Jueves, 15 de febrero de 2007
ZENIT publica la intervenci?n de Benedicto XVI en la audiencia general del mi?rcoles, 14 de Febrero de 2007, dedicada a ?Las mujeres al servicio del Evangelio?, con la que ha concluido su ciclo de catequesis sobre los testigos del cristianismo naciente, que hab?a realizado en las semanas anteriores.


Queridos hermanos y hermanas:

Llegamos hoy al final de nuestro recorrido entre los testigos del cristianismo naciente, mencionados en los escritos del Nuevo Testamento. Y aprovechamos la ?ltima etapa de este primer recorrido para centrar nuestra atenci?n en las muchas figuras femeninas que han desempe?ado un efectivo y precioso papel en la difusi?n del Evangelio.

Su testimonio no puede ser olvidado, seg?n lo que el mismo Jes?s dijo sobre la mujer que le ungi? la cabeza poco antes de la Pasi?n: ?Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablar? tambi?n de lo que ?sta ha hecho para memoria suya? (Mateo 26, 13; Marcos 14, 9).

El Se?or quiere que estos testigos del Evangelio, estas figuras que han dado su contribuci?n para que creciera la fe en ?l, sean conocidas y su memoria permanezca viva en la Iglesia. Hist?ricamente podemos distinguir el papel de las mujeres en el cristianismo primitivo, durante la vida terrena de Jes?s y durante las vicisitudes de la primera generaci?n cristiana.

Ciertamente, como sabemos, Jes?s escogi? entre sus disc?pulos a doce hombres como padres del nuevo Israel, ?para que estuvieran con ?l, y para enviarlos a predicar? (Marcos 3,14-l5). Este hecho es evidente, pero, adem?s de los doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo Pueblo de Dios, fueron tambi?n escogidas muchas mujeres en el n?mero de los disc?pulos.

S?lo puedo mencionar brevemente a aquellas que se encontraron en el camino del mismo Jes?s, comenzando por la profetisa Ana (Cf. Lucas 2, 36-38) hasta llegar a la Samaritana (Cf. Juan 4,1-39), la mujer siro-fenicia (Cf. Marcos 7,24-30), la hemorroisa (Cf. Mateo 9,20-22) y la pecadora perdonada (Cf. Lucas 7, 36-50).

Tampoco mencionar? a las protagonistas de algunas de sus eficaces par?bolas, por ejemplo, a la mujer que hace el pan (Mateo 13, 33), a la mujer que pierde la dracma (Lucas 15, 8-10), a la viuda inoportuna ante el juez (Lucas 18, 1-8).

Para nuestro argumento son m?s significativas las mujeres que desempe?aron un papel activo en el marco de la misi?n de Jes?s. En primer lugar, el pensamiento se dirige naturalmente a la Virgen Mar?a, que con su fe y su obra maternal colabor? de manera ?nica en nuestra Redenci?n, hasta el punto de que Isabel pudo llamarla ?bendita entre las mujeres? (Lucas 1, 42), a?adiendo: ?feliz la que ha cre?do? (Lucas 1, 45). Convertida en disc?pula del Hijo, Mar?a manifest? en Can? la confianza total en ?l (Cf. Juan 2, 5) y le sigui? hasta los pies de la Cruz, donde recibi? de ?l una misi?n maternal para todos sus disc?pulos de todos los tiempos, representados por Juan (Cf. Juan 19, 25-27).

Hay, adem?s, varias mujeres, que de diferentes maneras gravitaron en torno a la figura de Jes?s con funciones de responsabilidad. Son ejemplo elocuente las mujeres que segu?an a Jes?s para servirle con sus bienes. Lucas nos ofrece algunos nombres: Mar?a de M?gdala, Juana, Susana, y ?otras muchas? (Cf. Lucas 8, 2-3). Despu?s, los Evangelios nos dicen que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jes?s en la hora de la Pasi?n (Cf. Mateo 27, 56.61; Marcos 15, 40).

Entre ellas destaca en particular la Magdalena, que no s?lo estuvo presente en la Pasi?n, sino que se convirti? tambi?n en la primera testigo y anunciadora del Resucitado (Cf. Juan 20,1.11-18). Precisamente a Mar?a de M?gdala santo Tom?s de Aquino dedica el singular calificativo de ?ap?stola de los ap?stoles? (?apostolorum apostola?), dedic?ndole un bello comentario: ?As? como una mujer hab?a anunciado al primer hombre palabras de muerte, as? tambi?n una mujer fue la primera en anunciar a los ap?stoles palabras de vida? (?Super Ioannem?, editorial Cai, ? 2519).

Tambi?n en el ?mbito de la Iglesia primitiva la presencia femenina no es ni mucho menos secundaria. Es el caso de las cuatro hijas del ?di?cono? Felipe, cuyo nombre no es mencionado, residentes en Cesarea, dotadas todas ellas, como dice san Lucas, del ?don de profec?a?, es decir, de la facultad de hablar p?blicamente bajo la acci?n del Esp?ritu Santo (Cf. Hechos, 21, 9). La brevedad de la noticia no permite sacar deducciones m?s precisas.

Debemos a san Pablo una documentaci?n m?s amplia sobre la dignidad y el papel eclesial de la mujer. Comienza por el principio fundamental, seg?n el cual, para los bautizados ?ya no hay jud?o ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer?, ?ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jes?s? (G?latas 3, 28), es decir, unidos todos en la misma dignidad de fondo, aunque cada uno con funciones espec?ficas (Cf. 1 Corintios 12,27-30).

