Martes, 16 de enero de 2007
Homil?a que pronunci? Benedicto XVI el 6 de enero de 2007, solemnidad de la Epifan?a del Se?or, en la bas?lica de San Pedro del Vaticano.


Queridos hermanos y hermanas:
Celebramos con alegr?a la solemnidad de la Epifan?a, "manifestaci?n" de Cristo a los gentiles, representados por los Magos, misteriosos personajes llegados de Oriente. Celebramos a Cristo, meta de la peregrinaci?n de los pueblos en b?squeda de la salvaci?n. En la primera lectura hemos escuchado al profeta, inspirado por Dios, que contempla a Jerusal?n como un faro de luz, que, en medio de las tinieblas y de la niebla de la tierra, orienta el camino de todos los pueblos. La gloria del Se?or resplandece sobre la ciudad santa y atrae ante todo a sus hijos deportados y dispersos, pero al mismo tiempo tambi?n a las naciones paganas, que de todas las partes acuden a Si?n como a una patria com?n, enriqueci?ndola con sus bienes (cf. Is 60, 1-6).

En la segunda lectura se nos ha propuesto nuevamente lo que el ap?stol san Pablo escribi? a los Efesios, es decir, que la convergencia de jud?os y gentiles, por iniciativa amorosa de Dios, en la ?nica Iglesia de Cristo era "el misterio" manifestado en la plenitud de los tiempos, la "gracia" de que Dios lo hab?a hecho ministro (cf. Ef 3, 2-3. 5-6). Dentro de poco, en el Prefacio cantaremos: "Hoy en Cristo, luz de los pueblos, has revelado a los pueblos el misterio de nuestra salvaci?n".

Han transcurrido veinte siglos desde que ese misterio fue revelado y realizado en Cristo, pero a?n no se ha cumplido plenamente. Mi amado predecesor Juan Pablo II, al inicio de su enc?clica sobre la misi?n de la Iglesia, escribi? que "a finales del segundo milenio despu?s de su venida, una mirada global a la humanidad demuestra que esta misi?n se halla todav?a en los comienzos" (Redemptoris missio, 1). Surgen espont?neamente algunas preguntas: ?en qu? sentido, hoy, Cristo es a?n lumen gentium, luz de los pueblos? ?En qu? punto est? ?si se puede hablar as? este itinerario universal de los pueblos hacia ?l? ?Est? en una fase de progreso o de retroceso? Y tambi?n: ?qui?nes son hoy los Magos? ?C?mo podemos interpretar, pensando en el mundo actual, a estos misteriosos personajes evang?licos?

Para responder a estos interrogantes, quisiera volver a lo que los padres del concilio Vaticano II dijeron al respecto. Y quiero a?adir que, inmediatamente despu?s del Concilio, el siervo de Dios Pablo VI, hace cuarenta a?os, exactamente el 26 de marzo de 1967, dedic? al desarrollo de los pueblos la enc?clica Populorum progressio.

En verdad, todo el concilio Vaticano II se sinti? impulsado por el anhelo de anunciar a la humanidad contempor?nea a Cristo, luz del mundo. En el coraz?n de la Iglesia, comenzando por el v?rtice de su jerarqu?a, brot? con fuerza, suscitado por el Esp?ritu Santo, el deseo de una nueva epifan?a de Cristo en el mundo, un mundo que la ?poca moderna hab?a transformado profundamente y que por primera vez en la historia se encontraba ante el desaf?o de una civilizaci?n global, donde el centro ya no pod?a ser Europa y ni siquiera lo que llamamos Occidente y Norte del mundo.

Resultaba necesario establecer un nuevo orden mundial pol?tico y econ?mico, pero al mismo tiempo y sobre todo espiritual y cultural, es decir, un renovado humanismo. Con creciente evidencia se impon?a esta constataci?n: un nuevo orden mundial econ?mico y pol?tico no funciona si no hay una renovaci?n espiritual, si no podemos acercarnos de nuevo a Dios y encontrar a Dios en medio de nosotros.

