Lunes, 05 de febrero de 2007
Art?culo publicado en el Bolet?n n?meo 165, Octubre-Diciembre 2006 de Manos Unidas, en la secci?n de "Colaboraci?n".

Vidas por el reino de la Vida


Monse?or
Pedro Casald?liga


Naci? en Balsareny (Catalu?a) en 1928. Fue ordenado sacerdote en 1952 y lleg? a Brasil en 1968. Ha sido galardonado con diversos premios y es Doctor Honoris Causa por varias universidades. En la actualidad es Obispo em?rito de la Prelatura de S?o Felix do Araguaia, en la Amazonia brasile?a.


?Vivir y no tener verg?enza de ser feliz" dice la canci?n brasile?a. Y ?sta es simult?neamente la m?s elemental y la m?s suprema aspiraci?n de todo ser humano. Vivir y ser feliz; no sobrevivir apenas. En cualquier Filosof?a y en cualquier Teolog?a el tema central, en ?ltima instancia, es la vida; y m?s expl?citamente la vida en plenitud. Vivir sabiendo por qu? se vive: las causas de la vida valen m?s que la vida misma, porque le dan a la vida su raz?n de ser. Vivir arm?nicamente, llevando hacia delante esas varias tensiones del ser humano, conflictivas entre s? y hasta contradictorias, pero que un vivir arm?nico conjuga y equilibra para una creciente plenitud. Una vida feliz: ?sta es la primordial, la irrenunciable, la m?xima aspiraci?n humana.

Todas las religiones adoran e invocan, a su modo, al Dios de la Vida. Porque Dios da la vida, la sustenta, la protege. Y Dios planifica la vida m?s all? de la muerte. Para nuestra fe cristiana, la Biblia repite, con expresiones consagradas, que Dios es el Se?or y Dador de la vida. Su oferta a la Humanidad es la vida precisamente: una vida honesta, una vida feliz. Entre los dos posibles caminos (el de la vida y el de la muerte), Dios hace a la libertad humana la oferta de la vida. En el Evangelio Jes?s proclama repetidamente que ?l es la Vida, que Dios no es Dios de muertos sino de vivientes, que ?l, Jes?s de Nazaret, ha venido precisamente para que todos tengamos vida y la tengamos en plenitud.

Vidas aut?nticas

La realidad, de hoy y de ayer, m?s parece ser de muerte que de vida. En este mundo embustero y cruel hay vidas y vidas; hay vidas euf?ricas, excesivas incluso, y hay raqu?ticas sobrevivencias. Vidas de primera clase y vidas de tercera clase, un primer mundo y un tercer mundo, y un cuarto mundo tambi?n. El santo patriarca de Am?rica, Bartolom? de las Casas, denunciaba prof?ticamente "las muertes antes de tiempo". Hoy siguen muriendo, de hambre, de enfermedades curables, millones de vidas humanas, antes de tiempo y en el mayor absurdo, en un verdadero humanicidio global. Dos tercios de la humanidad tienen la vida, o prohibida categ?ricamente o c?nicamente cohibida. Y de esa tr?gica y blasfema realidad nosotros somos testigos.

Manos Unidas quiere convidarnos a ser "Testigos y Cuidadores de la Vida". No har?a falta la invitaci?n; no deber?a hacer falta. La vocaci?n, la misi?n, el servicio diario de toda vida humana es anunciar la vida, defender la vida, dar vida, hacer posible la vida "feliz". Hoy s? y ma?ana tambi?n, porque tienen el mismo derecho nuestras vidas presentes que las vidas futuras. Estamos empezando a despertar, sobresaltados, delante de la estructurada iniquidad de nuestro mundo sumergido en un capitalismo neoliberal que es simult?neamente homicida, ecocida y suicida.

