Jueves, 18 de enero de 2007
Carta semanal del Arzobispo de Valencia don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente.

La Paz, don de Dios y
compromiso permanente


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 14 de enero de 2007


Todos dicen amar la paz. Sin embargo, una visi?n r?pida de lo que ocurre en el mundo, incluso en los pa?ses occidentales, muestra que la violencia contra la sociedad, contra las personas es algo oque sigue estando presente en pleno siglo XXI. La guerra, los actos de los terroristas, sus amenazas perturban la paz y convierten la vida y la libertad en un derecho te?rico.
La comprensi?n de la paz resulta mucho m?s f?cil cuando observamos en ella dos dimensiones estrechamente unidas: por un lado, la paz es una tarea humana; por otro, la paz es un don de Dios, algo que est? profundamente inscrito en la realidad del hombre y del propio mundo creado. Reducir uno de estos dos aspectos, o incluso anularlo, dificulta la presencia de la paz en la vida personal y social.

El Santo Padre Benedicto XVI, en su Mensaje de la Paz de 2007, ahonda en los aspectos teol?gicos de la paz. Nos recuerda que la paz es una caracter?stica de la actuaci?n de Dios, que se manifiesta tanto en la creaci?n de un universo ordenado y armonioso, como en la redenci?n de la humanidad, que necesita ser rescatada y liberada del pecado. La existencia humana est? orientada tanto por una bondad de origen en todo lo creado, como en una bondad de rescate que nos impide quedar atrapados en los errores de un mal uso de la libertad.

El aspecto negativo de la historia humana no tiene la ?ltima palabra, porque Dios ha renovado el compromiso de su amor primero con la redenci?n de Jesucristo. No vivimos en un mundo irracional o sin sentido. Benedicto XVI, siguiendo a Juan Pablo II, insiste en se?alar que hay una l?gica moral que ilumina la existencia humana y que hace posible el di?logo entre los hombres y entre los pueblos.

Entender la paz como don de Dios no es una invitaci?n a quedarse quietos, esperando que una ayuda de lo alto nos evite cualquier esfuerzo. El sabio proyecto de Dios est? inscrito en nuestras conciencias, y a los seres humanos nos corresponde estar activos para captar, reconocer y poner en acci?n el conjunto de reglas de actuaci?n individual. Es mucho m?s lo que nos une a la raza humana que lo que nos separa.

Las palabras que permiten establecer la justicia, la solidaridad y la paz entre los hombres y las mujeres no son meras convenciones humanas artificiales, ni acuerdos interesados. Benedicto XVI se refiere a ellas como una ?gram?tica trascendente?, que act?a en un doble sentido: permiten al ser humano responder a lo que Dios espera de ?l y permiten una convivencia en paz.

A la luz de esta gram?tica trascendente, el derecho que necesitan los hombres y los pueblos ha de ser visto como algo mejor y m?s humano que la imposici?n de la fuerza sin relaci?n con la raz?n, no puede quedar reducido a un l?mite enojoso contra la libertad humana. Todo derecho puede y debe inspirarse en las normas del derecho natural, que deben ser acogidas como una llamada a llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal, inscrito en la naturaleza del ser humano.

Tratar al ser humano con arreglo a su dignidad personal y establecer un orden social basado en la libertad, la solidaridad, la justicia y la paz, marca la senda adecuada para que los diversos pueblos y culturas lleguen a entender lo que Dios espera del ser humano. Benedicto XVI propone con claridad que el reconocimiento y el respeto de la ley natural no es un asunto exclusivo ni de una cultura, ni de una confesi?n religiosa, porque suministra la gran base para el di?logo entre los creyentes de las grandes religiones e incluso los no creyentes. El derecho y la moral bien comprendida tienen su fundamento en la naturaleza humana.

El derecho y la ley natural son un gran punto de encuentro para toda la humanidad, un presupuesto fundamental para la paz aut?ntica. Por el contrario, el relativismo moral y jur?dico act?a como una derrota anticipada de las posibilidades de entendimiento entre los seres humanos y conlleva como consecuencia una paz relativa, de componendas y ef?mera.

Quien prescinde del plan de Dios para comprender la paz, prescinde de un s?lido fundamento para llegar a ella. Quien reconoce en la actuaci?n de Dios el primer y m?s luminoso modo de presentarse la paz, est? llamado a comprometerse con ella como una tarea ineludible. A ello nos invita urgentemente el Santo Padre. Que su voz nos anime a responder as? a lo que Dios espera de nosotros en este apasionante momento hist?rico en el que vivimos.

Con mi bendici?n y afecto,

Agust?n Grac?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Hablan los obispos
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