió cuatro meses en devolver a la talla mariana su aspecto originario, trabajo que hizo con "paciencia, esmero y mimo" según sus propias palabras. El restaurador, no obstante, comentó que la labor comenzó cinco años antes con la labor importante de someter a !a querida pieza a estudios radiológicos y pruebas físico-químicas, que permitieron conocer todos los detalles que presentaban algún deterioro.

Las propias dependencias del templo sirvieron de taller a la obra del restaurador, quien se autodenomina como un "médico de las obras de arte". Como tal médico comentó que "la imagen es una obra magistral desde el punto de vista técnico, tal y como la concibió el escaltor —atribuida al artista genovés Antón María Maragliano, y cuyo año aproximado de llegada a Los Realejos fue 1725-. Los materiales empleados son muy buenos lo que ha ayudado a su conservación. No obstante hay que tener en cuenta que se trata de una talla de culto, que ha tenido que superar bastantes avatares, se ha librado de un incendio, además de los aspectos propios del culto como las procesiones, entre las que se encuentra la de los marinos portuenses, que afectan a la parte de la imagen que no se ve, o sea. a su interior. Sin embargo esta actividad es la menos que daña, si se hace con cuidado”.

Teniendo todos estos detalles en cuenta, Pablo Amador indicó que el mayor deterioro lo han ocasionado algunos elementos añadidos, como un instrumento para la sujeción al trono, aplicado en los años 70, que precisamente se colocó en su parte inferior para asegurar la obra, pero que influyó negativamente en ella.

Asimismo, otro de los procesos más duros fue el de la limpieza de la suciedad, consistente en la eliminación de grasas y de las distintas capas de pintura que se le han aplicado a lo largo de los años. Amador aludió a que "se da la paradoja de que gracias a estas pinturas, la estructura interna de la imagen se ha conservado bien”.

En este punto explicó que en el niño se apreciaba peor conservación, habida cuenta que antiguamente solía recorrer las casas o visitar los hospitales. Para mantenerlo limpio se le aplicaban productos de muy rápida caducidad que deterioró la imagen con un cambio de su estética original, desde el punto de vista cromático. "Lo que hemos hecho es retirar los estratos que dificultaban su visión general y le hacían perder calidad, pero al tiempo hemos tratado de intervenir lo menos posible en la imagen y no darle un cambio radical". Esto ha su-puesto que tanto la Virgen como el niño hayan recuperado las carnaciones y los tonos sonrosados originales.

Otro elemento en el que el trabajo del restaurador fue intenso, fue las manos de la Virgen, zona de la pieza "en la que hemos llegado a quitar hasta cinco capas de pintura, cuya calidad, además, no era la misma que la original y por lo tanto se había producido un proceso de oxidación, lo que conllevó al cambio de color". Pablo Amador incidió en que un elemento que acelera el deterioro son las joyas, más concretamente los anillos "cuyo efecto negativo en las manos de la Virgen había provocado el pintado de hasta seis veces una de ellas".

Una parte importante del trabajo del restaurador es, una vez terminada su actuación en la talla, el evitar su deterioro futuro. De aquí que Pablo Amado, haya propuesto una serie de medidas, sencillas y fácilmente aplicables por parte de todos. Una de ellas es el tratamiento de la joya previamente a que sea colocada en la imagen, "de tal manera que sea dicha alhaja -mencionó como ejemplo los anillos- los que se adapten a los dedos y no al contrario".

En esta línea una vez concluyó su trabajo, el restaurador ofreció una conferencia a los fieles, así como a los seguidores de la imagen "y especialmente a quienes se encargan de vestirla y desvestirla, en el sentido de adoctrinarles en la manera en que deben de hacerlo". En resumidas cuentas el artista comentó que "nuestro trabajo no es recuperar la obra sino asegurarnos de que ésta perdure".


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