S?bado, 27 de enero de 2007
La te?loga Burggraf: ?El ecumenismo es cuesti?n de oraci?n y caridad?


La te?loga Jutta Burggraf afirma que el ecumenismo no es una cuesti?n de doctrina teol?gica ni de colaboraci?n pastoral, sino de oraci?n y de caridad.
Jutta Burggraf es profesora de Teolog?a Sistem?tica y de Ecumenismo en la Facultad de Teolog?a de la Universidad de Navarra. En este entrevista se refiere a la Semana de Oraci?n para la Unidad entre los Cristianos (18-25 enero).
Burggraf recuerda que ?la esperada unidad no ser? un producto de nuestras fuerzas, sino ?un don que viene de lo alto?. Su verdadero protagonista es el Esp?ritu Santo?.
Jutta Burggraf, alemana de origen y profesora en la Universidad de Navarra desde hace a?os, es autora de ?Conocerse y comprenderse. Una introducci?n al ecumenismo?, Madrid 2003, 2? ed. 2003 y del folleto: ?Ecumenismo: ?Qu? es? ?C?mo se vive??, Madrid 2006.


PAMPLONA, lunes, 15 enero 2007 (ZENIT.org).


?Por qu? es necesaria, la semana de oraci?n para la unidad?

Durante el octavario, los cristianos cat?licos, ortodoxos y protestantes de todas las denominaciones ?esparcidos por el mundo entero? est?n invitados ?expresamente? a rezar juntos por su unidad. La Semana se celebra cada a?o del 18 al 25 de enero, d?a en que la Iglesia conmemora la conversi?n de San Pablo.

La fecha es significativa: nos recuerda que no podemos acercarnos unos a otros sin una profunda conversi?n interior, sin buscar cada uno vivir en intimidad con Cristo. Es en ?l donde nos uniremos alg?n d?a.

La esperada unidad no ser? un producto de nuestras fuerzas, sino ?un don que viene de lo alto?. Su verdadero protagonista es el Esp?ritu Santo, quien nos conduce, por los caminos que quiere, hacia la madurez cristiana.

En la oraci?n encontramos sobre todo a Dios, pero de manera especial tambi?n a los dem?s. Cuando rezo por alguien, le veo a trav?s de otros ojos, ya no con aquellos llenos de sospecha o de ?nimo de control, sino con los ojos de Dios. De esta manera, puedo descubrir lo bueno en cada persona, en cada planteamiento. Dejo aparte mis prejuicios y comienzo a sentir simpat?a por el otro.

Rezar significa, purificar el propio coraz?n, para que el otro verdaderamente pueda tener sitio dentro de ?l. Si tengo prejuicios o recelos, cualquiera que entre en ese recinto recibir? un golpe rudo. Tenemos que crear un lugar para los dem?s en nuestro interior. Tenemos que ofrecerles nuestro coraz?n como lugar hospitalario, donde puedan encontrar mucho respeto y comprensi?n.

Si conseguimos esto, ser? m?s aut?ntico el di?logo. A veces, creemos poder disimular f?cilmente nuestros sentimientos y pensamientos negativos. Tratamos de guardar las apariencias, y luego nos asombramos que los dem?s desconf?en de nosotros. La raz?n es muy sencilla: los dem?s suelen percibir con gran nitidez lo que pasa en nuestro interior. Notan si los aceptamos o los rechazamos, y act?an en consecuencia. As? vemos la importancia de empezar por nosotros mismos en la b?squeda de la unidad.

Se insiste mucho en el llamado ?ecumenismo espiritual?...

Con raz?n, porque el ecumenismo no es, en primer lugar, una cuesti?n de doctrina teol?gica ni de colaboraci?n pastoral, sino de oraci?n y de caridad. As? como la falta de amor engendra desuniones, la ?santidad de vida?puede considerarse como el ?alma?o motor de todo el movimiento ecum?nico.

Es significativo que Juan Pablo II haya invitado repetidas veces a una purificaci?n de la memoria a todas las personas y asociaciones.

Sabemos bien que la memoria no es s?lo una facultad relativa al pasado; por el contrario, influye profundamente en el presente. Lo que recordamos afecta, con frecuencia, a nuestras relaciones con los dem?s. Si una herida del pasado queda en la memoria, esta herida puede llevar a una persona a encerrarse en s? misma; puede traducirse en una cierta resistencia a encontrarse de una manera serena entre los dem?s, y puede dificultar o incluso impedir una amistad.

Teniendo esto en cuenta, Benedicto XVI ha dado recientemente un ejemplo elocuente: cuando, a causa de su famosa conferencia de Ratisbona hab?a llegado a ser la v?ctima de una campa?a organizada por algunos adversarios de la Iglesia, no culp? a nadie; es m?s, sobrepas? las reglas de la mera justicia y pidi? perd?n a los musulmanes por las palabras que podr?an haberles herido.

