Martes, 06 de febrero de 2007
Mensaje que Benedicto XVI ha enviado a los chicos y chicas del mundo con motivo de la XXII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrar? el 1 de abril de 2007, Domingo de Ramos.


"Como yo os he amado,
as? amaos tambi?n vosotros los unos a los otros"
(Jn 13,34)

Queridos j?venes:
Con ocasi?n de la XXII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrar? en las Di?cesis el pr?ximo Domingo de Ramos, quisiera proponer para vuestra meditaci?n las palabras de Jes?s: "Como yo os he amado, as? amaos tambi?n vosotros los unos a los otros" (Jn 13,34).
?Es posible amar?

Cada persona siente el deseo de amar y de ser amado. Sin embargo, ?qu? dif?cil es amar, cu?ntos errores y fracasos hay que registrar en el amor! Hay quien incluso llega a dudar si el amor es posible. Pero si carencias afectivas o desilusiones sentimentales pueden hacernos pensar que amar sea una utop?a, un sue?o inalcanzable, ?hay que resignarse? ?No! El amor es posible y la finalidad de este mi mensaje es el de contribuir a revivir en cada uno de vosotros, que sois el futuro y la esperanza de la humanidad, la fe en el amor verdadero, fiel y fuerte; un amor que genera paz y alegr?a; un amor que une a las personas, haci?ndolas sentirse libres en el mutuo respeto. Dejad ahora que recorra junto a vosotros un itinerario, en tres momentos, hacia el "descubrimiento" del amor.

Dios, fuente del amor

El primer momento hace referencia a la fuente del amor verdadero, que es ?nica: es Dios. San Juan lo pone bien en evidencia cuando afirma que "Dios es amor" (1Jn 4,8.16); ?l no quiere decir s?lo que Dios nos ama, sino que el ser mismo de Dios es amor. Estamos aqu? ante la revelaci?n m?s luminosa de la fuente del amor que es el misterio trinitario: en Dios, uno y trino, hay un eterno intercambio de amor entre las personas del Padre y del Hijo, y este amor no es una energ?a o un sentimiento, sino una persona, es el Esp?ritu Santo.

La Cruz de Cristo revela plenamente el amor de Dios
?C?mo se nos manifiesta Dios-Amor? Estamos aqu? en el segundo momento de nuestro itinerario. Aunque en la creaci?n ya est?n claros los signos del amor divino, la revelaci?n plena del misterio ?ntimo de Dios se ha realizado en la Encarnaci?n, cuando Dios mismo se hizo hombre. En Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, hemos conocido el amor en todo su alcance. De hecho, "la verdadera originalidad del Nuevo Testamento ? he escrito en la Enc?clica Deus caritas est - no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito" (n.? 12). La manifestaci?n del amor divino es total y perfecta en la Cruz, como afirma san Pablo: "la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav?a pecadores, muri? por nosotros" (Rm 5,8). Cada uno de nosotros, por lo tanto, puede decir sin equivocarse: "Cristo me am? y se entreg? por m?" (cfr. Ef 5,2). Redimida por su sangre, ninguna vida humana es in?til o de poco valor, porque todos somos amados personalmente por ?l con un amor apasionado y fiel, con un amor sin l?mites. La Cruz, locura para el mundo, esc?ndalo para muchos creyentes, es en cambio "sabidur?a de Dios" para los que se dejan tocar hasta en lo m?s profundo del propio ser, "porque lo que es necedad de Dios es m?s sabio que los hombres, y lo que es debilidad de Dios es m?s fuerte que los hombres" (1Cor 1,24-25). Es m?s, el Crucificado, que despu?s de la resurrecci?n lleva para siempre los signos de la propia pasi?n, pone de relieve las "falsificaciones" y mentiras sobre Dios, que se ocultan bajo el manto de la violencia, la venganza y la exclusi?n. Cristo es el Cordero de Dios, que carga con el pecado del mundo y erradica el odio del coraz?n del hombre. ?sta es su verdadera "revoluci?n": el amor.

