Mi?rcoles, 17 de enero de 2007
Articulo semanal del Padre Fernando Lorente, o. h., publicado en EL D?A en la secci?n CRITERIOS bajo el ep?grafe "Luz en el camino".

Cuando una sociedad se enferma de inmoralidad


Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *


"La humanidad de hoy est? en peligro
de ser destruida desde dentro por
su propia decadencia moral; pero,
en vez de luchar contra esta enfermedad,
que amenaza su propia vida, mira
como hipnotizada el peligro externo,
que s?lo es consecuencia de su enfermedad".

(Cardenal Ratzinger -l988- hoy Pont?fice de la Iglesia).

?QU? DIAGN?STICO m?s certero y valiente! Ya por los a?os de los ochenta, se percib?a en Espa?a, como en otras naciones europeas, el dominio de la corrupci?n pol?tica; la inseguridad ciudadana por las frecuentes v?ctimas humanas del terrorismo; la delincuencia con "guante blanco", o de "irresponsabilidad" social, ya se dec?a entonces; pero lo cierto, por m?s que se quer?a ignorar, estaba la referencia constante del asunto genuinamente radical: la necesidad de una vigencia en nuestra sociedad, de aquellos valores morales sin los cuales la vida ordinaria se tornaba progresivamente m?s dif?cil, menos grata, m?s insoportable.

Muchos ya pens?bamos que, mientras no se mantuvieran en la sociedad los verdaderos valores morales, es decir, unos preceptos que reprobaran el asesinato de vidas humanas, el enga?o, la coacci?n, el defraude, el abuso del poder -de cualquier nivel que sea- para tomar decisiones s?lo en funci?n del beneficio personal o del propio partido pol?tico o econ?mico, ninguna instituci?n social o pol?tica, pod?a ser eficaz, por m?s perfecto que fuera su dise?o y por m?s seguridad que ofreciera su organizaci?n. Y todo esto, sinceramente, porque, hasta la vida ordinaria se hac?a progresivamente m?s dif?cil, menos grata y terriblemente insoportable. Y esa tra?da y llevada solidaridad, de libertad, de la paz, al no respetarse los valores morales en las personas y en las instituciones, m?s bien se convert?an en un caldo social de lo m?s amargo y repugnante.

Los espa?oles, pensando en nosotros mismos, y mirando a nuestra Naci?n, tenemos muchos motivos para entender que nos estaba aquejando esta enfermedad de inmoralidad. Estas eran las pruebas, cada vez m?s vigentes: La delincuencia, a todos los niveles, sigue creciendo; el culto a enriquecerse -sin que importen los medios- no cesa de extenderse; el consumo de drogas sigue aumentando y haciendo en estragos en j?venes y en mayores; la especulaci?n alcanza cotas ya desenfrenadas; y no pasan meses sin esc?ndalos diversos tan desmesurados, que ya no nos causan otra impresi?n que una simple an?cdota; hasta el terrorismo espa?ol, en su ?ltima manifestaci?n -30-XII-2006 en Barajas- la m?xima Autoridad espa?ola lo ha contemplado como un "tr?gico accidente". En 2005, seg?n las ?ltimas estad?sticas de Sanidad, superaron el mill?n de abortos registrados en Espa?a.?Cu?ntas vidas de ni?os, antes de nacer, han sido asesinadas por esa ley, aprobada por gran parte de nuestros pol?ticos, por m?s democr?tica que la consideraron? Estamos llegando, se quiera o no reconocer, a una inmoralidad que est? constituyendo una enfermedad interna que puede destruirnos a todos, alcanza a todos.

No sembramos pesimismos, pero no podemos rechazar la realidad y la actitud de c?mo comprometernos con ella. Este es el testimonio que nos ofrece Benedicto XVI en todas sus manifestaciones apost?licas. Recordemos una de ellas: "Vivimos en un mundo que se presenta casi siempre como obra nuestra, en el cual Dios no aparece ya directamente, da la impresi?n de que ya es superfluo, m?s a?n, extra?o. En ?ntima relaci?n con todo esto, tiene lugar una radical reducci?n del hombre, hasta considerarlo un simple producto de la naturaleza, como tal no realmente libre, el que, de por s?, se puede tratar como a cualquier animal? En la misma l?nea, la ?tica se sit?a dentro de los confines del relativismo y el utilitarismo, excluyendo cualquier principio moral que sea v?lido y vinculante por s? mismo?". Ante esta situaci?n, nos dice Benedicto XVI en la misma comunicaci?n: "Para que la experiencia de la fe y del amor cristiano sea acogida y vivida y se transmita de una generaci?n a otra, es fundamental y decisiva la cuesti?n de la educaci?n de la persona. Es preciso preocuparse por la formaci?n de su inteligencia, sin descuidar la de su libertad y capacidad de amar? Una educaci?n verdadera debe suscitar la valent?a de las decisiones, que hoy se consideran un v?nculo que limita nuestra libertad, pero que en realidad son indispensables para crecer y alcanzar algo grande en la vida, especialmente para que madure el amor en todas sus dimensiones, y as? poder dar consistencia y significado a nuestra libertad. Para mayor comprensi?n de esta doctrina, la libertad de Cristo fue la expresi?n salvadora del ser humano real y concreto, que vive en la historia y en la comunidad; y por eso, el cristianismo y la Iglesia, desde el inicio, han tenido una dimensi?n y un alcance p?blicos. La libertad, como libertad religiosa, que percibimos como un valor universal, particularmente necesario en el mundo actual, tiene aqu? su ra?z hist?rica.

Por eso, aunque la Iglesia no es ni quiere ser un agente pol?tico, sin embargo, tiene al mismo tiempo, un profundo inter?s por el bien de la comunidad pol?tica, cuya alma es la justicia, y le ofrece su contribuci?n espec?fica: La fe cristiana purifica la raz?n y la ayuda a ser lo que debe ser. Por consiguiente, la Iglesia con su doctrina social, argumentada a partir de lo que est? de acuerdo con la naturaleza de todo ser humano, contribuye a hacer que se pueda reconocer eficazmente, y luego tambi?n realizar, lo que es justo".

La verdadera respuesta pol?tica para nuestros tiempos, como ya advert?a Juan Pablo II y viene repitiendo Benedicto XVI, est? aqu?. Salirse de este camino o no aceptarlo, es ejercer y vivir la pol?tica sin Dios, cuyos resultados terminan siempre por negar al hombre y destruirlo. Ah? est? la historia. M?s sensatez, por parte de nuestros pol?ticos, para no repetirla.

* Capell?n de la Cl?nica San Juan de Dios
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