Lunes, 29 de enero de 2007
Recientemente un grupo de personas de La Guancha visitaron la villa monumental de la Orotava. Recogemos notas editadas por el Ayuntamiento.

La Orotava
Villa Monumental

La Villa de La Orotava es una de las pocas poblaciones de Canarias que a?n conserva su centro hist?rico casi intacto. Desde los inicios del turismo en las islas, en el ?ltimo cuarto del siglo XIX, ha sido lugar de visita obligada para los viajeros extranjeros, que dejaron constancia de las bondades y belleza del pueblo y su entorno en algunas de las p?ginas m?s hermosas de la literatura de viajes referentes a Canarias. La Orotava est? situada en un magn?fico valle que lleva su nombre; aquel que tras contemplarlo en 1799 el naturalista Alejandro de Humboldt, uno de sus visitantes m?s notables, le hiciera expresarse as?: Confieso no haber visto en ninguna parte un cuadro m?s variado, m?s armonioso y m?s atractivo. No puedo comparar esta vista sino a la de los golfos de G?nova ;11 N?poles;, pero La Orotava les excede en mucho por el tama?o de las masas y por la riqueza de la vegetaci?n. La Villa se asoma al Atl?ntico, mar que es vaso comunicados de los pueblos; al pie del Parque Nacional de las Ca?adas que preside el Teide, ese volc?n cargado de leyendas, admirado por viajeros y navegantes desde las primeras d?cadas del siglo XVIII, y que hasta la fecha lo han considerado el s?mbolo por excelencia de las islas Canarias.

La Orotava -la Anudara prehisp?nica- fue parte del antiguo reino de Taoro, uno de los m?s poderosos de la Chinet guanche -la Nivaria del mundo cl?sico-, y la zona m?s rica y f?rtil repartida por la corona a los conquistadores espa?oles en 1496; convirti?ndose as? en solar de abolengo de la aristocracia insular.

Dadas las ?ptimas cualidades clim?tica y orogr?ficas del Valle, en conjunci?n con la abundancia de agua, los colonos plantaron en ?l gran variedad de cultivos a lo largo de los siglos: la ca?a de az?car en el XVI, hasta que la producci?n americana la desbancara de este comercio. En el XVII el az?car ser?a sustituida en el Valle por la vid, produci?ndose dos tipos de vinos de la mejor calidad: el malvas?a y el canary sackk, que Shakespeare, teniente catador, cant? en sus obras, y que se exportaban a Europa y Am?rica. Este comercio gener? riquezas que resultaron en la formaci?n de un n?cleo urbano de gran belleza. La prosperidad econ?mica favoreci? la construcci?n de conventos, la Iglesia de la Inmaculada Concepci?n, -una de las joyas del barroco en Canarias- y una refinada arquitectura renacentista de mansiones con amplios jardines y notables fachadas de canter?a.

El siglo XVIII no fue ben?volo con las islas. La desaparici?n del comercio del vino, originada por las restricciones al comercio, provocaron una seria crisis. La Orotava -al igual que el resto de la isla- entr? en un per?odo de recesi?n econ?mica; sin embargo, las grandes extensiones de tierras y las fortunas amasadas en d?cadas anteriores permitieron a la Villa continuar gozando de una situaci?n econ?mica y cultural privilegiada. La econom?a del Valle se reaviva en el siglo XIX; dos son los factores del despegue: la cochinilla -un insecto que se cr?a en los cactus ,y produce un tinte natural de color p?rpura- que origin? un aut?ntico r?o de oro hasta su estrepitoso hundimiento a partir de 1871 -al inventarse los tintes sint?ticos-. Es entonces cuando el cultivo del pl?tano viene a sustituirla, convirti?ndose en el monocultivo de la agricultura de exportaci?n del valle, favorecido por las compa??as brit?ni?cas F'yffes Limited y Yeoward Brothers. La vinculaci?n de la Villa de La Orotava con el pl?tano y las riquezas que ?sta origin? supuso, entre otras cosas, la incorporaci?n del eclecticismo hist?rico a la arquitectura local. Aparecen ahora los estilos modernistas, ecl?cticos y neog?ticos finales del XIX. El pl?tano tambi?n favoreci? al paisaje, pues reforz? la naturaleza agraria del valle y expandi? su verdor.

Visitar hoy en d?a el centro hist?rico de La Orotava resulta toda una experiencia. Entrar en ella es retroceder siglos, pues el arte que muestran sus iglesias y conventos, en conjunci?n arm?nica con las mansiones aristocr?ticas coronadas por balcones labrados en madera de tea, est?n penetrados por la fragancia evocadora de los tiempos idos. Pasear por sus calles es reencontrarse con las huellas de un pasado hist?rico que a?n palpita y que convierte a La Orotava en una de los lugares m?s atractivos de Canarias.
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