S?bado, 27 de enero de 2007
Discurso que dirigi? Benedicto XVI el 11 de enero a los administradores de la regi?n de Lacio, del ayuntamiento y de la provincia de Roma con motivo del a?o nuevo.


Ilustres se?ores y amables se?oras:

Por segunda vez tengo el placer de recibiros, al inicio del a?o, para el tradicional intercambio de felicitaciones. Os doy las gracias por estar aqu? y dirijo mi cordial y deferente saludo al presidente de la Junta regional del Lacio, se?or Pietro Marrazzo, al alcalde de Roma, honorable Walter Veltroni, y al presidente de la provincia de Roma, se?or Enrico Gasbarra, expres?ndoles mi sincera gratitud por las amables palabras que me han dirigido, tambi?n en nombre de las administraciones que presiden. Saludo, asimismo, a los presidentes de los respectivos Concejos y a todos vosotros, aqu? reunidos.

Nuestro encuentro es una ocasi?n propicia para fortalecer y consolidar los v?nculos profundos, antiguos y tenaces, que unen al Sucesor de Pedro a esta ciudad, ?nica en el mundo, a su provincia y a toda la regi?n del Lacio. A cada uno de los ciudadanos y de los habitantes de Roma y del Lacio le expreso, a trav?s de vosotros, mi afecto, mi cercan?a y mi solicitud pastoral.

Roma, con su historia milenaria y su significado universal, y juntamente con Roma todo el Lacio, sus ciudades, sus aldeas, sus barrios, son una tierra en la que con especial evidencia el cristianismo ha echado ra?ces y ha producido, a lo largo de los siglos, obras de belleza y frutos de bien, mostrando en concreto c?mo el Dios hecho hombre es verdaderamente amigo del hombre. Este patrimonio de bondad y de belleza est? encomendado ahora, en cierto sentido, tambi?n a vosotros, como administradores p?blicos, en el pleno respeto de la sana laicidad de vuestras funciones. Este es un terreno natural de colaboraci?n entre la Iglesia y la sociedad civil, que represent?is. Seguramente el bien humano integral de las poblaciones de Roma y del Lacio se tutela y se incrementa con esa colaboraci?n.

Con este esp?ritu deseo atraer vuestra atenci?n hacia algunas materias de inter?s com?n y de gran importancia y actualidad. Para hacerlo, tomo como punto de partida una experiencia bastante reciente, que me alegr? ?ntimamente: la visita que realic? la semana pasada al comedor de la C?ritas diocesana de Roma, en Colle Oppio. En esa ocasi?n, dedicando el comedor a mi inolvidable predecesor Juan Pablo II, repet? las palabras que pronunci? quince a?os antes en ese mismo lugar: "El hombre que sufre nos pertenece". S?, amables representantes de las administraciones de Roma y del Lacio, todo hombre que sufre pertenece a la Iglesia y, al mismo tiempo, pertenece a todos los hermanos en la humanidad. Por consiguiente, pertenece, de modo preciso, tambi?n a vuestras responsabilidades de administradores p?blicos. As? pues, no puedo menos de alegrarme por la colaboraci?n que existe desde hace tiempo entre los organismos eclesiales y vuestras administraciones, con el fin de aliviar y remediar las numerosas formas de pobreza econ?mica, pero tambi?n humana y relacional, que afligen a un n?mero notable de personas y de familias, especialmente entre los inmigrantes.

Existe, adem?s, el vast?simo campo de la tutela de la salud, que exige un esfuerzo ingente y coordinado para garantizar a quienes sufren enfermedades f?sicas o ps?quicas cuidados oportunos y adecuados: tambi?n en este terreno la Iglesia y las organizaciones cat?licas se alegran de ofrecer su colaboraci?n, a la luz de los grandes principios del car?cter sagrado de la vida humana, desde la concepci?n hasta su fin natural, y de la centralidad de la persona del enfermo. Conf?o en vuestra disponibilidad a favorecer dicha colaboraci?n, que seguramente redundar? en beneficio de toda la poblaci?n.

La misma solicitud por el hombre que nos impulsa a estar cerca de los pobres y de los enfermos nos hace estar atentos a ese bien humano fundamental que es la familia fundada en el matrimonio. Hoy es necesario que se comprendan mejor el valor intr?nseco y las motivaciones aut?nticas del matrimonio y de la familia; el compromiso pastoral de la Iglesia con vistas a ese fin es grande y debe crecer ulteriormente. Pero es igualmente necesaria una pol?tica de la familia y para la familia, que interpele, desde una doble perspectiva, tambi?n vuestras responsabilidades. Se trata de incrementar las iniciativas que pueden hacer menos dif?cil y gravosa para las parejas j?venes la formaci?n de una familia, y tambi?n la generaci?n y educaci?n de los hijos, favoreciendo el empleo juvenil, conteniendo en lo posible el coste de las viviendas y aumentando el n?mero de escuelas de p?rvulos y de guarder?as infantiles. En cambio, parecen peligrosos y contraproducentes los proyectos que pretenden atribuir a otras formas de uni?n reconocimientos jur?dicos impropios, terminando inevitablemente por debilitar y desestabilizar a la familia leg?tima fundada en el matrimonio.

La educaci?n de las nuevas generaciones constituye la prioridad pastoral en la que la di?cesis de Roma est? concentrando actualmente su atenci?n. Ciertamente, todos vosotros sois conscientes de la importancia tambi?n social y civil de esa problem?tica. Por tanto, a la vez que os estoy agradecido por el apoyo que ya dais a algunas formas de compromiso educativo de la Iglesia, especialmente a los oratorios, conf?o en que tambi?n en este ?mbito se desarrolle ulteriormente una provechosa colaboraci?n, respetando la ?ndole y las tareas propias de cada uno de los sujetos interesados.

Distinguidas autoridades, son muchos, y a menudo bastante complejos, los problemas que deb?is afrontar diariamente para promover el desarrollo econ?mico, social y cultural de Roma y del Lacio. Por tanto, os aseguro mi cercan?a y mi oraci?n por vosotros y por las altas responsabilidades que est?is llamados a ejercer. Que el Se?or gu?e vuestros pasos e ilumine vuestros prop?sitos. Con estos sentimientos, imparto de coraz?n a cada uno la bendici?n apost?lica, que extiendo de buen grado a vuestras familias y a cuantos viven y trabajan en Roma, en su provincia y en todo el Lacio.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Habla el Papa
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