Mi?rcoles, 07 de febrero de 2007
La pastoral de la salud en el nuevo contexto socio-sanitario
Mensaje de los Obispos de la Comisi?n Episcopal de Pastoral
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La Campa?a del Enfermo nos invita a hacer memoria agradecida del camino recorrido por la pastoral de la salud y a situarnos con realismo en el momento presente de la Iglesia y del mundo de la salud y la enfermedad para acogerlo, comprenderlo y acompa?arlo.

ACOGER, ACEPTANDO LAS DIFERENCIAS

Reconocemos y apreciamos los logros obtenidos por el desarrollo de la ciencia m?dica y de la tecnolog?a sanitaria en todos los campos de la lucha contra la enfermedad y la restauraci?n de la salud ?prevenci?n y superaci?n de las enfermedades, diagn?stico, cirug?a, tratamiento del dolor, calidad de vida, etc.? que han conseguido un mejor cuidado y una mejor asistencia sanitaria.
Al mismo tiempo, estimamos el compromiso y esfuerzo de los responsables de la vida pol?tica y administrativa en promover y salvaguardar el derecho constitucionalmente sancionado de tutelar la salud de los ciudadanos, dotando al mundo sanitario del m?s alto nivel cient?fico y de las m?s altas garant?as sociales.

Acoger el momento presente de la salud y la enfermedad requiere tener presente los profundos cambios socio-culturales que han modificado en pocos a?os el modo concreto de entender y de vivir hechos tan decisivos para el ser humano como son el nacer, el sufrir o el morir. En la perspectiva actual, el centro de actuaci?n no es la enfermedad y la curaci?n como tal, sino la salud, el cuidado y la prevenci?n. De la medicina de las necesidades se ha pasado a la medicina del deseo.

COMPRENDER UN MUNDO COMPLEJO

Desde hace unos a?os, se promueve una cultura de la salud no exenta de graves contradicciones y ambig?edades. Se defiende el respeto y el cuidado de la vida, pero se adoptan comportamientos individuales y sociales que difunden una cultura "antivida" (aborto, eutanasia). Se desarrolla el cuidado del cuerpo, pero se olvida la dimensi?n espiritual de la persona. Se promueve una calidad de vida que, lejos de favorecer una vida digna para todos, desarrolla un bienestar material para unos y una marginaci?n empobrecedora para otros. Se exalta la salud y se la idolatra incluso de manera equivocada. Se fomentan al mismo tiempo, formas de vida insana y conductas de car?cter autodestructivo.

Vivimos una confianza ilimitada en la ciencia que conduce a contemplarlo todo desde un plano inmanentista, que no es que niegue la trascendencia, sino que pr?cticamente no le importa y parece no necesitarla para su explicaci?n. Se centra dicho comportamiento en la salud y los problemas fundamentales de la carencia de salud que necesariamente llevan a la muerte, se ocultan y no se tratan m?s all? de la cuenta estad?stica o bien del caso cl?nico. Se da un desplazamiento de las experiencias dolorosas y se fomenta una especie de ?sue?o promet?ico?, en el que el ser humano se considera due?o de la vida y de la muerte. En esta situaci?n de dominio, ?la impaciencia terap?utica? le facilitar? poner todos los medios para posponer la muerte y, la eutanasia le ofrecer? asumir el derecho a anticiparla y determinarla.

ACOMPA?AR LA VIDA EN LA ESPERANZA

El ser humano, sin embargo, es consciente que a?n mantiene un pleito con el envejecimiento, con las enfermedades cr?nicas o incurables, con las situaciones de fragilidad, la discapacidad y la dependencia, con la aparici?n de nuevas patolog?as y nuevas amenazas, ya que la muerte sigue estando presente. Esto produce un ?malestar existencial? que influye de forma negativa en la b?squeda del sentido de la vida y en la elaboraci?n de una escala de valores respetuosa de la persona y de la naturaleza.

Acompa?ar en este nuevo contexto es tener en cuenta que la mayor esperanza de vida y la natalidad oscilante provocan que la pir?mide de poblaci?n se invierta y que aparezca el envejecimiento de la poblaci?n como problema en la sociedad y en el mundo sanitario. Entre los cambios sociodemogr?ficos cabe destacar igualmente el incremento de la inmigraci?n y su carga de multiculturalidad: diferente concepci?n de la enfermedad, h?bitos higi?nicos diet?ticos distintos, y dificultades, en consecuencia, para la prevenci?n y aparici?n de nuevas enfermedades.

