Lunes, 12 de febrero de 2007
Discurso que dirigi? Benedicto XVI al recibir en audiencia a miembros de los institutos seculares con motivo del sexag?simo aniversario de la constituci?n apost?lica Provida Mater Ecclesia de P?o XII.


Queridos hermanos y hermanas:
Me alegra estar hoy entre vosotros, miembros de los institutos seculares, con quienes me encuentro por primera vez despu?s de mi elecci?n a la C?tedra del ap?stol san Pedro. Os saludo a todos con afecto. Saludo al cardenal Franc Rod?, prefecto de la Congregaci?n para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost?lica, y le agradezco las palabras de filial devoci?n y cercan?a espiritual que me ha dirigido, tambi?n en nombre vuestro.

Saludo al cardenal Cottier y al secretario de vuestra Congregaci?n. Saludo a la presidenta de la Conferencia mundial de institutos seculares, que se ha hecho int?rprete de los sentimientos y de las expectativas de todos vosotros, que hab?is venido de diferentes pa?ses, de todos los continentes, para celebrar un Simposio internacional sobre la constituci?n apost?lica Provida Mater Ecclesia.

Como ya se ha dicho, han pasado sesenta a?os desde aquel 2 de febrero de 1947, cuando mi predecesor P?o XII promulg? esa constituci?n apost?lica, dando as? una configuraci?n teol?gico-jur?dica a una experiencia preparada en los decenios anteriores, y reconociendo que los institutos seculares son uno de los innumerables dones con que el Esp?ritu Santo acompa?a el camino de la Iglesia y la renueva en todos los siglos.

Ese acto jur?dico no represent? el punto de llegada, sino m?s bien el punto de partida de un camino orientado a delinear una nueva forma de consagraci?n: la de fieles laicos y presb?teros diocesanos, llamados a vivir con radicalismo evang?lico precisamente la secularidad en la que est?n inmersos en virtud de la condici?n existencial o del ministerio pastoral.

Os encontr?is hoy aqu? para seguir trazando el recorrido iniciado hace sesenta a?os, en el que sois portadores cada vez m?s apasionados del sentido del mundo y de la historia en Cristo Jes?s. Vuestro celo nace de haber descubierto la belleza de Cristo, de su modo ?nico de amar, encontrar, sanar la vida, alegrarla, confortarla. Y esta belleza es la que vuestra vida quiere cantar, para que vuestro estar en el mundo sea signo de vuestro estar en Cristo.

En efecto, lo que hace que vuestra inserci?n en las vicisitudes humanas constituya un lugar teol?gico es el misterio de la Encarnaci?n: "Tanto am? Dios al mundo que le dio a su Hijo ?nico" (Jn 3, 16). La obra de la salvaci?n no se llev? a cabo en contraposici?n con la historia de los hombres, sino dentro y a trav?s de ella. Al respecto dice la carta a los Hebreos: "Muchas veces y de muchos modos habl? Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos ?ltimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo" (Hb 1, 1-2). El mismo acto redentor se realiz? en el contexto del tiempo y de la historia, y se caracteriz? como obediencia al plan de Dios inscrito en la obra salida de sus manos.

El mismo texto de la carta a los Hebreos, texto inspirado, explica: "Dice primero: "Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron" ?cosas todas ofrecidas conforme a la Ley?; luego a?ade: "He aqu? que vengo a hacer tu voluntad"" (Hb 10, 8-9). Estas palabras del Salmo, que la carta a los Hebreos ve expresadas en el di?logo intratrinitario, son palabras del Hijo que dice al Padre: "He aqu? que vengo a hacer tu voluntad". As? se realiza la Encarnaci?n: "He aqu? que vengo a hacer tu voluntad". El Se?or nos implica en sus palabras, que se convierten en nuestras: "He aqu? que vengo, con el Se?or, con el Hijo, a hacer tu voluntad".

De este modo se delinea con claridad el camino de vuestra santificaci?n: la adhesi?n oblativa al plan salv?fico manifestado en la Palabra revelada, la solidaridad con la historia, la b?squeda de la voluntad del Se?or inscrita en las vicisitudes humanas gobernadas por su providencia. Y, al mismo tiempo, se descubren los caracteres de la misi?n secular: el testimonio de las virtudes humanas, como "la justicia, la paz y el gozo" (Rm 14, 17), la "conducta ejemplar" de la que habla san Pedro en su primera carta (cf. 1 P 2, 12), haci?ndose eco de las palabras del Maestro: "Brille as? vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que est? en los cielos" (Mt 5, 16).

Adem?s, forma parte de la misi?n secular el esfuerzo por construir una sociedad que reconozca en los diversos ?mbitos la dignidad de la persona y los valores irrenunciables para su plena realizaci?n: la pol?tica, la econom?a, la educaci?n, el compromiso por la salud p?blica, la gesti?n de los servicios, la investigaci?n cient?fica, etc. Toda realidad propia y espec?fica que vive el cristiano, su trabajo y sus intereses concretos, aun conservando su consistencia relativa, tienen como fin ?ltimo ser abrazados por la misma finalidad por la cual el Hijo de Dios entr? en el mundo.