Ya antes del concilio Vaticano II, conciencias iluminadas de pensadores cristianos hab?an intuido y afrontado este desaf?o de cambio de ?poca. Pues bien, al inicio del tercer milenio nos encontramos de lleno en esta fase de la historia humana, que ya se ha caracterizado con la palabra "globalizaci?n".

Por otra parte, hoy nos damos cuenta de cu?n f?cil es perder de vista los t?rminos de este mismo desaf?o, precisamente porque estamos implicados en ?l. Este peligro aumenta en gran medida por la inmensa expansi?n de los medios de comunicaci?n social, los cuales, aunque por una parte multiplican indefinidamente las informaciones, por otra parecen debilitar nuestra capacidad de s?ntesis cr?tica.

La solemnidad que hoy celebramos puede ofrecernos esta perspectiva, a partir de la manifestaci?n de un Dios que se revel? en la historia como luz del mundo, para guiar e introducir por fin a la humanidad en la tierra prometida, donde reinan la libertad, la justicia y la paz. Y somos cada vez m?s conscientes de que por nosotros mismos no podemos promover la justicia y la paz, si no se nos manifiesta la luz de un Dios que nos muestra su rostro, que se nos presenta en el pesebre de Bel?n, que se nos presenta en la cruz.

As? pues, ?qui?nes son los "Magos" de hoy, y en qu? punto est? su "viaje" y nuestro "viaje"? Volvamos, queridos hermanos y hermanas, a aquel momento de especial gracia que fue la conclusi?n del concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965, cuando los padres conciliares dirigieron a toda la humanidad algunos "Mensajes". El primero estaba dirigido "a los gobernantes"; el segundo, "a los hombres del pensamiento y de la ciencia". Son dos categor?as de personas que, en cierto modo, podemos ver representadas en los personajes evang?licos de los Magos.

Quisiera ahora a?adir una tercera, a la cual el Concilio no dirigi? ning?n mensaje, pero le dedic? mucha atenci?n en la declaraci?n conciliar Nostra aetate. Me refiero a los l?deres espirituales de las grandes religiones no cristianas. Por tanto, a dos mil a?os de distancia podemos reconocer en los Magos una suerte de prefiguraci?n de estas tres dimensiones constitutivas del humanismo moderno: la dimensi?n pol?tica, la cient?fica y la religiosa. La Epifan?a nos lo muestra en estado de "peregrinaci?n", o sea, en un movimiento de b?squeda, a menudo algo confusa, que en definitiva tiene su punto de llegada en Cristo, aunque algunas veces la estrella se oculta.

Al mismo tiempo nos muestra a Dios que, a su vez, est? en peregrinaci?n hacia el hombre. No existe s?lo la peregrinaci?n del hombre hacia Dios; Dios mismo se ha puesto en camino hacia nosotros. En efecto, Jes?s no es sino Dios, que por decirlo as? sale de s? mismo para venir al encuentro de la humanidad. Por amor se ha hecho historia en nuestra historia; por amor ha venido a traernos el germen de la vida nueva (cf. Jn 3, 3-6) y a sembrarla en los surcos de nuestra tierra, para que germine, florezca y d? fruto.

Hoy quisiera hacer m?os esos Mensajes conciliares, que no han perdido su actualidad. Por ejemplo, en el Mensaje a los gobernantes se lee: "Es a vosotros a quienes toca ser sobre la tierra los promotores del orden y la paz entre los hombres. Pero no lo olvid?is: es Dios, el Dios vivo y verdadero, el que es el Padre de los hombres. Y es Cristo, su Hijo eterno, quien vino a dec?rnoslo y a ense?arnos que todos somos hermanos. ?l es el gran artesano del orden y la paz sobre la tierra, porque es ?l quien conduce la historia humana y el ?nico que puede inclinar los corazones a renunciar a las malas pasiones que engendran la guerra y la desgracia" (Concilio Vaticano II, BAC, Madrid 1968, p. 838). ?C?mo no reconocer en estas palabras de los padres conciliares la huella luminosa del ?nico camino que puede transformar la historia de las naciones y del mundo?