Cuanto mayor es el poder t?cnico del hombre, tanto m?s se hace sentir la necesidad de una ?tica que salvaguarde la dignidad del ser humano. La multiculturalidad y la misma pluralidad bio?tica dejan entrever que las propuestas, los debates y las sensibilidades existentes son el reflejo de una sociedad plural, pragm?tica y con marcado acento individualista.

La forma de acompa?ar, como respuesta de la Iglesia, no puede ser otra que la proclamaci?n y la vivencia del mensaje alegre de la esperanza, fundado en la certeza de la resurrecci?n de Cristo y, por tanto, en el amor y la fidelidad salvadora de Dios. De esta esperanza quiere dar raz?n (cfr 1Pt 3,15) a trav?s del di?logo respetuoso, toda confrontaci?n honesta y una activa colaboraci?n.

Hoy es m?s necesario evangelizar el mundo de la salud y la enfermedad, recordar cada d?a la par?bola del Buen Samaritano (Lc 10.29-37). Dos aspectos de la misi?n de toda comunidad cristiana: ?el anuncio del Evangelio y el testimonio de la caridad?, subrayan lo importante que es traducir el mensaje de Cristo en iniciativas concretas. De ah? que se nos recuerde una vez m?s la obligaci?n de hacer presente la esperanza, regalo de la Pascua, a trav?s del anuncio de la Palabra, de la Oraci?n y de la celebraci?n de los Sacramentos, signos de comuni?n y servicio a los hermanos que sufren.

Impulsar una verdadera evangelizaci?n no ser? posible sin colaborar, desde la inspiraci?n del evangelio, en la promoci?n de una nueva cultura de la salud, m?s atenta a todas las dimensiones del ser humano y m?s abierta a su salvaci?n definitiva; evangelizaci?n que interpele a la cultura moderna sobre el concepto de hombre que se esconde tras ese modelo de salud tecnificada, medicalizada e idolatrada; que aporte sentido ?tico y criterios morales al servicio de una vida realmente humana; que ense?e la verdadera actitud ante el dolor y el sufrimiento, y que promueva la solidaridad con los pueblos m?s pobres y desvalidos de la tierra.

Es tarea urgente imprimir un rostro m?s humano a la asistencia y al cuidado a los enfermos. Cuando el gesto va acompa?ado de la caridad se traduce en dedicaci?n generosa, encuentro caluroso, delicadeza tierna, presencia humilde y gratuita?, y posee una fuerte carga interna que trasciende todo, planteando cuestiones de sentido, ampliando los espacios de comprensi?n y comuni?n, constituyendo una base que facilita conseguir nuevas metas, abriendo la mente y el coraz?n a horizontes m?s elevados. Ser? siempre proclamaci?n silenciosa, pero eficaz, del Evangelio.

Colaborar en la humanizaci?n del mundo de la salud, no supone s?lo colocar las premisas para la evangelizaci?n de esa realidad, sino que ya es actividad evangelizadora. Cuando el ser humano es tratado en su enfermedad como persona y es ayudado a realizarse en su fragilidad, se est? proclamando que el hombre mantiene su valor de hijo de Dios en todo momento, tambi?n cuando sufre la degradaci?n del cuerpo o la mente.

Nuestra presencia en el mundo de la salud y de la enfermedad se hace as? regalo de la esperanza. De ?l queremos hacer participes a todos los que entregan su vida por los dem?s, creyentes o no. Hombres y mujeres, en definitiva, de buena voluntad. Nuestro primer objetivo est? constituido por la promoci?n de valores como la justicia, el respeto a la persona, la fraternidad y la solidaridad, necesarios para construir la civilizaci?n del amor.

Estamos llamados, por tanto, a promover signos de reconciliaci?n, respeto mutuo, acogida y comuni?n. Desde la calidad de una relaci?n fraterna y gratuita es posible transformar el mundo de la salud en el ambiente fraterno de la nueva civilizaci?n del amor, modelo de convivencia m?s humana, siguiendo los pasos de Cristo, que ?vino a servir y no para ser servido? (Mt 20,28).

Que Mar?a, Salud de los enfermos, consuele a los enfermos y anime a los que dedican su vida, como Buenos Samaritanos, a curar las heridas f?sicas y espirituales de los que sufren. Daremos todos as? testimonio eficaz de la solicitud amorosa de Dios Padre misericordioso.

Jes?s Catal? Iba?ez, Obispo de Alcal? de Henares
Rafael Palmero Ramos, Obispo de Orihuela-Alicante
Francisco Ciuraneta Aym?, Obispo de Lleida
Carlos Soler Perdig?, Obispo de Girona
Esteban Escudero Torres, Obispo Auxiliar de Valencia
Publicado por verdenaranja @ 23:25  | Hablan los obispos
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