Podemos estar seguros de que una persona contribuye m?s a la unidad de la Iglesia cuando procura transmitir el amor de Dios a los dem?s, que cuando se dedica a los di?logos teol?gicos m?s eruditos con un coraz?n fr?o.

El Papa est? demostrando continuamente su compromiso ecum?nico. ?Advierte un celo an?logo, entre los cat?licos en general?

Benedicto XVI se?al?, desde el comienzo de su pontificado, que est? dispuesto a ?trabajar sin ahorrar energ?as en la reconstituci?n de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo?.

Est? realizando una gran labor ecum?nica, hecha no s?lo de palabras, sino, sobre todo, de gestos fraternos.

As?, por ejemplo, ha donado una considerable cantidad de dinero al patriarcado de Mosc? para la reconstrucci?n de la catedral de la Trinidad en San Petersburgo.

Y, a pesar de las dificultades, que se experimentan actualmente entre anglicanos y cat?licos por cuestiones de car?cter teol?gico y ?tico, ha firmado, hace apenas dos meses, una animante declaraci?n conjunta con el primado de la Comuni?n anglicana.

Los cat?licos est?n cada vez m?s familiarizados con el reto que supone la unidad de todos los cristianos.

A la vez, se dan cuenta ?y el Papa insiste tambi?n en esto? de que el di?logo tiene distintos niveles o ?c?rculos?.

Tiene que comenzar antes, en la ?propia casa?, entre los mismos cat?licos, que tienen que conocerse para entenderse bien. No debemos excluir de nuestro inter?s y cari?o a las personas de otras comunidades cat?licas. Hay mucha variedad en nuestra Iglesia.

No puede ser que las m?ltiples familias religiosas se cierren unas a otras, que cada una vaya a lo suyo, que quiz? haya incluso competencias y rivalidades entre ellas. De este modo, nunca podremos dar a nadie un testimonio convincente de la cercan?a de Dios.

Asimismo, los cat?licos tienen una viva conciencia de que el di?logo va m?s all? del ecumenismo. Se dirige tambi?n a los seguidores de otras religiones y al mundo secularizado. All? nos espera una inmensa tarea, que s?lo podemos afrontar si estamos unidos: con Dios, entre nosotros los cat?licos y con todos los cristianos.

Cuando usted explica el ecumenismo y sus pasos desde el Concilio Vaticano II a sus estudiantes: ?nota inter?s, recelo, sorpresa?

En la Facultad de Teolog?a, tengo alumnos de cuatro continentes, que se llevan muy bien entre s?. La pluralidad es riqueza.

En este clima, no es de sorprender que haya inter?s por el ecumenismo, mucho antes de empezar las clases. Los alumnos est?n abiertos para conocer la historia, los razonamientos, las costumbres y mentalidades de los otros cristianos, no s?lo de modo te?rico, sino tambi?n pr?ctico: algunos acuden a los encuentros en Taiz?, otros hacen ?en las vacaciones? una peregrinaci?n a Santiago con alg?n amigo de otra confesi?n. Tienen muchas iniciativas personales.

Hay tambi?n alumnos que pertenecen a Iglesias orientales cat?licas y nos explican, en clases especialmente dedicadas a ello, el sentido profundo de su modo tan diferente de celebrar la liturgia.

Tambi?n en las otras Facultades se ha despertado un cierto inter?s por el ecumenismo. Los estudiantes de hoy ya no tienen los recelos que, quiz?s, hayan sufrido otras generaciones. Sin embargo, no conocen muy bien la propia fe; muchos no tienen una clara identidad cat?lica.

Por esto, antes de ?dialogar?con otros cristianos, es preciso para ellos descubrir la belleza de su fe. Porque, en un aut?ntico di?logo, el otro quiere saber qui?n soy yo, y yo quiero saber qui?n es ?l.

Si hacemos amistad con una persona de otra confesi?n religiosa, nos interesa realmente lo que piensa y cree. Si ignoramos lo que nos separa, creamos un ambiente de confusi?n que no ayuda a nadie.

Cuando, en cambio, los miembros de las diversas comunidades cristianas siguen cada uno fielmente sus propias creencias, puede parecer, en ciertas circunstancias, que tienen poco en com?n, que est?n bastante alejados unos de otros.

Pero interiormente se parecen mucho m?s que cuando se juntan en acuerdos superficiales y dejan de lado la pregunta por la verdad.

Si cada uno sigue su propia fe, se encuentran unidos en lo m?s hondo de su ser. Tienen la misma actitud fundamental que es la fidelidad a sus propias convicciones. Existe entre ellos una unidad no plenamente visible, pero sumamente real. Es tan real como el Esp?ritu de Cristo que act?a en ellos.


Publicado por verdenaranja @ 23:46  | Entrevistas
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