El ap?stol admite como algo normal el que en la comunidad cristiana la mujer pueda ?profetizar? (1 Corintios 11, 5), es decir, pronunciarse abiertamente bajo la influencia del Esp?ritu Santo, a condici?n de que sea para la edificaci?n de la comunidad y de una manera digna. Por tanto, hay que relativizar la famosa exhortaci?n ?las mujeres c?llense en las asambleas? (1 Corintios 14, 34).

El problema, sumamente discutido, sobre la relaci?n entre la primera frase --las mujeres pueden profetizar en la asamblea--, y la otra --no pueden hablar--, es decir, la relaci?n entre estas dos indicaciones que aparentemente son contradictorias, se lo dejamos a los exegetas. No es algo que hay que discutir aqu?. El mi?rcoles pasado ya nos hab?amos encontrado con Prisca o Priscila, esposa de ?quila, quien en dos casos es mencionada sorprendentemente antes del marido (Cf. Hechos 18,18; Romanos 16,3): ambos son calificados expl?citamente por Pablo como sus ?sun-ergo?s?, ?colaboradores? (Romanos 16, 3).

Hay otras observaciones que no hay que descuidar. Es necesario constatar, por ejemplo, que la breve Carta a Filem?n es dirigida por Pablo tambi?n a una mujer de nombre ?Apfia? (Cf. Filem?n 2). Traducciones latinas y sirias del texto griego a?aden al nombre ?Apfia? el calificativo de ?soror carissima? (ib?dem), y hay que decir que en la comunidad de Colosas deb?a ocupar un papel de importancia; en todo caso, es la ?nica mujer mencionada por Pablo entre los destinatarios de una carta suya.

En otros pasajes, el ap?stol menciona a una cierta ?Febe?, a la que llama ?di?konos? de la Iglesia en Cencreas, la peque?a ciudad puerto al este de Corinto (Cf. Romanos 16,1-2). Si bien el t?tulo, en aquel tiempo, todav?a no ten?a un valor ministerial espec?fico de car?cter jer?rquico, expresa un aut?ntico ejercicio de responsabilidad por parte de esta mujer a favor de esa comunidad cristiana.

Pablo pide que sea recibida cordialmente y asistida ?en cualquier cosa que necesite de vosotros?, y despu?s a?ade: ?pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de m? mismo?. En el mismo contexto epistolar, el ap?stol, con rasgos delicados recuerda otros nombres de mujeres: una cierta Mar?a, y despu?s Trifena, Trifosa, y P?rside, ?amada?, as? como a Julia, de las que escribe abiertamente que ?se han fatigado por vosotros? o ?se han fatigado en el Se?or? (Romanos 16, 6.12a. 12b.15), subrayando de este modo su intenso compromiso eclesial.

En la Iglesia de Filipos se distingu?an, adem?s, dos mujeres de nombre Evodia y S?ntique (Filipenses 4, 2): el llamamiento que Pablo hace a la concordia mutua da a entender que las dos mujeres desempe?aban una funci?n importante dentro de esa comunidad.

En s?ntesis, la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera dado la aportaci?n generosa de muchas mujeres. Por este motivo, como escribi? mi venerado y querido predecesor, Juan Pablo II, en la carta apost?lica ?Mulieris dignitatem?, ?La Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una? La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del ?genio? femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Esp?ritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina? (n. 31).

Como se ve, el elogio se refiere a las mujeres en al transcurso de la historia de la Iglesia y es expresado en nombre de toda la comunidad eclesial. Nosotros tambi?n nos unimos a este aprecio, dando gracias al Se?or porque ?l conduce a su Iglesia, de generaci?n en generaci?n, sirvi?ndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fecunda su fe y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial para mayor gloria de Dios.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. En espa?ol dijo:]


Queridos hermanos y hermanas:
Despu?s de reflexionar sobre los testigos del cristianismo naciente, hoy nos referimos a las mujeres que tuvieron un papel importante en la difusi?n del Evangelio.
En la vida de Jes?s sobresale la Virgen Mar?a que, como madre y disc?pula de su divino Hijo, lo sigui? fielmente hasta la Cruz, colaborando de manera singular en la obra de la Redenci?n. Hubo tambi?n otras mujeres muy cercanas al Maestro en su misi?n terrena, como la Magdalena, que lo sigui? en la pasi?n y fue la primera en anunciar su resurrecci?n a los dem?s Ap?stoles y disc?pulos.

En las primeras comunidades cristianas, destacan algunas otras por la colaboraci?n que prestaron a los Ap?stoles o por los dones que recibieron del Esp?ritu Santo. Como dice San Pablo, en la Iglesia todos tienen la misma dignidad, sean esclavos o libres, hombre o mujer, y contribuyen al bien de la comunidad. Mucho tenemos que agradecer a las mujeres por su valiosa aportaci?n a la vida y la edificaci?n de la Iglesia viva.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en especial a los ni?os de Irak atendidos en Espa?a por la Asociaci?n Mensajeros de la Paz y a la Delegaci?n de Profesionales Paraguayos, as? como a los dem?s visitantes latinoamericanos. Invito a todos a dar elocuente testimonio de la fe y colaborar activamente en la construcci?n de la Iglesia, a ejemplo de las santas mujeres.

Gracias por vuestra visita.

[? Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:26  | Habla el Papa
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