Si queremos ser vidas humanas decentes, si queremos ser vidas cristianas aut?nticas, hemos de cultivar con mimo, gratuitamente, corresponsablemente, la espiritualidad de la vida. Una espiritualidad hol?stica. La espiritualidad del "cuidado", que nos est? recordando ?ltima-mente, con insistencia, el te?logo ecologista Leonardo Boff. Un di?logo libre, adulto y fraterno, de las espiritualidades occidentales con las espiritualidades orientales, viene favoreciendo el descubrimiento y la vivencia de esa espiritualidad total, integralmente humana, panente?stica incluso. Ese cuidado con la vida, que nos obligar? a medir los gestos, las palabras, las decisiones. Ese vivir "como Dios manda", en casa, en el vecindario, en el trabajo, en el ocio y la diversi?n o en el dolor y en la lucha; en la pol?tica, tambi?n en la profanada pol?tica que deber?a ser el cuidado de la vida de las personas y de los pueblos.


Irrenunciable misi?n

Hace treinta a?os que el jesuita misionero, Jo?o Bosco Penido Burnier, cay? m?rtir, a mis pies, asesinado por la polic?a militar, cuando ?l y yo intent?bamos liberar a dos mujeres campesinas torturadas por esa polic?a. A ra?z de este martirio, construimos el Santuario dos M?rtires da Caminhada Latino-americana y, cada mes de julio, venimos cele?brando la Romer?a de los M?rtires, fielmente, comprometidamente, acompa??ados de muchos hermanos y hermanas que sienten el mismo deber y la misma alegr?a de ser testigos de testigos. Testigos de aquellos y aquellas que dieron su vida y hasta su muerte, por la vida.

El Santuario est? dedicado no s?lo a los m?rtires de la fe cristiana, expl?citamente tales, sino tambi?n a todos los m?rtires de la vida, por la vida, por las diferentes causas de la vida. La misma Iglesia se ha ido abriendo, hasta oficial-mente en cierta medida, a esa compren?si?n mayor del martirio. Dar la vida por la vida (la justicia y la paz, los derechos hu?manos, la identidad reconocida de los pueblos y de las etnias, la tierra, el agua, la ecolog?a...) es dar la vida por el Reino del Dios de la Vida.

Deber?amos entender y asumir, con lucidez, superando dicotom?as, que todas las causas de la vida son causas de Dios, que el Reino de Dios es el Reino de la Vida, que no es posible amar a Dios y servir a Dios sin amar la Vida y servir la Vida. Nosotros, nosotras, esa pretenciosa tribu de los cristianos y cristianas, que tan orondamente nos consideramos Pueblo Elegido, tenemos una irrenunciable misi?n de ser testigos de la vida. ?No somos testigos de la Pascua?

Manos Unidas nos invita a ser "Testigos y Cuidadores de la Vida". Manos unidas, vidas unidas. Cada vez m?s compenetr?ndonos con la vida sufrida, prohibida tal vez, de millones de hermanos y hermanas de vida. Cada vez m?s deber?amos entender como imposible una vida que no sea solidaria, minuto a minuto, palmo a palmo, con todas las dem?s vidas. No podemos ser testigos perjuros de la vida. Si profesamos la fe en el Dios de la Vida y celebramos el Misterio Pascual, no podemos renegar en la pr?ctica de esa fe. "En la tarde de la vida seremos juzgados en el amor", canta San Juan de la Cruz. En el amor a la Vida se-remos juzgados. Como el otro Juan, en su primera carta, nosotros, nosotras, humildemente, pero con gallard?a evangelizadora, seremos testigos y cuidadores del don de la vida. "Lo que exist?a desde el principio, lo que hemos o?do, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos, es nuestro tema: la Palabra de vida. La vida se manifest?: la vimos, damos testimonio y os anunciamos la Vida que estaba junto al Padre y se nos manifest?. Lo que vimos y o?mos os lo anunciamos tambi?n a vosotros para que compart?is nuestra vida, como nosotros la compartimos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que se colme vuestra alegr?a."


La vocaci?n, la misi?n, el servicio diario de toda vida humana es anunciar la vida, defender la vida, dar vida, hacer posible la vida feliz.
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