Jueves, 08 de febrero de 2007
El encuentro con la verdad
sobre uno mismo


Dios no habla, pero todo habla de Dios.
(Julien Green)

Alfonso Aguil?
www.interrogantes.net



Cuenta Maxim Gorki la historia de un pensador ruso que pasaba por una etapa de cierta crisis interior y decidi? ir a descansar unos d?as a un monasterio. All? le asignaron una habitaci?n que ten?a un cartelillo sobre la puerta en el que estaba escrito su nombre. Por la noche, no lograba conciliar el sue?o y decidi? salir a dar un paseo por el imponente claustro. A su vuelta, se encontr? con que no hab?a suficiente luz en el pasillo para leer el nombre que figuraba en la puerta de su dormitorio.
Fue recorriendo el claustro y todas las puertas le parec?an iguales. Por no despertar a los monjes, pas? la noche entera dando vueltas por el enorme y oscuro corredor. Con la primera luz del amanecer distingui? al fin cu?l era la puerta de su habitaci?n, por delante de la cual hab?a pasado tantas veces a lo largo de la noche, sin advertirlo.

Aquel hombre pens? que todo su deambular de aquella noche era una figura de lo que a los hombres nos sucede muchas veces. Pasamos por delante de la puerta que conduce al camino que estamos llamados, pero nos falta luz para verlo.

Por eso, saber cu?l es nuestra misi?n en la vida es la cuesti?n m?s importante que debemos plantearnos cada uno, y que podemos plantear a quienes queremos ayudar a vivir con acierto. La vocaci?n es el encuentro con la verdad sobre uno mismo. Un encuentro que proporciona una inspiraci?n b?sica en la vida, de la que nace el compromiso, el cometido principal que cada persona tiene, y que quien es creyente percibe como los planes de Dios para ?l. La vocaci?n incluye todo aquello que una persona se ve llamada a hacer, lo que da sentido a su vida.

??Y si no quisiera conocerla?

Quiz? la mayor desgracia que puede sufrir una persona es desconocer la voluntad de Dios para ella. La vocaci?n es como el reto que el Se?or nos plantea en nuestra vida, lo que nos har? m?s felices que cualquier otra opci?n. Por eso, ayudar a otra persona a encontrar la voluntad de Dios para ella es la mejor caridad que se puede ejercer con ella. Porque no es una simple caridad que le pueda resolver una cuesti?n parcial o puntual, y que por tanto le dar? un poco m?s de felicidad, sino que es algo que afecta al resultado global de su vida.

??Te refieres a la felicidad en la vida eterna?

Me refer?a a la felicidad aqu? en la tierra, aunque, al fin y al cabo, son cuestiones muy relacionadas, pues, como dec?a San Josemar?a Escriv?, ?la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra?. Los mandatos de Dios no encadenan, sino que potencian al hombre, lo desarrollan, lo dignifican, ensanchan su libertad, lo hacen feliz.

?Pero se puede desconocer la voluntad de Dios sin tener culpa de ello.

Siempre ser?a culpablemente, pues Dios da los medios para conocer su voluntad. Lo contrario ser?a injusto por su parte, y por tanto una contradicci?n.

El encuentro m?s profundo con la verdad ?aparte de la fe? es la vocaci?n. Al decir que s? nos ponemos en las manos de Dios. La vocaci?n es una nueva luz, un acontecimiento que nos da una nueva visi?n de la vida. Una luz para acertar con nuestro camino y para no tropezar en ?l. Cuando cualquier persona descubre una verdad, debe procurar conformar su vida con esa verdad: esto es lo coherente, y lo propiamente humano. A su vez, cualquier ideal humano nace del descubrimiento de una verdad. Cualquier cambio en la vida de un hombre parte siempre del encuentro con una verdad. Y esto es algo universal: toda persona tiene verdades que le inspiran, y de ah? parten los compromisos que definen su vida.

??La vocaci?n es encontrar una verdad, o es encontrar a Jesucristo?

Viene a ser lo mismo, pues en el Nuevo Testamento puede leerse bien claro que ?l es la Verdad. Por eso, conocer cada vez mejor a Jesucristo es algo central para el discernimiento de la vocaci?n. La vocaci?n es un encuentro personal con Jesucristo, no s?lo un compromiso con uno mismo. Es una llamada que pide respuesta dentro de nosotros. Aunque dentro de nosotros hay muchas respuestas, que pueden encarnar muchos modos de desarrollar nuestra vida, con m?s o menos generosidad, como un mediocre o como un santo. Nuestra vida puede ser muy distinta, seg?n sean esas respuestas, porque, como dice un proverbio indio, all? donde el hombre pone la planta, pisa mil caminos. La libertad s?lo recorre un camino, pero est? abierta a muchos.

Conocer a Jesucristo no es una mera curiosidad piadosa, un grado m?s en el camino de la vida asc?tica. Tambi?n es mucho m?s que un fen?meno de la cultura. Es algo que afecta muy seriamente nuestra existencia. ?Porque ?como ha escrito Jos? Luis Mart?n Descalzo? con Jes?s no ocurre como con otros personajes de la historia. Que C?sar pasara el Rubic?n o no lo pasara, es un hecho que puede ser verdad o mentira, pero que en nada cambia el sentido de mi vida. Que Carlos V fuera emperador de Alemania o de Rusia, nada tiene que ver con mi salvaci?n como hombre. Que Napole?n muriera derrotado en Elba o que llegara siendo emperador al final de sus d?as no mover? hoy a un solo ser humano a dejar su casa, su comodidad y su amor y marcharse a hablar de ?l a una aldehuela del coraz?n de ?frica.

?Pero Jes?s no, Jes?s exige respuestas absolutas. ?l asegura que, creyendo en ?l, el hombre salva su vida e, ignor?ndole, la pierde. Este hombre se presenta como el camino, la verdad y la vida. Por tanto ?si esto es verdad? nuestro camino, nuestra vida, cambian seg?n sea nuestra respuesta a la pregunta sobre su persona. ?Y c?mo responder sin conocerle, sin haberse acercado a su historia, sin contemplar los entresijos de su alma, sin haber le?do y rele?do sus palabras??.

La elecci?n de Dios es una elecci?n de amor, una iniciativa de Dios, que ha pensado lo mejor para cada uno de nosotros. Por eso, descubrir la propia vocaci?n es descubrir el sentido de la propia existencia. Y el secreto de la felicidad est? en hacer lo que Dios quiere de nosotros.

En los Evangelios pueden leerse numerosas escenas en las que el Se?or pasa y llama. Llama y espera una respuesta. ?Llam? a los que quiso?, recalcan los evangelistas. Y relatan el caso de alguno que se ofrece y no es admitido. Han pasado veinte siglos, y hoy el Se?or sigue llamando, y sigue llamando a quien quiere. Nadie ?se apunta?, es ?l quien llama.

Una mirada al mundo muestra enseguida la inmensidad del trabajo pendiente. ?Alzad los ojos y ved los campos, dispuestos para la siega?. El campo est? listo, las necesidades son enormes, pero los trabajadores son escasos y no dan abasto. La mies es mucha. ?C?mo van a conocer a Dios si no hay quien d? testimonio de ?l? Hacen falta m?s vocaciones, m?s personas que entreguen su vida para llevar la luz del Evangelio a todo el mundo, a los dirigentes de la sociedad, a los empresarios, a los intelectuales, a los abatidos, a los enfermos, a las zonas m?s remotas de la tierra, a quienes viven sin esperanza.


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