Por consiguiente, sent?os implicados en todo dolor, en toda injusticia, as? como en toda b?squeda de la verdad, de la belleza y de la bondad, no porque teng?is la soluci?n de todos los problemas, sino porque toda circunstancia en la que el hombre vive y muere constituye para vosotros una ocasi?n de testimoniar la obra salv?fica de Dios. Esta es vuestra misi?n. Vuestra consagraci?n pone de manifiesto, por un lado, la gracia particular que os viene del Esp?ritu para la realizaci?n de la vocaci?n; y, por otro, os compromete a una docilidad total de mente, de coraz?n y de voluntad, al proyecto de Dios Padre revelado en Cristo Jes?s, a cuyo seguimiento radical est?is llamados.

Todo encuentro con Cristo exige un profundo cambio de mentalidad, pero para algunos, como es vuestro caso, la petici?n del Se?or es particularmente exigente: dejarlo todo, porque Dios es todo y ser? todo en vuestra vida. No se trata simplemente de un modo diverso de relacionaros con Cristo y de expresar vuestra adhesi?n a ?l, sino de una elecci?n de Dios que, de modo estable, exige de vosotros una confianza absolutamente total en ?l.

Configurar la propia vida a la de Cristo de acuerdo con estas palabras, configurar la propia vida a la de Cristo a trav?s de la pr?ctica de los consejos evang?licos, es una nota fundamental y vinculante que, en su especificidad, exige compromisos y gestos concretos, propios de "alpinistas del esp?ritu", como os llam? el venerado Papa Pablo VI (Discurso a los participantes en el I Congreso internacional de Institutos seculares, 26 de septiembre de 1970: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 18 de octubre de 1970, p. 11).

El car?cter secular de vuestra consagraci?n, por un lado, pone de relieve los medios con los que os esforz?is por realizarla, es decir, los medios propios de todo hombre y mujer que viven en condiciones ordinarias en el mundo; y, por otro, la forma de su desarrollo, es decir, la de una relaci?n profunda con los signos de los tiempos que est?is llamados a discernir, personal y comunitariamente, a la luz del Evangelio.

Personas autorizadas han considerado muchas veces que precisamente este discernimiento es vuestro carisma, para que pod?is ser laboratorio de di?logo con el mundo, "el "laboratorio experimental" en el que la Iglesia verifique las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo" (Pablo VI, Discurso a los responsables generales de los institutos seculares, 25 de agosto de 1976: L'Osservatore Romano, edici?n en lengua espa?ola, 5 de septiembre de 1976, p. 1)

De aqu? deriva precisamente la continua actualidad de vuestro carisma, porque este discernimiento no debe realizarse desde fuera de la realidad, sino desde dentro, mediante una plena implicaci?n. Eso se lleva a cabo por medio de las relaciones ordinarias que pod?is entablar en el ?mbito familiar y social, as? como en la actividad profesional, en el entramado de las comunidades civil y eclesial. El encuentro con Cristo, el dedicarse a su seguimiento, abre de par en par e impulsa al encuentro con cualquiera, porque si Dios se realiza s?lo en la comuni?n trinitaria, tambi?n el hombre encontrar? su plenitud s?lo en la comuni?n.

A vosotros no se os pide instituir formas particulares de vida, de compromiso apost?lico, de intervenciones sociales, salvo las que pueden surgir en las relaciones personales, fuentes de riqueza prof?tica. Ojal? que, como la levadura que hace fermentar toda la harina (cf. Mt 13, 33), as? sea vuestra vida, a veces silenciosa y oculta, pero siempre positiva y estimulante, capaz de generar esperanza.

Por tanto, el lugar de vuestro apostolado es todo lo humano, no s?lo dentro de la comunidad cristiana ?donde la relaci?n se entabla con la escucha de la Palabra y con la vida sacramental, de las que os aliment?is para sostener la identidad bautismal?, sino tambi?n dentro de la comunidad civil, donde la relaci?n se realiza en la b?squeda del bien com?n, en di?logo con todos, llamados a testimoniar la antropolog?a cristiana que constituye una propuesta de sentido en una sociedad desorientada y confundida por el clima multicultural y multirreligioso que la caracteriza.

Proven?s de pa?ses diversos; tambi?n son diversas las situaciones culturales, pol?ticas e incluso religiosas en las que viv?s, trabaj?is y envejec?is. En todas buscad la Verdad, la revelaci?n humana de Dios en la vida. Como sabemos, es un camino largo, cuyo presente es inquieto, pero cuya meta es segura.

Anunciad la belleza de Dios y de su creaci?n. A ejemplo de Cristo, sed obedientes por amor, hombres y mujeres de mansedumbre y misericordia, capaces de recorrer los caminos del mundo haciendo s?lo el bien. En el centro de vuestra vida poned las Bienaventuranzas, contradiciendo la l?gica humana, para manifestar una confianza incondicional en Dios, que quiere que el hombre sea feliz.

La Iglesia os necesita tambi?n a vosotros para cumplir plenamente su misi?n. Sed semilla de santidad arrojada a manos llenas en los surcos de la historia. Enraizados en la acci?n gratuita y eficaz con que el Esp?ritu del Se?or est? guiando las vicisitudes humanas, dad frutos de fe aut?ntica, escribiendo con vuestra vida y con vuestro testimonio par?bolas de esperanza, escribi?ndolas con las obras sugeridas por la "creatividad de la caridad" (Novo millennio ineunte, 50).

Con estos deseos, a la vez que os aseguro mi constante oraci?n, para sostener vuestras iniciativas de apostolado y de caridad os imparto una especial bendici?n apost?lica.

[Traducci?n del original italiano distribuida por la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 22:18  | Habla el Papa
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