S?bado, 10 de febrero de 2007
Discurso que dirigi? Benedicto XVI el viernes, 9 de Febrero de 2007, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Colombia ante la Santa Sede, el se?or Juan G?mez Mart?nez.


Se?or Embajador:
1. Me complace recibir de sus manos las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Rep?blica de Colombia ante la Santa Sede. Le doy mi m?s cordial bienvenida a este encuentro con el que inicia su misi?n y le agradezco las amables palabras que me ha dirigido, as? como el deferente saludo que el Se?or Presidente, el Doctor ?lvaro Uribe V?lez, ha querido hacerme llegar por medio de usted, como expresi?n de la cercan?a espiritual del pueblo colombiano al Papa.

Vuestra Excelencia viene a representar ante la Santa Sede a una Naci?n que, a lo largo de su historia, se ha distinguido por su identidad cat?lica. Sus palabras me han recordado, y me han permitido comprobar una vez m?s, el vivo afecto y la filial devoci?n de los colombianos al Sucesor de Pedro, como fruto de una arraigada vivencia de la fe cristiana, y que se manifiesta adem?s en el aprecio de los fieles hacia los Obispos y sus colaboradores, tratando de mantener las tradiciones y las virtudes heredadas de los mayores.

2. No pasan desapercibidos ante el mundo los importantes esfuerzos que su pa?s ha hecho para buscar la paz y la reconciliaci?n, junto con el empe?o por fomentar el progreso y unas instituciones democr?ticas m?s s?lidas. Son de alabar los objetivos alcanzados para una mayor seguridad y estabilidad social, as? como en la lucha contra la pobreza. Tambi?n hay que destacar la constante preocupaci?n en materia de educaci?n, favoreciendo el acceso de todos los ciudadanos a los programas escolares y universitarios, pues la educaci?n es el cimiento de una sociedad m?s humana y solidaria.

No obstante, como usted ha mencionado, en su pa?s se siguen dando complejas situaciones en el campo pol?tico y social. Conozco los desaf?os que entra?a el llevar adelante un di?logo de paz, necesario a pesar de los m?ltiples escollos que surgen en el camino. Persisten, adem?s, otros problemas en la sociedad que atentan contra la dignidad de las personas, la unidad de las familias, un justo desarrollo econ?mico y una conveniente calidad de vida. Teniendo en cuenta tanto los logros como las dificultades, animo a todos los colombianos a continuar en sus esfuerzos para conseguir la concordia y el crecimiento arm?nico de la naci?n. Estas aspiraciones s?lo alcanzan su plena realizaci?n cuando Dios es considerado como el centro de la vida y de la historia humana.

3. Por esto aprecio que Vuestra Excelencia haya subrayado la importante labor de la Iglesia cat?lica para la reconciliaci?n nacional. En efecto, adem?s de la participaci?n directa de algunos Obispos, sacerdotes y religiosos en las acciones encaminadas a construir la paz, su voz ha resonado tambi?n en los momentos decisivos de la vida colombiana, recordando cu?les son las bases insustituibles del verdadero progreso humano y de la convivencia pac?fica, exhortando a los cat?licos y a los hombres de buena voluntad a seguir el camino del perd?n y de la responsabilidad com?n para instaurar la justicia.

4. Como Pastor de la Iglesia Universal, no puedo dejar de expresar a Vuestra Excelencia mi preocupaci?n por las leyes que conciernen a cuestiones muy delicadas como la transmisi?n y defensa de la vida, la enfermedad, la identidad de la familia y el respeto del matrimonio. Sobre estos temas, y a la luz de la raz?n natural y de los principios morales y espirituales que provienen del Evangelio, la Iglesia cat?lica seguir? proclamando sin cesar la inalienable grandeza de la dignidad humana. Es necesario apelar tambi?n a la responsabilidad de los laicos presentes en los ?rganos legislativos, en el Gobierno y en la administraci?n de la justicia, para que las leyes expresen siempre los principios y los valores que sean conformes con el derecho natural y que promuevan el aut?ntico bien com?n.

5. El inicio de su misi?n ante la Santa Sede me ofrece tambi?n la oportunidad de recordar lo que ya dije el mes pasado en mi discurso al Cuerpo Diplom?tico ante la Santa Sede. Al hablar sobre varios pa?ses, me refer? "en particular a Colombia, donde el largo conflicto interno ha provocado una crisis humanitaria, sobre todo por lo que se refiere a las personas desplazadas. Se deben hacer todos los esfuerzos necesarios para pacificar el pa?s, para devolver las personas secuestradas a sus familias, para volver a dar seguridad y una vida normal a millones de personas. Esas se?ales dar?an confianza a todos, incluso a los que han estado implicados en la lucha armada" (8 enero 2007).

Es mi ardiente deseo que en su pa?s se ponga fin a este cruel flagelo de los secuestros, que atentan de manera tan grave a la dignidad y a los derechos de las personas. Acompa?o con mi oraci?n a quienes se hallan injustamente privados de la libertad y expreso mi cercan?a a sus familias, confiando en su pronta liberaci?n.

A este respecto, las numerosas instituciones dedicadas a la caridad, siguiendo los proyectos pastorales de la Conferencia Episcopal y de las di?cesis, est?n llamadas a prestar asistencia humanitaria a los m?s necesitados, especialmente a los desplazados, tan numerosos en Colombia, as? como a las v?ctimas de la violencia. De este modo dan tambi?n testimonio del esfuerzo de la Iglesia que, siempre en el marco de su propia misi?n y en las circunstancias que vive la naci?n, es art?fice de comuni?n y de esperanza.

6. Al terminar este encuentro, deseo manifestarle nuevamente mis anhelos de que en su Patria se consolide la paz tan anhelada, as? como la reconciliaci?n. Ruego a Dios Padre que haga fructificar todos los esfuerzos realizados con este fin. Invoco tambi?n la intercesi?n de Nuestra Se?ora del Rosario de Chiquinquir? sobre el querido pueblo colombiano, sobre el Se?or Presidente y los dem?s gobernantes, y especialmente sobre Vuestra Excelencia y su distinguida familia, dese?ndole un gran acierto en el cumplimiento de la alta misi?n que le ha sido confiada.

[Texto original en espa?ol]
Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Habla el Papa
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