Asimismo, en el "Mensaje a los hombres del pensamiento y de la ciencia" leemos: "Continuad buscando sin cansaros, sin desesperar jam?s de la verdad". En efecto, el gran peligro consiste en perder el inter?s por la verdad y buscar s?lo el hacer, la eficiencia, el pragmatismo. "Recordad ?prosiguen los padres conciliares? las palabras de uno de vuestros grandes amigos, san Agust?n: "Busquemos con af?n de encontrar y encontremos con el deseo de buscar a?n m?s". Felices los que, poseyendo la verdad, la buscan m?s todav?a a fin de renovarla, profundizar en ella y ofrecerla a los dem?s. Felices los que, no habi?ndola encontrado, caminan hacia ella con un coraz?n sincero: que busquen la luz de ma?ana con la luz de hoy, hasta la plenitud de la luz" (ib., p. 640).

Esto es lo que dec?an los dos Mensajes conciliares. Juntamente con los gobernantes de los pueblos, los investigadores y los cient?ficos, hoy es m?s necesario que nunca incluir a los representantes de las grandes tradiciones religiosas no cristianas, invit?ndolos a confrontarse con la luz de Cristo, que no vino a abolir, sino a cumplir lo que la mano de Dios ha escrito en la historia religiosa de las civilizaciones, especialmente en las "grandes almas", que han contribuido a edificar la humanidad con su sabidur?a y sus ejemplos de virtud. Cristo es la luz, y la luz no puede oscurecerse; s?lo puede iluminar, aclarar, revelar. Por tanto, que nadie tenga miedo de Cristo y de su mensaje. Y si a lo largo de la historia los cristianos, por ser hombres limitados y pecadores, lo han traicionado a veces con sus comportamientos, esto hace resaltar a?n m?s que la luz es Cristo y que la Iglesia s?lo la refleja permaneciendo unida a ?l.

"Hemos visto su estrella en oriente y venimos a adorarlo" (Aleluya, cf. Mt 2, 2). Lo que nos maravilla siempre, al escuchar estas palabras de los Magos, es que se postraron en adoraci?n ante un simple ni?o en brazos de su madre, no en el marco de un palacio real, sino en la pobreza de una caba?a en Bel?n (cf. Mt 2, 11). ?C?mo fue posible? ?Qu? convenci? a los Magos de que aquel ni?o era "el rey de los jud?os" y el rey de los pueblos? Ciertamente los persuadi? la se?al de la estrella, que hab?an visto "al salir", y que se hab?a parado precisamente encima de donde estaba el Ni?o (cf. Mt 2, 9). Pero tampoco habr?a bastado la estrella, si los Magos no hubieran sido personas ?ntimamente abiertas a la verdad. A diferencia del rey Herodes, obsesionado por sus deseos de poder y riqueza, los Magos se pusieron en camino hacia la meta de su b?squeda, y cuando la encontraron, aunque eran hombres cultos, se comportaron como los pastores de Bel?n: reconocieron la se?al y adoraron al Ni?o, ofreci?ndole los dones preciosos y simb?licos que hab?an llevado consigo.

Queridos hermanos y hermanas, tambi?n nosotros deteng?monos idealmente ante el icono de la adoraci?n de los Magos. Encierra un mensaje exigente y siempre actual. Exigente y siempre actual ante todo para la Iglesia que, reflej?ndose en Mar?a, est? llamada a mostrar a los hombres a Jes?s, nada m?s que a Jes?s, pues ?l lo es Todo y la Iglesia s?lo existe para permanecer unida a ?l y para darlo a conocer al mundo.

Que la Madre del Verbo encarnado nos ayude a ser d?ciles disc?pulos de su Hijo, Luz de los pueblos. El ejemplo de los Magos de entonces es una invitaci?n tambi?n para los Magos de hoy a abrir su mente y su coraz?n a Cristo y ofrecerle los dones de su b?squeda. A ellos, a todos los hombres de nuestro tiempo, quisiera repetirles hoy: no teng?is miedo de la luz de Cristo. Su luz es el esplendor de la verdad. Dejaos iluminar por ?l, pueblos todos de la tierra; dejaos envolver por su amor y encontrar?is el camino de la paz. As? sea.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede

? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Habla el Papa
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