Lunes, 05 de febrero de 2007

Guión litúrgico ofrecido por Manos Unidas para el domingo 11 de Febrero, sexto del Tiempo Ordinario, en la campaña XLVIII - 2007.

MONICION DE ENTRADA

Un año más celebramos hoy, en España, la Jornada Nacional de Manos Unidas. El lema propuesto es "TU SABES LEER, ELLOS NO". Responde a uno de los "ocho objetivos del milenio" que las Naciones Unidas proponen para eliminar la pobreza del mundo.
Todos los seres humanos deseamos ser felices. Es algo instintivo. Dios nos ha creado para ser felices. Pero ¿dónde está la felicidad y como conseguirla? Ante las diversas formas que se nos proponen, la Iglesia nos expone este Domingo las bienaventuranzas de Jesús como fórmula de felicidad.

ACTO PENITENCIAL

Hermanos: Antes de celebrar el misterio de la muerte y resurrección de jesús, pidamos perdón de nuestros pecados:

+ Tú, que proclamaste dichosos a los pobres, perdona nuestro apego a las riquezas: Señor ten piedad.

+ Tú, que declaraste felices a los hambrientos de justicia, perdona todas nuestras injusticias: Cristo ten piedad.

+ Tú, que llamas bienaventurados a los que lloran, perdona nuestra insensibilidad ante las miserias del hombre: Señor ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

MONICION A LAS LECTURAS

Jeremías 17, 5-8 1 Salmo 1 /
1 Corintios 15, 12.16-20 /LUCAS 6, 17.20-26.

Ante la realidad que manifiesta dos formas de comportarse en la vida, la Palabra de Dios nos habla de estos dos caminos; considera malditos a los hombres que prescinden de Dios y declara benditos a los que ponen su confianza en el Señor. ¿Dónde ponemos nuestra seguridad? ¿En quién confiamos? Dispongámonos a escuchar su Palabra como aquellas gentes sencillas que oyeron a Jesús en las orillas del algo Tiberiades.

IDEAS PARA LA HOMILIA

Ser felices es nuestra constante aspiración. Pero el problema se nos complica más cuando nos preguntamos qué hacer para ser felices. La verdadera dicha, la felicidad perfecta, no está directamente relacionada con el mucho tener. Se encuentra más en el ser. La sociedad de la abundancia produce bienestar, pero no felicidad. En los países ricos no se muere de paludismo o malaria, pero se muere de vacío, de estrés o de desencanto.

El hombre que cumple la Palabra de Dios, verdadera sabiduría, consigue la auténtica felicidad. Así lo expresan Jeremías y el salmo responsorial: "Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos..., sino que su gozo es la Palabra del Señor y medita su ley día y noche. Contrasta la felicidad y la infelicidad. Dichoso el que se fía de la providencia de Dios, que cuida de los pájaros y de las flores, que tiene contados hasta los cabellos de nuestra cabeza. Dichoso el que cree que Dios es Padre, aunque no entienda la presencia del mal: "será como un árbol plantado al borde de la acequia".

Por el contrario, "maldito quien aparta su corazón del Señor", el que se endiosa actuando y prescindiendo de Dios. Hoy nos define Jesús el programa del Reino con cuatro bienaventuranzas, que vienen complementadas por otras cuatro malaventuranzas. Este mensaje de salvación es el mismo que Jesús proclamó en la sinagoga de Nazaret: "El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres..."

"Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos". La pobreza, la carencia de los bienes necesarios para la vida no es buena, ni causa la felicidad. La pobreza sólo es buena cuando se acepta o busca voluntariamente. O cuando viene como resultado de ayudar a los demás con los propios bienes o para compartir la misma vida de los pobres. La pobreza evangélica es hija del amor y produce libertad. La pobreza sociológica normalmente es hija de la injusticia y produce subdesarrollo, enfermedad y muerte. Y Dios nos quiere la muerte, es Dios de vivos y quiere la vida. Jesús bendice a los pobres porque son humildes y confían en El; porque están más vacíos de sí mismos y no se apoyan en sus mucha sabiduría o grandes capacidades son dichosos porque Dios esta con ellos y llena sus vacíos, porque es su consuelo y su fuerza. El Reino de Dios les pertenece.

También afirma Jesús, "Ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo". Infelices los que son ricos a costa de los pobres, los que no reparten con justicia, los que no distribuyen con amor, los que no respetan la dimensión social de la riqueza, los que se apoyan en el tener cada día más como sea, los codiciosos, los avaros, los que tienen como máxima que "el dinero no da la felicidad, pero ayuda a comprarla".

"Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados". Parece un sarcasmo el llamar felices a los hambrientos de pan y sedientos de agua, pues se trata de necesidades vitales que es necesario tener cubiertas. A lo más podemos comprender que son felices los que ayunan voluntariamente par ayudar a los hambrientos obligatorios o para compartir solidariamente su situación. Mateo puntualiza: "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia", porque si fuésemos más justos habría menos hambre física en el mundo.

Ante la realidad del hambre, contrasta Jesús: "Ay de vosotros los que estáis saciados". Jesús no habla contra los que tienen lo suficiente para satisfacer sus necesidades. Sólo llama infelices a los que nadan en la abundancia, mientras otros mueren de inanición; los que desperdician la comida que podría alimentar a otros; los que se rodean de cosas y cosas que podrían cubrir las necesidades de otros; los que no hacen nada para que disminuyan las injusticias...

"Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis". Jesús bendice el llanto de la compasión por los que lloran ante el peso de la limitación; el llanto de aquellos que lamentan los males físicos que azotan los demás; el de quienes lloran los propios pecados y los males morales de la humanidad. Jesús promete la felicidad del cielo a cuantos han sido solidarios con los agobiados de la tierra.

Por el contrario, Jesús dice:"Ay de los que ahora reís, porque haréis luto y lloraréis". Jesús no ataca a los que se ríen disfrutando, Dios quiere nuestra dicha. Jesús llama infelices a los que ríen sobre las lágrimas de los demás; a los que trafican con armas o con drogas para matar; a los que se ríen de las des-gracias ajenas; a los que se inhiben ante las miserias del mundo.

"Dichosos vosotros, cuando os odien y os excluyan... por causa del Hijo del Hombre".Tampoco es bueno ser odiado e insultado por haber dado motivo para ello. Pero sí por ser fiel a Jesucristo y a su evangelio.

Por el contrario, afirma Jesús: "Ay si todo el mundo habla bien de vosotros". Jesús no va contra los que merecen la aprobación de los demás por sus virtudes: entrega, generosidad, bondad, altruismo, servicio, justicia... Jesús va contra los adulados por dinero o servilismo, los que venden su imagen como positiva, siendo sus obras o intenciones negativas; los que se preocupan de tener una buena fachada para recibir ala¬banza, sin tener contenido interior.

El mensaje de Jesús rompe con los esquemas de felicidad del mundo. Su código de felicidad es tremendamente paradójico y El mismo en persona será el exponente de esa paradójica felicidad: en su vida humilde y en su muerte de cruz encontrará su vida plena de resucitado.
Es posible que en pleno siglo XXI este mensaje nos pueda seguir resultando un tanto extraño. Estamos acostumbrados, también los cristianos, a vivir en una sociedad que en gran medida ha estado y está de parte de los poderosos y de los que asientan su felicidad en la economía materialista. Con esta forma de pensar es imposible entender el mensaje de Jesús y el programa de vida que nos propone. Todos corremos el riesgo de dejarnos enfangar en el Iodo que nos empuja a poseer y al deseo de tenerlo todo. Nos es muy fácil caer en la trampa del consumismo.

Pero el Espíritu de Dios no deja de soplar en la historia de los hombres, nos invita constantemente a despertar para tomar-nos más en serio la conciencia social del Evangelio.

¿Qué debemos hacer? ¿Cómo podremos seguir el camino de Jesús? Unidos a El podremos caminar por las sendas de la felicidad, por el camino de las bienaventuranzas y así ser testimo¬nio de esperanza. Que la Eucaristía que celebramos nos rea-firme en este programa de Jesús.


ORACION DE LOS FIELES

Gozosos y confiados en la salvación de Dios, con espíritu de pobres, oremos por el mundo, por la Iglesia y por nosotros:

1.- Por el Papa Benedicto XVI, por nuestros Obispos y por todos los Sacerdotes, para que, viviendo el ejemplo de Jesús, guíen al pueblo de Dios por el camino de las Bienaventuranzas. Roguemos al Señor.

2.- Por la Iglesia, para que sea siempre un ejemplo de sencillez, de desprendimiento de todo afán de riquezas y de poder. Roguemos al Señor.

3.- Por los gobernantes de las naciones, para que impulsen el desarrollo de los pueblos más necesitados, respetando los valores humanos y cristianos. Roguemos al Señor.

4.- Por todos los que se encuentran en situación de sufrimiento, por los enfermos, por los más desheredados de la tierra, por todos los que viven con hambre y sed, para que el consuelo de Dios y la ayuda de todos les haga salir de su pobreza. Roguemos al Señor.

5.- Por todos los que trabajan en y con Manos Unidas, para que su ejemplo sea llamada y convocatoria que atraiga a otros voluntarios. Roguemos al Señor.

6.- Por todos los difuntos, y de una manera especial por los que han dedicado tiempo o recursos económicos a Manos Unidas para cumplir con su misión en la promoción y desarrollo de los más débiles. Roguemos al Señor.

7.- Por todos nosotros que participamos en esta Eucaristía, por los que la siguen a través de Televisión Española y por los que viven en la abundancia de bienes, para que a través de nuestro compromiso y estilo de vida contribuyamos a que se consiga hacer realidad los objetivos del milenio. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre de bondad, las plegarias que te hemos dirigido con confianza filial. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.


PRESENTACION DE OFRENDAS

Presentamos, Señor, el pan y el vino, para que transformados en alimento y bebida de salvación, nos den las fuerzas necesarias para seguir caminando en testimonio cristiano


Los proyectos subvencionados por Manos Unidas en el año 2006 y el cartel que motiva la campaña de este año. Con estos signos ponemos en tu presencia tantos esfuerzos y gestos de amor que hacen avanzar del Reino de Dios en los más escondidos rincones del Planeta. Gestos que apenas son noticia, pero son fermento de bienaventuranza.


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Liturgia
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