Mi?rcoles, 17 de enero de 2007
Art?culo publicado en la revista "Misioneros Javerianos". DICIEMBRE 2006, a?o XLIII - n? 428.


EL MISIONERO Y LA CULTURA LOCAL


P. Carlos Collantes


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?Placer? a Dios nuestro Se?or darnos lenguas para poder hablar de las cosas de Dios, porque entonces haremos mucho fruto con su ayuda y gracia y favor. Agora somos entre ellos como unas estatuas, que hablan y platican de nos muchas cosas, y nosotros, por no entender la lengua, nos callamos; y agora nos cumple ser como ni?os en aprender...? Es S. Francisco Javier quien nos relata su experiencia al llegar al Jap?n.

Hacerse ni?os, escuchar, abrir los ojos y el coraz?n, mirar con simpat?a. El misionero no se ?incultura? sino que m?s bien se encarna en un pueblo, es el evangelio el que se incultura; un pro-ceso largo que dura varias generaciones y cuyo protagonista es la Iglesia local. La inculturaci?n es, en realidad, un proceso siempre inacabado porque las culturas son realidades din?micas que cambian y se transforman. Y el evangelio ?manantial inagotable de vida, camino desconcertante de felicidad? inerpela siempre y siempre es nuevo. El misionero al llegar sufre y vive un proceso de inmersi?n en una cultura diferente de la suya propia, llamamos a este proceso aculturaci?n, es decir, la adquisici?n progresiva de la cosmovisi?n, de los valores, costumbres, estilo de vida, lengua de una cultura diversa, todo ello sin perder la propia identidad cultural. Al llegar ?escribo desde mi experiencia en Camer?n? te quitas tus gafas, tu forma de ver el mundo y de concebir la vida (la familia, las relaciones humanas, el valor del tiempo, la explicaci?n de la enfermedad o de la muerte, las creencias...) y te pones progresivamente otras gafas, otra mirada, la del pueblo y cultura que te acoge, no prescindes de tu mirada, pero la pones entre par?ntesis, sobre todo a la hora de emitir juicios. Pasamos por un proceso de despojamiento, para compartir la vida de nuestros nuevos hermanos desde la pertenencia a una misma y com?n humanidad, hijos todos del mismo Padre.

No podemos prescindir de nuestra identidad, porque para abrirse a otra cultura de manera serena y madura hay que poseer la propia, hay que poseerse, hay que conocer bien las propias ra?ces. No prescindimos, por tanto, de la propia identidad, adquirimos una nueva, ya que nuestra forma de ver la vida, nuestra visi?n del mundo se enriquece. Los Javerianos hemos escrito en nuestra Ratio Missionis palabras bonitas: ?... estamos convencidos de que los grandes valores humanos y religiosos de los pueblos con los que entramos en contacto, pueden enriquecer nuestro mismo modo de vivir :y de comprender el Evangelio?.

El Dios de los antepasados

Un domingo, fiesta de la Trinidad, el gran misterio de ese Dios Amor y Comuni?n de tres personas, novedad de la revelaci?n cristiana, tuve una feliz idea: recoger en la homil?a lo m?s bonito de los nombres utilizados por la tradici?n y sabidur?a de mi nuevo pueblo para hablar de Dios. Dios es la fuente de la sabidur?a y de la vida que nos llega a trav?s de los antepasados, es la fuente de toda bendici?n y felicidad. Designan a Dios con nombres elocuentes: Ntondobe, Zarnba, Elofogo. Seg?n los expertos, este ?ltimo formado por Alo (infundir) y feg (sabidur?a) significa el que insufla la sabidur?a en la persona. Dios Creador, en el relato del G?nesis, aparece insuflando sobre el primer hombre terreno el Esp?ritu de Vida para que se convierta en esp?ritu viviente con sed de eternidad. Zamba puede expresar la admiraci?n del hombre delante de la creaci?n pregunt?ndose: ??Qui?n ha plantado?? (Za amb?), o bien ?El que existe desde siempre? (Za amb??). Mientras que Ntondobe tiene una doble significaci?n: el que alimenta a los hombres, al g?nero humano ntondo (alimentar) bod (hombres), o bien el que sostiene (ntondo) el universo: ob?? es una marmita que puesta al rev?s simboliza en los ritos la b?veda celeste, convirti?ndose en imagen del universo y a partir de im?genes e instituciones tan bellas, expresi?n sin duda de la sabidur?a del Esp?ritu ?semillas del Verbo, de las que ya hemos hablado repetidas veces en reflexiones anteriores? es m?s ?f?cil?, m?s acertado anunciar la novedad cristiana, novedad que en este caso ?Dios misterio de Comuni?n y Amor? nos desborda a todos y de la que s?lo Jes?s pod?a hablarnos y el Esp?ritu adentrarnos en ella. Con pobres palabras les habl? de ese Dios entra?able, inaccesible y cercano, Palabra y Silencio.