Amar al pr?jimo como Cristo nos ama

Y aqu? tenemos el tercer momento de nuestra reflexi?n. En la cruz Cristo grita: "Tengo sed" (Jn 19,28): revela as? una ardiente sed de amar y de ser amado por cada uno de nosotros. S?lo si llegamos a percibir la profundidad y la intensidad de tal misterio, nos damos cuenta de la necesidad y de la urgencia de amarlo por nuestra parte "como" ?l nos ha amado. Esto conlleva el empe?o de dar tambi?n, si fuera necesario, la propia vida por los hermanos sostenidos por el amor de ?l. Ya en el Antiguo Testamento Dios hab?a dicho: "Amar?s a tu pr?jimo como a ti mismo" (Lev 19,18), pero la novedad de Cristo consiste en el hecho de que amar como ?l nos ha amado significa amar a todos, sin distinci?n, tambi?n a los enemigos, "hasta el extremo" (cfr. Jn 13,1).

Testigos del amor de Cristo

Quisiera ahora detenerme en tres ?mbitos de la vida cotidiana donde vosotros, queridos j?venes, est?is llamados en modo particular a manifestar el amor de Dios. El primer ?mbito es la Iglesia que es nuestra familia espiritual, compuesta por todos los disc?pulos de Cristo. Testigos de sus palabras: "En esto conocer?n todos que sois disc?pulos m?os: si os ten?is amor los unos a los otros" (Jn 13,35), alimentad, con vuestro entusiasmo y vuestra caridad, las actividades de las parroquias, de las comunidades, de los movimientos eclesiales y de los grupos juveniles a los que pertenec?is. Sed sol?citos en buscar el bien de los dem?s, fieles a los compromisos tomados. No dud?is en renunciar con alegr?a a algunas de vuestras diversiones, aceptad de buena gana los sacrificios necesarios, dad testimonio de vuestro amor fiel por Cristo anunciando su Evangelio especialmente entre vuestros coet?neos.

Prepararse al futuro

El segundo ?mbito, donde est?is llamados a expresar el amor y a crecer en ?l, es vuestra preparaci?n al futuro que os espera. Si est?is prometidos, Dios tiene un proyecto de amor en vuestro futuro de matrimonio y de familia y por eso es esencial que vosotros lo descubr?is con la ayuda de la Iglesia, libres del prejuicio difundido que el cristianismo, con sus mandamientos y sus prohibiciones, ponga obst?culos a la alegr?a del amor e impida en particular disfrutar plenamente aquella felicidad que el hombre y la mujer buscan en su rec?proco amor. El amor del hombre y de la mujer est? al origen de la familia humana y la pareja formada por el hombre y la mujer tiene su fundamento en el dise?o original de Dios (cfr. Gen 2,18-25). Aprender a amarse como pareja es un camino maravilloso, aunque necesita un aprendizaje laborioso. El per?odo del noviazgo, fundamental para construir el matrimonio, es un tiempo de espera y de preparaci?n, que hay que vivir en la castidad de los gestos y de las palabras. Esto permite madurar en el amor, en el cuidado y en la atenci?n para con el otro; ayuda a ejercitar el autodominio, a desarrollar el respeto del otro, caracter?sticas del verdadero amor que no busca en primer lugar la propia satisfacci?n ni el propio bienestar. En la oraci?n com?n pedid al Se?or que cuide y acreciente vuestro amor y lo purifique de todo ego?smo. Non dud?is en responder generosamente a la llamada del Se?or, porque el matrimonio cristiano es una verdadera y aut?ntica vocaci?n en la Iglesia. Igualmente, queridos y queridas j?venes, estad preparados a decir "s?", si Dios os llama a seguirlo en el camino del sacerdocio ministerial o de la vida consagrada. Vuestro ejemplo ser? un aliciente para muchos de vuestros coet?neos, que est?n buscando la verdadera felicidad.

