Lunes, 12 de febrero de 2007
Homil?a de Mons. Luis T. St?ckler,
Obispo de Quilmes (CEA)

Catedral de Quilmes, 4 de febrero del 2007


LOS MEDIOS POBRES



En este a?o leemos en las misas dominicales el Evangelio seg?n San Lucas. Domingo por domingo vamos a seguirle la pista a este autor que proven?a del mundo pagano y que recalca la obra salvadora de Cristo a favor de todos los pueblos. Lo presenta a Cristo como el centro de la historia de la humanidad. La intenci?n del evangelista a lo largo de los 24 cap?tulos de su libro se comprende, cuando se tiene presente el desenlace final, es decir, la resurrecci?n y la ascensi?n del Cristo, que revelan que ?l es el Se?or. Sabiendo esto, nos asombra tanto m?s el modo c?mo Jes?s evangeliza. Pareciera que prefer?a ocultar su poder en vez de manifestarlo. Ten?a una preferencia por lo peque?o y humilde. As?, con San Lucas, vamos descubriendo las consecuencias de la verdad fundamental de nuestra fe cristiana, que Dios se ha hecho hombre.

Los textos b?blicos de hoy nos hacen tomar conciencia de que la Palabra con may?scula, por la cual todo fue creado y cuyo efecto repercute hasta el ?ltimo l?mite del universo, se ha sometido totalmente a las condiciones del ser humano. Para comunicarse, lo hace de manera tan pobre que su voz alcanza apenas a los que est?n cerca de ?l. ?La multitud se amontonaba alrededor de Jes?s para escuchar la Palabra de Dios?. Impresiona esta imagen de la gente que asediaba al Se?or ?vidamente para no perderse ni una palabra que sal?a de su boca. Se daban cuenta de que su ense?anza era importante, y solamente escuch?ndolo a ?l pod?an recibirla. Cristo respond?a a esta necesidad con las posibilidades de su tiempo, habl?ndoles desde una barca y aprovechando el aumento de su voz por el reflejo del agua, para que la multitud lo pudiera o?r. Evidentemente, lo que importa no es el volumen de su voz que se apagaba cuando ?termin? de hablar?, sino la fe con que el oyente guarda la palabra en su coraz?n, y por sobre todo la pone en pr?ctica. El Se?or no impone su voluntad, sino apela a la colaboraci?n. El prefiere la debilidad de la sugerencia, la invitaci?n suave que respeta la libertad del otro. Y es cuando es aceptada su propuesta que la palabra manifiesta su poder.

Lo que puede pasar entonces, lo vemos en el episodio que sigue en el relato de hoy.?Navega mar adentro, y echen las redes?, le dijo Jes?s a Pedro. Un entendido de la pesca como Pedro sabe que a la luz del sol no se echan las redes. Pero Pedro lo hizo igual, porque confiaba en la palabra del Maestro. El resultado impresionante provoc? en ?l y sus compa?eros el santo temor; ellos percib?an que estaban en presencia del Se?or. Pedro se ech? a los pies de Jes?s y le rogaba que se alejara de ?l que era un pecador. Nos asombra la reacci?n de Cristo quien no solo no se alej? de ellos, como lo ped?an, sino los invit? a no temer y ser pescadores de hombres. Y ellos, confiando nuevamente en su palabra, ?abandon?ndolo todo, lo siguieron?. La encarnaci?n de la Palabra llega hasta la consecuencia de abandonarse y esconderse en la palabra de estos hombres pecadores, haci?ndolos participar en su misi?n. Cristo opta aqu? de vuelta por lo peque?o, por lo que aparentemente no tiene valor. Lo que se lee en nuestras asambleas es precisamente la ense?anza de los ap?stoles, redactada bajo la gu?a del Esp?ritu Santo. Y ha sido la voluntad del Se?or que a partir los ap?stoles su palabra fuera trasmitida a trav?s de los tiempos hasta el d?a de hoy por sus sucesores, que son hombres tan d?biles como ellos.

Por eso, cuando nos reunimos en la misa dominical, tenemos la certeza de que la palabra anunciada es ?Palabra de Dios? y ?Palabra del Se?or?. Y tenemos la seguridad que esta palabra manifiesta su poder si es aceptada con fe, como en aquel entonces, cuando Pedro ech? las redes. El Se?or produce portentos llamativos tambi?n hoy, donde hay gente realmente creyente. Las m?ltiples canonizaciones de los tiempos recientes son una prueba fehaciente de ello.

Pidamos a Dios que nos haga d?ciles a su palabra y nos anime a abandonarlo todo lo que impide en nuestra vida el verdadero seguimiento de Jes?s.

Luis T. St?ckler

Obispo de Quilmes
Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Hablan los obispos
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