Recuerdo otro domingo, un relato evang?lico extra?o. Los saduceos ?incr?dulos, ricos y arist?cratas? se acercan a Jes?s con la manifiesta intenci?n de burlarse de la fe en la resurrecci?n y le cuentan la historia ?chocante para nuestra mentalidad? de una mujer casada sucesivamente con 7 hermanos, muertos todos sin descendencia (Lucas 20, 27-38). La vida es el valor supremo, transmitirla se convierte en un ?mandato? de los antepasados, morir sin descendencia un drama, porque ?c?mo presentarse delante de los antepasados con las ?manos vac?as?, habiendo interrumpido la cade?na de la vida? De ah? la ?obligaci?n? de dar descendencia al hermano muerto, ya que los hijos son del clan, un bien colectivo, y no de la ?pareja?, el clan se perpet?a en ellos.
Una mentalidad muy familiar y arraigada en ciertas tradiciones y culturas. Un evange?lio, por tanto, que resuena con fuerza en ciertos corazo?nes. ?C?mo actualizarlo? ?C?mo anunciar la novedad de la resurrecci?n cristiana que va m?s all? de la super-vivencia en el recuerdo de los vivos?

Sed de Vida

Ni corto ni perezoso aquel domingo les cont? una historia que hab?a escuchado a un grupo de sabios o ?ancianos?, celosos guardianes y transmisores de sus recuerdos, tradicio?nes y cultura ancestral. Me escucharon ?eso me pareci? sentir? con ojos c?mplices, abiertos de simpat?a, sus relatos hab?an penetrado mi lenguaje, los hab?a hecho m?os.

He aqu? la historia: En la aldea hab?a dos j?venes muy amigos, su profunda amistad hab?a hecho de ellos casi ?gemelos?. Juntos hab?an sufrido y vivido los ritos de iniciaci?n, juntos sol?an hacer todas las cosas... Brusca e inesperadamente muere uno de ellos, el superviviente profundamente apesadumbrado no sale de su asombro e incredulidad, una pregunta atormenta su coraz?n ?c?mo un joven lleno de vitalidad y de futuro puede morir en plena flor de la vida? No se resigna y comienza una extra?a y tenaz b?squeda. Va en pos de una ?receta poderosa, m?gica?, el fetiche de la inmortalidad, (bia? enyi?) quiere que su amado amigo vuelva a la vida. ?Qui?n podr? ofrecerle fetiche tan extraordinario? Su b?squeda tan fuerte como su desaz?n, como su amor, no cesa... consulta y s?plica a los fabricantes de fetiches m?s c?lebres y poderosos de su entorno... (Personajes de la medicina tradicional que luchan, armados de creencias tradicionales, contra la precariedad de la vida para protegerla, o para ?aumentarla?). Le ofrecen otros fetiches: el de las riquezas, el de la caza, el del amor... pero, el de lainmortalidad, ?no lo conocemos?, le dicen. Uno tras otro confiesan su impotencia dejando a nuestro joven en su zozobra y desaz?n. Uno de ellos le sugiere que prepare y beba un brebaje especial que le permita llegar al pa?s del m?s all?, donde viven los muertos. (En ciertas creencias las fronteras entre el mundo de los vivos, el m?s ac? y el mundo de los muertos o el m?s all? son porosas, flexibles). Dicho y hecho. Audacia no le faltaba. Llegado al pa?s de los ?fantasmas? contin?a con su tenaz e inacabada b?squeda, se dirige a los fabricantes de fetiches ya fallecidos que en su tiempo gozaron de renombre y fueron c?lebres, y a todos, con la misma insistencia, les pide el mismo fetiche. Ben?volamente se r?en de ?l. ?Si pudi?ramos fabricar el fetiche que tanto anhelas, ?nos

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CAMINO DE CONVERSI?N

Di?logo e inculturaci?n son un camino de paciente y humilde conversi?n: ante las experiencias religiosas de los dem?s, reconocemos que Dios los ha guiado misteriosamente, nos precede y nos habla tambi?n a trav?s de ellos. Con inter?s y amor tambi?n nos abrimos a las diversas culturas, dispuestos a estudiar y a apreciar sus valores, semillas del Verbo. La misma vida religiosa nos hace particularmente aptos para afrontar la compleja tarea de la inculturaci?n porque nos habit?a al desprendimiento de las cosas y nos ayuda a renunciar y a relativizar tantos aspectos de nuestra cultura. As? pues, en di?logo con el otro y en actitud de conversi?n, buscaremos purificar nuestra cultura y la del otro para encontrarnos en el ?nico Evangelio que salva. (Ratio Missionis Xaveriana 43
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Publicado por verdenaranja @ 23:32  | Misiones
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