Crecer en el amor cada d?a

El tercer ?mbito del compromiso que conlleva el amor es el de la vida cotidiana con sus m?ltiples relaciones. Me refiero sobre todo a la familia, al estudio, al trabajo y al tiempo libre. Queridos j?venes, cultivad vuestros talentos no s?lo para conquistar una posici?n social, sino tambi?n para ayudar a los dem?s "a crecer". Desarrollad vuestras capacidades, no s?lo para ser m?s "competitivos" y "productivos", sino para ser "testigos de la caridad". Unid a la formaci?n profesional el esfuerzo de adquirir conocimientos religiosos ?tiles para poder desempe?ar vuestra misi?n en modo responsable. En modo particular, os invito a profundizar en la doctrina social de la Iglesia, para que a partir de sus principios est? inspirada e iluminada vuestra acci?n en el mundo. El Esp?ritu Santo os haga ingeniosos en la caridad, perseverantes en los compromisos que asum?is, y audaces en vuestras iniciativas, para que pod?is ofrecer vuestra contribuci?n a la edificaci?n de la "civilizaci?n del amor". El horizonte del amor es verdaderamente ilimitado: ?es el mundo entero!

"Osar el amor" siguiendo el ejemplo de los santos

Queridos j?venes, quisiera invitaros a "osar el amor", a no desear otra cosa que un amor fuerte y hermoso, capaz de hacer de toda la existencia una realizaci?n gozosa del don de vosotros mismos a Dios y a los hermanos, imitando a Aquel que mediante el amor ha vencido para siempre el odio y la muerte (cfr. Ap 5,13). El amor es la ?nica fuerza capaz de cambiar el coraz?n del hombre y de la humanidad entera, haciendo provechosas las relaciones entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre culturas y civilizaciones. De esto da testimonio la vida de los Santos, verdaderos amigos de Dios, que son el canal y el reflejo de este amor original. Esforzaos en conocerlos mejor, encomendaos a su intercesi?n, intentad vivir como ellos. Me limito a citar a Madre Teresa que, para apresurarse en responder al grito de Cristo "Tengo sed", grito que la hab?a removido profundamente, comenz? a recoger a los moribundos de las calles de Calcuta, en India. Desde entonces, el ?nico deseo de su vida se convirti? en saciar la sed de amor de Cristo no con palabras, sino con actos concretos, reconociendo el rostro desfigurado, sediento de amor, en el rostro de los m?s pobres entre los pobres. La Beata Teresa puso en pr?ctica la ense?anza del Se?or: "Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos m?os m?s peque?os, a m? me lo hicisteis" (Mt 25,40). Y el mensaje de este humilde testigo del amor se ha difundido por el mundo entero.

El secreto del amor

A cada uno de nosotros, queridos amigos, se nos concede alcanzar este grado de amor, pero s?lo recurriendo al indispensable apoyo de la Gracia divina. S?lo la ayuda del Se?or nos permite huir de la resignaci?n frente a la enormidad de la tarea a llevar a cabo y nos infunde el valor de realizar lo que humanamente es impensable. El contacto con el Se?or en la oraci?n nos mantiene en la humildad, record?ndonos que somos "siervos in?tiles" (cfr. Lc 17,10). Sobre todo, la Eucarist?a es la gran escuela del amor. Cuando se participa en forma regular y con devoci?n en la Santa Misa, cuando se transcurren en compa??a de Jes?s eucar?stico prolongadas pausas de adoraci?n, es m?s f?cil comprender la anchura, la longitud, la altura y la profundidad de su amor que excede a todo conocimiento (cfr. Ef 3,17-18). Compartiendo el Pan eucar?stico con los hermanos de la comunidad eclesial se es impulsado a traducir "con prontitud", como lo hizo la Virgen con Isabel, el amor de Cristo en generoso servicio a los hermanos.

Hacia el encuentro de Sydney

Iluminante es al respecto la exhortaci?n del ap?stol Juan: "Hijos m?os, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y seg?n la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad" (1Jn 3,18-19). Queridos j?venes, es con este esp?ritu que os invito a vivir la pr?xima Jornada Mundial de la Juventud junto con vuestros Obispos en vuestras respectivas Di?cesis. ?sta representar? una etapa importante hacia el encuentro de Sydney, cuyo tema ser?: "Recibir?is la fuerza del Esp?ritu Santo, que vendr? sobre vosotros, y ser?is mis testigos"(Hch 1,8). Mar?a, Madre de Cristo y de la Iglesia, os ayude a hacer resonar en todas partes el grito que ha cambiado el mundo: "?Dios es amor!". Os acompa?o con la oraci?n y de coraz?n os bendigo.

Vaticano, 27 de enero de 2007

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducci?n del original italiano distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 23:11  | Habla el Papa
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